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Internacionales - 21-09-2022 / 09:09
21 DE SEPTIEMBRE DE 1976: PRIMER ATENTADO TERRORISTA EN LA CAPITAL NORTEAMERICANA

Asesinato de Letelier en EE.UU.: ejecutado por sicarios de Pinochet

Asesinato de Letelier en EE.UU.: ejecutado por sicarios de Pinochet
La DINA, la policía secreta de Augusto Pinochet, asesina en Washington a Orlando Letelier, excanciller de Salvador Allende y un feroz denunciante de la dictadura instaurada tres años antes en Chile. Junto al político socialista, en la explosión del auto que lo transportaba y ocurrida a pocas cuadras de la Casa Blanca, también muere su secretaria norteamericana, Ronni Moffitt.
Marcos Orlando Letelier del Solar fue un político, economista y embajador chileno, miembro del gobierno de la Unidad Popular de Salvador Allende, asesinado el 21 de septiembre de 1976 por orden de Augusto Pinochet en Washington D.C. por el agente de la CIA al servicio de la DINA chilena, Michael Townley.
 
Letelier fue asesinado mediante una bomba activada por control remoto que se encontraba colocada debajo del suelo del coche en que se desplazaba. El coche bomba también mató a la ayudante estadounidense de LetelierRonni Moffitt, y dejó herido al esposo de esta, Michael Moffitt. El cuerpo de Letelier fue sepultado en Venezuela, pues Pinochet no permitió enterrarlo en Chile. Sus restos fueron repatriados en 1994.
 
El asesinato de Letelier era parte de un complot coordinado por varias dictaduras de América Latina para intimidar y asesinar a sus opositores políticos. Este complot, conocido como Operación Cóndor, incluyó naciones como Brasil, Argentina, Chile, Paraguay, Uruguay y Bolivia.
 
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Washington, con un tráfico tupido por la avenida Massachusetts, hace más de 40 años, justo el 21 de septiembre de 1976, cuando estalló una bomba bajo un auto que entraba en el Circulo Sheridan, casi frente a la embajada chilena. Era el primer acto de terrorismo internacional en el capital de EE.UU. La víctima, Orlando Letelier, había vivido en esa sede diplomática como embajador del gobierno socialista de Salvador Allende. Letelier fue también canciller y ministro de Defensa.
 
Minutos después llegó al lugar el agente especial del FBI, Carter Cornick, quien recordó en una entrevista que vio "un hombre fuera del auto, gritando, cubriéndose los oídos". Y una mujer "tendida en el pasto". Al cuerpo de Letelier le faltaban las piernas. La mujer era Ronni Moffitt, muerta por una astilla de metal en la arteria de su cuello. Viajaba en el auto con su marido Michael Moffitt, ayudante de Letelier. Moffitt, levemente herido, era el hombre que gritaba "lo hizo la DINA".
 
DINA, la sigla de Dirección de Inteligencia Nacional, la temida policía secreta del dictador Augusto Pinochet que tres años antes de este atentado, un 11 de setiembre, había derrocado a Allende. Cornick intuyó rápidamente que estaba frente "a un caso con potenciales ramificaciones políticas". El asesinato de un diplomático extranjero en el centro de Washington era algo inaceptable para cualquier gobierno, y se convirtió en prioridad del momento para el FBI.
 
El caso era aún más complicado por la existencia de un gobierno extranjero, el chileno, como sospecho del crimen. En el momento del atentado, EE.UU. era el mejor aliado y defensor de la dictadura de Pinochet, y de todos los regímenes militares del Cono Sur. La CIA mantenía estrechas relaciones con la DINA, le había dado entrenamiento en operaciones internacionales y pagado a su jefe, el coronel Manuel Contreras, una mensualidad de unos US$ 5.000 por su colaboración.
 
Ese vinculo era de tal dimensión que después del ataque fuentes de la CIA filtraron a la prensa norteamericana que Letelier había sido asesinado por sus propios camaradas de izquierda para desacreditar a Chile y crear un mártir. Debe aclararse que Cornick y su equipo compartían el anticomunismo predominante en el FBI, que gastaba inmensos recursos en la investigación de movimientos de izquierda y de oposición a la guerra en Vietnam.
 
Así, todas las probabilidades iban en contra de una investigación seria de parte de EEUU contra Chile, el sospecho más importante. Sin embargo, la pesquisa superó los obstáculos políticos. Por primera vez se logró penetrar las entrañas del sistema de represión militar chileno y apuntar con todo detalle a la culpabilidad de la DINA y sus agentes en el asesinato.
 
El FBI obtuvo datos cruciales en Argentina, Paraguay y Venezuela respecto a las operaciones secretas que precedieron el asesinato de Letelier. Un coronel argentino, del servicio de inteligencia SIM, que había estado en Santiago con sus colegas el día del asesinato de Letelier, reveló al agente Robert Scherrer como probable que el atentado hubiese sido organizado por la DINA dentro del sistema de inteligencia internacional que tenía el nombre de "Operación Cóndor."
 
En Paraguay, el FBI consiguió copias de telegramas cifrados que revelaban los esfuerzos de la dictadura chilena para conseguir pasaportes falsos para el equipo de asesinos. Los investigadores, además, lograron comprobar la participación de varios cubanos anticastristas en la fabricación de la bomba de control remoto y su colocación bajo el auto de Letelier.
 
La pieza más productiva de esa investigación fue la identificación del principal asesino, Michael Townley, un norteamericano colaborador de la DINA. Apresado en EE.UU. se convirtió en testigo clave del caso Letelier y de otros operativos terroristas como el del ex comandante del Ejército chileno Carlos Prats en setiembre de 1974 en Buenos Aires además de varios atentados en países europeos y de América Latina.
 
La voluminosa documentación obtenida formó la base de las investigaciones judiciales más importantes contra las violaciones a derechos humanos de por parte de regímenes militares en varios países, especialmente del Cono Sur pero también de Francia, España e Italia.
 
John Dinges. Especial para Clarín
 
Fuente: Clarín 

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Asesinato de Letelier en EE.UU.: ejecutado por sicarios de Pinochet
Letelier fue asesinado mediante una bomba activada por control remoto que se encontraba colocada debajo del suelo del coche en que se desplazaba.
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Pinochet (der.), que gobernó con mano de hierro Chile entre 1973-1990 y su régimen dejó miles de opositores asesinados, nunca fue juzgado por el crimen de Letelier pero, tras el fin de la dictadura en 1990, fueron procesados por el asesinato: Contreras (izq.) y su segundo al mando, coronel Pedro Espinoza, quienes en 2005 fueron condenados por la Corte Suprema a 7 y 6 años de cárcel, respectivamente.
05-10-2022 / 08:10
05-10-2022 / 07:10
05-10-2022 / 07:10
04-10-2022 / 12:10
En el Frente de Todos existe coincidencia en marcar la gran elección que hizo Lula da Silva, al llegar en primera vuelta al 48,5%. Pero también admitían la preocupación por la consolidación de un espacio de ultraderecha, una novedad en la política de la región. Para explorar las posibles consecuencias en la campaña argentina, aconsejaban esperar ver lo que quedaba de campaña y el resultado del segundo turno del 30 de octubre.
 
El triunfo de Lula sobre Jair Bolsonaro en la primera vuelta de las elecciones presidenciales brasileñas dejó un sabor agridulce en quienes se identifican con una visión progresista de la sociedad y miran con preocupación el avance de las ultraderechas en la región y en el mundo. Las fallas groseras de la mayoría de las encuestas previas a los comicios fueron el principal alimento de esos sentimientos encontrados, ya que habían despertado grandes expectativas sobre un triunfo holgado del líder del Partido de los Trabajadores que, luego, las urnas no ratificaron.
 
En verdad, los sondeos previos acertaron, con buen grado de precisión, los votos que obtuvo Lula, pero subestimaron en por lo menos diez puntos los que cosechó Bolsonaro. De ahí que los cinco puntos de diferencia que finalmente sacó el expresidente tuvieron sabor a poco entre sus simpatizantes.
 
No deja de ser llamativo que ese resultado (48,4% de Lula contra 43,2% de Bolsonaro) se aproxima bastante al que se dio en Argentina el año 2019 (48,2% de Alberto Fernández contra 40,2% de Mauricio Macri). En ambos casos los oficialismos de derecha fueron vencidos por espacios populares que no alcanzaron, por poco margen, la mitad de los sufragios.
 
Pero en su favor debe reconocerse que superaron el 40% de los votos a pesar del sesgo antipopular de sus gestiones; un nivel muy alto que denota la consolidación del voto de derecha en la región y en el mundo. Esta realidad se ve reflejada muy bien en la frase -de una amarga ironía- que dice: "El producto más acabado del capitalismo es el pobre de derecha". Para lograr tan altos guarismos los representantes de la derecha neo (neoliberal con cuotas variables de neofascismo) recogen votos del electorado de origen popular que parece expresar así niveles crecientes de insatisfacción y desilusión, exacerbados por los grandes medios de la derecha.
 
Algunos datos de la realidad brasileña, especialmente los referidos a la brutal desigualdad social, quizás ayuden a entender algo mejor tan complejos procesos. Según la organización Oxfam el 5% más rico de la población de Brasil tiene los mismos ingresos que recibe el 95% restante; por otra parte es el tercer país más desigual de América Latina detrás de Colombia y Honduras, y el décimo más desigual del mundo.
 
El proceso de inclusión social que había iniciado Lula da Silva bajo su primera presidencia fue rápidamente neutralizado por el conservadurismo bolsonarista. Además el líder del PT había logrado ubicar a Brasil como la sexta economía mundial, logro que también arruinara la derecha al hacerla retroceder al décimo tercer lugar. Todo indica que la degradación social operó como tierra fértil para que germinen las semillas del autoritarismo más violento y retrógrado. Y en ese suelo debe sembrar hoy Lula da Silva su proyecto reparador.
 
El triunfo no parece lejano para el PT pues está a solo 1,6 puntos de la meta. Pero tendrá que resistir los embates del bolsonarismo que no reconoce límites a la hora de agredir con la violencia y la mentira. Son horas decisivas no solo para los brasileños sino también para toda Latinoamérica.
 
La Opinión Popular
 

04-10-2022 / 09:10
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