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Internacionales - 13-09-2022 / 08:09
EL 13 DE SEPTIEMBRE DE 1907, EN EL MARCO DE LA GUERRA DE INDEPENDENCIA DE FILIPINAS

El ejército de ocupación yanqui ahorca al presidente democrático Macario Sakay

El ejército de ocupación yanqui ahorca al presidente democrático Macario Sakay
El 13 de septiembre de 1907, en Manila, el ejército invasor de EE.UU. ahorcó a Macario Sakay y a sus compañeros que luchaban por la independencia de Filipinas.
Macario Sakay y de León fue un general filipino que durante la Ocupación yanqui de Filipinas defendió el derecho a la libre determinación. En 1894 se incorporó al movimiento Katipunan, luchando junto a Andrés Bonifacio en la Revolución filipina contra los colonialistas españoles.
 
En 1899, continuó la lucha por la independencia de Filipinas, pero esta vez contra los Estados Unidos. Al principio de la guerra filipino-estadounidense, fue encarcelado por «actividades sediciosas», y posteriormente puesto en libertad como parte de una amnistía. Sakay estableció la República Tagala en las montañas de Dimasalang (hoy, la provincia de Rizal).
 
En abril de 1904, Sakay publicó un manifiesto declarando el derecho filipino a la libre determinación, en un momento en el que el apoyo a la independencia era considerado un crimen por las fuerzas de ocupación norteamericanas.
 
El «gobernador» yanqui engañó a Sakay y a sus guerrilleros, afirmando que les darían una amnistía si se entregaban. En julio de 1906, Sakay y sus hombres se entregaron, sin embargo fueron juzgados como bandidos y sediciosos. A los 36 años de edad, Sakay fue ahorcado junto con sus principales oficiales, el 13 de septiembre de 1907.
 
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El ejército de ocupación yanqui ahorca al presidente democrático Macario Sakay
“La muerte nos llegará a todos tarde o temprano, así que me presentaré con calma ante el Señor Todopoderoso. Pero quiero decirles que no somos bandidos ni ladrones, como nos han acusado los americanos, sino miembros de la fuerza revolucionaria que defendió a nuestra madre patria, las Filipinas. ¡Larga vida a la democracia y ojalá nuestra independencia renazca en el futuro! ¡Larga vida a las Filipinas!” Macario Sacay
El ejército de ocupación yanqui ahorca al presidente democrático Macario Sakay
En Filipinas, el general Macario Sakay y sus principales oficiales fueron condenados a muerte por ahorcamiento público en 1907 por su firme resistencia a la dominación yanqui.
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En el Frente de Todos existe coincidencia en marcar la gran elección que hizo Lula da Silva, al llegar en primera vuelta al 48,5%. Pero también admitían la preocupación por la consolidación de un espacio de ultraderecha, una novedad en la política de la región. Para explorar las posibles consecuencias en la campaña argentina, aconsejaban esperar ver lo que quedaba de campaña y el resultado del segundo turno del 30 de octubre.
 
El triunfo de Lula sobre Jair Bolsonaro en la primera vuelta de las elecciones presidenciales brasileñas dejó un sabor agridulce en quienes se identifican con una visión progresista de la sociedad y miran con preocupación el avance de las ultraderechas en la región y en el mundo. Las fallas groseras de la mayoría de las encuestas previas a los comicios fueron el principal alimento de esos sentimientos encontrados, ya que habían despertado grandes expectativas sobre un triunfo holgado del líder del Partido de los Trabajadores que, luego, las urnas no ratificaron.
 
En verdad, los sondeos previos acertaron, con buen grado de precisión, los votos que obtuvo Lula, pero subestimaron en por lo menos diez puntos los que cosechó Bolsonaro. De ahí que los cinco puntos de diferencia que finalmente sacó el expresidente tuvieron sabor a poco entre sus simpatizantes.
 
No deja de ser llamativo que ese resultado (48,4% de Lula contra 43,2% de Bolsonaro) se aproxima bastante al que se dio en Argentina el año 2019 (48,2% de Alberto Fernández contra 40,2% de Mauricio Macri). En ambos casos los oficialismos de derecha fueron vencidos por espacios populares que no alcanzaron, por poco margen, la mitad de los sufragios.
 
Pero en su favor debe reconocerse que superaron el 40% de los votos a pesar del sesgo antipopular de sus gestiones; un nivel muy alto que denota la consolidación del voto de derecha en la región y en el mundo. Esta realidad se ve reflejada muy bien en la frase -de una amarga ironía- que dice: "El producto más acabado del capitalismo es el pobre de derecha". Para lograr tan altos guarismos los representantes de la derecha neo (neoliberal con cuotas variables de neofascismo) recogen votos del electorado de origen popular que parece expresar así niveles crecientes de insatisfacción y desilusión, exacerbados por los grandes medios de la derecha.
 
Algunos datos de la realidad brasileña, especialmente los referidos a la brutal desigualdad social, quizás ayuden a entender algo mejor tan complejos procesos. Según la organización Oxfam el 5% más rico de la población de Brasil tiene los mismos ingresos que recibe el 95% restante; por otra parte es el tercer país más desigual de América Latina detrás de Colombia y Honduras, y el décimo más desigual del mundo.
 
El proceso de inclusión social que había iniciado Lula da Silva bajo su primera presidencia fue rápidamente neutralizado por el conservadurismo bolsonarista. Además el líder del PT había logrado ubicar a Brasil como la sexta economía mundial, logro que también arruinara la derecha al hacerla retroceder al décimo tercer lugar. Todo indica que la degradación social operó como tierra fértil para que germinen las semillas del autoritarismo más violento y retrógrado. Y en ese suelo debe sembrar hoy Lula da Silva su proyecto reparador.
 
El triunfo no parece lejano para el PT pues está a solo 1,6 puntos de la meta. Pero tendrá que resistir los embates del bolsonarismo que no reconoce límites a la hora de agredir con la violencia y la mentira. Son horas decisivas no solo para los brasileños sino también para toda Latinoamérica.
 
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04-10-2022 / 09:10
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