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El clima en Paraná

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“Que ningún ciudadano sea lo suficientemente opulento como para poder comprar a otro, ni ninguno lo bastante pobre como para verse obligado a venderse”. Jean-Jacques Rousseau
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Nacionales - 25-09-2022 / 07:09
PANORAMA POLÍTICO NACIONAL

De la ONU al BRICS: en un escenario de crisis global, Alberto pasó el examen geopolítico

De la ONU al BRICS: en un escenario de crisis global, Alberto pasó el examen geopolítico
Se comenzó contra el Estado de Bienestar y los derechos sociales; luego, la creciente concentración de la riqueza en pocas manos privó a las mayorías de derechos económicos. Ahora finalmente apuntan contra la democracia. Esa es una de las preocupaciones que Alberto Fernández llevó a la Asamblea General de la ONU y que tuvo eco en sus pares, aunque por motivos diversos.
Se comenzó contra el Estado de Bienestar y los derechos sociales; luego, la creciente concentración de la riqueza en pocas manos privó a las mayorías de derechos económicos. Ahora finalmente apuntan contra la democracia. Esa es una de las preocupaciones que Alberto Fernández llevó a la Asamblea General de la ONU y que tuvo eco en sus pares, aunque por motivos diversos.
 
La Argentina sigue practicando con cierta pericia el difícil arte del no alineamiento activo. El canciller Santiago Cafiero tuvo en Nueva York su cuarto encuentro bilateral en el año con el secretario de Estado de los Estados Unidos, Antony Blinken, y llegó al mismo número de citas con su par de China, Wang Yi. El país pone sobre la mesa su poder blando en áreas como derechos humanos, agenda lgbti y no proliferación nuclear, además de su potencial en recursos estratégicos. Estar en la mesa para no ser parte del menú.
 
Esta semana se dio un paso enorme hacia la incorporación en el BRICS, con la publicación de un documento oficial de la cancillería china que le da la bienvenida a la Argentina. Beijing ocupa la presidencia pro témpore hasta fin de año y existen expectativas que, una vez que quede atrás el 16 de octubre, día que Xi Jinping será reelecto por segunda vez (algo que nadie había logrado desde Mao), se pueda completar rápidamente el trámite. Si lo consigue, el presidente Fernández habrá logrado coronar una política de Estado estratégica, que comenzó Néstor Kirchner y profundizó Cristina.
 
El no alineamiento, un vínculo filudo y mutuamente provechoso con las potencias, una política de alianzas inteligente y amplia y el despliegue de poder blando como lubricante en un sensible concierto de naciones son condiciones necesarias para proyectar la soberanía argentina en las próximas décadas, pero no las únicas, como se encargó de recordarnos esta semana la filtración de documentos militares chilenos donde la cordillera de los Andes y la Patagonia vuelven a aparecer como hipótesis de conflicto. Es un debate crucial que se debe la sociedad argentina. El clima para afrontarlo no podría ser peor.
 

 
Nueva York volvió a recibir a mandatarios de todo el mundo para la Asamblea General de la ONU, después de dos años virtuales por el Covid, pero la ciudad a la que viajó esta semana Alberto Fernández nunca volvió a la normalidad. A pesar de que la pandemia quedó atrás y las consecuencias económicas de la guerra llegan asordinadas, con menos potencia destructiva que a otras partes del planeta, la ciudad todavía exhibe las cicatrices de la crisis y algunas heridas a flor de piel que todavía no curaron, y que conviven con la vida aparentemente normal de miles de personas que tratan de actuar como si no notaran la diferencia.
 
La inflación es tema de conversación entre la gente. Se refleja, principalmente, en el precio de los alquileres, históricamente altísimos y ahora inalcanzables para muchos que decidieron mudarse a las afueras o a otro estado. Todos tienen un conocido que ya no vive cerca. Los inmensos y carísimos rascacielos quedaron enormes cuando los empleados empezaron a optar por trabajo remoto.  Iluminadas por las luces enceguecedoras de Times Square, adonde no llegó, todavía, el racionamiento de energía, las vidrieras empapeladas y los locales vacíos, varios por cuadra, se volvieron parte de un paisaje que se repite en todo el centro de Manhattan.
 
Eso tiene un costo fiscal enorme. El contralor del Estado de Nueva York, el demócrata Thomas Di Napoli, lo estimó en 10 mil millones de dólares, si la tendencia se sostiene hasta el año 2026. La ciudad todavía tiene 160 mil puestos de trabajo menos que antes de la pandemia. La caída en la recaudación afecta, necesariamente, los servicios públicos. El alcalde Eric Adams ordenó a todas las agencias metropolitanas que efectúen un recorte del 3 por ciento en términos nominales a sus presupuestos, lo que culminará con una mayor desocupación. El panorama es sombrío.
 
La ciudad está más sucia y el mantenimiento de algunos espacios públicos que siempre lucían impecables ahora es deficiente. El número de personas que vive en la calle, que siempre fue alto, se multiplicó en los últimos años. Según datos oficiales, al menos 50 mil personas duermen cada noche en refugios y pasan el día a la intemperie. Otros, no menos de 3500, permanecen las 24 horas en la vía pública, ya sea en la superficie o en las estaciones de la red de subterráneos, que no cierra durante la noche. 18 fallecieron durante este año por las condiciones climáticas.
 
Una breve recorrida alcanza para hacernos recordar, con humildad, que nadie salió ileso de este tramo del siglo XXI. Ni siquiera la metrópolis que aún ostenta el título de capital del mundo. Un mundo que cambia a un ritmo enloquecedor, en una espiral centrífuga que arrasa con los consensos sobre los que se construyó el ordenamiento occidental en las últimas décadas: se comenzó por el Estado de Bienestar y los derechos sociales; luego, la creciente concentración de la riqueza en pocas manos privó a las mayorías de derechos económicos. Ahora finalmente apuntan contra la democracia.
 
Esa es una de las preocupaciones que Alberto Fernández llevó a la Asamblea General de la ONU y que tuvo eco en sus pares, aunque por motivos diversos. En Estados Unidos, porque ven la mano de Vladimir Putin detrás de esas derivas autoritarias que surgen en distintas partes del mundo, incluyendo a Estados Unidos. En Europa porque temen que las penurias que asoman en el horizonte, un invierno de guerra y escasez, lleven a países que hasta hace meses eran ejemplos de institucionalidad barranca abajo por esa cuesta. Un mundo más peligroso para todos; en especial para los que tienen cosas que perder.
 
Uno que tenía mucho para perder era Mauricio Claver-Carone, un viejo conocido de los argentinos que en pocos años trazó el arco completo: ascenso súbito, caída abrupta. Ayer, la Argentina emitió su voto para desplazarlo de la presidencia del Banco Interamericano de Desarrollo. Su suerte estaba sellada desde el martes, cuando se conoció el informe de un comité independiente de ética que resultaba lapidario al evaluar su relación con una empleada, explícitamente prohibida en los reglamentos. Ese día algunos reportes ya indicaban que la representación de Estados Unidos en el directorio votaría por su remoción; clausurando su mandato.
 
Claver-Carone, nacido en Florida, descendiente de cubanos, exasesor de primera línea de Donald Trump, fue el ideólogo del préstamo récord del Fondo Monetario Internacional al gobierno de Mauricio Macri, con el objetivo de evitar el retorno del peronismo al gobierno, según él mismo confesó en una reunión con banqueros chilenos que quedó grabada. El día de la asunción de Fernández protagonizó un patético paso de comedia cuando abandonó teatralmente el Congreso de la Nación durante la ceremonia a causa de la presencia de un funcionario del gobierno venezolano.
 
Meses más tarde se candidateó para presidir el BID, a pesar de que una regla no escrita le reservó siempre ese asiento a alguien de América Latina. El gobierno argentino postuló, en cambio, a Gustavo Béliz, en una aventura de considerable dificultad que terminó naufragando a último momento. Es difícil decir hasta qué punto la hostilidad de Claver-Carone a la Argentina en los últimos dos años era a causa de este desafío; eso no excusa a Béliz, cuya labor al frente de la secretaría de Asuntos Estratégicos todavía resulta inexplicable, con el diario del lunes.
 
Durante meses pisó un desembolso de 800 millones de dólares para la Argentina que ya había sido aprobado por el directorio. Era en los momentos de reservas vacías y corrida cambiaria. El presidente del BID e ideólogo del préstamo por 56 mil millones a Macri se excusó en julio de este año a través de una columna de opinión del Wall Street Journal donde decía que detenía los desembolsos por la "falta de transparencia e integridad" del gobierno del Frente de Todos. El mismo texto luego mencionaba el episodio del avión venezolano retenido en Ezeiza como motivo de preocupación.
 
La llegada de Sergio Massa al ministerio de Economía pareció que iba a destrabar el asunto. En su visita a Estados Unidos, Claver-Carone lo recibió como "un amigo" y no sólo prometió destrabar los créditos que esperaban desde hace meses su firma sino que prometió aportar 1200 millones de dólares adicionales para fortalecer las reservas. No era un súbito arrepentimiento o un ataque de confianza a partir del recambio de equipo o por las dotes diplomáticas de Massa. Sabiendo que enfrentaría la sentencia del directorio, el halcón salió desesperado en busca de aliados. La plata, de todas formas, nunca se giró.
 
La ejecución sumaria del desplazamiento de Claver-Carone se articuló con cabecera en Washington, donde la conducción demócrata del Departamento de Estado encontró la forma de deshacerse de un problema incómodo en una jugada que alineó rápidamente a Brasilia, México, Buenos Aires y Bogotá. Un eje interesante compuesto en todos sus eslabones por gobiernos, de izquierda, de centro y de derecha, no alineados en su política exterior con Estados Unidos, que pudieron dejar de lado las diferencias para hacer una jugada que resulta beneficiosa a todas las partes.
 
Mientras el final de la carrera de Claver-Carone en el BID se precipitaba, el director de otro organismo de crédito internacional, el norteamericano David Malpass, presidente del Banco Mundial, también recibió varios pedidos de renuncia a partir de que declinó a contestar una pregunta sobre su convicción respecto al cambio climático. Hace algunos meses, la titular del FMI, Krystalina Georgieva, pasó momentos de incertidumbre, acusada de haber favorecido a China en la confección de algunos informes. Son tiempos difíciles para cargos que históricamente gozaban de estabilidad.
 
Por Nicolás Lantos
 
Fuente: El Destape
 

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03-02-2026 / 11:02
Tras la renuncia de Marco Lavagna al frente del Indec, porque Javier Milei se niega a medir bien la inflación, Luis "Toto" Caputo decidió postergar la publicación de la nueva canasta de medición de precios, que daría una inflación mucho mayor. "Con el Presidente siempre pensamos que había que cambiarlo una vez que el proceso de desinflación estuviera consolidado", afirmó. O sea, nunca. El Gobierno libertario oculta así el fracaso económico mientras los trabajadores del organismo alertan por intervención.
 
La decisión de Milei y Caputo de suspender sin límites la actualización del IPC solo una semana antes de su puesta en marcha fue demasiado hasta para Lavagna, que había aceptado retrasarla hasta ahora, además de hacer magia con los índices de la inflación y la pobreza. Presentó la renuncia al Indec y fue reemplazado por su segundo, incondicional de Caputo.
 
No hay eufemismos ni figuras simuladas que tapen lo que realmente pasó, a sólo 8 días de que se conozca un IPC que debería estar actualizado, tal como lo había prometido el Gobierno: Lavagna confió internamente que salió del ente estadístico, precisamente, porque Milei y el ministro de Economía, Caputo, se negaban a implementar la nueva medición de inflación por la que él venía peleando hacía más de dos años. Horas más tarde, Caputo se vio obligado a salir a confirmar los dichos de Lavagna.
 
Los dichos de Caputo son escandalosos y abren dudas peligrosas respecto a los números, porque los técnicos del INDEC ya tenían medidos precios con el nuevo IPC y se había anunciado la aplicación de ese índice para el próximo martes 10, cuando se sepa la inflación de enero. Esa medición daba arriba del 3 por ciento, pero a Lavagna le pedían que esté en torno al 2 por ciento. Además, es polémico porque Caputo no le pone fecha a la nueva medición. Es decir, Milei y Caputo se niegan, sin fecha cierta, a medir la inflación con la Encuesta de Hogares del 2018, para seguir haciéndolo con la del 2004.
 
Una medición que no refleja el costo de vida de las familias. Lo que el Gobierno hace evitando actualizarlos, es que no se vean reflejados en enero los aumentos de tarifas, en un escenario donde además los alimentos vienen subiendo. En pocas palabras, Milei está midiendo la inflación con los mismos parámetros de gastos familiares que había 22 años atrás.
 
Lo que eran sospechas terminaron siendo confirmadas por el propio gobierno. El viernes pasado el Banco Central difundió el Informe de Política Monetaria donde se admite abiertamente que si se hubiese utilizado el nuevo IPC la inflación hubiese sido más alta en los últimos dos años por la suba de los servicios públicos, que recién a partir de ahora tendrán más peso en la canasta del Indec. El propio Banco Central confirmó la manipulación del índice de inflación.
 
Mientras la población siente que los salarios se pulverizan y el pluriempleo crece, los datos oficiales truchos muestran un aumento inflacionario "moderado", utilizado por el Gobierno anarco capitalista también para planchar paritarias y jubilaciones. Esta brecha entre la realidad social y las estadísticas alimenta la desconfianza generalizada, incluso entre especialistas.
 
La Opinión Popular
 

02-02-2026 / 11:02
El secuestro de Nicolás Maduro se transmitió en tiempo real por televisión y redes sociales, en una estudiada coreografía que hacía parecer toda la escena como parte de la última mega producción de Hollywood. A eso se sumó luego una campaña virtual de Donald Trump en la que se presentaba al mandatario como una especie de dueño del continente entero, incluyendo -sobre todo- a Groenlandia. El spin-off local de Trump no se queda atrás. Javier Milei, otra figura nacida en un set de TV, mezcla su presidencia con recitales masivos, romances fogosos y una cultura memética permanente en redes sociales. En todo el planeta es el momento de la política comic show, un juego que, a la vez, es mucho más que eso.
 
Milei construyó su llegada al poder desde los paneles de televisión. Allí mezcló gritos violentos, peleas salvajes y un aporte original: la capacidad de discutir autores económicos en prime time desde una matriz libertaria extrema. Su figura se nutrió además de otros condimentos: obras de teatro durante los veranos, noviazgos mediáticos -en 2018 salió con Daniela Mori, exintegrante de la banda de cumbia Las Primas-, revelaciones perturbadoras sobre su sexualidad tántrica, covers de temas de rock y clásicos, apariciones disfrazado como superhéroe y, por supuesto, su marca registrada: su extraña cabellera.
 
Mientras por un lado agita la violencia con invitaciones permanentes a "odiar más" y compara a sus rivales con monos o cucarachas, por el otro ofrece circo: el recital en el Movistar Arena, su show en el festival de Jesús María, una aparición en un canal de streaming oficialista junto a su perro clonado, un beso fogoso con su entonces pareja en un teatro costero, cuadros en la Quinta de Olivos donde se compara con Wolverine y con un león, una bizarra cuenta en inglés presentada mediante un cómic donde aparece volando sobre Buenos Aires como superhéroe.
 
A esta lista se suma su escasa preocupación por la higiene y el recambio de vestuario -con el mameluco de YPF como emblema, incluso en Davos- y su llanto desconsolado en el Muro de los Lamentos, una postal inédita para un presidente argentino. Con matices, todos estos episodios -los extravagantes y los violentos- comparten algo en común: arrastran la atención popular, dominan redes sociales y colonizan la agenda mediática y política, mientras corren los límites de lo decible en la sociedad argentina. "La primera estrategia de esta derecha es polarizar a la sociedad", explica el historiador Steven Forti en Extrema derecha 2.0. "No se trata de excentricidades, sino de una estrategia bien pensada."
 
Ese manual fue adoptado por la administración libertaria desde su llegada al poder. Cuando no fue el cierre del INADI o de Télam, fue un ataque a la comunidad homosexual, al periodismo o a alguna artista musical. Y cuando no había escándalo político, lo había estético: cuatro camperas en pleno verano, intentos de ocultar la papada o defensas públicas de películas de Guillermo Francella. De una u otra forma, siempre provocaba bronca, perplejidad o fascinación, emociones ideales que premian lo ruidoso.
 
Lo explica Giuliano da Empoli en Los ingenieros del caos, libro de cabecera del asesor presidencial Santiago Caputo: "El megáfono de Trump era la indignación de los medios." Con Trump y Milei ocurre lo mismo: se los puede amar o detestar, pero no ignorar.  Richard Nixon lo llamaba "la teoría del loco". Fingir irracionalidad para volverse imprevisible y, por eso mismo, temible. Trump lo dijo sin rodeos: "Xi Jinping sabe que estoy totalmente loco."
 
La pregunta es inevitable: ¿estamos ante líderes desbordados o ante personajes cuidadosamente construidos? "La banalidad de la locura", la llama el politólogo Brian Klaas: una saturación de exabruptos que termina anestesiando a la sociedad.
 
La Opinión Popular
 

01-02-2026 / 10:02
Desde su llegada a la Casa Rosada, Javier "Pinocho" Milei construyó un relato épico de gestión que, al ser contrastado con datos verificables, empieza a mostrar fisuras cada vez más profundas. Promesas infladas, cifras manipuladas, logros magnificados y afirmaciones directamente falsas forman parte de un patrón comunicacional que ya no puede explicarse como simples errores.
 
Se trata, cada vez más claramente, de una estrategia política basada en la distorsión sistemática de la realidad. Organizaciones especializadas en verificación de datos, como Chequeado, desmintieron en reiteradas oportunidades afirmaciones centrales del discurso presidencial. Uno de los ejemplos más notorios fue la declaración en la que Milei aseguró haber sacado a diez millones de argentinos de la pobreza.
 
El número, ampliamente difundido por el oficialismo, resultó ser metodológicamente incorrecto, engañoso y sin respaldo estadístico sólido. Si bien algunos indicadores mostraron leves mejoras, la magnitud del cambio real está muy lejos del relato triunfalista que el prescindente intenta instalar. Algo similar ocurrió con su afirmación de haber eliminado los piquetes en todo el país. Lejos de desaparecer, los cortes de calles continuaron registrándose, aunque con menor visibilidad y mayor intervención de las fuerzas de seguridad.
 
La reducción de protestas no equivale a su erradicación, pero Milei optó por presentar una victoria absoluta que los datos desmienten. La manipulación también alcanza el terreno histórico. En reiteradas ocasiones, el mandatario afirmó que la Argentina fue uno de los 3 países más ricos del mundo, una afirmación que no resiste el menor análisis serio de los registros económicos internacionales.
 
Esta construcción mítica, repetida hasta el cansancio, busca reforzar la narrativa del "paraíso perdido" arruinado por la política tradicional, aun cuando carece de sustento empírico. El uso irresponsable de información falsa no se limita a discursos oficiales. En redes sociales, Milei llegó a difundir encuestas inexistentes, atribuidas falsamente a la Fundación FOPEA, con el objetivo de desacreditar al periodismo.
 
La propia organización salió a desmentir públicamente la información, dejando al descubierto una práctica preocupante: la utilización deliberada de datos falsos para atacar a la prensa crítica. Este comportamiento no es aislado. Forma parte de una lógica de comunicación basada en la confrontación permanente, la exageración de logros, la victimización y la construcción de enemigos internos.
 
La distorsión de cifras y hechos se convierte así en una herramienta política para sostener un relato épico que muchas veces choca contra la realidad cotidiana de millones de argentinos. Mientras la inflación continúa afectando el poder adquisitivo, la recesión golpea al consumo y el ajuste impacta con fuerza en jubilados, trabajadores y sectores medios, el discurso presidencial insiste en mostrar una Argentina idealizada que pocos logran reconocer en su vida diaria.
 
En este contexto, la manipulación informativa no solo erosiona la credibilidad del Gobierno, sino que también debilita el debate democrático y el derecho ciudadano a estar informado con veracidad. Gobernar a base de datos falsos puede rendir frutos comunicacionales de corto plazo, pero tiene costos profundos. Cuando la mentira se convierte en política de Estado, la confianza pública se deteriora, la institucionalidad se debilita y el vínculo entre gobernantes y sociedad se vuelve cada vez más frágil. En definitiva, más que errores ocasionales, las distorsiones discursivas de Milei parecen responder a una estrategia clara: imponer un relato antes que explicar la realidad. Una apuesta peligrosa que, tarde o temprano, termina chocando contra los hechos.
 
La Opinión Popular
 

31-01-2026 / 09:01
Décadas de globalización con la lógica del mercado se desplomaron sobre los argentinos con Javier Milei gritando el Rock del Gato mientras cinco provincias se incendiaban fuera de control y la mayoría de los gobernadores se sometían a ser extorsionados para aprobar la reforma laboral.
 
Décadas de erosión de la democracia y el medio ambiente cayeron sobre los argentinos con el florecimiento del libertarismo autoritario, que es como decir silencio atronador o fuego helado. Las dos cosas no van juntas. El resultado es libertad para pocos y autoritarismo para los demás.
 
Rocca, Magnetto y Galperín fueron algunos de los creadores del Golem esquizofrénico. Lo construyeron para que los proteja, financiaron sus campañas, le dieron letra con leyes para proteger sus intereses y publicaron loas en los medios que controlan. Pero en este momento parte de sus intereses entraron en colisión con el rumbo aperturista total del gobierno y sus alianzas.
 
Las elecciones de medio término en una sociedad que perdió el sentido, fragmentada, extenuada por la inflación y la pandemia, le dieron un impulso que se multiplicó con el respaldo de la Casa Blanca.
 
Ese paralelismo crispado de un imperio en decadencia encontró un aliado incondicional en la subordinación total de Milei. No hay término medio en las Casas Blanca y Rosada. Una decisión absoluta de dominio se complementó con una decisión absoluta de sumisión.
 
Con la apertura que impulsaron los grandes empresarios, y que implementó este Gobierno, entró una avalancha de productos chinos. El capital concentrado creyó que tenía espalda para sobrevivir al exterminio de sus competidores de la pequeña y mediana industria y comercio y que podría deglutir esos espacios que quedaban libres.
 
Pero el ímpetu del comercio chino, ultra tecnológico, con cadenas de suministro ultra coordinadas y eficientes, se llevó puestos hasta los tubos de Techint y metió en problemas a la gran aplicación comercial de Marcos Galperín, el hombre más rico del país.
 
Galperín reside en Uruguay para no pagar impuestos en Argentina, donde creció su empresa, Mercado Libre. Impulsó con entusiasmo el discurso libertario contra los subsidios estatales y contra la regulación de los mercados.
 
Desde la pandemia, el campeón antisubsidios recibió subsidios por 370 millones de dólares. Y ahora, el también campeón de la apertura de las importaciones, le exigió al gobierno que regule a Temu, la aplicación de comercio china que le arrebató una porción de la torta.
 
Paolo Rocca, que colocó a su ex empleado Horacio Marín como CEO de YPF, recurrió a la Justicia por la licitación de tubos para un gasoducto que perdió ante una firma india que fabrica tubos con acero chino. Galperín hizo lo mismo con Temu. Y Magnetto afronta problemas parecidos con la compra de Telefónica por el Grupo Clarín.
 
Son contradicciones fuertes en el capital hegemónico, que el gobierno sobrelleva con enormes ofrendas, como la reforma laboral. El triunfalismo que invadió a la Casa Rosada por el resultado electoral se enfocó en su primera cosecha. La ley de trabajo propuesta incluyó un artículo sobre el impuesto a las ganancias que saca coparticipación a las provincias.
 
El Gobierno mandó a Diego Santilli a discutir con los gobernadores, pero le advirtió que no hará ninguna concesión. Y Santilli les prometió que los premios llegarían después de la aprobación en el Congreso. 
 

30-01-2026 / 09:01
Se ve que Javier "Nerón" Milei suelta la mosca solamente a las piñas: fondos tardíos para el sur que ya se chamuscó como chorizo en la parrilla. Con incendios forestales activos en distintas zonas de la Patagonia y tras reiterados reclamos de gobernadores y dirigentes opositores, el irresponsable Milei, que al igual que el emperador Nerón se dedicó a cantar mientras se incendiaba su país, finalmente destrabó fondos para el sistema de Bomberos Voluntarios y confirmó que declarará la Emergencia Ígnea mediante un DNU. 50 días y 230 mil hectáreas quemadas después.
 
Desde los primeros días de enero la Patagonia arde por los incendios forestales; después de que el fuego arrasara -hasta ahora- más de 230 mil hectáreas; después de la pérdida irrecuperable en parques nacionales, que son patrimonio de la humanidad, y con la población en serio riesgo de perder lo poco que les queda, Milei evaluó hacer algo. La decisión llega luego de semanas marcadas por cuestionamientos sobre la ausencia total en la respuesta estatal nacional frente a una crisis ambiental que ya afectó miles de hectáreas, provocó evacuaciones y generó pérdidas materiales y económicas en distintas localidades del sur argentino.
 
La medida quedó formalizada a través de la resolución 91/2026 publicada en el Boletín Oficial y firmada por la ministra de Seguridad, Alejandra Monteoliva, que autoriza un desembolso de 100.810.319.998 pesos destinados a organizaciones de bomberos voluntarios en todo el país. A ello se suman transferencias por 7.754.639.995 pesos para entidades provinciales de segundo grado y un monto equivalente para programas de capacitación y fortalecimiento operativo.
 
Los recursos estarán dirigidos a la compra de equipamiento, vehículos, herramientas, vestimenta ignífuga, insumos técnicos y materiales necesarios para enfrentar incendios forestales, una demanda histórica de los cuarteles voluntarios que, en muchos casos, operan con equipamiento limitado y dependen de aportes locales para sostener su funcionamiento cotidiano.
 
En paralelo, el Gobierno libertario confirmó que declarará la Emergencia Ígnea a través de un DNU, evitando así el paso por el Congreso. El argumento oficial sostiene que se trata de un mecanismo para acelerar la asistencia y evitar demoras administrativas, aunque desde distintos sectores políticos remarcaron que la declaración fue exigida por los gobernadores patagónicos días atrás y que el Ejecutivo resistía avanzar en esa dirección hasta que el costo político se volvió evidente e insostenible.
 
La tensión se profundizó cuando mandatarios provinciales del sur reclamaron públicamente una ley específica contra incendios mientras el anarco capitalista participaba de actividades de fiesta y joda en Mar del Plata, situación que fue interpretada por la oposición como una señal de desconexión total frente a la emergencia. Recién después de esa presión se anunció el plan denominado oficialmente "histórica lucha contra el fuego", que incluye la ampliación presupuestaria y la activación de herramientas administrativas para coordinar recursos federales. Esos recursos, sin embargo, no son suficientes y llegan tarde. El daño causado, según argumentan distintas agrupaciones ambientales y los propios pobladores, ya es irreparable.
 
El episodio vuelve a abrir el debate sobre la capacidad de reacción de Milei frente a emergencias ambientales y el rol del Estado en la prevención y combate de incendios forestales, especialmente en regiones donde cada temporada seca incrementa el riesgo de desastres. Para los bomberos y brigadistas, el financiamiento llega en un momento crítico y permitirá mejorar condiciones operativas, aunque queda la discusión política sobre por qué la respuesta oficial demoró tanto mientras el fuego avanzaba.
 
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