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Internacionales - 04-09-2022 / 08:09
EL 4 DE SEPTIEMBRE DE 1970 EL PUEBLO CHILENO LO ELIGE

Salvador Allende es electo presidente de Chile por la Unidad Popular

Salvador Allende es electo presidente de Chile por la Unidad Popular
Celebraciones por el triunfo de Allende en las elecciones de 1970. Manifestación frente a la Universidad Católica en la Alameda en Santiago.
El 04 de septiembre de 1970 el pueblo chileno elige presidente a Salvador Allende. El Banco Mundial suspende inmediatamente todos los préstamos y el mismo día comienza la conspiración para derrocarlo. Desde Washington, el canciller Henry Kissinger explica: "No veo por qué tendríamos que quedarnos de brazos cruzados, contemplando cómo un país se hace comunista debido a la irresponsabilidad de su pueblo".
 
Pocas veces se advierte la inmensa estatura que ha alcanzado la figura histórica del presidente Allende. Su nombre se encuentra en las más diversas latitudes, en diversas ciudades del planeta. En Chile, todavía hoy, se insiste en la burda caricatura con que la propaganda de derechas estigmatizó al que fuera el líder de una de las primeras revoluciones democráticas en el mundo entero.
 
La experiencia chilena mostró que el reclamo por justicia social puede conjugarse con los cánones de una democracia. Esta idea fundamental, que no ha perdido en absoluto su pertinencia en América Latina, se adelantó varias décadas a los debates de las izquierdas en las postrimerías de la ex Unión Soviética y a los aportes teórico-políticos del llamado "euro-comunismo".
 
La Opinión Popular
 
Salvador Allende
 
Por Álvaro Cuadra
 
Se ha pretendido escindir la figura del presidente Allende en la de un demócrata tradicional, senador de la república, de aquella de un revolucionario apasionado. Dos rostros que,- como el dios Jano - no obstante, coexisten en una misma cabeza, sin advertir que allí radicó, precisamente, la profunda lozanía y novedad de la experiencia chilena.
 
El desafío que planteó el doctor Allende a la sociedad chilena, y por el que dio su propia vida, no es otro que insuflar de su pleno sentido el concepto de "democracia", una tarea que sigue pendiente en nuestro país.
 
Construir un orden social más justo en que la dignidad humana sea la medida de todas las cosas y no el lucro y la codicia. Construir un orden social y político plural, diverso, en que todos encuentren su lugar. Tal como señaló Salvador Allende en un palacio presidencial bombardeado y envuelto en llamas: "La historia la hacen los pueblos"
 
En la actualidad, las nuevas generaciones de estudiantes, trabajadores, hombres y mujeres, conscientes o no de ello, vuelven sobre un camino que es, paradojalmente, distinto y sin embargo, el mismo: Construir una democracia amplia e inclusiva en que la educación, la salud y la previsión social no estén sometidas a la lógica del dinero, castigando a la clase media y a los más pobres.
 
Cada generación es convocada a protagonizar su historia, retomando la senda hollada por el sufrimiento de tantos. Los chilenos de hoy están convocados a escribir su historia, una nueva constitución que deje atrás los decretos militares redactados en los sótanos de una dictadura.
 
Cada marcha en las calles, cada pancarta y cada grito testimonia en el "ahora" de esta historia, los ecos de un "otrora" acallado por mucho tiempo. La voz de Salvador Allende resuena hoy como la de un hombre digno que contrasta con las miserias de la política contemporánea.
 
Como toda figura histórica universal, su propia estatura minimiza aquella de sus verdugos y detractores interesados. Finalmente, en la perspectiva de la historia es su voz valiente la que se hace eterna y silencia para siempre la de quienes en nombre de sus sórdidos intereses encarnaron la infamia, la mentira y la traición.
 
Fuente: Bolpress 

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Salvador Allende.
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04-10-2022 / 12:10
En el Frente de Todos existe coincidencia en marcar la gran elección que hizo Lula da Silva, al llegar en primera vuelta al 48,5%. Pero también admitían la preocupación por la consolidación de un espacio de ultraderecha, una novedad en la política de la región. Para explorar las posibles consecuencias en la campaña argentina, aconsejaban esperar ver lo que quedaba de campaña y el resultado del segundo turno del 30 de octubre.
 
El triunfo de Lula sobre Jair Bolsonaro en la primera vuelta de las elecciones presidenciales brasileñas dejó un sabor agridulce en quienes se identifican con una visión progresista de la sociedad y miran con preocupación el avance de las ultraderechas en la región y en el mundo. Las fallas groseras de la mayoría de las encuestas previas a los comicios fueron el principal alimento de esos sentimientos encontrados, ya que habían despertado grandes expectativas sobre un triunfo holgado del líder del Partido de los Trabajadores que, luego, las urnas no ratificaron.
 
En verdad, los sondeos previos acertaron, con buen grado de precisión, los votos que obtuvo Lula, pero subestimaron en por lo menos diez puntos los que cosechó Bolsonaro. De ahí que los cinco puntos de diferencia que finalmente sacó el expresidente tuvieron sabor a poco entre sus simpatizantes.
 
No deja de ser llamativo que ese resultado (48,4% de Lula contra 43,2% de Bolsonaro) se aproxima bastante al que se dio en Argentina el año 2019 (48,2% de Alberto Fernández contra 40,2% de Mauricio Macri). En ambos casos los oficialismos de derecha fueron vencidos por espacios populares que no alcanzaron, por poco margen, la mitad de los sufragios.
 
Pero en su favor debe reconocerse que superaron el 40% de los votos a pesar del sesgo antipopular de sus gestiones; un nivel muy alto que denota la consolidación del voto de derecha en la región y en el mundo. Esta realidad se ve reflejada muy bien en la frase -de una amarga ironía- que dice: "El producto más acabado del capitalismo es el pobre de derecha". Para lograr tan altos guarismos los representantes de la derecha neo (neoliberal con cuotas variables de neofascismo) recogen votos del electorado de origen popular que parece expresar así niveles crecientes de insatisfacción y desilusión, exacerbados por los grandes medios de la derecha.
 
Algunos datos de la realidad brasileña, especialmente los referidos a la brutal desigualdad social, quizás ayuden a entender algo mejor tan complejos procesos. Según la organización Oxfam el 5% más rico de la población de Brasil tiene los mismos ingresos que recibe el 95% restante; por otra parte es el tercer país más desigual de América Latina detrás de Colombia y Honduras, y el décimo más desigual del mundo.
 
El proceso de inclusión social que había iniciado Lula da Silva bajo su primera presidencia fue rápidamente neutralizado por el conservadurismo bolsonarista. Además el líder del PT había logrado ubicar a Brasil como la sexta economía mundial, logro que también arruinara la derecha al hacerla retroceder al décimo tercer lugar. Todo indica que la degradación social operó como tierra fértil para que germinen las semillas del autoritarismo más violento y retrógrado. Y en ese suelo debe sembrar hoy Lula da Silva su proyecto reparador.
 
El triunfo no parece lejano para el PT pues está a solo 1,6 puntos de la meta. Pero tendrá que resistir los embates del bolsonarismo que no reconoce límites a la hora de agredir con la violencia y la mentira. Son horas decisivas no solo para los brasileños sino también para toda Latinoamérica.
 
La Opinión Popular
 

04-10-2022 / 09:10
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