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Nacionales - 02-07-2022 / 11:07
LO QUE DEJÓ EXPUESTO LA VISITA DE ALBERTO FERNÁNDEZ

¿Por qué Gerardo Morales se ensaña con Milagro Sala?

¿Por qué Gerardo Morales se ensaña con Milagro Sala?
El discurso "moderado" del gobernador Morales a nivel nacional contrasta con la imposición de una Corte, jueces y fiscales adictos para encarcelar a Milagro Sala y, con acusaciones falsas, demonizarla para que la sociedad consienta la transgresión de los principios más elementales de la democracia.
Aunque Milagro Sala fuera el diablo en persona, como la pinta el gobernador jujeño, tampoco hubiera sido excusa legítima para imponer una Corte, jueces y fiscales adictos y corromper testigos supuestamente con el único objetivo de perseguirla, encarcelarla en forma irregular y con acusaciones falsas, demonizarla y martirizarla.
 
En esa escena que involucra al Partido Radical, un partido que se asume como guardián de la República y las instituciones democráticas, está incubado el argumento de las dictaduras para justificarse, así como el respaldo que siempre tuvieron desde un sector de la sociedad.
 
La reacción airada de Gerardo Morales por la visita de Alberto Fernández a la prisionera, la carta donde ironizó sobre el reclamo de cárcel común para los que violaron los derechos humanos, la presencia patética frente a la clínica de un grupito de cinco o seis personas que se autodesignaba como "víctimas de Milagro Sala" y la irrupción destemplada de una agente penitenciaria en el cuarto donde la prisionera se repone de su trombosis, para decirle que deberá estar presa hasta 2024 por la causa del "robo de las bombachas", describen el escenario que protagonizan el gobernador republicano y la dirigente social "terrorista".
 
Por encima de los colores políticos, en esa escena, el terrorista es el gobernador que la orquestó para contrarrestar el efecto que pudiera tener la visita solidaria del Presidente. Hay ciertos ecos, resplandores y reflejos de la forma cómo reaccionaba la dictadura cuando la acusaban los organismos de derechos humanos internacionales.
 
Pasa lo mismo con la estructura de la justificación con la que busca la complicidad de los ciudadanos: "Era la única forma de recuperar la paz y poder gobernar". Una clase media enojada por los cortes de ruta de los movimientos sociales que se referenciaban en Milagro Sala quiere creer esos argumentos y respalda al gobernador, aún cuando sabe que transgredió los principios más elementales de un país democrático.
 
La decisión "oportuna" del juez, la violencia de la agente penitenciaria y el grupito mandado para protestar resultan tan bizarros, tan propios de un tiranuelo, que demuestran que, en vez de ocultarlo, el gobernador incluso se jacta de lo que hizo, porque un sector de la sociedad jujeña lo aplaude, fue su carta más fuerte en las elecciones.
 
La justificación también trae reminiscencias de los argumentos de la dictadura: "para defender a las instituciones, las rompemos", o "el golpe es para defender la democracia" o "tuvimos que invadir la Corte y designar jueces propios porque era la única forma de detenerla". Hay un retintín, un regusto familiar a dictadura no tan lejano.
 

 
Tiene sentido que esta situación de persecución a una dirigente social y a la organización que dirige (la Túpac Amaru), y con esos argumentos, despida esas emanaciones. Y también la tiene el respaldo, casi complicidad, que consigue en una parte de la sociedad jujeña, porque en sus primeros años la dictadura tuvo un respaldo similar en cuanto a la complicidad de usurpar las instituciones para disciplinar y poner en caja a la protesta social.
 
Ese voto de respaldo sabe que Morales intrusó con dos de sus diputados a la Corte provincial, sabe que digitó jueces y fiscales y que compró y presionó a testigos. Paradójicamente, es un voto que a nivel nacional es convocado por el discurso de lo opuesto. Lo que revela esa supuesta ambigüedad es que si se trata de alguien propio, puede hacer lo que le dé la gana: cortar rutas con La Rural, manipular a la Justicia y mentir.
 
Porque la otra pata de esa estrategia es la mentira al estilo de las falsas noticias o fake news. No puede justificar ante la sociedad el atropello a la Justicia sólo para meter presa a una dirigente popular. Para explicarlo y que lo acepten, necesita demonizar a su víctima, convertirla en el enemigo público, un criminal peligroso.
 
Cuando reaccionó para criticar la visita de Alberto Fernández a Milagro Sala, Morales mintió, dijo que era responsable de "muertes", de "acciones terroristas", "de cientos de víctimas que sufrieron la violación de sus derechos humanos".
 
Pero ella no está presa por asesinato, ni por acciones terroristas. Y le abrieron trece causas. Ni los represores de la dictadura tienen tantas. Si fuera responsable por alguno de esos delitos graves, estaría presa por esa causa. Pero la causa que un juez sacó de la manga para hostilizar aún más a Milagro Sala cuando se estaba reponiendo de una trombosis venosa profunda fue por el robo de unas bombachas supuestamente tras una pelea entre dos feriantes. Y Milagro ni siquiera estaba en el lugar. Le dijeron que habían sacado mal las cuentas y por eso tenía que cumplir dos años más de condena.
 
Cumple condena porque fue acusada de desviar dinero destinado a la construcción. Con el dinero que le asignaron, la organización de Milagro Sala construyó más casas de las que hubiera construido una empresa privada. No existe forma de que después de construir barrios como los de Alto Comedero, con cuatro mil viviendas, quedara nada para desviar. Solamente podía ser condenada por un tribunal adscripto al gobernador.
 
Ningún gobierno en la historia de Jujuy construyó más casas que la Túpac Amaru y Milagro Sala. Pudo hacerlo porque al mismo tiempo organizó cooperativas de trabajo para la construcción y fábricas de bloques, además de escuelas, salas de salud y gimnasios y piletas de natación en los barrios que construyó. Pero el tribunal local,  la Casación provincial y la Suprema Corte de Jujuy la condenaron a trece años por ser "jefa de una asociación ilícita" que se dedicaba a estafar al Estado. El procurador interino, Eduardo Casal, obviamente se sumó a la campaña y ahora deberá resolver la Corte Suprema nacional.
 
Resulta claro que esas obras le confirieron una poderosa convocatoria popular y la convirtieron en un referente de poder importante en Jujuy. Por esa razón el gobernador radical necesitaba destruirla. Si hubiera hecho la mitad de lo que hizo y se hubiera apropiado del dinero, no hubiera sido tan peligrosa para el gobernador radical.
 
Gerardo Morales estuvo el jueves con intendentes radicales de la provincia de Buenos Aires. Junto con Facundo Manes, son los radicales que disputan dentro de Juntos para el Cambio por la candidatura presidencial para el 2023. El gobernador ensaya un discurso moderado, que trata de posicionar al radicalismo frente a Mauricio Macri.
 
En simultáneo, el hombre que habla contra la grieta y los extremos, trae detrás de sí la imagen de Milagro Sala presa y humillada sólo por haber sido una dirigente social con gran poder de convocatoria. Es el moderado que pudo arrasar con el Poder Judicial de su provincia para encarcelar, mortificar y atormentar en forma cruel y persistente a la figura que representa la voz de los excluidos; es el ciudadano civilizado que no tiene piedad con los que ponen en peligro la estabilidad de un sistema injusto que se molesta por las protestas y no escucha los reclamos.
 
El combo del hombre moderado que habla sumado a los hechos autoritarios que lo preceden es más peligroso que el gritón desaforado de los libertarios. Aunque después se arrepintió, la sociedad de a pie que respaldó a las dictaduras y el orden de los cementerios, la que se regodeó con el prejuicio que genera odio y crueldad hacia quienes piensan diferente, constituye la piedra más pesada para arrastrar en el camino a una convivencia democrática en paz. Esa piedra está muy reflejada en la abyecta persecución contra Milagro Sala.
 
Por Luis Bruschtein
 
Fuente: Página12
 

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02-04-2026 / 18:04
02-04-2026 / 18:04
01-04-2026 / 14:04
La Argentina de Javier Milei ha ingresado en una fase peligrosa: la de la construcción de una realidad paralela. Mientras las persianas de las pymes se bajan definitivamente, los comedores populares se desbordan y el consumo de leche cae a niveles históricos, el Gobierno nacional ha decidido que la mejor manera de combatir la pobreza no es con políticas públicas, sino con un lápiz y una goma de borrar en las oficinas del INDEC.


El reciente anuncio que sitúa la pobreza en un 28,2% para el segundo semestre de 2025 no es solo una provocación; es un insulto a la inteligencia de un pueblo que sobrevive en el ajuste más brutal de la historia argentina moderna. Estamos ante el "milagro estadístico" de un gobierno que pretende hacernos creer que, en medio de una recesión galopante y salarios de miseria, la pobreza ha retrocedido por arte de magia.



Javier Milei ha decidido abrazar el dogma por encima de la vida. Su gestión se ha convertido en una maquinaria de propaganda que utiliza la macroeconomía financiera para ocultar la microeconomía de la heladera vacía. Festejar un 28,2% de pobreza en un contexto de desguace del Estado, entrega de la soberanía y destrucción del mercado interno no es solo cinismo; es una declaración de guerra contra la realidad.



El Gobierno podrá seguir "dibujando" números y publicando gráficos en redes sociales, pero la calle tiene su propia estadística. Y en esa estadística, la que se mide en el boleto de colectivo, en el alquiler impagable y en el plato de comida que falta, el modelo de Milei solo ha demostrado ser un éxito en una sola cosa: en producir una miseria estructural que ningún comunicado oficial podrá ocultar por mucho tiempo. El despertar de este sueño estadístico será, lamentablemente, una pesadilla social de la que nos costará años recuperarnos.


De la redacción de La Opinión Popular

31-03-2026 / 16:03
29-03-2026 / 15:03
La gestión de Javier Milei atraviesa un momento muy complejo, atrapada en una tenaza que combina corrupción sistémica y degradación económica. La narrativa de austeridad se ha quebrado frente a pruebas judiciales contundentes: por un lado, el Caso $LIBRA, donde el peritaje técnico confirma un esquema de promoción de estafas piramidales que involucra directamente al Presidente y a Karina Milei por presuntos cobros millonarios; por otro, el escándalo de Manuel Adorni, cuya utilización de vuelos privados y un crecimiento patrimonial injustificado -que incluye mansiones y gastos de lujo- lo colocan como el nuevo emblema de los privilegios que el Gobierno prometió desterrar.

Sin embargo, el factor que transforma estos escándalos en un veneno letal para el oficialismo es el contexto de asfixia social. La paciencia popular, que hasta hace poco funcionaba como un cheque en blanco, se está agotando ante una realidad incontrastable marcada por la pobreza récord Con indicadores que ya superan el 55%, el ajuste ha dejado de caer sobre la política para ensañarse con la clase media y los sectores vulnerables; la inflación persistente, la cual, a pesar del discurso oficial, el costo de vida -especialmente en alimentos y servicios públicos- sigue demoliendo el poder adquisitivo de los salarios. A esto se le suma la crisis de expectativas: El contraste entre el "no hay plata" para comedores escolares y el despliegue de recursos en el entorno de Adorni ha roto el vínculo de confianza con su base electoral.


En definitiva, la caída en las encuestas no es solo producto de los tribunales; es el resultado de un modelo que pide sacrificios extremos a la población mientras sus máximos referentes se ven cercados por causas de corrupción que huelen a vieja política. La "libertad" parece haberse convertido, para el círculo íntimo del poder, en la libertad de gozar de privilegios mientras el resto del país cae en la indigencia.


De la redacción de La Opinión Popular

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