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El clima en Paraná

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“Que ningún ciudadano sea lo suficientemente opulento como para poder comprar a otro, ni ninguno lo bastante pobre como para verse obligado a venderse”. Jean-Jacques Rousseau
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Nacionales - 25-09-2022 / 07:09
PANORAMA POLÍTICO NACIONAL

De la ONU al BRICS: en un escenario de crisis global, Alberto pasó el examen geopolítico

De la ONU al BRICS: en un escenario de crisis global, Alberto pasó el examen geopolítico
Se comenzó contra el Estado de Bienestar y los derechos sociales; luego, la creciente concentración de la riqueza en pocas manos privó a las mayorías de derechos económicos. Ahora finalmente apuntan contra la democracia. Esa es una de las preocupaciones que Alberto Fernández llevó a la Asamblea General de la ONU y que tuvo eco en sus pares, aunque por motivos diversos.
Se comenzó contra el Estado de Bienestar y los derechos sociales; luego, la creciente concentración de la riqueza en pocas manos privó a las mayorías de derechos económicos. Ahora finalmente apuntan contra la democracia. Esa es una de las preocupaciones que Alberto Fernández llevó a la Asamblea General de la ONU y que tuvo eco en sus pares, aunque por motivos diversos.
 
La Argentina sigue practicando con cierta pericia el difícil arte del no alineamiento activo. El canciller Santiago Cafiero tuvo en Nueva York su cuarto encuentro bilateral en el año con el secretario de Estado de los Estados Unidos, Antony Blinken, y llegó al mismo número de citas con su par de China, Wang Yi. El país pone sobre la mesa su poder blando en áreas como derechos humanos, agenda lgbti y no proliferación nuclear, además de su potencial en recursos estratégicos. Estar en la mesa para no ser parte del menú.
 
Esta semana se dio un paso enorme hacia la incorporación en el BRICS, con la publicación de un documento oficial de la cancillería china que le da la bienvenida a la Argentina. Beijing ocupa la presidencia pro témpore hasta fin de año y existen expectativas que, una vez que quede atrás el 16 de octubre, día que Xi Jinping será reelecto por segunda vez (algo que nadie había logrado desde Mao), se pueda completar rápidamente el trámite. Si lo consigue, el presidente Fernández habrá logrado coronar una política de Estado estratégica, que comenzó Néstor Kirchner y profundizó Cristina.
 
El no alineamiento, un vínculo filudo y mutuamente provechoso con las potencias, una política de alianzas inteligente y amplia y el despliegue de poder blando como lubricante en un sensible concierto de naciones son condiciones necesarias para proyectar la soberanía argentina en las próximas décadas, pero no las únicas, como se encargó de recordarnos esta semana la filtración de documentos militares chilenos donde la cordillera de los Andes y la Patagonia vuelven a aparecer como hipótesis de conflicto. Es un debate crucial que se debe la sociedad argentina. El clima para afrontarlo no podría ser peor.
 

 
Nueva York volvió a recibir a mandatarios de todo el mundo para la Asamblea General de la ONU, después de dos años virtuales por el Covid, pero la ciudad a la que viajó esta semana Alberto Fernández nunca volvió a la normalidad. A pesar de que la pandemia quedó atrás y las consecuencias económicas de la guerra llegan asordinadas, con menos potencia destructiva que a otras partes del planeta, la ciudad todavía exhibe las cicatrices de la crisis y algunas heridas a flor de piel que todavía no curaron, y que conviven con la vida aparentemente normal de miles de personas que tratan de actuar como si no notaran la diferencia.
 
La inflación es tema de conversación entre la gente. Se refleja, principalmente, en el precio de los alquileres, históricamente altísimos y ahora inalcanzables para muchos que decidieron mudarse a las afueras o a otro estado. Todos tienen un conocido que ya no vive cerca. Los inmensos y carísimos rascacielos quedaron enormes cuando los empleados empezaron a optar por trabajo remoto.  Iluminadas por las luces enceguecedoras de Times Square, adonde no llegó, todavía, el racionamiento de energía, las vidrieras empapeladas y los locales vacíos, varios por cuadra, se volvieron parte de un paisaje que se repite en todo el centro de Manhattan.
 
Eso tiene un costo fiscal enorme. El contralor del Estado de Nueva York, el demócrata Thomas Di Napoli, lo estimó en 10 mil millones de dólares, si la tendencia se sostiene hasta el año 2026. La ciudad todavía tiene 160 mil puestos de trabajo menos que antes de la pandemia. La caída en la recaudación afecta, necesariamente, los servicios públicos. El alcalde Eric Adams ordenó a todas las agencias metropolitanas que efectúen un recorte del 3 por ciento en términos nominales a sus presupuestos, lo que culminará con una mayor desocupación. El panorama es sombrío.
 
La ciudad está más sucia y el mantenimiento de algunos espacios públicos que siempre lucían impecables ahora es deficiente. El número de personas que vive en la calle, que siempre fue alto, se multiplicó en los últimos años. Según datos oficiales, al menos 50 mil personas duermen cada noche en refugios y pasan el día a la intemperie. Otros, no menos de 3500, permanecen las 24 horas en la vía pública, ya sea en la superficie o en las estaciones de la red de subterráneos, que no cierra durante la noche. 18 fallecieron durante este año por las condiciones climáticas.
 
Una breve recorrida alcanza para hacernos recordar, con humildad, que nadie salió ileso de este tramo del siglo XXI. Ni siquiera la metrópolis que aún ostenta el título de capital del mundo. Un mundo que cambia a un ritmo enloquecedor, en una espiral centrífuga que arrasa con los consensos sobre los que se construyó el ordenamiento occidental en las últimas décadas: se comenzó por el Estado de Bienestar y los derechos sociales; luego, la creciente concentración de la riqueza en pocas manos privó a las mayorías de derechos económicos. Ahora finalmente apuntan contra la democracia.
 
Esa es una de las preocupaciones que Alberto Fernández llevó a la Asamblea General de la ONU y que tuvo eco en sus pares, aunque por motivos diversos. En Estados Unidos, porque ven la mano de Vladimir Putin detrás de esas derivas autoritarias que surgen en distintas partes del mundo, incluyendo a Estados Unidos. En Europa porque temen que las penurias que asoman en el horizonte, un invierno de guerra y escasez, lleven a países que hasta hace meses eran ejemplos de institucionalidad barranca abajo por esa cuesta. Un mundo más peligroso para todos; en especial para los que tienen cosas que perder.
 
Uno que tenía mucho para perder era Mauricio Claver-Carone, un viejo conocido de los argentinos que en pocos años trazó el arco completo: ascenso súbito, caída abrupta. Ayer, la Argentina emitió su voto para desplazarlo de la presidencia del Banco Interamericano de Desarrollo. Su suerte estaba sellada desde el martes, cuando se conoció el informe de un comité independiente de ética que resultaba lapidario al evaluar su relación con una empleada, explícitamente prohibida en los reglamentos. Ese día algunos reportes ya indicaban que la representación de Estados Unidos en el directorio votaría por su remoción; clausurando su mandato.
 
Claver-Carone, nacido en Florida, descendiente de cubanos, exasesor de primera línea de Donald Trump, fue el ideólogo del préstamo récord del Fondo Monetario Internacional al gobierno de Mauricio Macri, con el objetivo de evitar el retorno del peronismo al gobierno, según él mismo confesó en una reunión con banqueros chilenos que quedó grabada. El día de la asunción de Fernández protagonizó un patético paso de comedia cuando abandonó teatralmente el Congreso de la Nación durante la ceremonia a causa de la presencia de un funcionario del gobierno venezolano.
 
Meses más tarde se candidateó para presidir el BID, a pesar de que una regla no escrita le reservó siempre ese asiento a alguien de América Latina. El gobierno argentino postuló, en cambio, a Gustavo Béliz, en una aventura de considerable dificultad que terminó naufragando a último momento. Es difícil decir hasta qué punto la hostilidad de Claver-Carone a la Argentina en los últimos dos años era a causa de este desafío; eso no excusa a Béliz, cuya labor al frente de la secretaría de Asuntos Estratégicos todavía resulta inexplicable, con el diario del lunes.
 
Durante meses pisó un desembolso de 800 millones de dólares para la Argentina que ya había sido aprobado por el directorio. Era en los momentos de reservas vacías y corrida cambiaria. El presidente del BID e ideólogo del préstamo por 56 mil millones a Macri se excusó en julio de este año a través de una columna de opinión del Wall Street Journal donde decía que detenía los desembolsos por la "falta de transparencia e integridad" del gobierno del Frente de Todos. El mismo texto luego mencionaba el episodio del avión venezolano retenido en Ezeiza como motivo de preocupación.
 
La llegada de Sergio Massa al ministerio de Economía pareció que iba a destrabar el asunto. En su visita a Estados Unidos, Claver-Carone lo recibió como "un amigo" y no sólo prometió destrabar los créditos que esperaban desde hace meses su firma sino que prometió aportar 1200 millones de dólares adicionales para fortalecer las reservas. No era un súbito arrepentimiento o un ataque de confianza a partir del recambio de equipo o por las dotes diplomáticas de Massa. Sabiendo que enfrentaría la sentencia del directorio, el halcón salió desesperado en busca de aliados. La plata, de todas formas, nunca se giró.
 
La ejecución sumaria del desplazamiento de Claver-Carone se articuló con cabecera en Washington, donde la conducción demócrata del Departamento de Estado encontró la forma de deshacerse de un problema incómodo en una jugada que alineó rápidamente a Brasilia, México, Buenos Aires y Bogotá. Un eje interesante compuesto en todos sus eslabones por gobiernos, de izquierda, de centro y de derecha, no alineados en su política exterior con Estados Unidos, que pudieron dejar de lado las diferencias para hacer una jugada que resulta beneficiosa a todas las partes.
 
Mientras el final de la carrera de Claver-Carone en el BID se precipitaba, el director de otro organismo de crédito internacional, el norteamericano David Malpass, presidente del Banco Mundial, también recibió varios pedidos de renuncia a partir de que declinó a contestar una pregunta sobre su convicción respecto al cambio climático. Hace algunos meses, la titular del FMI, Krystalina Georgieva, pasó momentos de incertidumbre, acusada de haber favorecido a China en la confección de algunos informes. Son tiempos difíciles para cargos que históricamente gozaban de estabilidad.
 
Por Nicolás Lantos
 
Fuente: El Destape
 

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02-04-2026 / 18:04
02-04-2026 / 18:04
01-04-2026 / 14:04
La Argentina de Javier Milei ha ingresado en una fase peligrosa: la de la construcción de una realidad paralela. Mientras las persianas de las pymes se bajan definitivamente, los comedores populares se desbordan y el consumo de leche cae a niveles históricos, el Gobierno nacional ha decidido que la mejor manera de combatir la pobreza no es con políticas públicas, sino con un lápiz y una goma de borrar en las oficinas del INDEC.


El reciente anuncio que sitúa la pobreza en un 28,2% para el segundo semestre de 2025 no es solo una provocación; es un insulto a la inteligencia de un pueblo que sobrevive en el ajuste más brutal de la historia argentina moderna. Estamos ante el "milagro estadístico" de un gobierno que pretende hacernos creer que, en medio de una recesión galopante y salarios de miseria, la pobreza ha retrocedido por arte de magia.



Javier Milei ha decidido abrazar el dogma por encima de la vida. Su gestión se ha convertido en una maquinaria de propaganda que utiliza la macroeconomía financiera para ocultar la microeconomía de la heladera vacía. Festejar un 28,2% de pobreza en un contexto de desguace del Estado, entrega de la soberanía y destrucción del mercado interno no es solo cinismo; es una declaración de guerra contra la realidad.



El Gobierno podrá seguir "dibujando" números y publicando gráficos en redes sociales, pero la calle tiene su propia estadística. Y en esa estadística, la que se mide en el boleto de colectivo, en el alquiler impagable y en el plato de comida que falta, el modelo de Milei solo ha demostrado ser un éxito en una sola cosa: en producir una miseria estructural que ningún comunicado oficial podrá ocultar por mucho tiempo. El despertar de este sueño estadístico será, lamentablemente, una pesadilla social de la que nos costará años recuperarnos.


De la redacción de La Opinión Popular

31-03-2026 / 16:03
29-03-2026 / 15:03
La gestión de Javier Milei atraviesa un momento muy complejo, atrapada en una tenaza que combina corrupción sistémica y degradación económica. La narrativa de austeridad se ha quebrado frente a pruebas judiciales contundentes: por un lado, el Caso $LIBRA, donde el peritaje técnico confirma un esquema de promoción de estafas piramidales que involucra directamente al Presidente y a Karina Milei por presuntos cobros millonarios; por otro, el escándalo de Manuel Adorni, cuya utilización de vuelos privados y un crecimiento patrimonial injustificado -que incluye mansiones y gastos de lujo- lo colocan como el nuevo emblema de los privilegios que el Gobierno prometió desterrar.

Sin embargo, el factor que transforma estos escándalos en un veneno letal para el oficialismo es el contexto de asfixia social. La paciencia popular, que hasta hace poco funcionaba como un cheque en blanco, se está agotando ante una realidad incontrastable marcada por la pobreza récord Con indicadores que ya superan el 55%, el ajuste ha dejado de caer sobre la política para ensañarse con la clase media y los sectores vulnerables; la inflación persistente, la cual, a pesar del discurso oficial, el costo de vida -especialmente en alimentos y servicios públicos- sigue demoliendo el poder adquisitivo de los salarios. A esto se le suma la crisis de expectativas: El contraste entre el "no hay plata" para comedores escolares y el despliegue de recursos en el entorno de Adorni ha roto el vínculo de confianza con su base electoral.


En definitiva, la caída en las encuestas no es solo producto de los tribunales; es el resultado de un modelo que pide sacrificios extremos a la población mientras sus máximos referentes se ven cercados por causas de corrupción que huelen a vieja política. La "libertad" parece haberse convertido, para el círculo íntimo del poder, en la libertad de gozar de privilegios mientras el resto del país cae en la indigencia.


De la redacción de La Opinión Popular

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