con el que armaba las acusaciones. El que no quería presentarse era el fiscal que obligaba a comparecer a sus acusados.
 
El motivo por el que eligieron a estos dos personajes para causas tan importantes es evidente: había que hacer un trabajo sucio. Y mientras se sustanciaban estos expedientes con total impunidad, el trabajo sucio impune se fue convirtiendo en una práctica cada vez más común, con relaciones promiscuas entre jueces con Mauricio Macri y la premiación de funcionarios leales al macrismo con designaciones o ascensos irregulares. El foco infeccioso de las primeras causas se fue expandiendo hasta pudrir el fuero federal y la Corte.
 
'/> Nadie verá una condena a Cristina como el resultado de un juicio justo que no tuvo / La Opinión Popular
La Opinión Popular
                  11:34  |  Lunes 30 de Marzo de 2013  |  Entre Ríos
El clima en Paraná

Por
“Que ningún ciudadano sea lo suficientemente opulento como para poder comprar a otro, ni ninguno lo bastante pobre como para verse obligado a venderse”. Jean-Jacques Rousseau
Recomendar Imprimir
Nacionales - 03-12-2022 / 09:12
LAS CONSECUENCIAS EN EL PLANO SOCIAL SON IMPREVISIBLES, SERÁN LAS DE UN PAÍS SIN JUSTICIA

Nadie verá una condena a Cristina como el resultado de un juicio justo que no tuvo

Nadie verá una condena a Cristina como el resultado de un juicio justo que no tuvo
Si los jueces de la causa Vialidad proscriben el martes a Cristina Kirchner en este proceso tan turbio, estarán proscribiendo a millones de argentinos. La putrefacción en el Poder Judicial tendrá que extenderse cada vez más para sostener la presión que generarán esos millones de personas fuera del sistema.
El martes próximo el Tribunal Oral Federal 2 dará a conocer el veredicto para la Argentina, no solamente para Cristina Kirchner y los demás acusados. Lo que resuelvan estos jueces tendrá consecuencias considerables y extendidas en el tiempo como resultado de un proceso plagado de irregularidades. Así como el ciclo de golpes militares culminó con la monstruosidad que personificaron Videla, Massera y Agosti, la obstrucción del sistema democrático por la persecución judicial conocida como lawfare iniciará otro ciclo con derivaciones dramáticas.
 
Habrá apelaciones y el proceso se extenderá indefinidamente para arrinconar a la ex presidenta. Cristina no tiene derechos especiales y tiene la obligación de acatar la ley como cualquier ciudadano. Es una realidad que en su caso hay un ensañamiento especial, pero ojo, porque también habrá consecuencias especiales por ese ensañamiento.
 
La vicepresidenta ha sido varias veces senadora, dos veces presidenta de la Nación y actualmente vicepresidenta. Son cargos electivos. Una y otra vez ganó elecciones o fue votada masivamente por millones de argentinos que se sienten expresados por ella. Es una ciudadana común, pero en su persona están representados millones de argentinos que, si resulta proscripta, serán procriptos con ella.
 
No es que por ese motivo tenga impunidad ante la justicia. La vicepresidenta se presentó cada vez que fue citada por los tribunales. No buscó la protección de los fueros, estuvo dos años sin cargos mientras hizo frente a las causas judiciales absurdas que montaba el juez Claudio Bonadio, con su ladero, el fiscal Carlos Stornelli. Nadie puede acusarla de haber eludido la Justicia. Para cargar contra Cristina tuvieron que buscar a Bonadio, uno de los personajes más turbios del Poder Judicial y, por esa razón, más vulnerable para las presiones por los numerosos pedidos de juicio político que tenía en la Magistratura.
 
No eligieron la figura de un juez incorruptible, una especie de fiscal Ricardo Molinas, cuya sola presencia fuera garantía de imparcialidad y honestidad. Ningún juez con esas características hubiera aceptado convertirse en el monigote judicial del lawfare. Porque para emprender la campaña contra la ex presidenta había que usar trampas, aprietes, golpes bajos, darle credibilidad a acusaciones sin pruebas, montarse en el amarillismo de la prensa macrista, ser fiel a la estructura de los servicios de inteligencia que trabaja siempre para los poderosos, sin importar quién esté en el gobierno.
 
Y el fiscal Stornelli, la otra estrella del lawfare, ha sido una figura a la que ni pudieron presentarlo con el aura del fiscal sin miedo porque quedó entrampado en acusaciones de aprietes y extorsiones a testigos y acusado de espiar al ex esposo de su pareja. Stornelli es un fiscal que estuvo nueve meses en rebeldía porque se negaba a declarar en la causa del espía y falso abogado Marcelo D'Alessio con el que armaba las acusaciones. El que no quería presentarse era el fiscal que obligaba a comparecer a sus acusados.
 
El motivo por el que eligieron a estos dos personajes para causas tan importantes es evidente: había que hacer un trabajo sucio. Y mientras se sustanciaban estos expedientes con total impunidad, el trabajo sucio impune se fue convirtiendo en una práctica cada vez más común, con relaciones promiscuas entre jueces con Mauricio Macri y la premiación de funcionarios leales al macrismo con designaciones o ascensos irregulares. El foco infeccioso de las primeras causas se fue expandiendo hasta pudrir el fuero federal y la Corte.
 

 
La causa Vialidad, un ejemplo mundial de lo que no hay que hacer
 
La causa de Vialidad, sobre la que se tiene que expedir el tribunal este martes, ha sido un ejemplo de este funcionamiento perverso. La vicepresidenta enumeró por lo menos 20 mentiras sobre las cuales se instaló esta causa. La palabra "mentiras" expresa algo real, no es una exageración ni una metáfora: son acusaciones de la fiscalía que las defensas demostraron categóricamente que son mentiras.
 
El ex juez español Baltasar Garzón denunció a nivel internacional la persecución a Cristina Kirchner a través de la causa Vialidad y enumeró todas las irregularidades.
 
"Si tiene algún valor es el valor pedagógico --dijo el juez Daniel Erbetta, de la Corte Suprema santafesina, a quien nadie podría acusar de kirchnerista--, porque es un proceso que nos permitiría a nosotros enseñarle a los alumnos cómo no debe ser un debido proceso penal, cómo no debe actuar un fiscal y cómo no debe actuar un juez".
 
El Grupo de Puebla, denunció también la persecución judicial contra Cristina Kirchner, la OEA y la ONU presentaron quejas en su momento por la manipulación de funcionarios judiciales durante el macrismo.
 
Hay un consenso internacional sobre la existencia del lawfare, sobre todo después del proceso contra Lula, en Brasil, que debió ser liberado cuando quedaron en evidencia las movidas ilegales entre los fiscales y el juez Moro.
 
Son pruebas de la persecución orquestada por estos funcionarios y que en la Argentina han sido naturalizadas por la campaña de la corporación mediática y la cobertura que les proporcionan constitucionalistas afines como Daniel Sabsay o Roberto Gargarella. Como dijo Baltasar Garzón, la causa Vialidad "usa el derecho como arma de destrucción del oponente político".
 
Para el mundo y para los argentinos en general, peronistas o antiperonistas, no existe la justicia en la Argentina. Los peronistas saben que todo lo que hagan en ese ámbito les será adverso. Y los antiperonistas se congratulan de haber colonizado jueces y fiscales porque aunque pierdan las elecciones, tienen la capacidad de impedir gobernar a los que ganen. Por esa relación perversa, la corporación judicial reclama cada vez más poder, hasta convertirse en el Partido Judicial.
 
 
Jueces y fiscales en vez de generales
 
A partir del año '30, para hacer política en Argentina había que saber los nombres de los jefes de cada regimiento y los resortes de poder que manejaban. Al quedar anacrónicos los golpes militares porque no ofrecían seguridad jurídica al flujo de capitales que generó la globalización neoliberal, comenzaron a colonizarse el Poder Judicial y a judicializar la política. Fue un proceso ascendente, hasta la actualidad donde funciona una alianza entre el macrismo (PRO, radicales y Carrió) y el Partido Judicial.
 
Ahora, para intervenir en política hay que saber los nombres de los jueces y fiscales que funcionan en cada tribunal y a qué intereses responden. De ser una institución de la democracia, el esquema actual ha convertido a un sector importante del Poder Judicial en un obstáculo para la convivencia democrática.
 
Pero la historia demuestra que la expresión popular, sus reclamos en defensa de sus intereses, encuentra siempre la forma de hacerse escuchar y satisfacer. Con los militares, esa dinámica produjo un aumento progresivo de la violencia hasta su expresión más diabólica con el terrorismo de Estado.
 
Si los jueces de la causa Vialidad proscriben el martes a Cristina Kirchner en este proceso tan turbio, estarán proscribiendo a millones de argentinos. La putrefacción en el Poder Judicial tendrá que extenderse cada vez más para sostener la presión que generarán esos millones de personas fuera del sistema.
 
Y cuanto más profunda sea la infección, la solución --la historia demostró que siempre llega-- tendrá que ser más drástica. En el lawfare no hay próceres, hay funcionarios corruptos.
 
Por Luis Bruschtein
 
Fuente: Página 12
 

Agreganos como amigo a Facebook
29-03-2026 / 15:03
La gestión de Javier Milei atraviesa un momento muy complejo, atrapada en una tenaza que combina corrupción sistémica y degradación económica. La narrativa de austeridad se ha quebrado frente a pruebas judiciales contundentes: por un lado, el Caso $LIBRA, donde el peritaje técnico confirma un esquema de promoción de estafas piramidales que involucra directamente al Presidente y a Karina Milei por presuntos cobros millonarios; por otro, el escándalo de Manuel Adorni, cuya utilización de vuelos privados y un crecimiento patrimonial injustificado -que incluye mansiones y gastos de lujo- lo colocan como el nuevo emblema de los privilegios que el Gobierno prometió desterrar.

Sin embargo, el factor que transforma estos escándalos en un veneno letal para el oficialismo es el contexto de asfixia social. La paciencia popular, que hasta hace poco funcionaba como un cheque en blanco, se está agotando ante una realidad incontrastable marcada por la pobreza récord Con indicadores que ya superan el 55%, el ajuste ha dejado de caer sobre la política para ensañarse con la clase media y los sectores vulnerables; la inflación persistente, la cual, a pesar del discurso oficial, el costo de vida -especialmente en alimentos y servicios públicos- sigue demoliendo el poder adquisitivo de los salarios. A esto se le suma la crisis de expectativas: El contraste entre el "no hay plata" para comedores escolares y el despliegue de recursos en el entorno de Adorni ha roto el vínculo de confianza con su base electoral.


En definitiva, la caída en las encuestas no es solo producto de los tribunales; es el resultado de un modelo que pide sacrificios extremos a la población mientras sus máximos referentes se ven cercados por causas de corrupción que huelen a vieja política. La "libertad" parece haberse convertido, para el círculo íntimo del poder, en la libertad de gozar de privilegios mientras el resto del país cae en la indigencia.


De la redacción de La Opinión Popular

28-03-2026 / 07:03
La historia, caprichosa pero justa, suele poner las cosas en su lugar. El reciente fallo de la Corte de Apelaciones del Segundo Circuito de Nueva York, que rechaza de plano la demanda de los fondos buitres contra la República Argentina por la recuperación de YPF, no es solo un alivio para las cuentas públicas; es la partida de nacimiento de una verdad que el relato libertario intentó asfixiar: la soberanía nacional no fue un error, sino el acierto estratégico más importante del siglo XXI.


Este veredicto no constituye únicamente una victoria jurídica, sino que representa una reivindicación política total para Axel Kicillof. En 2012, el entonces ministro de Economía comprendió que un país sin el control de su propia energía es un país sin destino. El tiempo, ese juez implacable, terminó por darle la razón: hoy, Vaca Muerta no es una entelequia, sino una realidad que bate récords de producción y sostiene el andamiaje de una Argentina que, de otro modo, estaría de rodillas.

 
En este escenario, es imperativo apelar a la memoria y desenmascarar el cinismo. El hoy presidente no fue un observador neutral en esta disputa; fue un militante activo y un lobbista desfachatado del bando buitre. Javier Milei, el mismo hombre que ahora intenta "caranchear" miserablemente un triunfo judicial ajeno, construyó su carrera mediática descalificando sistemáticamente la recuperación de YPF como un "robo" y un "atropello a la propiedad privada". Su alineamiento con el capital especulativo fue tan obsceno que llegó a proponer la creación de un humillante "Impuesto Kicillof": una tasa destinada a esquilmar al pueblo argentino para pagarle a los fondos buitres una deuda que, hoy lo sabemos, era ilegítima. Como bien señaló el gobernador bonaerense ante la contundencia del fallo: "Es lamentable que el presidente de la Nación haya defendido a los fondos buitres en lugar de defender los intereses del país".

 
La contundencia de la sentencia dictada en Nueva York se traduce en una victoria multidimensional. En el plano fiscal, la Argentina logra un alivio monumental al evitar el desembolso de una cifra astronómica fabricada por la voracidad especuladora. En lo estratégico, el fallo ratifica la legalidad internacional de la expropiación, blindando la soberanía sobre nuestros recursos naturales. Finalmente, en el terreno político, el veredicto desmantela el relato de la "mala praxis" esgrimido por Milei, validando la solvencia técnica y el coraje de una defensa que priorizó el patrimonio nacional por sobre los dictados de los mercados financieros internacionales.


De la redacción de La Opinión Popular
27-03-2026 / 19:03
24-03-2026 / 13:03
24-03-2026 / 13:03
NicoSal soluciones web

© Copyright 2009 LA OPINIÓN POPULAR – www.laopinionpopular.com.ar - Todos los derechos reservados.

E-mail: contacto@laopinionpopular.com.ar