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Paraná - 26-05-2022 / 11:05
LAS INSTITUCIONES DE LA DEMOCRACIA Y DE LA CONSTITUCIÓN LE DIERON LA RAZÓN

Gastón Justet: un abogado solo contra la poderosa maquinaria macrista que banca a la ex fiscal Goyeneche

Gastón Justet: un abogado solo contra la poderosa maquinaria macrista que banca a la ex fiscal Goyeneche
La madurez cívica consolidada en Entre Ríos desde la recuperación de la democracia en 1983 ha permitido a las instituciones actuar con firmeza para corregir el mal desempeño de una funcionaria pública evitando que esta acción arrastre a todo el sistema detrás de las tentaciones totalitarias. La destitución de Cecilia Goyeneche del Ministerio Fiscal mostró, además, el protagonismo de un abogado, Gastón Justet.
 
La madurez cívica consolidada en Entre Ríos desde la recuperación de la democracia en 1983 ha permitido a las instituciones actuar con firmeza para corregir el mal desempeño de una funcionaria pública evitando que esta acción arrastre a todo el sistema detrás de las tentaciones totalitarias. La destitución de Cecilia Goyeneche del Ministerio Fiscal mostró, además, el protagonismo de un abogado, Gastón Justet
 
Gastón Justet fue un desconocido para gran parte de la provincia hasta que decidió hacerse cargo de la acusación contra Goyeneche. El letrado integraba la lista de conjueces propuestos por el Poder Ejecutivo. Son abogados de la matrícula provincial que reúnen características profesionales para ser Fiscal General y que deben reemplazar a los vocales del Superior Tribunal de Justicia en casos especiales. El listado fue aprobado por unanimidad en el Senado provincial.
 
A esta nomina echó mano el Jurado de Enjuiciamiento para que surja de allí un persona que pudiera acusar a Goyeneche en el Jury. El razonamiento de los jurados fue: La ex funcionaria judicial era la que manejaba la estructura de la Fiscalía, por lo tanto ninguno de sus integrantes cuenta con la objetividad necesaria para realizar esta tarea.
 
La intención de la ex Procuradora era diferente: que sea uno de sus subalternos quien ejerza el rol y, cuando llegue el momento, no acuse, no pida su destitución. Esto provocaría que el Jurado no tenga más opción que absolver. Ya pasó en el caso del juez Carlos Rossi, el que dejó libre al que luego sería el femicida de Micaela. El procurador general Jorge García no presentó cargos, fue absuelto y García y Rossi festejaron con un abrazo a la vista de todos, incluso de los familiares de la víctima.
 
Después de que más de una docena de conjueces rechazaron intervenir en el proceso alegando las más diversas razones, Justet dio un paso al frente y se hizo cargo de una responsabilidad cívica que otros proclaman con voz grave y altisonante pero que terminan guardando en el arcón de recuerdos cuando el deber democrático convoca.
 
El abogado llegó a Paraná desde Gualeguay y retornó a su ciudad de la misma manera: solo. Usó el mismo traje verde oscuro en todas las audiencias del Jury, lo que generó que su figura parezca aún más pequeña en el salón del tercer piso del Palacio de Tribunales.
 
En un costado del recinto, se parapetó detrás de un escritorio de madera y con el solo respaldo de una silla de cuerina resistió estoico los embates de la maquinaria desbocada que obscenamente se desplegó enfrente.
 
Como en un carnaval triste se abroquelaron fiscales venidos de toda la provincia y de todo rango que permanecieron en el recinto consumiendo vanamente horas y horas de trabajo rentado por el Estado; integrantes del Superior Tribunal de Justicia y abogados con apellido de más peso por prosapia que por eficacia.
 
A Justet este engranaje lo deslegitimó, despreció y le dispensó un destrato que ningún ser humano merece. Nadie hablaba con él. Cruzó sólo algunas palabras con periodistas que superaron las miradas amenazantes y se acercaron a charla al escritorio que no abandonó ni siquiera en los largos y tediosos cuartos intermedios.
 
Impávido, tal vez con la procesión por dentro, munido solo de una notebook que tenía que mantener enchufada para que no se apague y de una elocuencia que fue tomando vuelo a pesar de un comienzo enredado y de las recurrentes muletillas, Justet no se extravió ni se amilanó: fue desplegando los hechos con paciencia hasta que la verdad quedó a la vista.
 
Soportó con mirada firme el último rugido, el último estertor de la maquinaria que tenía enfrente cuando culminó el alegato defensivo y el grupo de cortesanos se puso de pie para un aplauso orquestado. El abogado gualeyo guardó sus pertenencias e hizo mutis por el foro mientras el carnaval realizaba su última pasada.
 
Justet, como todo hombre ante su circunstancia, peleó contra sí mismo y contra sus limitaciones, se enfrentó a adversidades que parecían duplicar sus esfuerzos y se plantó ante el mecanismo que pretendía devorarlo. Esta lucha no fue en vano: las instituciones de la democracia y de la Constitución también le dieron la razón.
 
Fuente: Babel Digital
 

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