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Nacionales - 27-06-2022 / 12:06
PANORAMA POLÍTICO NACIONAL

Cristina Kirchner vs el Movimiento Evita: el plan para acabar con los planes

Cristina Kirchner vs el Movimiento Evita: el plan para acabar con los planes
Cristina Fernández de Kirchner responsabiliza de manera directa a Emilio Pérsico y Fernando “el Chino” Navarro, plana mayor del Movimiento Evita, por el anuncio inconsulto de primarias abiertas en 2023 para todos los cargos en el Frente de Todos que hizo el presidente Alberto Fernández en noviembre pasado.
Cristina Fernández de Kirchner responsabiliza de manera directa a Emilio Pérsico y Fernando "el Chino" Navarro, plana mayor del Movimiento Evita, por el anuncio inconsulto de primarias abiertas en 2023 para todos los cargos en el Frente de Todos que hizo el presidente Alberto Fernández en noviembre pasado.
 
Fue en un acto en Plaza de Mayo al que el kirchnerismo acudió convocado para apoyar al gobierno tras la derrota en las elecciones de medio término y se volvió aturdido por la novedad, que de un tirón y sin anestesia despojaba a la vicepresidenta de su potestad, en tanto accionista mayoritaria de la coalición, para trazar el rumbo estratégico.
 
Allí, en ese momento y con ese acto y a causa de esa decisión, se terminó de romper un vínculo que ya mostraba fisuras a partir del pobrísimo resultado obtenido por el oficialismo en las urnas.
 
Este lunes, en la coda del largo discurso que dio ante un plenario de delegados de la CTA, CFK aceptó el desafío. Su propuesta de revisar el rol de los movimientos sociales y la estructura del sistema de seguridad social en general responde a motivos ideológicos y electorales, queda claro, pero sobre todo es un movimiento táctico pensado en función de la interna peronista, que llegará a su definición, a mediados del año que viene, revuelta en el mejor de los casos.
 
Prudente, Fernández de Kirchner quiere evitar sorpresas. En una misma jugada le hace un guiño a los sectores medios, congrega a su alrededor a gobernadores e intendentes, históricamente en conflicto con las "orgas" sociales, e intenta limitar un financiamiento millonario que sale de las arcas del Estado y, anticipa, terminará alimentando una campaña en su contra.
 

 
Hay un punto donde son incompatibles las dos posiciones. Los dirigentes sociales creen que en el estadío actual del capitalismo existen niveles de exclusión estructurales que son irreversibles y que a quienes quedan en ese circuito, que llaman Economía Popular (trabajadores informales, precarizados, en negro, changarines, domésticos o a cargo de tareas de cuidado) el Estado sólo puede aspirar a garantizarles la subsistencia que el mercado les negó.
 
Según esta misma lectura, la complejidad de las carencias y la lejanía que tiene esa cotidianeidad con las agencias y la infraestructura pública hacen necesaria su intermediación, aunque a ellos no lo plantean en esos términos porque se perciben como el emergente político de esa comunidad organizada, parte en interesada en lugar de intercesores de una relación ajena.
 
La vicepresidenta, por su parte, se resiste a resignarse a esa situación. No lo enuncia como una opinión personal sino con el peso de una sentencia política: "El peronismo es laburo, trabajo. No es depender de un dirigente barrial para que me dé el alta o la baja", dijo el lunes. Lo que no dijo, pero está ahí, apenas por debajo de la superficie de su discurso, es que la mayoría de la sociedad argentina, particularmente aunque no sólo los sectores medios y medios bajos que se han acercado y alejado del peronismo pendularmente durante la última década, rechaza ese modelo.
 
Cada vez que un dirigente kirchnerista recuerda ante un micrófono el caudal de votos que tuvo el Movimiento Evita cuando jugó por afuera debe leerse como un recordatorio sobre la falta de consenso que reúnen sus propuestas electorales, incluso dentro de sus propias filas.
 
Por el contrario, otro tipo de políticas públicas sí tiene un atractivo para los votantes argentinos, comprobado no en la teoría sino en la práctica en dos ocasiones. La Asignación Universal por Hijo entró en vigencia, por decisión de Fernández de Kirchner, en octubre de 2009, meses después de una estrepitosa derrota en las urnas. El programa alcanzó a tres millones y medio de niños y niñas.
 
Dos años más tarde arrasó en la elección presidencial. En 2016, durante su primer año de mandato, Mauricio Macri decidió ampliar la prestación para incluir a más de un millón de nuevos beneficiarios, y eso redundó en un contundente triunfo oficialista un año más tarde en los comicios legislativos. Aumentar el número de los planes sociales no te ayuda a ganar elecciones, aseguran en el Instituto Patria. Consagrar nuevos derechos sí.
 
De ahí el renovado impulso que tomó, después del discurso de CFK, la iniciativa para transformar todos los programas focalizados que existen hoy en día en uno de cobertura universal bajo el nombre de salario básico. La lógica es que hoy en el país está garantizada una cobertura a todos los menores de 18 años a través de la AUH y a todos los mayores de 65 gracias a las moratorias previsionales y la PUAM, pero resulta necesario dar un soporte a los adultos que están afuera del mercado laboral formal y trabajan por sueldos de subsistencia o menos.
 
Alcanzaría a siete millones de beneficiarios con un desembolso mensual que se acerque a la canasta básica alimenticia individual, que hoy está en unos 13 mil pesos. Esto debería reducir al mínimo la indigencia en el corto plazo y en el mediano impactaría de forma positiva en el mercado interno.
 
El costo aproximado del programa sería de dos puntos del PBI, aunque la mitad o más de esos recursos ya se destinan a ayuda social a través del Potenciar Trabajo (casi 1,4 millones de beneficiarios), la Tarjeta Alimentar (4 millones) y las becas Progresar  (2,5 millones). Otra parte quedará saldada por el beneficio fiscal que resulte de inyectar esta asignación en los bolsillos; quedará para más adelante la idea de digitalizar el desembolso a través de una billetera virtual para que se reduzca al mínimo la cantidad de ese dinero que sale del circuito en blanco rápidamente.
 
Resta también el debate de cómo financiar lo que falta. Desde el kirchnerismo proponen asignar partidas que se ahorren con la segmentación de los subsidios a la energía pero eso va en contra del acuerdo firmado con el FMI, que a esta altura del partido es casi un jarrón chino.
 
No es una idea novedosa. En Alaska existe desde 1983 una renta básica que una vez por año reparte entre todos los habitantes de ese estado norteamericano una fracción de los beneficios obtenidos por un fondo de inversión financiado por la explotación petrolera. Otros países tuvieron iniciativas similares o programas piloto desde la década de 1970, aunque con más frecuencia en los últimos años.
 
Los estudios que se hicieron sobre estas experiencias concluyeron que existen efectos positivos comprobables de los programas de transferencia de ingresos universal, entre ellos una reducción marcada de la pobreza, la erradicación de la inseguridad alimentaria e incluso un efecto positivo en el mercado laboral, porque permite que los beneficiarios dediquen menos tiempo a hacer trabajos de subsistencia y tienen mayor libertad para formarse y buscar empleos de mejor calidad.
 
La llegada del coronavirus hizo que casi un centenar de países del mundo implementaran desembolsos directos para paliar los efectos destructivos de la pandemia en el mercado laboral, especialmente entre quienes pertenecen al sector informal. Uno de los primeros que planteó la necesidad de hacerlos permanentes fue el papa Francisco en una carta a los Movimientos Populares para las pascuas del 2020, cuando nadie imaginaba la dimensión que tomaría la emergencia, en la que escribió que "tal vez sea tiempo de pensar en un salario universal que reconozca y dignifique las nobles e insustituibles tareas que realizan (...) los vendedores ambulantes, los recicladores, los feriantes, los pequeños agricultores, los constructores, los costureros, los que realizan distintas tareas de cuidado, (...) trabajadores informales, independientes o de la economía popular".
 
De esa época son, también, las primeras lecturas de CFK sobre el tema, al que llegó gracias al expresidente del Centro Internacional de Estudios de la Seguridad Social, el abogado Miguel Fernández Pastor, que le recomendó la lectura de los libros del inglés William Beveridge, el padre del Estado de bienestar británico de posguerra, que elaboró a mediados del siglo pasado una serie de informes en los que ya estudiaba el potencial de una cobertura social universal. Por ese entonces, el propio presidente estaba de acuerdo y llegó a reconocer, en una entrevista con El Destape radio, que evaluaba implementar un programa con esa premisa. "El IFE permitió descubrir que millones de argentinos están fuera del sistema. Esto está mal, hay que hacer algo. Si yo descubro esto y me hago el estúpido soy un hipócrita y yo no sé vivir con la hipocresía", dijo.
 
Sin embargo, en la Casa Rosada, por ahora no creen conveniente avanzar en ese sentido. No consideran conveniente el esfuerzo fiscal y se preocupan por los nubarrones que pueda traer tanto en la relación con el FMI como en las expectativas del mercado. En el kirchnerismo avisan que si el presidente no adopta la medida pronto, la impulsarán desde el Congreso de la Nación, como ya hicieron con otras iniciativas que fueron resistidas por el gabinete, desde el aporte extraordinario de las grandes fortunas hasta la suba del mínimo no imponible de ganancias o el fondo para pagar la deuda con divisas evadidas al fisco. Resignados, en el gobierno sólo esperan que el lanzamiento formal del proyecto sea después del martes, cuando el ministro Martín Guzmán debe pasar una prueba de fuego a la hora de renovar vencimientos por 270 mil millones de pesos.
 
Por Nicolás Lantos
 
Fuente: El Destape
 

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05-02-2026 / 11:02
Sacar un adelanto de sueldo con el banco, tarjetear, tomar un préstamo se volvieron cosas habituales bajo el desastroso gobierno de Javier Milei. No poder pagar toda la tarjeta, refinanciar con intereses elevados o no pagar la cuota del préstamo genera mora y eso está aumentando mes a mes. El endeudamiento de los hogares argentinos entró en una zona crítica. Los últimos datos del Banco Central, analizados por el Instituto Argentina Grande, muestran un salto alarmante en la morosidad: el 11 por ciento de los créditos personales y el 9,2 por ciento de las tarjetas de crédito registran irregularidades en los pagos. Hace apenas 2 años, a fines de 2023, esos números eran muy distintos: 4,2 por ciento en préstamos personales y 1,7 por ciento en tarjetas.
 
Se trata de los niveles más altos desde que el organismo tiene registros, es decir, desde 2010. El fenómeno refleja una realidad concreta: los ingresos ya no alcanzan para cubrir gastos cotidianos como alimentos, tarifas o medicina privada. Frente a ese escenario, el desahorro y el endeudamiento dejaron de ser excepciones y pasaron a formar parte de la rutina de millones de familias. Cada vez más hogares recurren al pago mínimo de la tarjeta de crédito como estrategia para estirar el ingreso mensual. Esa práctica, que puede dar aire en el corto plazo, termina convirtiéndose en una trampa por las altas tasas de interés, que aceleran el deterioro de la capacidad de pago.
 
El problema no se limita al consumo diario. También crece la morosidad en los préstamos prendarios, generalmente destinados a la compra de autos, motos o maquinaria. En noviembre de 2025 alcanzó el 5,2 por ciento, cuando 2 años antes era del 2,7. Esto evidencia que el estrés financiero ya impacta en decisiones de mayor plazo y compromete el patrimonio familiar. El deterioro de estos indicadores expone un cuadro social cada vez más frágil. El crédito dejó de ser una herramienta para mejorar la calidad de vida y pasó a convertirse en un recurso de supervivencia que oculta la pérdida del poder adquisitivo.
 
Para muchas familias, especialmente jóvenes sin ingresos formales, el financiamiento no proviene de los bancos sino de cadenas comerciales, prestadores directos y, cada vez más, billeteras virtuales y fintech, que ofrecen créditos rápidos y de acceso inmediato. En ese terreno, la situación también es preocupante. La morosidad en compras de electrodomésticos alcanzó el 27 por ciento en julio de 2025, el valor más alto en más de 4 años. En el caso de los préstamos otorgados por fintech, el 18 por ciento presentaba incumplimientos en julio, pero estimaciones privadas indican que esa cifra ya ronda el 21 por ciento.
 
Los datos de la Encuesta Permanente de Hogares confirman el deterioro de las economías domésticas. En el segundo trimestre de 2025, el 48 por ciento de los hogares no logró cubrir sus gastos y debió recurrir a ahorros, venta de bienes o endeudamiento, tanto formal como informal. La clase media aparece como uno de los sectores más afectados: el 53 por ciento de sus hogares no logra llegar a fin de mes. Según datos del Indec publicados este viernes, el 60% de los asalariados gana menos de $950.000 en el tercer trimestre del año. Es decir, que la mayoría de los trabajadores viven con ingresos por debajo de la canasta de consumos mínimos que realiza la Junta Interna de ATE Indec (el promedio del tercer trimestre del año fue $1.941.853). Esta canasta no es un ideal ni un óptimo, pero se acerca a lo que se necesita para llegar a fin de mes.
 
Mientras el Gobierno libertario insiste en mentir con indicadores de estabilidad y crecimiento, la realidad que se vive puertas adentro de los hogares argentinos es otra: deuda creciente, ingresos que no alcanzan y una morosidad que ya funciona como termómetro del deterioro económico y social. Los hogares están endeudados porque los ingresos no alcanzan. Es urgente un aumento de emergencia de salarios, jubilaciones y programas sociales.
 
La Opinión Popular
 

04-02-2026 / 11:02
A través de la práctica de demorar la puesta en vigencia del cambio de ponderaciones que resulta de una encuesta de gastos de hogares más actualizada que la de 2004, que todavía se aplica, se verán afectados los ingresos reales de todos aquellos sectores que ajustan sus remuneraciones siguiendo el Índice de precios al consumidor (IPC), como jubilaciones, pensiones y asignaciones de la previsión social como la AUH, y se estará alterando el cálculo de variables fundamentales para la economía, como el producto bruto (que en el futuro va a ser recalculado a la baja) o la pobreza (en sentido inverso, en el futuro se demostrará que es mayor a la que actualmente se informe).
 
Así lo han puesto de manifiesto especialistas en el tema, entre ellos Alejandro Barrios, ex director del Indec, quien explicó que las ponderaciones resultantes de la Encuesta de Gastos de Hogares de 2017/18 "ya está disponible hace años, incluso la Ciudad de Buenos Aires ya la está aplicando; la demora en aplicarla a nivel nacional es que hay un gobierno que iba a implementar un cambio en los precios relativos, con subas importantes en los servicios regulados por el Estado (por quita de subsidios). La decisión fue parar la aplicación de los nuevos índices hasta que se completen esos cambios; y se considere que ya no van a seguir aumentando, mes a mes, el teléfono, la luz, el transporte, las prepagas, etc. Rubros que en el índice actualizado tienen un peso mucho mayor que en el de la canasta de gastos de hace 20 años".
 
En consecuencia, el índice que se seguirá aplicando "hasta que se complete el proceso de desinflación", en palabras de Luis Caputo, da como resultado un aumento de precios al consumidor inferior al que surge del cálculo con el nuevo índice. "Esto va a provocar en el futuro un recálculo de variables de los años anteriores, como pasó otras veces, pero esta vez con el agravante de que las autoridades actuales son conscientes de que demoran el cambio de fórmula para subestimar la inflación", agregó Barrios.
 
Así, por ejemplo, el cálculo del PBI tendrá probablemente una revisión, porque al desindexar los precios a una tasa más alta que la que se usa actualmente, resultará un PBI real (descontada la inflación) menor al que hoy se informa. En consecuencia, se recalculará a la baja el PBI de todos estos años (aumentos inferiores a los que ahora se informan, caídas superiores, e incluso subas leves que se transformarán en bajas).
 
Lo contrario sucederá con los índices de pobreza, ya que cuando en el futuro se recalculen los ingresos deflactados por un índice no subestimado como el actual, van a ser menores en términos reales, mientras que las canastas de precios al ser reajustados van a ser más altas. En consecuencia los índices de pobreza así recalculados resultarán más altos que los que ahora se informen.
 
Este manoseo de los índices en el corto plazo también podrá ser motivo de controversias, de parte por ejemplo de tenedores de bonos con variable CER (ajuste por inflación) o títulos con cláusula de ajuste UVA (también tiene un componente que varía según el IPC). Además, el cálculo del valor de las jubilaciones y pensiones se hace, mensualmente, de acuerdo al aumento del IPC en meses anteriores, por lo cual la sub estimación del índice va en desmedro de los perceptores de esos ingresos. Lo mismo vale para los que reciben la AUH y otras asignaciones que se ajustan periódicamente por la inflación.
 
Otro ingreso que se verá afectado es el salario, en la medida en que las paritarias se negocien en función de un índice de inflación que luego se demuestre que no era el real. "La decisión de que tendremos un índice de fantasía abre las puertas del infierno", advirtió el ex diputado nacional y ex dirigente de ATE Claudio Lozano. "De manera desembozada e impune decretan que ellos decidirán lo que debe dar la estadística pública sobre inflación. Lo ocurrido no hace más que explicitar lo que se venía observando en el funcionamiento del Indec, porque hace rato que debería haberse incorporado la Encuesta de Gastos de los Hogares del 2016/17 y se lo demoró sin ninguna razón estadísticamente válida".
 
La Opinión Popular
 

03-02-2026 / 11:02
Tras la renuncia de Marco Lavagna al frente del Indec, porque Javier Milei se niega a medir bien la inflación, Luis "Toto" Caputo decidió postergar la publicación de la nueva canasta de medición de precios, que daría una inflación mucho mayor. "Con el Presidente siempre pensamos que había que cambiarlo una vez que el proceso de desinflación estuviera consolidado", afirmó. O sea, nunca. El Gobierno libertario oculta así el fracaso económico mientras los trabajadores del organismo alertan por intervención.
 
La decisión de Milei y Caputo de suspender sin límites la actualización del IPC solo una semana antes de su puesta en marcha fue demasiado hasta para Lavagna, que había aceptado retrasarla hasta ahora, además de hacer magia con los índices de la inflación y la pobreza. Presentó la renuncia al Indec y fue reemplazado por su segundo, incondicional de Caputo.
 
No hay eufemismos ni figuras simuladas que tapen lo que realmente pasó, a sólo 8 días de que se conozca un IPC que debería estar actualizado, tal como lo había prometido el Gobierno: Lavagna confió internamente que salió del ente estadístico, precisamente, porque Milei y el ministro de Economía, Caputo, se negaban a implementar la nueva medición de inflación por la que él venía peleando hacía más de dos años. Horas más tarde, Caputo se vio obligado a salir a confirmar los dichos de Lavagna.
 
Los dichos de Caputo son escandalosos y abren dudas peligrosas respecto a los números, porque los técnicos del INDEC ya tenían medidos precios con el nuevo IPC y se había anunciado la aplicación de ese índice para el próximo martes 10, cuando se sepa la inflación de enero. Esa medición daba arriba del 3 por ciento, pero a Lavagna le pedían que esté en torno al 2 por ciento. Además, es polémico porque Caputo no le pone fecha a la nueva medición. Es decir, Milei y Caputo se niegan, sin fecha cierta, a medir la inflación con la Encuesta de Hogares del 2018, para seguir haciéndolo con la del 2004.
 
Una medición que no refleja el costo de vida de las familias. Lo que el Gobierno hace evitando actualizarlos, es que no se vean reflejados en enero los aumentos de tarifas, en un escenario donde además los alimentos vienen subiendo. En pocas palabras, Milei está midiendo la inflación con los mismos parámetros de gastos familiares que había 22 años atrás.
 
Lo que eran sospechas terminaron siendo confirmadas por el propio gobierno. El viernes pasado el Banco Central difundió el Informe de Política Monetaria donde se admite abiertamente que si se hubiese utilizado el nuevo IPC la inflación hubiese sido más alta en los últimos dos años por la suba de los servicios públicos, que recién a partir de ahora tendrán más peso en la canasta del Indec. El propio Banco Central confirmó la manipulación del índice de inflación.
 
Mientras la población siente que los salarios se pulverizan y el pluriempleo crece, los datos oficiales truchos muestran un aumento inflacionario "moderado", utilizado por el Gobierno anarco capitalista también para planchar paritarias y jubilaciones. Esta brecha entre la realidad social y las estadísticas alimenta la desconfianza generalizada, incluso entre especialistas.
 
La Opinión Popular
 

02-02-2026 / 11:02
El secuestro de Nicolás Maduro se transmitió en tiempo real por televisión y redes sociales, en una estudiada coreografía que hacía parecer toda la escena como parte de la última mega producción de Hollywood. A eso se sumó luego una campaña virtual de Donald Trump en la que se presentaba al mandatario como una especie de dueño del continente entero, incluyendo -sobre todo- a Groenlandia. El spin-off local de Trump no se queda atrás. Javier Milei, otra figura nacida en un set de TV, mezcla su presidencia con recitales masivos, romances fogosos y una cultura memética permanente en redes sociales. En todo el planeta es el momento de la política comic show, un juego que, a la vez, es mucho más que eso.
 
Milei construyó su llegada al poder desde los paneles de televisión. Allí mezcló gritos violentos, peleas salvajes y un aporte original: la capacidad de discutir autores económicos en prime time desde una matriz libertaria extrema. Su figura se nutrió además de otros condimentos: obras de teatro durante los veranos, noviazgos mediáticos -en 2018 salió con Daniela Mori, exintegrante de la banda de cumbia Las Primas-, revelaciones perturbadoras sobre su sexualidad tántrica, covers de temas de rock y clásicos, apariciones disfrazado como superhéroe y, por supuesto, su marca registrada: su extraña cabellera.
 
Mientras por un lado agita la violencia con invitaciones permanentes a "odiar más" y compara a sus rivales con monos o cucarachas, por el otro ofrece circo: el recital en el Movistar Arena, su show en el festival de Jesús María, una aparición en un canal de streaming oficialista junto a su perro clonado, un beso fogoso con su entonces pareja en un teatro costero, cuadros en la Quinta de Olivos donde se compara con Wolverine y con un león, una bizarra cuenta en inglés presentada mediante un cómic donde aparece volando sobre Buenos Aires como superhéroe.
 
A esta lista se suma su escasa preocupación por la higiene y el recambio de vestuario -con el mameluco de YPF como emblema, incluso en Davos- y su llanto desconsolado en el Muro de los Lamentos, una postal inédita para un presidente argentino. Con matices, todos estos episodios -los extravagantes y los violentos- comparten algo en común: arrastran la atención popular, dominan redes sociales y colonizan la agenda mediática y política, mientras corren los límites de lo decible en la sociedad argentina. "La primera estrategia de esta derecha es polarizar a la sociedad", explica el historiador Steven Forti en Extrema derecha 2.0. "No se trata de excentricidades, sino de una estrategia bien pensada."
 
Ese manual fue adoptado por la administración libertaria desde su llegada al poder. Cuando no fue el cierre del INADI o de Télam, fue un ataque a la comunidad homosexual, al periodismo o a alguna artista musical. Y cuando no había escándalo político, lo había estético: cuatro camperas en pleno verano, intentos de ocultar la papada o defensas públicas de películas de Guillermo Francella. De una u otra forma, siempre provocaba bronca, perplejidad o fascinación, emociones ideales que premian lo ruidoso.
 
Lo explica Giuliano da Empoli en Los ingenieros del caos, libro de cabecera del asesor presidencial Santiago Caputo: "El megáfono de Trump era la indignación de los medios." Con Trump y Milei ocurre lo mismo: se los puede amar o detestar, pero no ignorar.  Richard Nixon lo llamaba "la teoría del loco". Fingir irracionalidad para volverse imprevisible y, por eso mismo, temible. Trump lo dijo sin rodeos: "Xi Jinping sabe que estoy totalmente loco."
 
La pregunta es inevitable: ¿estamos ante líderes desbordados o ante personajes cuidadosamente construidos? "La banalidad de la locura", la llama el politólogo Brian Klaas: una saturación de exabruptos que termina anestesiando a la sociedad.
 
La Opinión Popular
 

01-02-2026 / 10:02
Desde su llegada a la Casa Rosada, Javier "Pinocho" Milei construyó un relato épico de gestión que, al ser contrastado con datos verificables, empieza a mostrar fisuras cada vez más profundas. Promesas infladas, cifras manipuladas, logros magnificados y afirmaciones directamente falsas forman parte de un patrón comunicacional que ya no puede explicarse como simples errores.
 
Se trata, cada vez más claramente, de una estrategia política basada en la distorsión sistemática de la realidad. Organizaciones especializadas en verificación de datos, como Chequeado, desmintieron en reiteradas oportunidades afirmaciones centrales del discurso presidencial. Uno de los ejemplos más notorios fue la declaración en la que Milei aseguró haber sacado a diez millones de argentinos de la pobreza.
 
El número, ampliamente difundido por el oficialismo, resultó ser metodológicamente incorrecto, engañoso y sin respaldo estadístico sólido. Si bien algunos indicadores mostraron leves mejoras, la magnitud del cambio real está muy lejos del relato triunfalista que el prescindente intenta instalar. Algo similar ocurrió con su afirmación de haber eliminado los piquetes en todo el país. Lejos de desaparecer, los cortes de calles continuaron registrándose, aunque con menor visibilidad y mayor intervención de las fuerzas de seguridad.
 
La reducción de protestas no equivale a su erradicación, pero Milei optó por presentar una victoria absoluta que los datos desmienten. La manipulación también alcanza el terreno histórico. En reiteradas ocasiones, el mandatario afirmó que la Argentina fue uno de los 3 países más ricos del mundo, una afirmación que no resiste el menor análisis serio de los registros económicos internacionales.
 
Esta construcción mítica, repetida hasta el cansancio, busca reforzar la narrativa del "paraíso perdido" arruinado por la política tradicional, aun cuando carece de sustento empírico. El uso irresponsable de información falsa no se limita a discursos oficiales. En redes sociales, Milei llegó a difundir encuestas inexistentes, atribuidas falsamente a la Fundación FOPEA, con el objetivo de desacreditar al periodismo.
 
La propia organización salió a desmentir públicamente la información, dejando al descubierto una práctica preocupante: la utilización deliberada de datos falsos para atacar a la prensa crítica. Este comportamiento no es aislado. Forma parte de una lógica de comunicación basada en la confrontación permanente, la exageración de logros, la victimización y la construcción de enemigos internos.
 
La distorsión de cifras y hechos se convierte así en una herramienta política para sostener un relato épico que muchas veces choca contra la realidad cotidiana de millones de argentinos. Mientras la inflación continúa afectando el poder adquisitivo, la recesión golpea al consumo y el ajuste impacta con fuerza en jubilados, trabajadores y sectores medios, el discurso presidencial insiste en mostrar una Argentina idealizada que pocos logran reconocer en su vida diaria.
 
En este contexto, la manipulación informativa no solo erosiona la credibilidad del Gobierno, sino que también debilita el debate democrático y el derecho ciudadano a estar informado con veracidad. Gobernar a base de datos falsos puede rendir frutos comunicacionales de corto plazo, pero tiene costos profundos. Cuando la mentira se convierte en política de Estado, la confianza pública se deteriora, la institucionalidad se debilita y el vínculo entre gobernantes y sociedad se vuelve cada vez más frágil. En definitiva, más que errores ocasionales, las distorsiones discursivas de Milei parecen responder a una estrategia clara: imponer un relato antes que explicar la realidad. Una apuesta peligrosa que, tarde o temprano, termina chocando contra los hechos.
 
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