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Sociedad e Interés General - 12-01-2023 / 08:01
1967: RESISTENCIA AL CIERRE DE LOS INGENIOS AZUCAREROS DE TUCUMÁN

Martirologio de la peronista Hilda Guerrero de Molina, asesinada por la represión dictatorial

Martirologio de la peronista Hilda Guerrero de Molina, asesinada por la represión dictatorial
El 12 de enero de 1967, Hilda Guerrero de Molina, de 36 años, caía asesinada en manos de la policía. Era una militante del sindicato de trabajadores de la industria del azúcar FOTIA (CGT) y de la Rama Femenina Peronista.
En Bella Vista, Tucumán, obreros, cañeros y sus familias realizaron una olla popular para los desocupados del ingenio Bella Vista y Santa Lucía, durante las manifestaciones contrarias al cierre de los ingenios azucareros dispuestos por la dictadura militar dirigida por el general Juan Carlos Onganía.
 
El 12 de enero de 1967, una marcha de protesta derivó en una batalla campal, cuando la policía intento no dejar pasar a los manifestantes. Luego la lucha se hizo cuerpo a cuerpo y nadie aflojaba. Hilda Guerrero de Molina, trabajadora peronista, animaba a sus compañeros e incitaba a los hombres a avanzar, yendo ella misma adelante para dar el ejemplo.
 
En un instante de la lucha, dos policías pretendieron quitarle una bandera argentina que portaba, pero Hilda, aunque era pequeña, peleó como pudo y logró retenerla y envolverla en su cuerpo y con el lienzo azul y blanco a cuestas, siguió para adelante.
 
Los "changuitos" de 9 a 12 años cagaban a piedrazos con hondas a la policía que ya había perdido las posiciones y los estribos. La muchedumbre pudo así pasar y efectivizar la protesta. Luego ante un nuevo ataque policial que recibió refuerzos, se parapetó en las inmediaciones.
 
Hilda Guerrero murió en los alrededores del sindicato  de la Federación de Obreros y Trabajadores de la Industria del Azúcar (FOTIA) donde estaba refugiada con otros compañeros. Al sindicato llegaron fuerzas policiales que gasearon el interior de la sede gremial y tiraron tiros al aire para vencer la resistencia obrera.
 
Hilda, sale del lugar protegiendo a sus dos hijos y atraviesa una empalizada con el fin de poner distancia con los atacantes y no ser detenida. Ella era además, una de las consuetudinarias organizadoras de las ollas populares existentes.
 
Un oficial de la policía provincial que la siguió, Gabriel Felipe Figueroa sin más, apuntó a la mujer y abrió fuego. Cayó bañada en sangre con un orificio en la nuca. Esto despertó la justa ira popular que se hizo dueña del lugar por más de 10 horas ante la huida de los uniformados. Esa noche sus compañeros de trabajo y lucha la velaron en silencio. Era una nueva mártir de la causa nacional y popular en la Argentina.
 
Por su parte, Lucía Mercado en enero de 2009, suma nueva información sobre esta compañera ejemplar: "Desde su juventud Hilda Guerrera de Molina integraba la Rama Femenina Peronista. Fue en tren a Buenos Aires, en 1949, al Primer Congreso Nacional de la Mujer que convocaba la compañera EvitaHilda tenía 36 años cuando la asesinaron. Su velatorio y cortejo fúnebre fue el más grande que hayamos visto, la llevamos a pulso, caminando 7 kilómetros hasta su última morada, el cementerio de Acheral".
 
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El martirologio de Hilda Guerrero de Molina, vilmente asesinada por la represión dictatorial
Marcha de resistencia al cierre de los ingenios azucareros de Tucumán.
 
Circunstancias de su muerte
 
En 1962 comenzó una crisis azucarera en el noroeste argentino (NOA) que produjo el endeudamiento generalizado de los pequeños ingenios. En Tucumán había por entonces 18.602 explotaciones de caña de azúcar en 17.341 minifundios, 20 mil cañeros y 80 mil zafreros.
 
En 1965 comenzaron los conflictos y huelgas. Atilio Santillán, el secretario general del sindicato de trabajadores del azúcar (FOTIA), con 40.000 miembros y 82 gremios, llamó a ocupar los ingenios.
 
Una de las primeras medidas del gobierno militar que tomó el poder en 1966 con el general Juan Carlos Onganía fue intervenir varios ingenios tucumanos y cerrar otros cinco. Se produjo entonces un desempleo masivo en la región y el éxodo de la población rural dedicada a la producción de caña de azúcar.
 
La FOTIA organizó entonces un Plan de Lucha Azucarera Nacional, que contemplaba la organización de ollas populares y concentraciones en las ciudades del interior de la provincia. Hilda Guerrero, madre de cuatro hijos, era una de las mujeres que organizaban las ollas populares en Bella Vista (Tucumán).
 
El 12 de enero de 1967 la FOTIA convocó a concentrarse en Bella Vista (Tucumán), en el ingenio de Santa Lucía cerrado ese año, a los trabajadores de los ingenios de San Pablo, San José, Amalia, y Santa Lucía.
 
Poco antes de las 17, hora en que debía iniciarse el mitin, la policía detuvo a varias personas como gesto intimidatorio. Minutos después comenzó una violenta refriega. Intervino la Guardia de Infantería y los activistas del sindicato del ingenio San José lanzaron bombas molotov contra ellos.
 
La policía disparó, entonces, contra la multitud integrada en su mayoría por mujeres y niños. En el desbande quedó el cuerpo muerto de Hilda Guerrero de Molina. La multitud, enardecida, cargó nuevamente contra las fuerzas represivas, obligándolas a refugiarse en el local policial. Bella Vista quedó, por horas, en manos de la gente.
 
Fuente: Wikipedia 

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Martirologio de la peronista Hilda Guerrero de Molina, asesinada por la represión dictatorial
Un decreto ley del 21 de agosto de 1966 dio inicio al desmantelamiento de los ingenios tucumanos con el saldo de 50 mil despidos y 200 mil migrantes durante la dictadura de Onganía.
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La policía disparó contra la multitud integrada en su mayoría por mujeres y niños. En el desbande quedó el cuerpo muerto de Hilda Guerrero de Molina.
02-04-2026 / 12:04
El 02 de abril de 1982, cumpliendo con una reivindicación nacional, de tenaces y profundas raíces, la Argentina recupera las Malvinas por la fuerza, usurpadas por Gran Bretaña desde 1833. Así, los argentinos emprendimos una guerra justa por nuestra soberanía en las islas, más allá del pésimo manejo y de la oscura motivación de los jerarcas militares que proyectaron el conflicto.

Los soldados, marinos y aviadores que participaron de la guerra libraron distintas batallas al mismo tiempo: contra los británicos, asistidos por los yanquis y el dictador chileno Pinochet, pero también contra la incapacidad y la inoperancia del propio gobierno del dictador militar Leopoldo Galtieri, que "acompañó" la lucha aportando desinformación, manipulación y triunfalismo.

Nuestros soldados pelearon con coraje y valentía, en actos de verdadero heroísmo, a pesar de haber protagonizado un conflicto perdido de antemano, declarado por un gobierno militar tambaleante, que inició una guerra en condiciones militarmente absurdas, buscando una legitimación popular que no tenían para mantenerse en el poder, y que no entendió nunca la dimensión de las potencias enemigas contra las que se plantaba.
 
La suerte de los combates impusieron la fuerza de la OTAN y nuestras islas volvieron al dominio británico. Como resultado, el gobierno militar cayó en desgracia con los EE.UU., que cambió su estrategia de apoyo para con las dictaduras de América Latina, que eran mayoría y se derrumbaron una a una. Así, una de las consecuencias de la guerra fue la retirada del gobierno militar y la vuelta a la democracia en la Argentina, en 1983.

 
Hoy, lamentablemente, el Presidente Javier Milei, fanático admirador de Margaret Thatcher, no defiende la Causa Malvinas y abrió la puerta a que los habitantes de las islas decidan sobre la soberanía, algo que contradice el histórico reclamo argentino. Y además es un cipayo incondicional de EE.UU., el gran aliado de Inglaterra en la OTAN.
 
Cuarenta y tres años después, la guerra de Malvinas es, todavía, un episodio no saldado que sigue vigente. Hoy, la lucha por la soberanía argentina sobre las Malvinas pasa por mantener firme el reclamo y por un debate permanente para fortalecer el consenso internacional, entre nuestros aliados latinoamericanos y de otros continentes, sobre la legitimidad del reclamo argentino respecto a las islas del Atlántico sur. 
 
Hay deudas que siguen vigentes y un reclamo soberano que no cesa. La recuperación y valoración de la gesta es una obligación con nuestra conciencia histórica como Nación, con nuestros compatriotas muertos en estas islas argentinas, con los veteranos combatientes que sobrevivieron y con nuestros derechos a la imprescriptible soberanía en Malvinas, Sándwich y Georgias del Sur.

 
Escribe: Blas García

03-03-2026 / 20:03
03-03-2026 / 18:03
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