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“Esta gloriosa Revolución Libertadora se hizo para que, en este bendito país, el hijo del barrendero muera barrendero”. Almirante Arturo Rial.
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Nacionales - 13-11-2022 / 10:11
LOS GRITONES NO SIEMPRE GANAN

El error infantil de la ultra derecha gorila de pensar que el peronismo ya fue

El error infantil de la ultra derecha gorila de pensar que el peronismo ya fue
¿Basta con gritar barbaridades en contra del peronismo para ganar una elección? ¿Cualquier candidato que enfrente al Gobierno está destinado a ganar? ¿Haga lo que haga la oposición, al final del día la gente terminará votándola por el enojo que tiene contra el Gobierno? ¿Será inteligente decir que van a hacer “lo mismo pero más rápido”, cuando la sociedad recuerda los efectos de “lo mismo pero más lento”?
Las elecciones de Brasil y Estados Unidos reflejan que la ola de ultraderecha ha crecido de manera inesperada pero, al mismo tiempo, tiene un límite evidente. Los gritones no siempre ganan. Todos los estudios de opinión reflejan que el Presidente tiene un nivel de rechazo social muy alto y sostenido en el tiempo. La inflación es la más alta en varias décadas. El delito ha crecido significativamente y, con él, una angustiante sensación de inseguridad que se refleja, también, en las encuestas.
 
Para colmo, las apariciones del Presidente son toda una aventura para su equipo: muchas veces parece inconexo, se olvida de cosas, se pierde en medio de su discurso, se lo ve envejecido. Está claro para todo el mundo que se trata de un presidente de transición. Casi nadie -tal vez ni siquiera él mismo, aunque no lo confiese en público- imagina que pueda ser reelecto.
 
En este contexto, es natural esperar que, en cualquier elección, el oficialismo sea aplastado por la oposición. Sin embargo, esta semana, en los Estados Unidos -que es el país al que se refiere el comienzo de esta nota- eso no sucedió. Al contrario: contra todas las expectativas, ese presidente salió fortalecido. ¿Podrá suceder lo contrario en la Argentina el año que viene? ¿O, al revés, será el final del peronismo, como lo pronostican y desean importantes líderes de la oposición?
 
El resultado de las elecciones norteamericanas -más aún si se le suma a lo que ocurrió un par de semanas antes en Brasil- ratifica que el futuro es algo muy difícil de pronosticar y desafía a cualquier visión cristalizada. En los últimos tiempos, pareció consolidarse en la Argentina la idea de que el mundo se dirige, indefectiblemente, hacia la elección de líderes que combinan, de alguna manera, un mensaje económico fiscalista con la agitación en contra de los lugares comunes del progresismo (anti woke, se lo llama en los Estados Unidos).
 
En la Argentina, esa mirada ha sido representada con mucho énfasis por Javier Milei, pero también -dentro del PRO- por Mauricio Macri y Patricia Bullrich. Tal vez el mundo vaya hacia donde estos dirigentes pregonan. O tal vez no. Pero el último martes, un presidente anciano, muy rechazado en todas las encuestas, que no logra controlar la inflación ni la inseguridad, que aparece confuso en sus discursos, consiguió habilitar el espacio para la duda.
 
Algunos estrategas de la oposición registraron el golpe. ¿Basta con gritar barbaridades en contra del peronismo para ganar una elección? ¿Cualquier candidato que enfrente al Gobierno está destinado a ganar? ¿Haga lo que haga la oposición, al final del día la gente terminará votándola por el enojo que tiene contra el Gobierno? ¿Será inteligente decir que van a hacer "lo mismo pero más rápido", cuando la sociedad recuerda los efectos de "lo mismo pero más lento"? Hasta el martes, las respuestas parecían claras entre los dirigentes opositores. Cuatro síes. Ahora no están tan seguros de que las cosas sean tan claras.
 

 
En Estados Unidos, el golpe más duro cayó sobre Donald Trump y su gente. Es interesante lo que ocurrió. Tan convencidos estaban de que Biden es un inútil y que la mayoría de los norteamericanos lo detestaba que, realmente, pensaron que no era necesario un esfuerzo extra. Además, los medios de comunicación que miran los trumpistas -especialmente Fox News- repiten todo el tiempo lo mismo: tanto que cualquiera se convence de que, efectivamente, la batalla cultural está terminada. Biden es un inútil. El progresismo ha muerto. El feminismo provoca rechazo. Los homosexuales no son gente normal. Pero había otra realidad.
 
Aquí sucede algo parecido. Demasiada gente repite y escucha siempre lo mismo, con lo cual se hace difícil pensar que la realidad admite miradas alternativas. El populismo ha muerto. El año que viene desaparece el peronismo. Si alguien aplica la estrategia de gritar contra el peronismo, el populismo y la ideología de género, seguramente logre un lugar en este mundo. Puede ser que en la repetición compulsiva de esas consignas, algo se pierda.
 
Al día siguiente de la elección, The New York Times explicó la manera en que ese microclima fue el principal aliado de Joe Biden: el votante republicano cautivo -el que mira Fox News- eligió candidatos muy valorados por el núcleo duro del partido pero, al mismo tiempo, incapaces de atraer el voto independiente.
 
Los republicanos moderados ganaron mayoritariamente en sus distritos. Pero los trumpistas, los que negaban que Biden fuera un presidente legítimo, o respaldaban la invasión al Congreso, perdieron. Así, sobrevivió Biden. De esa dinámica -los duros ganan la interna y eso impide que triunfen en la general- surge una moraleja obvia para los candidatos argentinos.
 
El segundo elemento relevante que surge de la elección norteamericana y aplica sobre la política argentina es que la inflación puede ser altísima, pero no es todo lo que ocurre en la economía de un país.
 
En Estados Unidos, como en la Argentina, la inflación es insoportable. Pero resulta compensada, en ambos casos, por datos de crecimiento, de consumo y de empleo que han sido positivos o, al menos, no fueron una calamidad. Hay más trabajo con menos salarios. La repetición hasta el cansancio de los datos negativos, mientras se ignora los positivos, puede conducir hacia un mal diagnóstico: que el peronismo ha muerto, por ejemplo.
 
En una campaña inteligente el oficialismo puede explicar que la inflación es la contracara de la emisión a la que recurrieron algunos gobiernos, en todo el mundo, para evitar un daño mayor a la economía durante la pandemia: el precio a pagar por haber defendido el empleo y a miles de unidades productivas.
 
Esta afirmación es discutible y parcial. Pero en una campaña electoral es un argumento fuerte que obligará a la oposición a convencer a los independientes de que su plan no terminará en una mezcla de lo inútil y lo desagradable: inflación más una bruta recesión con pérdida de empleo.
 
Al mismo tiempo, si no todo lo que ocurre en una economía es la inflación, tampoco la economía es todo lo que se debate en una elección. Donald Trump es un hombre pendenciero, que ha desconocido un triunfo electoral legítimo, que ha respaldado un intento de golpe de Estado para evitar la asunción del candidato que lo derrotó, y que en su agresivo discurso antiprogre mezcla misoginia, homofobia y bravuconadas racistas en contra de los inmigrantes.
 
Todo eso junto parece haber provocado un reflejo defensivo en las fuerzas tradicionales de la democracia, que encontraron un cauce en el candidato menos agresivo, aun cuando no sea el más eficiente para gobernar, o genere muchos reparos. Tal vez las sociedades estén agotadas del bombardeo al que las sometió el progresismo en todas sus variantes, pero no estén tan convencidas al mismo tiempo de saltar al campo opuesto que contiene valores oscurantistas.
 
Eso se puede percibir en las elecciones norteamericanas y también en las brasileñas. Es impresionante leer en estos días a la misma prensa que enfrentó a Lula cuando era presidente y justificó su detención: el respaldo de esos medios a su viejo enemigo es total. Los triunfos de Emmanuel Macron en Francia obedecen a dinámicas similares. Las amenazas de Trump, Bolsonaro o Le Pen generan acercamientos impensados.
 
En cualquier caso, las elecciones de Brasil y Estados Unidos, y también las que ocurrieron en Chile, Colombia, Perú, Canadá, México, Bolivia -entre otros países del continente-reflejan que la ola de ultraderecha ha crecido de manera inesperada pero, al mismo tiempo, tiene un límite evidente. Sus discursos anclan en sectores de la población muy enojados. Pero los gritones no siempre ganan. Y cuando ganan, después son expulsados por el voto popular.
 
Mientras tanto, parece que mucha gente está dispuesta a defender los valores de la democracia occidental, que aparecen atacados -ahora- desde la derecha. Esos valores incluyen la libertad, los derechos de las minorías, el rechazo al racismo, la empatía hacia los inmigrantes, la idea de que armarse hasta los dientes no es la mejor manera de resolver los problemas, el rechazo al discurso único -sea populista o antipopulista-, el cuidado del medio ambiente, la separación entre la iglesia y el Estado, y también el apoyo estatal a los más vulnerables, que no son vagos y planeros sino -en su mayoría- víctimas de una sociedad injusta. En su medida y armoniosamente, parecen razonables.
 
Argentina ha entrado en el último año de una gestión oficial que, en todas las encuestas, genera altísimos -y por demás merecidos- índices de rechazo. A primera vista, el desenlace parece claro: el Gobierno va a perder, entre otras razones, porque no tiene una estrategia para salir del proceso inflacionario. Además, su dinámica interna es bochornosa y cansadora. Sus líderes moderados están atados de pies y mano frente al discurso de barricada y amenazante de la Vicepresidenta, y -sobre todo- de su hijo.
 
Pero, del otro lado: ¿qué proponen? ¿Saltar hacia donde?
 
La ex ministra Patricia Bullrich se ha transformado en una especialista en producir golpes de efecto y va desplegando un programa tan extremo como curioso: eliminar completamente retenciones, cerrar el PAMI, eliminar el plan de alfabetización, cerrar el Ministerio de Educación, no cerrarlo, mandar a los militares a combatir contra una veintena de mapuches desahuciados, terminar con los planes sociales, permitir que circule legalmente el dólar, no permitirlo, dolarizar, no dolarizar, amenazar con romperle la cara a quien la critique.
 
El ex presidente Mauricio Macri propone "hacer lo mismo pero más rápido". El jefe de Gobierno, Horacio Rodríguez Larreta, prepara un plan de estabilización cuyos efectos sociales serán muy duros. ¿Bastará con esas ideas, con esos programas, para ganar? ¿Y para gobernar?
 
Diego Santilli, hace unas horas, apeló a una metáfora cuando le preguntaron por las peleas entre halcones y palomas dentro del PRO.
 
-Si seguimos así nos vamos a transformar en gansos.
 
Mientras tanto, el prestigioso columnista David Brooke, escribió luego de la elección norteamericana: "El resultado más importante de esta elección es el triunfo de los normales: líderes prácticos, tradicionales, que no están todo el tiempo gritándole a la gente lograron resultados excepcionales, a izquierda y a derecha... Los norteamericanos están muy descontentos con la marcha de su país. Pero su teoría del cambio parece haberse modificado. Menos novelitas histriónicas en los medios. Menos política alrededor de amenazas existenciales. Mejor busquemos a gente seria que pueda hacer bien las cosas".
 
Gente seria que pueda hacer bien las cosas.
 
No parece una mala idea para gobernar un país.
 
¿Habrá alguien así?
 
Por Ernesto Tenembaum
 
Fuente: Infobae
 

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24-01-2026 / 10:01
Davos confirmó que la ayuda de Donald Trump a Javier Milei antes de las elecciones, funcionó dentro del país, pero enterró la ilusión del libertario de ocupar un espacio respetable en el mundo. "No tienen nada, no tienen dinero, se están muriendo", dijo el estadounidense y fue el epitafio para la imagen internacional de Milei, aunque le permitió ganar las elecciones de medio término.
 
Esa doble consecuencia resulta explicable. La frase de Trump acentuó la idea de que la economía argentina explotaba con la derrota de los candidatos del Presidente. El argumento: "estamos mal gracias a Milei, pero podemos estar peor si se va", quedó muy expuesto en esa doble repercusión, aparentemente contradictoria.
 
Si se compara la repercusión del año pasado con la presentación más reciente en el foro económico realizado en Suiza, la caída de la imagen de Milei fue notable. Después que Trump explicó el motivo de su ayuda a la Argentina con esas palabras, el chiste en Wall Street era la reformulación del MAGA en MADA para Argentina. En vez de Make Argentina Great Again, fue Make Argentina Default Again.
 
Sonó patética la pretensión de dar clases de economía cuando todo el mundo sabe que fundió la de su país, como expresó Trump. En el plano internacional al presidente argentino le asignaron un papel de actor de relleno, un extra pintoresco. Es cierto que le tocó un contexto desfavorable. Era muy difícil sobresalir después de la presentación explosiva del presidente estadounidense.
 
La pantalla mostró el atril sobre el escenario donde hablaba un Milei muy apocado. Nada de gestos grandilocuentes ni de levantar el dedito acusador como hizo la primera vez. Hasta el anuncio de entrada: "Vengo a anunciarles que Maquiavelo ha muerto", sonó sin convicción.
 
No era para menos. El inmenso salón donde se realizan los discursos estaba prácticamente vacío. A nadie le importaba lo que iba a decir Milei. Frente al atril había un puñado de asientos ocupados por su hermana Karina y el séquito que lo acompañó. Tras el discurso del estadounidense, no quedó nadie.
 
Trump revoleó el organigrama de relaciones internacionales históricas y rompió alianzas tradicionales de Washington, con Canadá, la OTAN y la Unión Europea. Al día siguiente constituyó una Junta para la Paz con los que le son más sumisos, entre los cuales se encuentra Javier Milei. La estrategia de alianzas de Trump es exhibir músculo y convencer a los demás gobiernos que les conviene estar bien con el matón del barrio.
 
Su maltrato a Canadá y a los europeos que festejaron la guerra contra Rusia en Ucrania y el secuestro del presidente Nicolás Maduro, fue una demostración del riesgo que corren los que se le ponen cerca.
 
Al día siguiente, los gobiernos europeos todavía no salían de su desconcierto, pero el presidente argentino puso la cabeza en el mismo lugar donde se la cortaron a los demás. Cuando Trump lanzó su propuesta de Junta por la Paz, fue el primero que se anotó aunque todavía no está claro si lo exceptuaron de los mil millones de dólares que deben aportar los socios de esa Junta o si abultará la deuda externa suicida que acumularon con Mauricio Macri. La primera tarea será establecer el status de dominación sobre Gaza tras el genocidio palestino practicado por Israel.
 
Así, Argentina sigue acumulando papelones en el escenario internacional, aislándose cada vez más y confirmando que para Milei, la diplomacia es cosa del pasado y el ridículo es la norma.
 

23-01-2026 / 06:01
Javier "el Loco" Milei volvió a mostrarse este jueves como seguidor incondicional de Donald Trump, dando vergüenza ajena ante los ojos del mundo, al acompañarlo en el lanzamiento del llamado Consejo de la Paz, una iniciativa impulsada por el presidente yanqui que despertó reparos en buena parte de Occidente. El supuesto Consejo de Paz es encabezado por Trump e intenta imponer una salida imperialista siguiendo su "doctrina Donroe". Milei se suma con entusiasmo a esta farsa internacional, de una ONU paralela, combinando sumisión externa con represión interna.
 
El mandatario argentino ocupó un lugar en primera fila, rodeado de jefes de Estado y de gobierno de países no occidentales, muchos de ellos con serios cuestionamientos en materia democrática. Del continente americano solo participaron tres presidentes: Trump, Milei y el paraguayo Santiago Peña. El acto se realizó en el Davos Congress Center, en el marco del Foro Económico Mundial, y fue presentado como un espacio destinado a la cooperación internacional, aunque con un fuerte sello político del líder del Imperio.


Es un proyecto colonialista atroz, sometido a la prepotencia de Trump y su obsesión por regir el mundo a empujones, que busca colaboradores. Entre los asistentes se contaron representantes de Baréin y Marruecos, el primer ministro de Armenia, el presidente de Azerbaiyán, el primer ministro de Bulgaria, el primer ministro de Hungría, Viktor Orban, el presidente de Indonesia, el viceprimer ministro de Jordania, la presidenta de Kosovo, el primer ministro de Pakistán, el presidente de Paraguay, el primer ministro de Qatar, los ministros de Relaciones Exteriores de Arabia Saudita y de Turquía, un delegado de Emiratos Árabes Unidos, el presidente de Uzbekistán y el primer ministro de Mongolia, entre otros. El genocida Benjamín Netanyahu, aunque no pudo viajar por la orden de arresto de la Corte Penal Internacional, mandó su adhesión.


Trump había invitado a cerca de 50 países y aspiraba a que al menos 35 se sumaran. Milei fue uno de los más alcahuetes que, desde el primer anuncio, celebró públicamente la iniciativa y calificó como "un honor" integrar el Consejo, incluso antes de que se conocieran los detalles de funcionamiento y financiamiento. La propuesta incluye una contribución millonaria por parte de los países miembros en los años siguientes, que manejará Trump, un punto que varios gobiernos evalúan con cautela. Otros líderes regionales, como Lula da Silva, dejaron la decisión en estudio. Abrazado a Trump, Milei separa a la Argentina de todo el resto del mundo. 

El contraste fue evidente entre el discurso que Milei había pronunciado el día anterior en Davos, con fuertes referencias a la defensa de los valores de Occidente, y la postal del jueves, sentado junto a dirigentes de países con modelos políticos dictatoriales muy alejados de ese ideario. Más que coherencia ideológica, la escena dejó en claro el alineamiento estratégico del presidente libertario con Trump y su decisión de respaldar sin matices la iniciativa imperialista.
 
Milei se retiró antes del cierre para cumplir con compromisos, pero alcanzó a estampar su firma que se convirtió a la Argentina en miembro de esta Junta reaccionaria imperialista que presidirá Trump en forma vitalicia y que, según críticos en Estados Unidos, América Latina y Europa, funcionaría como un competidor director de la Organización de las Naciones Unidas, institución que tanto Trump como Milei suelen cuestionar.
 
En ese contexto, la participación del cipayo Milei en el lanzamiento del Consejo de la Paz se volvió a alimentar las críticas sobre una política exterior totalmente subordinada a los movimientos de Trump , con escaso margen propio y con decisiones que, lejos de fortalecer la posición internacional de la Argentina, la exponen a tensiones innecesarias y contradicciones difíciles de explicar.
 
Ahora, el Gobierno libertario quiere evitar que el Congreso, como establece la Constitución, apruebe o no el ingreso de la Argentina al organismo creado y dirigido por Trump para desplazar a la ONU. Por ello, el canciller Quirno ya instruyó para que se elaborara un dictamen que eluda las facultades parlamentarias. Y que la Constitución no sea un estorbo al cipayismo.
 
LaOpinión Popular
 

22-01-2026 / 10:01
Realidad paralela del Loco Milei: la actividad económica volvió a caer en noviembre y confirma el enfriamiento, un mes después de la victoria electoral. El desplome lo evitaron las actividades vinculadas a la timba financiera y los sectores extractivistas de la minería y el agro que crecieron. La industria por su parte cayó un 8,2%. Mientras en Davos, Milei dice hacer grande a Argentina, la realidad es otra: la precarización crece y ya se destruyeron 222.000 puestos de trabajo formales desde su asunción. Sin pena ni gloria, recurrió al autobombo de que su gestión es maravillosa con cifras infladas y logros dibujados.
 
En tanto el mundo se desbarranca y Donald Trump daba una perorata sobre el poder de su país y "ojo con los que no lo respetan", Milei entró con su carpetita de apego y se puso a hablar de vacas volando. Ñañaña, Maquiavelo ha muerto y ñañañasocialismo malo, cuando todavía resonaban las palabras insultantes del yanqui exigiéndole a Europa "un pedazo de hielo", que viene a ser Groenlandia, "a cambio de toda la ayuda nuestra que han recibido".
 
La mayoría de los argentinos lo ha votado y por lo tanto hay que respetarlo como presidente. Pero hay que ser lelo para no darse cuenta del público al que está hablando. Está al frente de un país que no recibe ni el vuelto de inversión extranjera y se pone a dar clase elemental de economía conservadora a empresarios que invierten.
 
Mientras Trump se encargó de apretar a medio planeta para que inviertan en Estados Unidos y dio cifras truchas y dijo "maravilloso" y "fantástico" ochocientas veces, el personaje que los argentinos tienen de presidente no habló de Argentina ni de la conveniencia de invertir en este país ni nada, cero Argentina, pero eso sí, una clase de primer año elemental de economía liberal. Puro chamuyo.
 
Es un Davos con grandes ausencias. Faltaron los mandatarios de China, Brasil, India, Irán, Mozambique, que estuvieron representados por figuras de segunda línea y, por supuesto, ni hablar de Rusia y tampoco estuvieron la delegación de Dinamarca, ni el titular de la ONU, António Guterres.
 
Trump fue muy duro con su vecino del Norte. "Canadá existe gracias a Estados Unidos, sin nosotros no existiría". El día anterior, Mark Carney, el primer ministro de ese país, que ha sido socio histórico del pillaje de Estados Unidos en Latinoamérica y el Caribe, dio por finado el orden mundial vigente: "el fin de la grata ficción y el amanecer de una realidad brutal, en la que la geopolítica de las grandes potencias no tiene freno".
 
Argentina no es Canadá y resultó más perjudicado que beneficiado con ese ordenamiento internacional que el peronismo siempre cuestionó, justamente con los argumentos que dio el canadiense. Trump rompió la alianza histórica con Canadá y su primer ministro se adelantó a proponer la confluencia de los países que calificó de "mediano desarrollo", se supone que la Europa que Trump dejó huérfana, sin las grandes potencias.
 
Trump rompió con dos alianzas históricas de Washington como Canadá y la Unión Europea y propuso una Junta para la Paz, en principio en Gaza, para reemplazar esas bajas. Dijo que invitó a más de cincuenta gobiernos. Los primeros que se anotaron fueron Milei y Victor Orban, de Hungría, los demás lo están pensando. Claro que eso fue antes de que advirtieran que cada miembro debía aportar mil millones de dólares.
 
En medio de todo eso Milei dijo: "Debo anunciarles que Maquiavelo ha muerto", sonó a chiste marxista pero de Groucho. Una frase que desató una ola de memes y reacciones. Para los que estaban en la sala viendo dónde meterse con el nuevo reparto del mundo, el ñañañaña del hombrecito de pelo largo, sonó a cháchara hueca. Para los argentinos fue una clase de cómo se destruye la economía de un país y se empobrece a sus habitantes.
 
La Opinión Popular
 

21-01-2026 / 08:01
A pesar de la cerrada negativa oficial, la Justicia ordenó que el Gobierno de Javier "el Loco" Milei deberá poner en plena vigencia la Ley de Emergencia en Discapacidad. Si el 4 de febrero no está implementada toda la normativa aprobada por el Congreso Nacional, que hasta rechazó el veto de Milei, "comienzan a regir las multas diarias a funcionarios". Si en diez días hábiles no está implementada toda la normativa comenzaran a regir multas diarias a funcionarios como Manuel Adorni y Sandra Pettovello.
 
El Gobierno libertario había promulgado la ley, pero la había suspendido al mismo tiempo con la excusa de no tener fondos. Una mentira escandalosa. Este fallo de la Justicia le da la razón a quienes pelearon por su sanción. Milei, fiel a su política de motosierra y recorte sobre los sectores más vulnerables, la había suspendido mediante veto con la excusa de no tener fondos, dejando a miles de personas a la intemperie y a cientos de instituciones al borde del cierre. Aun así, con la movilización popular, el Congreso había rechazado el veto a la ley.
 
En plena feria judicial, el juez federal de Campana, Adrián González Charvay, hizo ejecutar una sentencia que había dictado a fines de diciembre e intimó al Poder Ejecutivo a poner la ley en funcionamiento dentro de las próximas dos semanas. En la misma resolución, además, ordenó al Ministerio de Salud y a la Agencia Nacional de Discapacidad que, en un plazo de cinco días, "informen y acrediten con la documentación correspondiente el avance de los trámites destinados al cumplimiento de la sentencia, todo ello bajo apercibimiento de sanciones". De no cumplirse, tanto el jefe de Gabinete, Manuel Adorni, como la ministra de Capital Humano, Sandra Pettovello, podrían enfrentar multas económicas y represalias judiciales.
 
"La Justicia le puso un ultimátum al Gobierno: el 4 de febrero la ley tiene que estar funcionando sí o sí, al cien por ciento. Ya llevamos más de 130 días desde que está vigente y no se cumple", manifestó la actriz Lola Berthet, referente del colectivo, y exigió al Ejecutivo que ponga fin a las "dilaciones y las excusas". "Ya no se aceptan más informes técnicos, como los que venían presentando hasta ahora. Esta es una intimación final", celebró la actriz Valentina Bassi, madre de un adolescente con trastorno del espectro autista.
 
El argumento de Milei, de la "sostenibilidad fiscal" es una excusa escandalosa. Mientras recortan a quienes más lo necesitan, el Gobierno sigue garantizando ganancias a los sectores empresarios, la fuga de capitales y los negocios de las patronales del campo. Como señala el fallo, el Gobierno realizó más de 19 modificaciones presupuestarias desde diciembre de 2023, demostrando que cuando se trata de beneficiar a los ricos siempre hay fondos. Pero para la discapacidad, la motosierra.
 
Desde las organizaciones, sin embargo, ponen en duda que Milei vaya a respetar los fallos judiciales. "Va a dilatar su implementación todo lo que pueda", advierte Lorena Aguirre, abogada y referente de la Asamblea Discas en Lucha, y anticipa que están evaluando presentar amparos colectivos en cada jurisdicción del país. "Necesitamos que todos los jueces federales cumplan con sus funciones, se expidan y sancionen al Gobierno, porque no se están respetando los compromisos internacionales. Existe un principio de no regresividad y de no discriminación que está siendo tolerado", añade Aguirre y solicita una mayor participación de la dirigencia opositora.
 
La experiencia de estos meses demuestra que no hay salida individual ni respuesta estatal si no es con la organización y la movilización popular.
 
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20-01-2026 / 09:01
"El proyecto de reforma laboral del Ejecutivo es extremadamente regresivo y nuestra oposición es total", declaró la diputada nacional de Fuerza Patria Kelly Olmos, en relación a una de las leyes que el Gobierno tratará de impulsar en las sesiones extraordinarias de febrero. Ante esto, el peronismo prepara una serie de propuestas para presentar una reforma laboral alternativa, que amplíe los derechos de las y los trabajadores. "Nosotros queremos alimentar el debate público y mostrar que lo que el Gobierno hace no moderniza sino que, por el contrario, precariza", sostuvo Olmos.
 
Por su parte, el senador Mariano Recalde aseguró que avanzaron en varios sentidos. "Trabajamos en ocho ideas fuerza que están plasmadas en muchos y diversos proyectos ya presentados en el congreso durante años". Por su parte, Olmos destacó que: "La modernización se asienta en otras regulaciones como las que nosotros promovemos", dijo la diputada.
 
El Peronismo avanza con una propuesta laboral diferente a la del oficialismo. Apunta a promover una recomposición salarial para que los ciudadanos recuperen su poder adquisitivo. También marca que los salarios deberán ser abonados íntegramente en dinero, a diferencia de la Reforma Laboral mileísta que abre la posibilidad de otorgar pagos en especie (bienes o servicios). "Lo que hace el Gobierno en su propuesta es congelar la situación actual, que es una de mucha precariedad y falta de derechos", dijo la diputada, y afirmó que la sociedad necesita de regulaciones para que todos sus actores puedan de verdad ejercer sus derechos, porque sin regulación no hay más libertad, como pregonan los libertarios, sino que hay más injusticia y concentración de poder.
 
La propuesta peronista podría incluir una reducción de la jornada laboral, con un máximo de 7 horas por día y 42 horas semanales, en contraste con la Reforma de Milei que busca conseguir jornadas de hasta 12 horas diarias. La reforma libertaria no busca modernizar sino flexibilizar y destruir derechos de los trabajadores. Olmos sostuvo que buscan una concepción más moderna para encarar las regulaciones laborales de los argentinos. "Para nosotros una concepción moderna es la que amplía derechos", aseguró.
 
Para el peronismo, la Ley de "Modernización Laboral" con la que insiste el Gobierno comprende dos grandes mentiras. La primera es la pretendida modernización que no es tal, ya que la ley propone aumentar la jornada laboral mientras el mundo busca reducirla, no protege a los trabajadores de las nuevas plataformas, la licencia por paternidad se mantiene en 2 días, y pretende derogar normas modernas como la ley de teletrabajo y restablecer artículos que tienen un siglo de antigüedad. La segunda mentira es que creará empleo, cuando en realidad desde que asumió Milei se destruyen puestos de trabajo todos los días, y esta ley no promueve la creación de empleo sino la reducción de indemnizaciones por despido.
 
Entre las propuestas del Partido Justicialista también resaltan las licencias parentales igualitarias, con licencias por maternidad de 120 días, por paternidad de 90 días, y también por adopción, lo que distribuye de manera más equitativa las tareas de cuidado y protege las oportunidades laborales de ambas partes. También contemplan un resguardo digital, para proteger los límites de la jornada laboral al garantizar el derecho de no contestar comunicaciones fuera de horario y, de ser así, compensar con tiempo y dinero.
 
En términos generales, el peronismo apunta al fortalecimiento de la negociación colectiva, para que el empleador y los empleados puedan dialogar de forma equilibrada. Olmos afirmó que la idea es "emparejar la cancha, donde los empleadores van de un modo organizado pero los trabajadores también, porque si el trabajador va sólo el desequilibrio hace que no haya negociación sino solo la posibilidad de adherir a la imposición del empleador". El concepto que se enarbola en términos de libertad, en realidad más que libertad es prepotencia: muchos invocan la libertad sólo para ejercer la prepotencia, la unilateralidad del empleador sobre las y los trabajadores. La reforma laboral es una ley muy regresiva y, por el bien de las y los trabajadores, en el Congreso debería ser rechazada.
 
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