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Nacionales - 24-01-2023 / 09:01
SI HUBIERA TRIUNFADO EL DERECHISTA BOLSONARO, LOS ARGENTINOS ESTARÍAMOS AL HORNO

El compañero Lula da Silva es un político colosal y su vida es un collar de hazañas

El compañero Lula da Silva es un político colosal y su vida es un collar de hazañas
Con un renovado músculo político tras el relanzamiento de la relación bilateral entre Argentina y Brasil, en la VII cumbre de la Comunidad de Estados Latinoamericanos y Caribeños (Celac) que se lleva a cabo en Buenos Aires, Alberto Fernández y Luiz Inácio Lula da Silva buscarán fortalecer este foro como espacio de integración en el que está representado toda la región menos Canadá y Estados Unidos.
Con un renovado músculo político tras el relanzamiento de la relación bilateral entre Argentina y Brasil, en la VII cumbre de la Comunidad de Estados Latinoamericanos y Caribeños (Celac) que se lleva a cabo en Buenos Aires, Alberto Fernández y Luiz Inácio Lula da Silva buscarán fortalecer este foro como espacio de integración en el que está representado toda la región menos Canadá y Estados Unidos.
 
El encuentro no contará con la presencia del presidente de Venezuela, Nicolás Maduro, pero sí participarán China y el país norteamericano. El desembarco en Argentina del presidente de Brasil significa un cambio completo en las relaciones económicas entre los dos países. En sucesivas reuniones, se inició el trabajo conjunto de los ministerios de Economía de los dos países sobre una moneda común, la integración energética y la recuperación del comercio bilateral perdido durante la presidencia nefasta de Bolsonaro.
 
La cumbre de la Celac será histórica porque cuenta con la presencia de los 33 países que la componen y, además, porque implica el regreso de Brasil tras los años de gestión del derechista Jair Bolsonaro. En el documento final se espera que haya una fuerte defensa de la democracia y las instituciones, en medio de las crisis desatadas en las últimas semanas en Perú y Bolivia como también la violenta protesta de bolsonaristas que tomaron los edificios de los tres poderes del Estado a una semana de la asunción de Lula.
 
La cumbre de la Celac será histórica también porque cuenta con la presencia del compañero Lula, un político colosal, con una vida que es un collar de hazañas. La victoria electoral del año pasado fue un avance cualitativo para la región, para su país, para el nuestro. Si hubiera triunfado Bolsonaro los argentinos estaríamos al horno. Pudo ocurrir, zafamos. Se abre un porvenir más promisorio con Lula: cooperación, convivencia, un proyecto común. El estadista que nació pobre de solemnidad piensa en su país integrado al mundo, articulado en Mercosur, Unasur. Los BRICS también, ojo al piojo.
 
El regreso de Lula mejora de por sí las perspectivas económicas argentinas. Con políticas públicas inteligentes, caminando unidos, las posibilidades crecerían. Dicho escenario sería imposible con Bolsonaro allá o con el expresidente Mauricio Macri acá. Lula sabe los bueyes con que ara. En un contexto crudamente más difícil que en la epifanía de 2003, viene a arremangarse y a abrazar a sus compañeros peronistas.
 
La Opinión Popular
 

VEINTE AÑOS DE ALIANZA CON LAS FUERZAS NACIONALES Y POPULARES
 
Lula, el compañero que vive acá cerca
 
El presidente brasileño Luis Inácio Lula Da Silva eligió a la Argentina como destino (valga la palabra) de su primer viaje al exterior. Es su costumbre desde que asumiera su primer mandato en 2003. Antes mirábamos a Europa o a Estados Unidos para seguirlos, explicó, ahora nos orientamos desde nuestra región.
 
Lula ha venido decenas de veces a la Argentina, en particular pero no exclusivamente a Buenos Aires. Visitas de Estado, algunas Cumbres inolvidables. Un trance gozoso, masivo, codo a codo con la gente común: la celebración del Bicentenario en 2010, clímax de las izquierdas y progresismos regionales. Clímax del kirchnerismo que preparaba el terreno para las elecciones en la que sería reelecta Cristina Fernández de Kirchner.
 
Contados meses después el líder del PT habló en el velatorio del presidente Néstor Kirchner sin retener su emoción, otra de sus marcas personales. Una muchedumbre lo vitoreó en la Plaza de Mayo, liberado de su injusto encarcelamiento cuando costaba imaginar que regresaría a Planalto. De nuevo está de vuelta aunque, como canta la zamba, tuvo que hacer un alto.
 
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Lula es un político colosal, su vida es un collar de hazañas. La victoria electoral del año pasado fue un avance cualitativo para la región, para su país, para el nuestro. Estremece pensar un desenlace distinto, da para agradecer y congratularse. El estrecho margen del resultado o, puesto de otro modo, la cantidad de votos que cosechó el expresidente Jair Messias Bolsonaro modera la euforia, enciende señales de alerta.
 
Las luces amarillas hasta parecen rojas cuando añadimos el asalto golpista a los tres poderes del estado brasileño, semanas atrás. Politólogos refinados o fariseos entrenados pueden discutir si fue un golpe de estado, un conato, una versión maléfica de Fuenteovejuna o un engendro innominado. Lo cierto es que el sistema tambaleó, que se estuvo al borde de vaya-uno-a saber qué catástrofe. Atravesamos una época de disyuntivas atroces que se dirimen por un pelito... que reenvían a la sencilla parábola de la película Match Point.
 
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Cunden en estas pampas relatos peregrinos... por no usar otra palabra de cuatro sílabas más certera que empieza también con "pe". El expresidente de Estados Unidos Donald Trump, Bolsonaro y la vicepresidenta Fernández de Kirchner serían parientes cercanos, populistas que desconocieron los triunfos electorales de sus adversarios.
 
Con piedad, dejemos de lado que Cristina ni el peronismo desconocieron el resultado, que está mal contado el episodio de la asunción de Macri. Vamos al hueso: la derecha mundial es un peligro creciente, sus protagonistas se parecen. La derecha argentina ranquea entre las más hipócritas del mundo. Ni siquiera se autodefine como tal: serían "liberales", "republicanos" o coso.
 
Hete aquí que los presuntos liberales son racistas, discriminadores, machistas, misóginos, negacionistas de la pandemia, xenófobos. Admiradores y copiones de la DEA. Partidarios de que "la gente" se arme. Enemigos inconciliables de los sindicatos y las organizaciones sociales. Bolsonaro, Trump y Macri son socios, lo han ostentado... Lula no puede engañarse, no come vidrio aunque una caterva de vivos o zonzos diga cualquier pavada.
 
Hace menos de veinte años esa derecha mendaz se valía del "ejemplo de Lula" para catequizar a Kirchner. El izquierdista que "entendía  al mundo" versus el Jaimito peroncho. Después, bulímicos de poder, endiosaron a los verdugos del tornero-presidente. El revolucionario que llegó al poder en democracia. Como otro referente surgido desde las bases: el expresidente boliviano Evo Morales.
 
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Está de moda macanear, denigrar lo nacional, abjurar de todo lo que sea argentino. La democracia cae en la volteada. "La pobreza es una deuda de la democracia". Achalay. ¿El capitalismo salvaje no tendrá nada que ver? ¿La concentración de poder y riquezas nacional e internacional? ¿La insolidaridad de las potencias y las clases dominantes?
 
Y claro, los errores e inconsecuencias de las fuerzas nacionales y populares, sus tropiezos para articular. Lula lo sabe. Va con su inteligencia superior, su voluntad inquebrantable por la oportunidad que conquistó. Que nos atañe, que es colectiva, que ilumina algo el gris cielo de esta etapa.
 
Por Mario Wainfeld
 
Fuente: pagina12.com.ar
 

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29-03-2026 / 15:03
La gestión de Javier Milei atraviesa un momento muy complejo, atrapada en una tenaza que combina corrupción sistémica y degradación económica. La narrativa de austeridad se ha quebrado frente a pruebas judiciales contundentes: por un lado, el Caso $LIBRA, donde el peritaje técnico confirma un esquema de promoción de estafas piramidales que involucra directamente al Presidente y a Karina Milei por presuntos cobros millonarios; por otro, el escándalo de Manuel Adorni, cuya utilización de vuelos privados y un crecimiento patrimonial injustificado -que incluye mansiones y gastos de lujo- lo colocan como el nuevo emblema de los privilegios que el Gobierno prometió desterrar.

Sin embargo, el factor que transforma estos escándalos en un veneno letal para el oficialismo es el contexto de asfixia social. La paciencia popular, que hasta hace poco funcionaba como un cheque en blanco, se está agotando ante una realidad incontrastable marcada por la pobreza récord Con indicadores que ya superan el 55%, el ajuste ha dejado de caer sobre la política para ensañarse con la clase media y los sectores vulnerables; la inflación persistente, la cual, a pesar del discurso oficial, el costo de vida -especialmente en alimentos y servicios públicos- sigue demoliendo el poder adquisitivo de los salarios. A esto se le suma la crisis de expectativas: El contraste entre el "no hay plata" para comedores escolares y el despliegue de recursos en el entorno de Adorni ha roto el vínculo de confianza con su base electoral.


En definitiva, la caída en las encuestas no es solo producto de los tribunales; es el resultado de un modelo que pide sacrificios extremos a la población mientras sus máximos referentes se ven cercados por causas de corrupción que huelen a vieja política. La "libertad" parece haberse convertido, para el círculo íntimo del poder, en la libertad de gozar de privilegios mientras el resto del país cae en la indigencia.


De la redacción de La Opinión Popular

28-03-2026 / 07:03
La historia, caprichosa pero justa, suele poner las cosas en su lugar. El reciente fallo de la Corte de Apelaciones del Segundo Circuito de Nueva York, que rechaza de plano la demanda de los fondos buitres contra la República Argentina por la recuperación de YPF, no es solo un alivio para las cuentas públicas; es la partida de nacimiento de una verdad que el relato libertario intentó asfixiar: la soberanía nacional no fue un error, sino el acierto estratégico más importante del siglo XXI.


Este veredicto no constituye únicamente una victoria jurídica, sino que representa una reivindicación política total para Axel Kicillof. En 2012, el entonces ministro de Economía comprendió que un país sin el control de su propia energía es un país sin destino. El tiempo, ese juez implacable, terminó por darle la razón: hoy, Vaca Muerta no es una entelequia, sino una realidad que bate récords de producción y sostiene el andamiaje de una Argentina que, de otro modo, estaría de rodillas.

 
En este escenario, es imperativo apelar a la memoria y desenmascarar el cinismo. El hoy presidente no fue un observador neutral en esta disputa; fue un militante activo y un lobbista desfachatado del bando buitre. Javier Milei, el mismo hombre que ahora intenta "caranchear" miserablemente un triunfo judicial ajeno, construyó su carrera mediática descalificando sistemáticamente la recuperación de YPF como un "robo" y un "atropello a la propiedad privada". Su alineamiento con el capital especulativo fue tan obsceno que llegó a proponer la creación de un humillante "Impuesto Kicillof": una tasa destinada a esquilmar al pueblo argentino para pagarle a los fondos buitres una deuda que, hoy lo sabemos, era ilegítima. Como bien señaló el gobernador bonaerense ante la contundencia del fallo: "Es lamentable que el presidente de la Nación haya defendido a los fondos buitres en lugar de defender los intereses del país".

 
La contundencia de la sentencia dictada en Nueva York se traduce en una victoria multidimensional. En el plano fiscal, la Argentina logra un alivio monumental al evitar el desembolso de una cifra astronómica fabricada por la voracidad especuladora. En lo estratégico, el fallo ratifica la legalidad internacional de la expropiación, blindando la soberanía sobre nuestros recursos naturales. Finalmente, en el terreno político, el veredicto desmantela el relato de la "mala praxis" esgrimido por Milei, validando la solvencia técnica y el coraje de una defensa que priorizó el patrimonio nacional por sobre los dictados de los mercados financieros internacionales.


De la redacción de La Opinión Popular
27-03-2026 / 19:03
24-03-2026 / 13:03
24-03-2026 / 13:03
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