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Sociedad e Interés General - 11-09-2022 / 07:09
REVOLUCIÓN DEL 11 DE SEPTIEMBRE DE 1852

En 1852, los porteños se separan de la Argentina

En 1852, los porteños se separan de la Argentina
Bartolomé Mitre y Justo José de Urquiza.
Tras el derrocamiento de Juan Manuel de Rosas, el general Justo José de Urquiza concretó la organización del país por medio de una constitución para la Confederación Argentina. Entre las imposiciones que se realizaban a Buenos Aires estaba nacionalizar los ingresos aduaneros de su puerto y federalizar su ciudad capital, Buenos Aires, que pasaría a ser capital de la Confederación.
 
Esto no fue de agrado de los centralistas porteños, que experimentaban una prosperidad muy superior al resto de las provincias gracias a los ingresos de la Aduana. Así, algunos grupos de políticos unitarios porteños apoyaron la exclusión de Buenos Aires de la Confederación, recién creada.

El 11 de septiembre de 1852 los unitarios toman el poder en Buenos Aires, excluyendo a los partidarios y representantes del general Urquiza; éste se negó a aplastar la rebelión, por considerar que gozaba de apoyo popular. Sólo después de que perdiera la posibilidad de derrotarlos, Urquiza supo que el Estado de Buenos Aires declaraba no reconocer ninguna autoridad nacional exterior a sí misma.
 
Después de años de enfrentamientos, el 23 de octubre de 1859 se libró la Batalla de Cepeda, con el triunfo de la Confederación, y se suscribió el Pacto de San José de Flores por el cual Buenos Aires se reincorporó y se produjo la reforma constitucional de 1860.

Finalmente, el 17 de septiembre de 1861, se dio la Batalla de Pavón, con un triunfo de Bartolomé Mitre, comandante de las fuerzas porteñas. De esta manera, se acordó el regreso de Buenos Aires a la Confederación, pero bajo los términos que la provincia impusiese.
 
Los porteños se comprometieron a compartir un porcentaje de sus ingresos aduaneros durante cinco años. De esta manera, el gobernador Mitre disolvió el Estado de Buenos Aires, reincorporándose como provincia a la República Argentina.
 
La Revolución del 11 de septiembre de 1852 fue el triunfo de una elite de la sociedad porteña, unitaria y centralista, subida al odio y menosprecio hacia todo lo que representaba el interior federal. Por 10 años Buenos Aires y la Argentina pasarían sus días separados en dos Estados independientes.
 
En ese período aciago, la sangre de los argentinos inundaría los campos linderos al Arroyo del Medio en las batallas de Cepeda y Pavón. La Plaza Once, en Capital, es el actual y absurdo homenaje porteño al más rancio centralismo y el recuerdo amargo de una etapa funesta para los argentinos.
 
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En 1852, los porteños se separan de la Argentina
Plaza Once (foto histórica) es el actual y absurdo homenaje porteño al más rancio centralismo y el recuerdo amargo de una etapa funesta.
En 1852, los porteños se separan de la Argentina
Una caricatura, dibujada por Henry Meyer, tiene como protagonistas a Bartolomé Mitre y Justo José de Urquiza. Se comentaba por esos tiempos que el presidente Mitre solía "abrir el paraguas" y mostrarse indiferente ante la lluvia de problemas que caía sobre su gobierno (La Guerra contra Paraguay, el bloqueo del puerto de Montevideo, etc. –palabras de las que se cubre con su paraguas), y Urquiza se adaptaba a las decisiones de quien lo había vencido.
02-04-2026 / 12:04
El 02 de abril de 1982, cumpliendo con una reivindicación nacional, de tenaces y profundas raíces, la Argentina recupera las Malvinas por la fuerza, usurpadas por Gran Bretaña desde 1833. Así, los argentinos emprendimos una guerra justa por nuestra soberanía en las islas, más allá del pésimo manejo y de la oscura motivación de los jerarcas militares que proyectaron el conflicto.

Los soldados, marinos y aviadores que participaron de la guerra libraron distintas batallas al mismo tiempo: contra los británicos, asistidos por los yanquis y el dictador chileno Pinochet, pero también contra la incapacidad y la inoperancia del propio gobierno del dictador militar Leopoldo Galtieri, que "acompañó" la lucha aportando desinformación, manipulación y triunfalismo.

Nuestros soldados pelearon con coraje y valentía, en actos de verdadero heroísmo, a pesar de haber protagonizado un conflicto perdido de antemano, declarado por un gobierno militar tambaleante, que inició una guerra en condiciones militarmente absurdas, buscando una legitimación popular que no tenían para mantenerse en el poder, y que no entendió nunca la dimensión de las potencias enemigas contra las que se plantaba.
 
La suerte de los combates impusieron la fuerza de la OTAN y nuestras islas volvieron al dominio británico. Como resultado, el gobierno militar cayó en desgracia con los EE.UU., que cambió su estrategia de apoyo para con las dictaduras de América Latina, que eran mayoría y se derrumbaron una a una. Así, una de las consecuencias de la guerra fue la retirada del gobierno militar y la vuelta a la democracia en la Argentina, en 1983.

 
Hoy, lamentablemente, el Presidente Javier Milei, fanático admirador de Margaret Thatcher, no defiende la Causa Malvinas y abrió la puerta a que los habitantes de las islas decidan sobre la soberanía, algo que contradice el histórico reclamo argentino. Y además es un cipayo incondicional de EE.UU., el gran aliado de Inglaterra en la OTAN.
 
Cuarenta y tres años después, la guerra de Malvinas es, todavía, un episodio no saldado que sigue vigente. Hoy, la lucha por la soberanía argentina sobre las Malvinas pasa por mantener firme el reclamo y por un debate permanente para fortalecer el consenso internacional, entre nuestros aliados latinoamericanos y de otros continentes, sobre la legitimidad del reclamo argentino respecto a las islas del Atlántico sur. 
 
Hay deudas que siguen vigentes y un reclamo soberano que no cesa. La recuperación y valoración de la gesta es una obligación con nuestra conciencia histórica como Nación, con nuestros compatriotas muertos en estas islas argentinas, con los veteranos combatientes que sobrevivieron y con nuestros derechos a la imprescriptible soberanía en Malvinas, Sándwich y Georgias del Sur.

 
Escribe: Blas García

03-03-2026 / 20:03
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