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Internacionales - 12-09-2022 / 09:09
12 DE SEPTIEMBRE DE 1977

Steve Biko, el militante negro contra el apartheid, es muerto en Sudáfrica

Steve Biko, el militante negro contra el apartheid, es muerto en Sudáfrica
Steve Biko, uno de los líderes de la lucha contra el apartheid en Sudáfrica, muere asesinado a los 30 años. Había encabezado la lucha de los estudiantes de Soweto en junio de 1976.
Stephen Bantu Biko fue un dirigente de gran influencia en la movilización de la población negra oprimida bajo el régimen de apartheid de Sudáfrica. Había sido una figura clave en la creación de varias organizaciones políticas, incluyendo la Organización de Estudiantes de Sudáfrica y la Convención de los Pueblos Negros. Sus actividades políticas llevaron al gobierno racista a prohibir que Biko hablara en público, pero luego de su participación en el importante levantamiento de Soweto en 1976 fue arrestado al año siguiente.
 
El 12 de septiembre de 1977, en Pretoria (Sudáfrica), Biko, a los 30 años de edad, muere tras ser innecesariamente trasladado esposado y desnudo desde Puerto Elizabeth (1100 km). Se encontraba en coma por una hemorragia cerebral tras ser torturado (y posiblemente golpeado con un palo en la cabeza).
 
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Asesinato de Biko
 
El 18 de agosto de 1977, Biko fue detenido en un retén policial en Puerto Elizabeth, y encarcelado bajo la Ley Antiterrorista n.º 83 de 1967 e interrogado por agentes de la policía de seguridad (que incluían a Harold Snyman y Gideon Nieuwoudt).
 
El interrogatorio tuvo lugar en la Sala de Policía 619 (un reconocido centro de torturas) del Edificio Sanlam, en Puerto Elizabeth. El interrogatorio duró 22 horas e incluyó la tortura y las palizas que le provocaron estado de coma.
 
Desde allí (posiblemente el 20 de agosto) fue llevado hasta la comisaría de Walmer, en un suburbio de Puerto Elizabeth, donde fue encadenado inconsciente a la reja de una ventana durante todo un día. Posiblemente mientras estaba en este sitio sufrió otra lesión importante en el cráneo.
 
Veinte días después, el 11 de septiembre de 1977, la policía lo cargó en la parte trasera de un Land Rover, desnudo y esposado, y lo trasladó 1100 km hasta una prisión con instalaciones hospitalarias en Pretoria -en realidad podría haber sido hospitalizado en Puerto Elizabeth-. Estaba casi muerto debido a las lesiones anteriores. Falleció poco después de su llegada a la prisión de Pretoria, el 12 de septiembre.
 
La policía afirmó que su muerte había sido resultado de una prolongada huelga de hambre, pero la autopsia reveló múltiples contusiones y abrasiones, y que en última instancia, había muerto debido a una hemorragia cerebral generada por las lesiones masivas en el cráneo, que muchos consideraron como una fuerte evidencia de que había sido brutalmente golpeado por sus captores, posiblemente con un palo.
 
Donald Woods, periodista, editor y amigo íntimo de Biko, junto con Helen Zille (que más tarde sería la líder del partido político Alianza Democrática), expusieron la verdad acerca de la muerte de Biko. Fue la 23.ª persona que murió bajo misteriosas circunstancias en los calabozos de Sudáfrica.
 
Fuente: Wikipedia 

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El bantú Steven Biko dirigió al enormemente influyente Movimiento de la Conciencia Negra.
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En el Frente de Todos existe coincidencia en marcar la gran elección que hizo Lula da Silva, al llegar en primera vuelta al 48,5%. Pero también admitían la preocupación por la consolidación de un espacio de ultraderecha, una novedad en la política de la región. Para explorar las posibles consecuencias en la campaña argentina, aconsejaban esperar ver lo que quedaba de campaña y el resultado del segundo turno del 30 de octubre.
 
El triunfo de Lula sobre Jair Bolsonaro en la primera vuelta de las elecciones presidenciales brasileñas dejó un sabor agridulce en quienes se identifican con una visión progresista de la sociedad y miran con preocupación el avance de las ultraderechas en la región y en el mundo. Las fallas groseras de la mayoría de las encuestas previas a los comicios fueron el principal alimento de esos sentimientos encontrados, ya que habían despertado grandes expectativas sobre un triunfo holgado del líder del Partido de los Trabajadores que, luego, las urnas no ratificaron.
 
En verdad, los sondeos previos acertaron, con buen grado de precisión, los votos que obtuvo Lula, pero subestimaron en por lo menos diez puntos los que cosechó Bolsonaro. De ahí que los cinco puntos de diferencia que finalmente sacó el expresidente tuvieron sabor a poco entre sus simpatizantes.
 
No deja de ser llamativo que ese resultado (48,4% de Lula contra 43,2% de Bolsonaro) se aproxima bastante al que se dio en Argentina el año 2019 (48,2% de Alberto Fernández contra 40,2% de Mauricio Macri). En ambos casos los oficialismos de derecha fueron vencidos por espacios populares que no alcanzaron, por poco margen, la mitad de los sufragios.
 
Pero en su favor debe reconocerse que superaron el 40% de los votos a pesar del sesgo antipopular de sus gestiones; un nivel muy alto que denota la consolidación del voto de derecha en la región y en el mundo. Esta realidad se ve reflejada muy bien en la frase -de una amarga ironía- que dice: "El producto más acabado del capitalismo es el pobre de derecha". Para lograr tan altos guarismos los representantes de la derecha neo (neoliberal con cuotas variables de neofascismo) recogen votos del electorado de origen popular que parece expresar así niveles crecientes de insatisfacción y desilusión, exacerbados por los grandes medios de la derecha.
 
Algunos datos de la realidad brasileña, especialmente los referidos a la brutal desigualdad social, quizás ayuden a entender algo mejor tan complejos procesos. Según la organización Oxfam el 5% más rico de la población de Brasil tiene los mismos ingresos que recibe el 95% restante; por otra parte es el tercer país más desigual de América Latina detrás de Colombia y Honduras, y el décimo más desigual del mundo.
 
El proceso de inclusión social que había iniciado Lula da Silva bajo su primera presidencia fue rápidamente neutralizado por el conservadurismo bolsonarista. Además el líder del PT había logrado ubicar a Brasil como la sexta economía mundial, logro que también arruinara la derecha al hacerla retroceder al décimo tercer lugar. Todo indica que la degradación social operó como tierra fértil para que germinen las semillas del autoritarismo más violento y retrógrado. Y en ese suelo debe sembrar hoy Lula da Silva su proyecto reparador.
 
El triunfo no parece lejano para el PT pues está a solo 1,6 puntos de la meta. Pero tendrá que resistir los embates del bolsonarismo que no reconoce límites a la hora de agredir con la violencia y la mentira. Son horas decisivas no solo para los brasileños sino también para toda Latinoamérica.
 
La Opinión Popular
 

04-10-2022 / 09:10
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