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Internacionales - 16-03-2023 / 08:03
EL 16 DE MARZO DE 1968, EN LA GUERRA DE VIETNAM

Masacre de My Lai: soldados yanquis matan a centenares de civiles desarmados

Masacre de My Lai: soldados yanquis matan a centenares de civiles desarmados
El 16 de marzo de 1968, Calley y sus hombres violaron a las mujeres y las niñas, mataron el ganado y prendieron fuego a las casas hasta dejar el poblado arrasado por completo. Para terminar, reunieron a los supervivientes en una acequia y los ultimaron.
La Matanza de My Lai fue un asesinato de civiles que perpetró el Ejército de Estados Unidos durante la Guerra de Vietnam, uno de los hechos más vergonzosos y sangrientos del accionar imperial yanqui en su historial guerrerista.
 
El 16 de marzo de 1968 las tropas de Estados Unidos lanzaron una operación en la región de Son My en la búsqueda de vietcongs. Al segundo teniente William Laws Calley y su sección le fue asignada la zona My Lai 4. A lo largo de cuatro horas, Calley y sus hombres violaron a las mujeres y las niñas, mataron el ganado y prendieron fuego a las casas hasta dejar el poblado arrasado por completo. Para terminar, reunieron a los supervivientes en una acequia y los asesinaron.
 
Los pilotos y artilleros de los helicópteros vieron cómo Calley disparó su arma contra ellos y ordenó a sus hombres que hicieran lo mismo hasta matar a todos los habitantes de la zona (es decir, ancianos, mujeres y niños). Por "defectos" en la investigación, no se sabe la cifra exacta de asesinados, pero se estima que debió estar entre 347 y 504.
 
Unos días después, el Ejército de Estados Unidos facilitó una información oficial, donde enumeraba unos 120 muertos, de los cuales 90 eran vietcong no civiles y 30 vietcong civiles. Pero en toda la operación se habían incautado sólo tres armas vietcong.
 
La masacre de My Lai no fue la única matanza cometida por las fuerzas yanquis, pero por su magnitud fue la que más escándalo provocó en Estados Unidos y el mundo.
 
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¿Qué pasó en My Lai?
  
En la mañana del 16 de marzo de 1968, la unidad del teniente William Calley llegó en helicóptero a las cercanías del poblado de My Lai. Calley no era ni siquiera el oficial al mando; el capitán Ernest Medina era quien comandaba la compañía Charlie, y fue él quien, según muchos de sus subordinados, les aseguró que no quedaban civiles en la zona. Que, básicamente, podían disparar tranquilamente a todo lo que se moviera.
 
La mañana del 16 de marzo de 1968, tres compañías de la 11ª Brigada de Infantería iniciaron una operación de búsqueda y destrucción en el área de My Son. El objetivo de la Compañía C era el 48º Batallón del Vietcong, que según los servicios de inteligencia tenía su base en una aldea conocida en los mapas militares estadounidenses con el nombre de My Lai-4. Los norteamericanos comenzaron lanzando un ataque heliportado. la 1ª sección, bajo las ordenes del teniente William L. Cassey Jr. arrasó la zona sur de My Lai-4, disparando a todo el que intentaba escapar, asesinando a otros con las bayonetas, violando mujeres, matando el ganado y destruyendo los cultivos y las casas. Los sobrevivientes fueron apiñados dentro de una acequia de desagüe. En ese momento, el teniente Calley abrió fuego contra los indefensos aldeanos y ordenó a sus hombres que hicieran lo mismo.
 
Los soldados de la compañía Charlie tampoco necesitaban mucho convencimiento. Habían llegado a Vietnam a finales del año anterior y llevaban meses persiguiendo a un enemigo invisible: no habían entrado en combate ni una sola vez, pero ya habían perdido 28 hombres a causa de las bombas trampa, los francotiradores y las minas.
 
Los estadounidenses descargaban su frustración contra la población civil, a la que acusaban de colaborar con el Viet Cong o, en el mejor de los casos, de no ayudar a los estadounidenses a combatirlo. El pelotón del teniente Calley era particularmente brutal con ella.
 
El capitán Medina había dicho a los suyos que por fin podrían enfrentarse con el enemigo cara a cara, más en concreto con el 48.º batallón del Viet Cong, que les había estado hostigando durante meses. Sin embargo, esa unidad estaba al otro extremo de la provincia, y lo que se encontraron los soldados de Calley el día designado fue un pueblo donde no había un solo hombre en edad militar y donde nadie les disparó. A pesar de esto, los estadounidenses se emplearon con extrema violencia.
 
En apenas cuatro horas, los soldados de la compañía Charlie arrasaron el poblado, disparando indiscriminadamente contra todos los civiles que se encontraron. Se produjeron violaciones en grupo y descuartizamiento de cadáveres, se prendió fuego a viviendas y se arrojaron explosivos dentro de las cuevas en las que se escondían algunas familias.
 
Alrededor de las nueve de la mañana, el teniente Calley llevó a unos 150 habitantes del pueblo a una zanja y ordenó personalmente su ejecución, incluyendo a niños de cortísima edad, ancianos, mujeres embarazadas...
 
Pudieron ser todavía más, de no ser por la tripulación de un helicóptero estadounidense que sobrevolaba la zona. El piloto, Hugh Thompson, vio a civiles heridos y comunicó su posición a la compañía Charlie para que acudiera a atenderlos. Cuando volvió a pasar por allí y los encontró muertos, Thompson entendió lo que estaba pasando y aterrizó su aparato junto a otro grupo de heridos. El oficial se enfrentó a Calley y organizó la evacuación de una decena de civiles, dando orden a su tripulación de disparar contra sus propios compatriotas si los atacaban.
 
A las 11 de la mañana de aquel día, el capitán Medina ordenó a la compañía Charlie que parara a comer e informó a sus superiores de que la operación había sido un éxito. Reportó 123 bajas enemigas, pero solo tres armas incautadas. En realidad, los únicos muertos eran más de 500 civiles desarmados que no habían opuesto resistencia. Las tropas estadounidenses habían sufrido solo un herido: un soldado que se disparó a sí mismo mientras trataba de desencasquillar su fusil.
 
La tripulación del helicóptero, con Thompson a la cabeza, denunció los hechos inmediatamente a sus superiores. El coronel Henderson, que acabaría procesado aunque absuelto por estos hechos, decidió que la versión de Thompson era falsa y que "solo" 20 civiles habían muerto accidentalmente en My Lai por un error de artillería.
 
El piloto siempre tuvo la sensación de que en los siguientes meses trataron de silenciarlo enviándolo a peligrosas misiones en solitario, que llevaron a Thompson a estrellarse entre cuatro y cinco veces en un período inferior a tres meses.
 
También en la compañía Charlie sentían que alguien les quería quitar de en medio. Después de los sucesos de My Lai, la unidad fue desplegada en la selva durante 54 días, sufriendo ataques enemigos y los estragos de la disentería. Algunos de sus soldados defienden todavía hoy que fue un esfuerzo para evitar que hablaran con nadie sobre lo sucedido en My Lai.
 
Sin embargo, iba a ser muy difícil tapar una matanza así. Para empezar, había imágenes. El sargento Ron Haeberle era fotógrafo militar y lo había documentado todo aquel día. Había tomado las fotos "oficiales" en blanco y negro con su cámara oficial, pero tenía otra personal con la que tomó las fotos en color que luego se publicarían en la revista Life y que, mostrando los asesinatos en toda su crudeza, se han convertido en algunas de las instantáneas más conocidas de la era de Vietnam.
 
Además, estaban los testimonios. En 1968, un periodista llamado Ronald Ridenhour, desplegado en Vietnam como artillero de un helicóptero, usó sus contactos en la compañía Charlie para entrevistar a muchos de sus soldados sobre lo que había sucedido en My Lai.
 
A su regreso a EE. UU., a principios de 1969, redactó una carta con todo el material que había recopilado y la envió a 30 destinatarios de la élite política y militar de Washington D. C. Esto dio lugar a una investigación que derivó en el procesamiento de William Calley en septiembre de ese mismo año, aunque para entonces la ciudadanía aún no sabía nada de la masacre de My Lai. Eso estaba a punto de cambiar.
 
En noviembre de 1969, EE. UU. se enteró de lo sucedido por los artículos del periodista Seymour Hersh, ilustrados en varios casos por las espectaculares fotos tomadas en My Lai por Ron Haeberle. Muchas publicaciones habían rechazado antes esas informaciones, pero casi todos los grandes periódicos y televisiones recogieron la noticia cuando la difundió a través de una pequeña agencia de noticias comprometida con el movimiento antibelicista.
 
Hersh ganó por estos artículos un premio Pulitzer, y durante los años siguientes siguió escribiendo sobre la matanza y sobre los intentos del alto mando militar para tapar el asunto.
 
Fuente: La Vanguardia 

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Mujeres y niños no identificados antes de la matanza de May Lai. Según testimonios, fueron tiroteados momentos después de haberse tomado la foto.
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El soldado SP Capezza quema una choza vietnamita en My Lai.
07-01-2026 / 09:01
El Cartel de los Soles es una truchada. El propio Departamento de Justicia de EE.UU. reconoció en los hechos que no existe el "Cartel de los Soles", la organización "narcoterrorista" que supuestamente encabezaba Nicolás Maduro. No fue ni contra el narcotráfico ni por la democracia: Donald Trump atacó Venezuela por el petróleo. Se cayó la principal excusa del gobierno yanqui para bombardear Venezuela y secuestrar a su presidente. El giro del Departamento de Justicia yanqui desnuda que el verdadero objetivo del ataque imperialista y el secuestro del presidente venezolano siempre fue el petróleo, no la falsa guerra contra las drogas. El papelón alcanza al alcahuete Javier "el Loco" Milei, que también declaró como terrorista al ficticio cartel para complacer a Trump.
 
El tan cacareado Cártel de los Soles resultó ser inexistente. Desde 2020 los Estados Unidos lo utilizó para acusar al presidente constitucional de Venezuela, Maduro, de ser el cabecilla. El creador de esta fábula fue el propio Trump en tiempos de su primer gobierno y la recuperó el año pasado para continuar con su asedio al celoso custodio de la mayor reserva petrolífera del planeta. Sin embargo, el lunes por la noche, esa fábula se desmoronó cuando se conoció que el Departamento de Justicia de Estados Unidos, había reescrito la acusación contra Maduro y dejó de considerar a este cártel como una organización real. La impunidad del poderoso.
 
Este cambió poco le importó a Milei que decidió mantener a los Soles en el Registro Público de Personas y Entidades vinculadas a Actos de Terrorismo y su Financiamiento. Tal vez lo hizo a la espera de que la mentira se convierta en verdad. Lo cierto es que seguir con esta fábula entre los delitos que se le endilgan a Maduro, iba a resultar contraproducente para la estrategia de la fiscalía. Sobre todo, porque el proceso judicial ya tiene un vicio de legalidad de origen: se inició porque antes se invadió y atacó un país extranjero, Venezuela, y se secuestró a su presidente, Maduro.
 
Según trascendió, ahora la acusación de la fiscalía contra Maduro se limita a responsabilizarlo de conducción de un supuesto "sistema clientelar" y desarrollar una "cultura de corrupción" que se nutrió de dinero del narcotráfico.
 
Una vez que Trump comenzó su segundo mandato, resucitó al Cártel de los Soles y la acusación contra Maduro del año 2020. En julio pasado, el Departamento del Tesoro copió textual esa acusación para incorporar al cártel como organización terrorista. Cuatro meses más tarde, el secretario de Estado y uno de los principales asesores en seguridad, Marco Rubio, hizo lo mismo. El relato para la campaña mediática contra Venezuela cerraba perfecto y era casi calcado a otras experiencias norteamericanas con países de Latino América, como fue el caso Panamá en 1989. O la farsa de las inexistentes armas de destrucción masiva en Irak, que justificaron su invasión.
 
Con franqueza imperial, Trump se encargó de despejar cualquier duda sobre las verdaderas motivaciones de la agresión. En una conferencia de prensa afirmó sin tapujos que su intención era "administrar" Venezuela para "recuperar" su petróleo, como si ese recurso natural perteneciera a Estados Unidos y no al pueblo venezolano. La frase, brutal en su sinceridad, pulverizó de un solo golpe el andamiaje discursivo con el que durante años se intentó justificar el hostigamiento contra los gobiernos bolivarianos.
 
Quedó así al desnudo que el problema de Washington con Maduro nunca fue el supuesto "fraude" en las elecciones presidenciales del 28 de julio de 2024, ni la acusación de ser una "dictadura", ni mucho menos la fantasía judicial del inexistente Cartel de los Soles. El verdadero conflicto es geopolítico y económico: Venezuela posee las mayores reservas probadas de petróleo convencional del planeta y ha insistido, desde la Revolución Bolivariana, en ejercer soberanía sobre ellas. Para el imperialismo yanqui, ese pecado es imperdonable.
 
La Opinión Popular
 

07-01-2026 / 08:01
07-01-2026 / 08:01
06-01-2026 / 11:01
Si algo confirmó el ataque yanqui a Venezuela fue que Nicolás Maduro era el presidente legítimo de ese país. Terminó con la discusión de su elección y de las famosas actas. Si no fuera así, la oposición no habría presentado actas truchas y Washington no hubiera necesitado intervenir por la fuerza. Si la oposición tenía tanto respaldo como decían, el matón Donald Trump no los hubiera despreciado públicamente como hizo en la conferencia de prensa donde anunció el secuestro del mandatario venezolano y su esposa.
 
El mundo cambió, algunos dicen que no es cierto que Estados Unidos sea una potencia en decadencia. Y es al revés. Tiene que usar la fuerza para mantener su hegemonía porque su economía está en problemas y es difícil que pueda recuperarse. Pero es la primera potencia militar por lejos. La sigue Rusia y después China. Pero China y Rusia sumadas sobrepasan el poderío norteamericano, que tiene 18 bases militares fuera de su territorio, más sus aliados de la OTAN. Como las medidas económicas ya no tienen la fuerza necesaria, aplica la fuerza más importante que le queda, que es la militar.
 
Es obvio que a China y a Rusia no les gusta la intervención militar norteamericana, pero no moverán un soldado porque aceptan que América sea zona de influencia norteamericana. Si Latinoamérica es zona de influencia de Washington, es obvio que Ucrania resulta zona de influencia de Rusia y que Taiwán y sus alrededores es zona de influencia de China. Las potencias están demarcando sus zonas de influencia. Permitirán la presencia de otras economías mientras no crean que los amenaza.
 
Lo que no se resuelve por la política, se resuelve por la fuerza. Los argentinos sabemos esa máxima de la realidad. Y la lógica de la fuerza, no es progresiva porque la única forma de defenderse es tener más fuerza que el posible agresor. O sea: la regla será una nueva carrera armamentística con la proliferación de arsenales nucleares. Muy peligroso.
 
El tema principal con Venezuela no sería tanto la provisión de petróleo, porque le vende todo el que necesita y ha aclarado en repetidas oportunidades que no tienen intenciones de retacearlo. Tampoco sería el hecho de que le venda a China. El problema es que los tratos con Beijing no se realizan en dólares.
 
Y si el mundo abandona el dólar como moneda internacional, Estados Unidos sería aplastado por su enorme deuda y los problemas en sus cadenas de suministro internacionalizadas. El año próximo, por primera vez, los vencimientos de su deuda serían mayores que su enorme gasto militar. Por supuesto que la intención de máxima es tomar el control directo de las grandes reservas de petróleo venezolano.

En Argentina y en todas partes, pasa a ser más necesario que nunca que sus Fuerzas Armadas recuperen el sentido nacional que terminaron de perder durante la Guerra Fría. Es un mundo en el que prima la fuerza y las relaciones de dominación. Resignarse en este mundo es aceptar el sometimiento como ocurre con el gobierno actual. El camino para preservar los intereses propios está en fortalecerse en los organismos de integración regional y la diversificación de mercados en organismos como el de los BRICS.

La operación de comandos que secuestró a Maduro fue exitosa desde su punto de vista. Pero como Estados Unidos no puede arriesgar una invasión de infantería similar a la de Panamá el objetivo de máxima era de cambio de régimen. El secuestro de Maduro debía provocar saqueos, levantamientos de multitudes y en cascada, fracturas en las Fuerzas Armadas. La oposición de Corina Machado no podía garantizar ni un acto mínimo. La decepción de Trump fue evidente. En vez de reemplazar al régimen está obligado a negociar con él, aunque presione con la cárcel de Maduro
Trump utiliza la agresión a Venezuela para amenazar a los gobiernos de América que no se someten a EE.UU.

 

05-01-2026 / 20:01
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