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“Que ningún ciudadano sea lo suficientemente opulento como para poder comprar a otro, ni ninguno lo bastante pobre como para verse obligado a venderse”. Jean-Jacques Rousseau
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Nacionales - 18-01-2023 / 11:01
LAS TRES PARADOJAS DEL PERONISMO EN UN AÑO ELECTORAL

Las alternativas de Alberto, Cristina y Massa para resolver la interna del Frente de Todos

Las alternativas de Alberto, Cristina y Massa para resolver la interna del Frente de Todos
El rompecabezas parece de imposible solución. Uno, el presidente, dice que va a ser aunque sabe que es difícil. Otro, el ministro de Economía, dice que no va a ser mientras estudia la secuencia de variables que debería acomodarse para tener la oportunidad (y se encuentra, hasta ahora, con un obstáculo que no sabe cómo sortear). La tercera, vicepresidenta, no puede ser candidata porque pesa sobre ella una proscripción de hecho.
El rompecabezas parece de imposible solución. Uno, el presidente, dice que va a ser aunque sabe que es difícil. Otro, el ministro de Economía, dice que no va a ser mientras estudia la secuencia de variables que debería acomodarse para tener la oportunidad (y se encuentra, hasta ahora, con un obstáculo que no sabe cómo sortear).
 
La tercera, vicepresidenta, no puede ser candidata porque pesa sobre ella una proscripción de hecho. Su ausencia forzada desordena una coalición despareja que sólo fue posible gracias a la impostergable atracción gravitatoria de su caudal electoral, personalísimo e intransferible. Ella también debe tomar una decisión.
 
La temporada récord ordena a los políticos, que volvieron a elegir Mar del Plata como teatro de operaciones: un dato que algunos leen como el regreso de una rosca más plebeya, de intendentes y sindicalistas, después de la pandemia y varias temporadas de macrismo en las que el eje de desplazó a Punta del Este y Pinamar.
 
Pero también de que el turismo volvió a ser un privilegio extendido en la sociedad y no solamente de la clase social que nunca dejó de agotar la capacidad hotelera de los balnearios más exclusivos. La ocupación casi plena en todos los centros de veraneo fogonea el optimismo en la Casa Rosada.
 
En el gobierno plantean que esta temporada anticipa una recuperación del poder adquisitivo y que, si se sostiene esa tendencia, con el correr del año se va a terminar confirmando un viraje del humor social que puede beneficiar al oficialismo, si consigue mantenerse unido hasta las elecciones. Esos son demasiados "si".
 
Alberto Fernández se encuentra en un lugar particular. Teme que la candidatura termine recayendo en alguien más. Que los logros que pueda eventualmente exhibir en lo que queda de este mandato servirán para impulsar la campaña de alguien más antes que la suya. Que tiene el veto irremontable de la persona que, en primer lugar, lo puso donde está.
 
Sin embargo, decidió arrancar el año en campaña. En las primeras horas del primer día, al anunciar el juicio político a la Corte, terminó de atar su destino al del kirchnerismo. Fue su prenda de unidad: un pacto firmado con la lapicera. Desde ese lugar, comenzó a reconstruir la imagen de sí que quiere proyectar en los meses que siguen.
 
Tuvo un acierto temprano. Supo leer antes que el resto el renovado ímpetu de Mauricio Macri. Desde que lanzó su spot (el primero de varios), cada vez que aparece en público, casi a diario, Fernández sube al ring al líder del PRO. Es un adversario con el que le gusta contrastarse y al que, imagina, podría volver a vencer.
 
El presidente enfrenta, sin embargo, una aparente paradoja política, a la que aún no le encuentra solución. Para dar la batalla contra la Corte Suprema y llegar a las elecciones con un peronismo competitivo, necesita acumular poder político y sostener al peronismo unido. Muchos dudan de que las dos cosas puedan cumplirse simultáneamente.
 
Por ejemplo: Fernández acentuó un mensaje proselitista convencido de que cualquier alternativa implicaba una pérdida acelerada de poder. Simultáneamente, su postulación es leída como un desafío por un sector del kirchnerismo, lo que le agrega tensión a la trabajosa unidad del Frente. Una sábana que por momentos parece demasiado corta.
 

 
¿Hasta dónde puede tirar el presidente? Dependerá de cuánto tarden en aparecer alternativas. El veranito de los gobernadores, como siempre, pasa rápido. De los que se imaginaron con la banda puesta algunos se bajaron, como Gerardo Zamora y Jorge Capitanich; y otros, como Sergio Uñac, están cada vez más al borde del Frente de Todos.
 
Quedan un par que todavía no descartan tomar la chance si se presenta, en un escenario que, presumen, está abierto por lo imprevisible. Juan Manzur, gobernador de alma en ejercicio de la jefatura de gabinete de la nación, por ahora, se desentiende de los carteles con su nombre, pero no apura desmentidas.
 
También coquetea con una candidatura relámpago, si las circunstancias lo ameritan, Ricardo Quintela, que a partir del juicio político a los miembros de la Corte Suprema y la reciente ley provincial que declara al litio un recurso estratégico está asomándose por primera vez en la agenda nacional. Tiene un largo trecho por delante.
 
Massa no tiene apuro para tomar una decisión que puede llegar bien entrado el otoño. Lo que no significa que vaya a esperar, inerme, hasta que llegue la fecha. Hay escenarios que se recortan con claridad. Si tiene un éxito rotundo en la lucha contra la inflación y mejoran las economías domésticas, será candidato por decantación. Si fracasa, no va a jugar.
 
La pregunta, en todo caso, que cabe hacerse, es cómo va a actuar si la situación no es tan claramente una o la otra, algo que, por otra parte, parece el resultado más probable. Una inflación controlada pero que baje más lento que lo deseado, y una recuperación lenta, despareja, por sectores, le agregarían una cuota de incógnita al ya incierto panorama.
 
Massa, asimismo, tiene que resolver su propia paradoja. Según planteó en reuniones privadas, teme que un apoyo explícito de CFK a su posible candidatura le recorte potencial para crecer entre el voto indeciso que necesita para ganar, pero al mismo tiempo, sabe que sin esa bendición perderá una tajada importante del voto kirchnerista.
 
Lo que nos lleva al rol que tendrá la vice en el proceso preelectoral del peronismo. Impedida de participar, por la amenaza latente de una proscripción efectiva en cualquier momento a sola firma de tres jueces de la Corte Suprema, y sin la potestad de definir una estrategia a dedo como en 2019, deberá reinventar su liderazgo por enésima vez.
 
¿Qué se hace con su proscripción? Su ausencia tendrá consecuencias concretas, no solamente a la hora de traccionar votos, sino como el agente de cohesión, que, por la prepotencia de su caudal electoral, termina ordenando una interna siempre compleja y ahora más. Cuando el peronismo se dispersa, su poder se diluye.
 
Cristina, finalmente, también enfrenta su propia paradoja. A medida que se acerque la elección será difícil conjugar el apoyo a otro candidato y la denuncia de su proscripción. Pero si se mantiene prescindente corre el riesgo de licuar su caudal entre varias ofertas, incapaces, cada una de ellas por sí sola, de sintetizar toda su potencia política.
 
Por Nicolás Lantos
 
Fuente: El Destape
 

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01-04-2026 / 14:04
La Argentina de Javier Milei ha ingresado en una fase peligrosa: la de la construcción de una realidad paralela. Mientras las persianas de las pymes se bajan definitivamente, los comedores populares se desbordan y el consumo de leche cae a niveles históricos, el Gobierno nacional ha decidido que la mejor manera de combatir la pobreza no es con políticas públicas, sino con un lápiz y una goma de borrar en las oficinas del INDEC.


El reciente anuncio que sitúa la pobreza en un 28,2% para el segundo semestre de 2025 no es solo una provocación; es un insulto a la inteligencia de un pueblo que sobrevive en el ajuste más brutal de la historia argentina moderna. Estamos ante el "milagro estadístico" de un gobierno que pretende hacernos creer que, en medio de una recesión galopante y salarios de miseria, la pobreza ha retrocedido por arte de magia.



Javier Milei ha decidido abrazar el dogma por encima de la vida. Su gestión se ha convertido en una maquinaria de propaganda que utiliza la macroeconomía financiera para ocultar la microeconomía de la heladera vacía. Festejar un 28,2% de pobreza en un contexto de desguace del Estado, entrega de la soberanía y destrucción del mercado interno no es solo cinismo; es una declaración de guerra contra la realidad.



El Gobierno podrá seguir "dibujando" números y publicando gráficos en redes sociales, pero la calle tiene su propia estadística. Y en esa estadística, la que se mide en el boleto de colectivo, en el alquiler impagable y en el plato de comida que falta, el modelo de Milei solo ha demostrado ser un éxito en una sola cosa: en producir una miseria estructural que ningún comunicado oficial podrá ocultar por mucho tiempo. El despertar de este sueño estadístico será, lamentablemente, una pesadilla social de la que nos costará años recuperarnos.


De la redacción de La Opinión Popular

31-03-2026 / 16:03
29-03-2026 / 15:03
La gestión de Javier Milei atraviesa un momento muy complejo, atrapada en una tenaza que combina corrupción sistémica y degradación económica. La narrativa de austeridad se ha quebrado frente a pruebas judiciales contundentes: por un lado, el Caso $LIBRA, donde el peritaje técnico confirma un esquema de promoción de estafas piramidales que involucra directamente al Presidente y a Karina Milei por presuntos cobros millonarios; por otro, el escándalo de Manuel Adorni, cuya utilización de vuelos privados y un crecimiento patrimonial injustificado -que incluye mansiones y gastos de lujo- lo colocan como el nuevo emblema de los privilegios que el Gobierno prometió desterrar.

Sin embargo, el factor que transforma estos escándalos en un veneno letal para el oficialismo es el contexto de asfixia social. La paciencia popular, que hasta hace poco funcionaba como un cheque en blanco, se está agotando ante una realidad incontrastable marcada por la pobreza récord Con indicadores que ya superan el 55%, el ajuste ha dejado de caer sobre la política para ensañarse con la clase media y los sectores vulnerables; la inflación persistente, la cual, a pesar del discurso oficial, el costo de vida -especialmente en alimentos y servicios públicos- sigue demoliendo el poder adquisitivo de los salarios. A esto se le suma la crisis de expectativas: El contraste entre el "no hay plata" para comedores escolares y el despliegue de recursos en el entorno de Adorni ha roto el vínculo de confianza con su base electoral.


En definitiva, la caída en las encuestas no es solo producto de los tribunales; es el resultado de un modelo que pide sacrificios extremos a la población mientras sus máximos referentes se ven cercados por causas de corrupción que huelen a vieja política. La "libertad" parece haberse convertido, para el círculo íntimo del poder, en la libertad de gozar de privilegios mientras el resto del país cae en la indigencia.


De la redacción de La Opinión Popular

28-03-2026 / 07:03
La historia, caprichosa pero justa, suele poner las cosas en su lugar. El reciente fallo de la Corte de Apelaciones del Segundo Circuito de Nueva York, que rechaza de plano la demanda de los fondos buitres contra la República Argentina por la recuperación de YPF, no es solo un alivio para las cuentas públicas; es la partida de nacimiento de una verdad que el relato libertario intentó asfixiar: la soberanía nacional no fue un error, sino el acierto estratégico más importante del siglo XXI.


Este veredicto no constituye únicamente una victoria jurídica, sino que representa una reivindicación política total para Axel Kicillof. En 2012, el entonces ministro de Economía comprendió que un país sin el control de su propia energía es un país sin destino. El tiempo, ese juez implacable, terminó por darle la razón: hoy, Vaca Muerta no es una entelequia, sino una realidad que bate récords de producción y sostiene el andamiaje de una Argentina que, de otro modo, estaría de rodillas.

 
En este escenario, es imperativo apelar a la memoria y desenmascarar el cinismo. El hoy presidente no fue un observador neutral en esta disputa; fue un militante activo y un lobbista desfachatado del bando buitre. Javier Milei, el mismo hombre que ahora intenta "caranchear" miserablemente un triunfo judicial ajeno, construyó su carrera mediática descalificando sistemáticamente la recuperación de YPF como un "robo" y un "atropello a la propiedad privada". Su alineamiento con el capital especulativo fue tan obsceno que llegó a proponer la creación de un humillante "Impuesto Kicillof": una tasa destinada a esquilmar al pueblo argentino para pagarle a los fondos buitres una deuda que, hoy lo sabemos, era ilegítima. Como bien señaló el gobernador bonaerense ante la contundencia del fallo: "Es lamentable que el presidente de la Nación haya defendido a los fondos buitres en lugar de defender los intereses del país".

 
La contundencia de la sentencia dictada en Nueva York se traduce en una victoria multidimensional. En el plano fiscal, la Argentina logra un alivio monumental al evitar el desembolso de una cifra astronómica fabricada por la voracidad especuladora. En lo estratégico, el fallo ratifica la legalidad internacional de la expropiación, blindando la soberanía sobre nuestros recursos naturales. Finalmente, en el terreno político, el veredicto desmantela el relato de la "mala praxis" esgrimido por Milei, validando la solvencia técnica y el coraje de una defensa que priorizó el patrimonio nacional por sobre los dictados de los mercados financieros internacionales.


De la redacción de La Opinión Popular
27-03-2026 / 19:03
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