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Sociedad e Interés General - 25-09-2022 / 06:09
EL 25 DE SEPTIEMBRE DE 1973 ES ULTIMADO EL DIRIGENTE GREMIAL

Asesinato del líder de la CGT José Ignacio Rucci

Asesinato del líder de la CGT José Ignacio Rucci
El 25 de septiembre de 1973 es asesinado José Ignacio Rucci cuando salía de la casa de calle Avellaneda 2953 en el barrio de Flores. Cuando se enteró, Juan Perón lloró por primera vez en público y dijo: "Me cortaron las patas..."
 
El 25 de septiembre de 1973, Un comando de izquierda peronista asesina a José Ignacio Rucci cuando salía de la casa de calle Avellaneda 2953 en el barrio de Flores. El dirigente gremial tenía 49 años y era una pieza del Pacto Social firmado en junio, bajo la presidencia de Héctor Cámpora. Cuando se enteró, Juan Perón lloró por primera vez en público y dijo: "Me cortaron las patas..." Dos días antes, Perón -para quien Rucci era uno de sus colaboradores políticos más confiables- había ganado las elecciones presidenciales con el 62 por ciento de los votos.
 
Un grupo de la organización Montoneros pudo haber consumado el hecho (y decimos supuestamente porque esta acción aberrante nunca fue asumida por nadie ni investigada en su momento). Se conjetura que el crimen de Rucci se debe a una venganza de Montoneros porque el dirigente sindical había participado abiertamente de las presiones para forzar la renuncia de Héctor Cámpora, a quien se le atribuían contactos con la organización armada.
 
De la redacción de La Opinión Popular

 
José Ignacio Rucci, dirigente sindical y político peronista, nacido en Alcorta, provincia de Santa Fe, el 15 de marzo de 1924, fue asesinado en Buenos Aires, el 25 de septiembre de 1973.
 
Rucci fue dirigente gremial en la importante fábrica siderúrgica SOMISA, de San Nicolás de los Arroyos-Ramallo, en 1960 asumió la Secretaría de Prensa de la UOM (Unión Obrero Metalúrgica), acompañando a Vandor, Paulino Niembro, Avelino Fernández y Lorenzo Miguel,  y en 1964 fue designado interventor en la seccional San Nicolás donde luego fue secretario general.
 
En 1970 logró el cargo de secretario general de la CGT y desde allí fue uno de los impulsores de la lucha por el regreso de Juan Domingo Perón al país.
 
 
El asesinato
 
A las 12.11 del el 25 de septiembre de 1973, un grupo de la organización Montoneros pudo haber consumado (y decimos supuestamente porque esta acción aberrante nunca fue asumida por nadie ni investigada en su momento) el asesinato de Rucci cuando éste salía de la casa de calle Avellaneda 2953 en el barrio de Flores.
 
Cuando se enteró, Juan Perón lloró por primera vez en público y dijo: "Me cortaron las patas..." Dos días antes, Perón -para quien Rucci era uno de sus colaboradores políticos más confiables- había ganado las elecciones presidenciales con el 62 por ciento de los votos.
 
Se conjetura que el crimen de Rucci se debe a una venganza de Montoneros porque había participado abiertamente de las presiones para forzar la renuncia de Cámpora, a quien se le reprochaban fluidos contactos con Montoneros. También se acusó a Rucci de haber compartido con otros dirigentes políticos y sindicales el diseño de la masacre del 20 de junio desde el palco montado sobre el puente 12 del camino a Ezeiza.
 
 
Las consecuencias 
 
Más allá de lo repudiable del violento crimen en sí, lo de Rucci fue una decisión política lamentable, consecuencia del error de no haber dejado de lado las armas cuando volvió la democracia y el peronismo triunfó en las elecciones del 11 de marzo de 1973. Montoneros, como organización, nunca asumió ni negó públicamente su participación en este asesinato; siempre mantuvo el silencio (que algunos interpretaron como aprobación).
 
Este homicidio deplorable establece un punto de no retorno en las relaciones de Perón con los Montoneros, porque la metodología de "apretar" a Perón no sólo generó el efecto político contrario al esperado sino que franquea una frontera ética sustentada hasta ese momento por las organizaciones revolucionarias, ya que esta muerte al no ser asumida políticamente adquiere más características de asesinato mafioso que de ajusticiamiento revolucionario.
 
La noticia de la muerte de Rucci cayó como un balde de agua fria en toda la militancia peronista. Objetivamente dañó a la organización Montoneros, a Perón, al vínculo entre ellos y, sobre todo, a los "frentes de masas" como la JP, JUP, JTP y MVP, que sufrieron directamente las consecuencias políticas de este crimen que desencadenó más violencia de derecha. A partir de ahí se ensanchó una nueva división interna, el desmembramiento del grupo Lealtad.
 
Independientemente de su responsabilidad, fue un asesinato que determinó el futuro político de Montoneros porque el costo del enfrentamiento con Perón fue altísimo. Esta decisión de la conducción montonera, un error de apreciación que implicaba desconocer formas básicas del funcionamiento del movimiento popular, debilita la tarea de los frentes de masas de manera irreversible. El vínculo efectivo con los sectores populares es dilapidado para fortalecer una opción militarista. Montoneros sentencia así su propia derrota política.
 
De la redacción de La Opinión Popular

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Asesinato del líder de la CGT José Ignacio Rucci
José Ignacio Rucci con Juan Perón.
Asesinato del líder de la CGT José Ignacio Rucci
José Ignacio Rucci.
02-04-2026 / 12:04
El 02 de abril de 1982, cumpliendo con una reivindicación nacional, de tenaces y profundas raíces, la Argentina recupera las Malvinas por la fuerza, usurpadas por Gran Bretaña desde 1833. Así, los argentinos emprendimos una guerra justa por nuestra soberanía en las islas, más allá del pésimo manejo y de la oscura motivación de los jerarcas militares que proyectaron el conflicto.

Los soldados, marinos y aviadores que participaron de la guerra libraron distintas batallas al mismo tiempo: contra los británicos, asistidos por los yanquis y el dictador chileno Pinochet, pero también contra la incapacidad y la inoperancia del propio gobierno del dictador militar Leopoldo Galtieri, que "acompañó" la lucha aportando desinformación, manipulación y triunfalismo.

Nuestros soldados pelearon con coraje y valentía, en actos de verdadero heroísmo, a pesar de haber protagonizado un conflicto perdido de antemano, declarado por un gobierno militar tambaleante, que inició una guerra en condiciones militarmente absurdas, buscando una legitimación popular que no tenían para mantenerse en el poder, y que no entendió nunca la dimensión de las potencias enemigas contra las que se plantaba.
 
La suerte de los combates impusieron la fuerza de la OTAN y nuestras islas volvieron al dominio británico. Como resultado, el gobierno militar cayó en desgracia con los EE.UU., que cambió su estrategia de apoyo para con las dictaduras de América Latina, que eran mayoría y se derrumbaron una a una. Así, una de las consecuencias de la guerra fue la retirada del gobierno militar y la vuelta a la democracia en la Argentina, en 1983.

 
Hoy, lamentablemente, el Presidente Javier Milei, fanático admirador de Margaret Thatcher, no defiende la Causa Malvinas y abrió la puerta a que los habitantes de las islas decidan sobre la soberanía, algo que contradice el histórico reclamo argentino. Y además es un cipayo incondicional de EE.UU., el gran aliado de Inglaterra en la OTAN.
 
Cuarenta y tres años después, la guerra de Malvinas es, todavía, un episodio no saldado que sigue vigente. Hoy, la lucha por la soberanía argentina sobre las Malvinas pasa por mantener firme el reclamo y por un debate permanente para fortalecer el consenso internacional, entre nuestros aliados latinoamericanos y de otros continentes, sobre la legitimidad del reclamo argentino respecto a las islas del Atlántico sur. 
 
Hay deudas que siguen vigentes y un reclamo soberano que no cesa. La recuperación y valoración de la gesta es una obligación con nuestra conciencia histórica como Nación, con nuestros compatriotas muertos en estas islas argentinas, con los veteranos combatientes que sobrevivieron y con nuestros derechos a la imprescriptible soberanía en Malvinas, Sándwich y Georgias del Sur.

 
Escribe: Blas García

03-03-2026 / 20:03
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