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El clima en Paraná

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“Que ningún ciudadano sea lo suficientemente opulento como para poder comprar a otro, ni ninguno lo bastante pobre como para verse obligado a venderse”. Jean-Jacques Rousseau
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Nacionales - 12-09-2022 / 17:09
NO ES MUY DIFÍCIL DE COMPRENDER PORQUE LO HACEN

La derecha no mira con interés el diálogo político que ha lanzado el Frente de Todos

La derecha no mira con interés el diálogo político que ha lanzado el Frente de Todos
Las fuerzas políticas de derecha no miran con simpatía la propuesta de diálogo político que ha lanzado el gobierno del Frente De Todos. No es muy difícil de comprender esa posición: puede desconfiar de una determinada iniciativa política aquel sector político que se favorece con su negación. Quien rechaza el diálogo tiene necesariamente en su cabeza otro territorio más apto para resolver a su favor los diferendos.
Las fuerzas políticas de derecha no miran con simpatía la propuesta de diálogo político que ha lanzado el gobierno del Frente De Todos. No es muy difícil de comprender esa posición: puede desconfiar de una determinada iniciativa política aquel sector político que se favorece con su negación.
 
Quien rechaza el diálogo tiene necesariamente en su cabeza otro territorio más apto para resolver a su favor los diferendos. Si el lugar del diálogo político lo ocupa el incesante flujo desinformativo de las grandes cadenas mediáticas -sistemáticamente alineadas con los gobiernos de Estados Unidos y sus aliados de "occidente"- se entiende que los políticos-estrella de esa constelación y habituales partícipes de ese ruido seudo informativo se sientan más cómodos en ese terreno que en el de la conversación pública con sus adversarios.
 
Menos comprensible es la reacción adversa a la promoción de ese diálogo que circula en el Frente de Todos y sus adyacencias. En este caso, el rechazo a la propuesta se enlaza con la absoluta desconfianza en la conducta de sus adversarios en el interior de un escenario de diálogo.
 
Como el argumento que esgrime la derecha para su rechazo es exactamente el mismo en términos simétricos, podría aparecer una paradoja: como no confiamos en la conducta de nuestros adversarios coincidimos con ellos, "nada de diálogo". Para el caso, dos antagonistas que no coinciden públicamente en nada se ponen de acuerdo en rechazar el diálogo.
 
Por eso es muy importante la discusión en el interior del frente, porque puede dar lugar a una legítima controversia en materias generales (el lugar del diálogo en la vida política democrática) tanto como específicas (a través de qué caminos queremos llegar al tipo de sociedad que imaginamos y deseamos). Dicho de otro modo: ¿Cómo se enfrenta la ofensiva anti-política, anti-derechos y negacionistas?, ¿Cómo se ensancha la propia base de apoyo como no sea a través del convencimiento a su favor de millones de argentinos?
 

 
Fácilmente puede imaginarse el tenor de la respuesta más habitual a estos problemas: la cuestión no está en las palabras sino en la vida cotidiana y particularmente en el nivel de ingresos de las clases subordinadas del neoliberalismo. Parece un argumento fuerte.
 
Tiene de su lado una grande e ilustre tradición política que -proveniente del marxismo economicista y del populismo peronista- creen que la clave del derrumbe del neoliberalismo (o del propio capitalismo) solamente es pensable como una reacción popular y masiva contra la situación económico-social.
 
Ese determinismo puede -y a la vez necesita- de la prescindencia de los argumentos, de la información y, en última instancia, de las palabras. La realidad social, piensan algunos, es tan transparente para la política, como el cuerpo de un hombre enfermo para la medicina.
 
Demás está decir que la historia política está colmada de experiencias que niegan estos enfoques; alcanza con recordar que una de las páginas más gloriosas del movimiento obrero argentino-el "Cordobazo" de 1969 lo protagonizó el segmento que disfrutaba los mejores salarios de esa época, el de los metalúrgicos y los mecánicos. ¿No habrán tenido algo que ver en aquellas gestas las discusiones, las asambleas, los panfletos, los discursos de combate? La palabra, al fin de cuentas.
 
¿Cómo pensamos el renacimiento de la democracia (de los votos y de las libertades conculcadas por la barbarie terrorista) hace muy poco menos de cuatro décadas?
 
Es cierto que la nuestra es una democracia limitada por la concentración inaudita de los recursos, por la impunidad que se desprende del poder económico y por la existencia de los bien llamados "sótanos de la democracia" (curiosos sótanos, en algún caso, que moran en suntuosos edificios y usan toga). Pero justamente por eso hay que dialogar.
 
Por supuesto que el diálogo es como el tango: hacen falta dos. Pero si no hay dos, el camino no es retirarse y que no haya ninguno. Por el contrario, hace falta que el rechazo del diálogo quede expuesto públicamente como la expresión de un sector político y no se diluya en la imposibilidad práctica del diálogo. Y además no debe descartarse que pueda lograrse que surjan actores impensados e impensables en otras circunstancias. Que se pueda empezar a romper con el modo filo-terrorista de hacer política.
 
Justamente porque el atentado mortal contra la vicepresidenta y líder de la principal fuerza política argentina introduce en la escena un aspecto crítico: si no se preserva un lugar para el diálogo (que es un lugar para la política) estamos expuestos a enormes amenazas.
 
Y quienes hemos vivido ya bastante con la experiencia del terrorismo de estado no tendríamos que darnos el "derecho" de no militar por una solución pacífica y política de la gravísima crisis en la que nos encontramos.
 
El país vive una grave crisis orgánica (socioeconómica, jurídica y política) al mismo tiempo que en el mundo se dan situaciones que podrían llegar a converger en una excepcional oportunidad para nuestro país, en la creación de condiciones materiales inmejorables para una política de unidad nacional, integración regional y transformación drástica del poder a escala mundial.
 
Pero esa oportunidad será tal si se actúa con mucha inteligencia y mucho patriotismo. En caso contrario se convertirá en una reproducción ampliada de nuestro atraso, de nuestra dependencia colonial y nuestra "ingobernabilidad" política.
 
Hay quien teme que la ocasión de un diálogo pueda debilitar el nervio transformador en el interior del campo popular. Que pueda servir para "adecentar" a ciertas derechas y darle certificado de probidad democrática a gente que ha mostrado su ausencia de compromisos en esa materia. No parece demasiado sensato ese temor.
 
El núcleo duro de la derecha clasista y violenta, ése al que hay que terminar de desenmascarar ante millones de ciudadanos y ciudadanas, no está en condiciones de dialogar. Ahora bien, ¿con quién dialogaríamos entonces? De eso justamente se trata, de correr el cerco, de restarle homogeneidad a un bloque social que crece más cuanto más inestable y peligroso se vuelve el clima político nacional.
 
El campo popular no tiene nada bueno que esperar del progresivo recalentamiento del clima político, inexorable si no se le oponen iniciativas políticas amplias y creadoras. Ciertamente estas iniciativas están bloqueadas por lo que se conoce como "la grieta" argentina. Pero esa grieta es solamente una forma que ha adoptado el conflicto político argentino y no una fatalidad como se suele considerar.
 
¿Quiere decir entonces que el antagonismo político argentino podría ser disuelto por una "conversación entre damas y caballeros? Nada de esto hay en el objetivo de estas líneas. El antagonismo argentino es tan viejo como la patria y no desaparecerá antes de parir un país diferente, es decir justo, libre y soberano. A este objetivo no se llega apoyando siempre un mismo camino, una misma táctica, una misma retórica.
 
Ninguna de las fuentes político-ideológicas del campo popular, ninguno de sus grandes líderes participó en esa visión esquemática de la vida política. Más bien fueron diversos tipos de sectas las que lo prohijaron y desaparecieron sin dejar rastro.
 
"La única verdad es la realidad", esta enigmática frase que Perón rescató de la tradición aristotélica parece hoy una guía política eficaz. Se la puede interpretar como una fuerte advertencia contra el voluntarismo político y contra los esquemas políticos o teóricos que permanecen incólumes frente a cambios bruscos de la realidad.
 
No es un llamado a la resignación con el estado de cosas. No es un argumento para justificar el miedo. Es la condición misma de la política. Su carácter cambiante, su naturaleza más profunda. Su condición de práctica que se coloca por fuera y por encima de dogmas y de frases hechas.
 
En Argentina hemos sufrido un intento de magnicidio, en la persona de Cristina Kirchner. No tenemos del derecho de seguir pensando exactamente igual que antes de este parteaguas histórico, el primero por su gravedad en toda la historia independiente de Argentina. Está en juego la democracia. Está en juego la patria.
 
Por Edgardo Mocca
 
Fuente: El Destape
 

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05-02-2026 / 11:02
Sacar un adelanto de sueldo con el banco, tarjetear, tomar un préstamo se volvieron cosas habituales bajo el desastroso gobierno de Javier Milei. No poder pagar toda la tarjeta, refinanciar con intereses elevados o no pagar la cuota del préstamo genera mora y eso está aumentando mes a mes. El endeudamiento de los hogares argentinos entró en una zona crítica. Los últimos datos del Banco Central, analizados por el Instituto Argentina Grande, muestran un salto alarmante en la morosidad: el 11 por ciento de los créditos personales y el 9,2 por ciento de las tarjetas de crédito registran irregularidades en los pagos. Hace apenas 2 años, a fines de 2023, esos números eran muy distintos: 4,2 por ciento en préstamos personales y 1,7 por ciento en tarjetas.
 
Se trata de los niveles más altos desde que el organismo tiene registros, es decir, desde 2010. El fenómeno refleja una realidad concreta: los ingresos ya no alcanzan para cubrir gastos cotidianos como alimentos, tarifas o medicina privada. Frente a ese escenario, el desahorro y el endeudamiento dejaron de ser excepciones y pasaron a formar parte de la rutina de millones de familias. Cada vez más hogares recurren al pago mínimo de la tarjeta de crédito como estrategia para estirar el ingreso mensual. Esa práctica, que puede dar aire en el corto plazo, termina convirtiéndose en una trampa por las altas tasas de interés, que aceleran el deterioro de la capacidad de pago.
 
El problema no se limita al consumo diario. También crece la morosidad en los préstamos prendarios, generalmente destinados a la compra de autos, motos o maquinaria. En noviembre de 2025 alcanzó el 5,2 por ciento, cuando 2 años antes era del 2,7. Esto evidencia que el estrés financiero ya impacta en decisiones de mayor plazo y compromete el patrimonio familiar. El deterioro de estos indicadores expone un cuadro social cada vez más frágil. El crédito dejó de ser una herramienta para mejorar la calidad de vida y pasó a convertirse en un recurso de supervivencia que oculta la pérdida del poder adquisitivo.
 
Para muchas familias, especialmente jóvenes sin ingresos formales, el financiamiento no proviene de los bancos sino de cadenas comerciales, prestadores directos y, cada vez más, billeteras virtuales y fintech, que ofrecen créditos rápidos y de acceso inmediato. En ese terreno, la situación también es preocupante. La morosidad en compras de electrodomésticos alcanzó el 27 por ciento en julio de 2025, el valor más alto en más de 4 años. En el caso de los préstamos otorgados por fintech, el 18 por ciento presentaba incumplimientos en julio, pero estimaciones privadas indican que esa cifra ya ronda el 21 por ciento.
 
Los datos de la Encuesta Permanente de Hogares confirman el deterioro de las economías domésticas. En el segundo trimestre de 2025, el 48 por ciento de los hogares no logró cubrir sus gastos y debió recurrir a ahorros, venta de bienes o endeudamiento, tanto formal como informal. La clase media aparece como uno de los sectores más afectados: el 53 por ciento de sus hogares no logra llegar a fin de mes. Según datos del Indec publicados este viernes, el 60% de los asalariados gana menos de $950.000 en el tercer trimestre del año. Es decir, que la mayoría de los trabajadores viven con ingresos por debajo de la canasta de consumos mínimos que realiza la Junta Interna de ATE Indec (el promedio del tercer trimestre del año fue $1.941.853). Esta canasta no es un ideal ni un óptimo, pero se acerca a lo que se necesita para llegar a fin de mes.
 
Mientras el Gobierno libertario insiste en mentir con indicadores de estabilidad y crecimiento, la realidad que se vive puertas adentro de los hogares argentinos es otra: deuda creciente, ingresos que no alcanzan y una morosidad que ya funciona como termómetro del deterioro económico y social. Los hogares están endeudados porque los ingresos no alcanzan. Es urgente un aumento de emergencia de salarios, jubilaciones y programas sociales.
 
La Opinión Popular
 

04-02-2026 / 11:02
A través de la práctica de demorar la puesta en vigencia del cambio de ponderaciones que resulta de una encuesta de gastos de hogares más actualizada que la de 2004, que todavía se aplica, se verán afectados los ingresos reales de todos aquellos sectores que ajustan sus remuneraciones siguiendo el Índice de precios al consumidor (IPC), como jubilaciones, pensiones y asignaciones de la previsión social como la AUH, y se estará alterando el cálculo de variables fundamentales para la economía, como el producto bruto (que en el futuro va a ser recalculado a la baja) o la pobreza (en sentido inverso, en el futuro se demostrará que es mayor a la que actualmente se informe).
 
Así lo han puesto de manifiesto especialistas en el tema, entre ellos Alejandro Barrios, ex director del Indec, quien explicó que las ponderaciones resultantes de la Encuesta de Gastos de Hogares de 2017/18 "ya está disponible hace años, incluso la Ciudad de Buenos Aires ya la está aplicando; la demora en aplicarla a nivel nacional es que hay un gobierno que iba a implementar un cambio en los precios relativos, con subas importantes en los servicios regulados por el Estado (por quita de subsidios). La decisión fue parar la aplicación de los nuevos índices hasta que se completen esos cambios; y se considere que ya no van a seguir aumentando, mes a mes, el teléfono, la luz, el transporte, las prepagas, etc. Rubros que en el índice actualizado tienen un peso mucho mayor que en el de la canasta de gastos de hace 20 años".
 
En consecuencia, el índice que se seguirá aplicando "hasta que se complete el proceso de desinflación", en palabras de Luis Caputo, da como resultado un aumento de precios al consumidor inferior al que surge del cálculo con el nuevo índice. "Esto va a provocar en el futuro un recálculo de variables de los años anteriores, como pasó otras veces, pero esta vez con el agravante de que las autoridades actuales son conscientes de que demoran el cambio de fórmula para subestimar la inflación", agregó Barrios.
 
Así, por ejemplo, el cálculo del PBI tendrá probablemente una revisión, porque al desindexar los precios a una tasa más alta que la que se usa actualmente, resultará un PBI real (descontada la inflación) menor al que hoy se informa. En consecuencia, se recalculará a la baja el PBI de todos estos años (aumentos inferiores a los que ahora se informan, caídas superiores, e incluso subas leves que se transformarán en bajas).
 
Lo contrario sucederá con los índices de pobreza, ya que cuando en el futuro se recalculen los ingresos deflactados por un índice no subestimado como el actual, van a ser menores en términos reales, mientras que las canastas de precios al ser reajustados van a ser más altas. En consecuencia los índices de pobreza así recalculados resultarán más altos que los que ahora se informen.
 
Este manoseo de los índices en el corto plazo también podrá ser motivo de controversias, de parte por ejemplo de tenedores de bonos con variable CER (ajuste por inflación) o títulos con cláusula de ajuste UVA (también tiene un componente que varía según el IPC). Además, el cálculo del valor de las jubilaciones y pensiones se hace, mensualmente, de acuerdo al aumento del IPC en meses anteriores, por lo cual la sub estimación del índice va en desmedro de los perceptores de esos ingresos. Lo mismo vale para los que reciben la AUH y otras asignaciones que se ajustan periódicamente por la inflación.
 
Otro ingreso que se verá afectado es el salario, en la medida en que las paritarias se negocien en función de un índice de inflación que luego se demuestre que no era el real. "La decisión de que tendremos un índice de fantasía abre las puertas del infierno", advirtió el ex diputado nacional y ex dirigente de ATE Claudio Lozano. "De manera desembozada e impune decretan que ellos decidirán lo que debe dar la estadística pública sobre inflación. Lo ocurrido no hace más que explicitar lo que se venía observando en el funcionamiento del Indec, porque hace rato que debería haberse incorporado la Encuesta de Gastos de los Hogares del 2016/17 y se lo demoró sin ninguna razón estadísticamente válida".
 
La Opinión Popular
 

03-02-2026 / 11:02
Tras la renuncia de Marco Lavagna al frente del Indec, porque Javier Milei se niega a medir bien la inflación, Luis "Toto" Caputo decidió postergar la publicación de la nueva canasta de medición de precios, que daría una inflación mucho mayor. "Con el Presidente siempre pensamos que había que cambiarlo una vez que el proceso de desinflación estuviera consolidado", afirmó. O sea, nunca. El Gobierno libertario oculta así el fracaso económico mientras los trabajadores del organismo alertan por intervención.
 
La decisión de Milei y Caputo de suspender sin límites la actualización del IPC solo una semana antes de su puesta en marcha fue demasiado hasta para Lavagna, que había aceptado retrasarla hasta ahora, además de hacer magia con los índices de la inflación y la pobreza. Presentó la renuncia al Indec y fue reemplazado por su segundo, incondicional de Caputo.
 
No hay eufemismos ni figuras simuladas que tapen lo que realmente pasó, a sólo 8 días de que se conozca un IPC que debería estar actualizado, tal como lo había prometido el Gobierno: Lavagna confió internamente que salió del ente estadístico, precisamente, porque Milei y el ministro de Economía, Caputo, se negaban a implementar la nueva medición de inflación por la que él venía peleando hacía más de dos años. Horas más tarde, Caputo se vio obligado a salir a confirmar los dichos de Lavagna.
 
Los dichos de Caputo son escandalosos y abren dudas peligrosas respecto a los números, porque los técnicos del INDEC ya tenían medidos precios con el nuevo IPC y se había anunciado la aplicación de ese índice para el próximo martes 10, cuando se sepa la inflación de enero. Esa medición daba arriba del 3 por ciento, pero a Lavagna le pedían que esté en torno al 2 por ciento. Además, es polémico porque Caputo no le pone fecha a la nueva medición. Es decir, Milei y Caputo se niegan, sin fecha cierta, a medir la inflación con la Encuesta de Hogares del 2018, para seguir haciéndolo con la del 2004.
 
Una medición que no refleja el costo de vida de las familias. Lo que el Gobierno hace evitando actualizarlos, es que no se vean reflejados en enero los aumentos de tarifas, en un escenario donde además los alimentos vienen subiendo. En pocas palabras, Milei está midiendo la inflación con los mismos parámetros de gastos familiares que había 22 años atrás.
 
Lo que eran sospechas terminaron siendo confirmadas por el propio gobierno. El viernes pasado el Banco Central difundió el Informe de Política Monetaria donde se admite abiertamente que si se hubiese utilizado el nuevo IPC la inflación hubiese sido más alta en los últimos dos años por la suba de los servicios públicos, que recién a partir de ahora tendrán más peso en la canasta del Indec. El propio Banco Central confirmó la manipulación del índice de inflación.
 
Mientras la población siente que los salarios se pulverizan y el pluriempleo crece, los datos oficiales truchos muestran un aumento inflacionario "moderado", utilizado por el Gobierno anarco capitalista también para planchar paritarias y jubilaciones. Esta brecha entre la realidad social y las estadísticas alimenta la desconfianza generalizada, incluso entre especialistas.
 
La Opinión Popular
 

02-02-2026 / 11:02
El secuestro de Nicolás Maduro se transmitió en tiempo real por televisión y redes sociales, en una estudiada coreografía que hacía parecer toda la escena como parte de la última mega producción de Hollywood. A eso se sumó luego una campaña virtual de Donald Trump en la que se presentaba al mandatario como una especie de dueño del continente entero, incluyendo -sobre todo- a Groenlandia. El spin-off local de Trump no se queda atrás. Javier Milei, otra figura nacida en un set de TV, mezcla su presidencia con recitales masivos, romances fogosos y una cultura memética permanente en redes sociales. En todo el planeta es el momento de la política comic show, un juego que, a la vez, es mucho más que eso.
 
Milei construyó su llegada al poder desde los paneles de televisión. Allí mezcló gritos violentos, peleas salvajes y un aporte original: la capacidad de discutir autores económicos en prime time desde una matriz libertaria extrema. Su figura se nutrió además de otros condimentos: obras de teatro durante los veranos, noviazgos mediáticos -en 2018 salió con Daniela Mori, exintegrante de la banda de cumbia Las Primas-, revelaciones perturbadoras sobre su sexualidad tántrica, covers de temas de rock y clásicos, apariciones disfrazado como superhéroe y, por supuesto, su marca registrada: su extraña cabellera.
 
Mientras por un lado agita la violencia con invitaciones permanentes a "odiar más" y compara a sus rivales con monos o cucarachas, por el otro ofrece circo: el recital en el Movistar Arena, su show en el festival de Jesús María, una aparición en un canal de streaming oficialista junto a su perro clonado, un beso fogoso con su entonces pareja en un teatro costero, cuadros en la Quinta de Olivos donde se compara con Wolverine y con un león, una bizarra cuenta en inglés presentada mediante un cómic donde aparece volando sobre Buenos Aires como superhéroe.
 
A esta lista se suma su escasa preocupación por la higiene y el recambio de vestuario -con el mameluco de YPF como emblema, incluso en Davos- y su llanto desconsolado en el Muro de los Lamentos, una postal inédita para un presidente argentino. Con matices, todos estos episodios -los extravagantes y los violentos- comparten algo en común: arrastran la atención popular, dominan redes sociales y colonizan la agenda mediática y política, mientras corren los límites de lo decible en la sociedad argentina. "La primera estrategia de esta derecha es polarizar a la sociedad", explica el historiador Steven Forti en Extrema derecha 2.0. "No se trata de excentricidades, sino de una estrategia bien pensada."
 
Ese manual fue adoptado por la administración libertaria desde su llegada al poder. Cuando no fue el cierre del INADI o de Télam, fue un ataque a la comunidad homosexual, al periodismo o a alguna artista musical. Y cuando no había escándalo político, lo había estético: cuatro camperas en pleno verano, intentos de ocultar la papada o defensas públicas de películas de Guillermo Francella. De una u otra forma, siempre provocaba bronca, perplejidad o fascinación, emociones ideales que premian lo ruidoso.
 
Lo explica Giuliano da Empoli en Los ingenieros del caos, libro de cabecera del asesor presidencial Santiago Caputo: "El megáfono de Trump era la indignación de los medios." Con Trump y Milei ocurre lo mismo: se los puede amar o detestar, pero no ignorar.  Richard Nixon lo llamaba "la teoría del loco". Fingir irracionalidad para volverse imprevisible y, por eso mismo, temible. Trump lo dijo sin rodeos: "Xi Jinping sabe que estoy totalmente loco."
 
La pregunta es inevitable: ¿estamos ante líderes desbordados o ante personajes cuidadosamente construidos? "La banalidad de la locura", la llama el politólogo Brian Klaas: una saturación de exabruptos que termina anestesiando a la sociedad.
 
La Opinión Popular
 

01-02-2026 / 10:02
Desde su llegada a la Casa Rosada, Javier "Pinocho" Milei construyó un relato épico de gestión que, al ser contrastado con datos verificables, empieza a mostrar fisuras cada vez más profundas. Promesas infladas, cifras manipuladas, logros magnificados y afirmaciones directamente falsas forman parte de un patrón comunicacional que ya no puede explicarse como simples errores.
 
Se trata, cada vez más claramente, de una estrategia política basada en la distorsión sistemática de la realidad. Organizaciones especializadas en verificación de datos, como Chequeado, desmintieron en reiteradas oportunidades afirmaciones centrales del discurso presidencial. Uno de los ejemplos más notorios fue la declaración en la que Milei aseguró haber sacado a diez millones de argentinos de la pobreza.
 
El número, ampliamente difundido por el oficialismo, resultó ser metodológicamente incorrecto, engañoso y sin respaldo estadístico sólido. Si bien algunos indicadores mostraron leves mejoras, la magnitud del cambio real está muy lejos del relato triunfalista que el prescindente intenta instalar. Algo similar ocurrió con su afirmación de haber eliminado los piquetes en todo el país. Lejos de desaparecer, los cortes de calles continuaron registrándose, aunque con menor visibilidad y mayor intervención de las fuerzas de seguridad.
 
La reducción de protestas no equivale a su erradicación, pero Milei optó por presentar una victoria absoluta que los datos desmienten. La manipulación también alcanza el terreno histórico. En reiteradas ocasiones, el mandatario afirmó que la Argentina fue uno de los 3 países más ricos del mundo, una afirmación que no resiste el menor análisis serio de los registros económicos internacionales.
 
Esta construcción mítica, repetida hasta el cansancio, busca reforzar la narrativa del "paraíso perdido" arruinado por la política tradicional, aun cuando carece de sustento empírico. El uso irresponsable de información falsa no se limita a discursos oficiales. En redes sociales, Milei llegó a difundir encuestas inexistentes, atribuidas falsamente a la Fundación FOPEA, con el objetivo de desacreditar al periodismo.
 
La propia organización salió a desmentir públicamente la información, dejando al descubierto una práctica preocupante: la utilización deliberada de datos falsos para atacar a la prensa crítica. Este comportamiento no es aislado. Forma parte de una lógica de comunicación basada en la confrontación permanente, la exageración de logros, la victimización y la construcción de enemigos internos.
 
La distorsión de cifras y hechos se convierte así en una herramienta política para sostener un relato épico que muchas veces choca contra la realidad cotidiana de millones de argentinos. Mientras la inflación continúa afectando el poder adquisitivo, la recesión golpea al consumo y el ajuste impacta con fuerza en jubilados, trabajadores y sectores medios, el discurso presidencial insiste en mostrar una Argentina idealizada que pocos logran reconocer en su vida diaria.
 
En este contexto, la manipulación informativa no solo erosiona la credibilidad del Gobierno, sino que también debilita el debate democrático y el derecho ciudadano a estar informado con veracidad. Gobernar a base de datos falsos puede rendir frutos comunicacionales de corto plazo, pero tiene costos profundos. Cuando la mentira se convierte en política de Estado, la confianza pública se deteriora, la institucionalidad se debilita y el vínculo entre gobernantes y sociedad se vuelve cada vez más frágil. En definitiva, más que errores ocasionales, las distorsiones discursivas de Milei parecen responder a una estrategia clara: imponer un relato antes que explicar la realidad. Una apuesta peligrosa que, tarde o temprano, termina chocando contra los hechos.
 
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