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Internacionales - 22-09-2022 / 10:09
22 DE SEPTIEMBRE DE 1980

Comienza la Guerra Irán-Irak: ocho años de enfrentamientos

Comienza la Guerra Irán-Irak: ocho años de enfrentamientos
La guerra Irán-Irak fue un conflicto bélico surgido entre ambos países, que comenzó el 22 de septiembre de 1980 y duró hasta el 20 de agosto de 1988. En la imagen: Soldados iraquíes en una trinchera.
La guerra Irán-Irak fue un conflicto bélico surgido entre ambos países, que comenzó el 22 de septiembre de 1980 y duró hasta el 20 de agosto de 1988. Sus orígenes se encuentran en la larga animosidad árabe-persa y en las rivalidades regionales. En concreto, Irak quería invertir la delimitación de fronteras entre los dos estados, establecida en los Acuerdos de Argel (1975), para conseguir la anexión de la región de Shatt al-Arab, zona rica en petróleo.
 
La guerra acabó en un empate pero las pérdidas humanas fueron enormes. Se habla de un millón de bajas, pero hay que fuentes que doblan esa cifra. Irán fue el país que sufrió más duras pérdidas. El costo de la guerra y la búsqueda de medios económicos para pagarla fue uno de los elementos clave para que Saddam Hussein atacara Kuwait en 1990 e iniciara la Guerra del Golfo.
 
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Desde el comienzo y durante todo el tiempo de duración del conflicto, Irak siempre estuvo en una clara desventaja demográfica frente a su rival, pues cabe recordar que, para cuando empezó la guerra el año 1980, Irak tenía una población en ese entonces de 13 millones de habitantes, en cambio Irán poseía ya una población de alrededor de 38 millones de habitantes (el triple que Irak).
 
Cuando la guerra finalizó, tuvo un enorme coste en cuanto a vidas humanas perdidas, y aparte; causó un grave detrimento social a raíz de los graves daños a los aparatos económicos de ambas naciones, el cual se vio posteriormente en ambos países con cifras de paro de hasta dos dígitos -con un millón de soldados iraquíes e iraníes y civiles de ambos bandos muertos, así como dejó a muchos hombres aptos lisiados- pero se resolvería solamente ante la enorme presión internacional sin alguna clase de reparaciones ni tuvo cambios en las asignaciones fronterizas existentes antes de su inicio.
 
Este conflicto bélico, es muy similar con la Primera Guerra Mundial (1914-1918) (70 años antes), debido al uso de las mismas tácticas, incluyendo el fuego de trinchera a gran escala, nidos de ametralladoras, cargas de bayoneta, uso de alambre de púas atravesando trincheras, oleadas de ataques atravesando las tierras sin invadir y el uso extensivo de armas químicas como el gas mostaza y el gas sarín por parte del gobierno iraquí contra las tropas iraníes y civiles como los kurdos.
 
Cabe recordar, que el iraquí Sadam Husein empezó a utilizar armas químicas con el objetivo de reducir o compensar la gran desventaja poblacional que tenía su país y su ejército frente a las numerosas tropas de Irán.
 
Con el tiempo el Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas admitió que las armas químicas habían sido usadas en la guerra. Así mismo la Organización de las Naciones Unidas (ONU) nunca aclaró que Irak era el único que usaba armas químicas, para decir que la comunidad internacional guardaba silencio sobre Irak por el uso de armas de destrucción masiva contra los iraníes y los kurdos y que los Estados Unidos impidieron a la ONU condenar a Irak.
 
Fuente: Wikipedia 

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Soldados iraníes en el frente de batalla.
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No solo fue un enfrentamiento en trincheras, también hubo combates navales en el Golfo.
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En el Frente de Todos existe coincidencia en marcar la gran elección que hizo Lula da Silva, al llegar en primera vuelta al 48,5%. Pero también admitían la preocupación por la consolidación de un espacio de ultraderecha, una novedad en la política de la región. Para explorar las posibles consecuencias en la campaña argentina, aconsejaban esperar ver lo que quedaba de campaña y el resultado del segundo turno del 30 de octubre.
 
El triunfo de Lula sobre Jair Bolsonaro en la primera vuelta de las elecciones presidenciales brasileñas dejó un sabor agridulce en quienes se identifican con una visión progresista de la sociedad y miran con preocupación el avance de las ultraderechas en la región y en el mundo. Las fallas groseras de la mayoría de las encuestas previas a los comicios fueron el principal alimento de esos sentimientos encontrados, ya que habían despertado grandes expectativas sobre un triunfo holgado del líder del Partido de los Trabajadores que, luego, las urnas no ratificaron.
 
En verdad, los sondeos previos acertaron, con buen grado de precisión, los votos que obtuvo Lula, pero subestimaron en por lo menos diez puntos los que cosechó Bolsonaro. De ahí que los cinco puntos de diferencia que finalmente sacó el expresidente tuvieron sabor a poco entre sus simpatizantes.
 
No deja de ser llamativo que ese resultado (48,4% de Lula contra 43,2% de Bolsonaro) se aproxima bastante al que se dio en Argentina el año 2019 (48,2% de Alberto Fernández contra 40,2% de Mauricio Macri). En ambos casos los oficialismos de derecha fueron vencidos por espacios populares que no alcanzaron, por poco margen, la mitad de los sufragios.
 
Pero en su favor debe reconocerse que superaron el 40% de los votos a pesar del sesgo antipopular de sus gestiones; un nivel muy alto que denota la consolidación del voto de derecha en la región y en el mundo. Esta realidad se ve reflejada muy bien en la frase -de una amarga ironía- que dice: "El producto más acabado del capitalismo es el pobre de derecha". Para lograr tan altos guarismos los representantes de la derecha neo (neoliberal con cuotas variables de neofascismo) recogen votos del electorado de origen popular que parece expresar así niveles crecientes de insatisfacción y desilusión, exacerbados por los grandes medios de la derecha.
 
Algunos datos de la realidad brasileña, especialmente los referidos a la brutal desigualdad social, quizás ayuden a entender algo mejor tan complejos procesos. Según la organización Oxfam el 5% más rico de la población de Brasil tiene los mismos ingresos que recibe el 95% restante; por otra parte es el tercer país más desigual de América Latina detrás de Colombia y Honduras, y el décimo más desigual del mundo.
 
El proceso de inclusión social que había iniciado Lula da Silva bajo su primera presidencia fue rápidamente neutralizado por el conservadurismo bolsonarista. Además el líder del PT había logrado ubicar a Brasil como la sexta economía mundial, logro que también arruinara la derecha al hacerla retroceder al décimo tercer lugar. Todo indica que la degradación social operó como tierra fértil para que germinen las semillas del autoritarismo más violento y retrógrado. Y en ese suelo debe sembrar hoy Lula da Silva su proyecto reparador.
 
El triunfo no parece lejano para el PT pues está a solo 1,6 puntos de la meta. Pero tendrá que resistir los embates del bolsonarismo que no reconoce límites a la hora de agredir con la violencia y la mentira. Son horas decisivas no solo para los brasileños sino también para toda Latinoamérica.
 
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