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"El peronismo es un encuadramiento de las fuerzas populares vertebrado en torno a la clase trabajadora" John William Cooke
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Nacionales - 22-05-2022 / 09:05
EL CENSO, LOS DATOS, LOS AVANCES, LOS DEBERES, EL CONTEXTO

Las necesidades populares y las diatribas de derecha contra el peronismo

Las necesidades populares y las diatribas de derecha contra el peronismo
La clase trabajadora argentina es demandante, se moviliza con agilidad, reivindica derechos. La praxis marida mal con el capitalismo soñado por la derecha que cuestiona a los “populistas”. “Populistas” definió toscamente el economista Javier González Fraga son los que “se creen con derecho” a consumir, a disponer de bienes típicos (no lujosos) de la etapa.
La Argentina es un país muy extenso con baja densidad media de población distribuida de modo dispar, con gran concentración en centros urbanos. Cuenta con un desarrollo industrial considerable, mano de obra y profesionales calificados pero todo eso no alcanza para el crecimiento sustentable y prolongado.
 
Es exportador de productos agropecuarios que le reditúan ingresos en divisas pero "el campo" no emplea tanta mano de obra como la industria. Está alejada de los grandes centros de poder, hace décadas que no tiene conflictos bélicos con países limítrofes. Padece las crisis del capitalismo mundial que usualmente se tradujeron en dificultades económicas y zozobras institucionales. Así pasó en 1890, 1930 y 2008, por aludir a algunos casos.
 
Durante el mandato del presidente Alberto Fernández viene sufriendo dos crisis globales, que castigan a todo el planeta: pandemia y guerra en Ucrania. Las catástrofes duelen más por acá porque se asientan en el legado macrista: industricidio, economía tembleque, deuda externa record. Las desigualdades entre clases y regiones se acentuaron. Creció la concentración de la riqueza. Los padecimientos en pandemia se repartieron potenciando asimetrías preexistentes.
 
La derecha argentina es extrema como sus parientes en otras latitudes. Sus líderes reniegan de la identidad propia, la esconden: se definen como "republicanos o liberales". Los refutan sus desempeños cuando gobernaron. Partidarios de un capitalismo sin frenos, promueven bajas de impuestos y reducción de derechos laborales. Elisa Carrió, esta semana, propuso disminuir algunas indemnizaciones por despido causado y reducir la cantidad de empresas en las que debe haber delegados de personal. No es la economía, giles, es la puja de poder entre clases.
 
La clase trabajadora argentina es demandante, se moviliza con agilidad, reivindica derechos. La praxis marida mal con el capitalismo soñado por la derecha que cuestiona a los "populistas". "Populistas" definió toscamente el economista Javier González Fraga son los que "se creen con derecho" a consumir, a disponer de bienes típicos (no lujosos) de la etapa.
 
Según las visiones ultraliberales la democracia es el factor que agrega irracionalidad a la gestión del sistema (capitalista). La tentación populista resulta de un electorado que no es capaz de darse por satisfecho con lo que le proporcionan los mecanismos del mercado. La consideran una patología inherente al sistema democrático en el cual la mayoría utiliza su poder numérico en favor de medidas que parecen beneficiarla en el corto plazo pero que terminarían comprometiendo el mecanismo de la economía capitalista, presentado a su vez como la supuesta base de todo el progreso social.
 
Para los defensores de esta corriente, el nudo a desatar radica en cómo limitar la democracia para proteger el mercado sin poner en riesgo la legitimidad del orden social. Las catástrofes acontecidas desde 2020 repartieron mal poder, riquezas, esperanzas, perspectivas futuras. La puja política en la Argentina refleja esa disparidad en un trance difícil y desafiante para las fuerzas nacional-populares. 
 

 
PRIMERAS MEDICIONES, CRITICAS DESMEDIDAS, NOVEDADES Y POLÉMICAS
 
El Censo, los datos, los avances, los deberes, el contexto
 
Se trata de una política de Estado, tan reclamadas de boca para afuera y tan menoscabadas cuando se llevan a la práctica. El Instituto Nacional de Estadísticas y Censos (INDEC) recobró credibilidad: sus datos sobre el Índice de Precios al Consumidor se repiten y propagan mes a mes sin reproches ni sospechas. "Nadie" los pone en tela de juicio. Consultoras privadas o dependientes de centros académicos hacen sus propios cálculos pero reconocen la primacía de la labor del Instituto.
 
Quedó atrás la peor política pública del kirchnerismo que fue la manipulación de los datos y la erosión de la confianza en un ente público estatal. La vicepresidenta Cristina Fernández de Kirchner lo reconoció implícitamente durante su discurso en Resistencia al aludir a oscilaciones de la inflación en su segundo mandato, remitiéndose a cifras ajenas a la gestión del exsecretario Guillermo Moreno.
 
En ese contexto llueven diatribas sobre el Censo 2022. Bienvenidas las polémicas y los debates que suscitarán las cifras definitivas, su sistematización y las conclusiones. Los especialistas cruzarán pareceres, en buena hora. Todo esto asumido, las embestidas contra el Censo ostentan el color y los tonos de época. Demasiada furia, demasiado simplismo, indignación e ignorancia, combinadas en dosis altas.
 
Un Censo ¡cada diez años! motiva un feriado. Los militantes "anti infectadura" recogen el guante y denuncian algo parecido a una recesión dictatorial de 24 horas. Too much.
 
El Censo digital fue instrumentado por millones de argentinos. Breve y amigable, a ojo de buen cubero (quien les habla), dispensó a los ciudadanos de tener que evacuar consultas prolongadas.
 
La magnitud del Censo, la dimensión nacional, alude a tareas solo realizables por el Estado. El peso de la presencialidad realza una característica de la época, subrayada y resignificada tras la tragedia sanitaria.
 
Sin disfrazarse de todólogo, este cronista entiende que el Censo cumplió su primer objetivo: enlaza continuidad de políticas públicas. Añadió o mejoró preguntas sobre autopercepción, haciéndose cargo de movilizaciones y demandas de derechos, también de conquistas.
 
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Reseña veloz: 
  
Los censos anteriores más cercanos se sucedieron en 1980, 1990, 2001,2010. Escenarios diversos de la realidad argentina. Cambia, mucho cambia en el transcurso de cualquier década.
 
En 1980 se insinuaba el ocaso de la dictadura acentuado por la visita de la Comisión Interamericana de Derechos Humanos (CIDH) el año anterior. Familiares de víctimas y organismos de Derechos Humanos, con coraje colosal, reclamaban por la inclusión de detenidos desaparecidos en los padrones.
 
En 1990 convivían los pininos de la recuperación democrática con las frustraciones económicas de la "década perdida" (en esa otra faceta, se resalta). El neoconservadurismo venía arrasando, el socialismo real agonizaba. No era sencillo captar la magnitud de las mutaciones en ciernes.
 
El Censo 2001 arribó un año tarde. Sucedió entre las elecciones del voto bronca (letales para el oficialismo) y el estallido de diciembre. Estuvo a un tris de no hacerse. Huelgas docentes y de empleados públicos en casi todas las provincias amenazaban dejar sin personal al Censo. El Gobierno nacional temía carecer de plata para comprar los insumos necesarios, básicamente papelería y lápices (porque se usan lápices...). Se llegó con la lengua afuera.
 
La memoria del censo 2010 se eclipsa y ensombrece por el fallecimiento del presidente Néstor Kirchner. La jornada tranqui, devino dolorosa, única. Activa para cientos de miles de argentinos que en todo el territorio patrio comenzaron a movilizarse para despedir agradecidos a ese mandatario que no conocían siete años antes.
 
El 2010 fue un año de crecimiento, de la jubilosa celebración popular del Bicentenario, de la visita de líderes políticos de la región que caminaron como si tal cosa por las calles porteñas. Un momento alto del kirchnerismo, combinado con la pérdida irreparable. Otro país, otro mapa político regional, otra estabilidad democrática, otra forma de vida, otros niveles de consumo... "Veinte años no es nada" predica sin convencer un tangazo. Doce años ¿es mucho o es poco?
 
Otra pregunta, abierta. ¿Qué y cuánto estará cambiando en la contingencia sin que nos estemos dando cuenta?
 
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47.327.407: 
  
El número preciso, transitorio, se reiteró en los medios tradicionales y en las redes sociales. Quizás haya sido timbeado de lo lindo en la quiniela.
 
El primer saldo, se acepta, es provisorio. Cambiará en cuestión de días cuando se agreguen mediciones pendientes de las que se encargarán 18.000 personas. De cualquier modo, arroja indicios. La población creció por encima de las proyecciones imaginadas, subió la expectativa de vida. Buenas nuevas.
 
Hará falta combinar datos duros e intérpretes agudos para procesar cuánto impactaron las víctimas fatales de la pandemia y cuánto ayudaron a (literalmente) sobrevivir las políticas sanitarias, las campañas de vacunación. Y muy especialmente, el efecto mitigador de la solidaridad popular y de las tareas de cuidado emprendidas por tantas argentinas y argentinos de a pie. Un registro así no cabe en planillas de cálculo pero ayudaría a "leer" mejor los comportamientos de la sociedad civil.
 
El ojímetro costumbrista interpreta que no hay éxodos masivos de población tal como sanatean la prensa dominante y la dirigencia opositora que le hace eco. Cuando decante la data, cuando se labure con minucia, se sabrá mejor.
 
Más mujeres que hombres en la Argentina.
 
Con más habitantes respecto de las estimaciones, las autoridades y los estudiosos deberán recalcular el PBI per cápita o la proporción de personas vacunadas entre decenas de variables Random.
 
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Autopercepción, discriminaciones, intolerancias: 
  
Las preguntas sobre autopercepción motivaron reacciones variadas, propias de una sociedad plural y diversa.
 
Los aportes recogen reclamos, sugerencias, reivindicaciones de minorías activas. Por inclinación profesional es factible que los expertos que diseñan las preguntas sean refractarios a agregar muchas de este tipo (va un ejemplo posible en el apartado siguiente).
 
Reconocer en un registro público la existencia de comunidades invisibilizadas y sometidas a través de la historia constituye un avance, un paso en el reconocimiento de derechos. Lo que vale para los pueblos originarios y los afrodescendientes.
 
Las preguntas referidas a autorreconocimiento étnico de pueblos originarios se universalizaron respecto del censo previo que las focalizaba. Un progreso cuanti y cualitativo.
 
Por primera vez se preguntó si la persona censada no se identifica con ninguno de los dos géneros y en especial con el que le fue asignado al nacer. Totalizaron 56.793. Un 0,12 por ciento del total. 
 
Los reflejos discriminadores motivaron propuestas delirantes: poner fin a las políticas contra las diferencias de género o hasta suprimir el lenguaje inclusivo. Traducción: los intolerantes decidieron que las personas no binarias o que no se identificaron como varón o mujer son pocos y desdeñables...
 
Se desconoce el parámetro que utilizaron, se sabe que no es sencillo autoidentificarse y estamparlo en un documento público aunque se proclame que es secreto... En fin.
 
Ya que estamos, muchos de quienes ningunean la supuestamente escasa cantidad de esta población, pusieron el grito en el cielo contra el tributo impuesto por única vez a magnates con grandes fortunas. Fueron menos de 15.000, los consideraban una minoría avasallada y necesitada de protección. No es la matemática, más vale... es la ideología.
 
Contabilizar es otra forma de reconocer, un paso hasta la inclusión... se aceptan divergencias, a condición de que respeten al otro.
 
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La religión, sin interrogantes: 
 
Ultra pertinente y enriquecedora, esa sí, la controversia acerca de la necesidad o pertinencia de más preguntas sobre opciones personales. Por ejemplo, la última vez que se preguntó en un censo sobre la adscripción religiosa fue en 1960. Antes había sido en 1947 cuando el porcentaje de católicos superaba el 90 por ciento.
 
Para el Censo actual integrantes del Programa Sociedad, Cultura y Religión del Centro de Estudios e Investigaciones Laborales (CEIL- CONICET ) dialogaron con autoridades del gobierno anterior y del actual. Proponían insertar dos preguntas. "¿cree en Dios?" y (en su caso) "¿Cuál es su religión?". Las consideran valiosas para conocer la riqueza y diversidad del país, para proyectar políticas públicas de salud y educativas entre otras.
 
La idea se desechó, tal vez porque encarecía el Censo.
 
El tema interesa especialmente a grupos religiosos no católicos. A las iglesias evangélicas les importa que se vea reflejado el aumento del número de sus fieles, ascendente desde la década del 80. Por motivos simétricos la Jerarquía de la Iglesia Católica es refractaria al conteo. Su poder de lobby jamás es desdeñable.
 
Los cultos africanistas se interesaron también en que su existencia consiguiera registro oficial. La búsqueda de visibilización, una constante en la lucha para el reconocimiento de derechos.
 
El ejemplo es una muestra, hay otros.
 
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Agrandar la Cámara, respetar la Constitución: 
  
La Constitución impone adecuar el número de diputados nacionales de cada distrito después de cada Censo. Acontece a menudo que ciertas obligaciones constitucionales se traduzcan como expresiones de deseos, no imperativas. El juicio por jurados, la participación obrera en las ganancias de las empresas, otros preceptos del artículo 14 bis, nutridos etcéteras.
 
La cantidad de diputados no varía desde 1983. Como debe ser proporcional a la población hay distritos especialmente damnificados. Se recomienda una nota de María Cafferata publicada el jueves en este diario. Buenos Aires es la provincia más desajustada, para abajo. El politólogo Diego Reynoso calculó cuántos diputados "faltarían" en base al censo de 2010. Son 70 hoy en día, deberían trepar a 100. Se aconseja su cuenta de Twitter (@dgreynoso) para más referencias. Córdoba y Santa Fe tendrían que tener más bancas. La representación de la CABA es, en cambio, excesiva.
 
La imprescindible ley tendría que respetar un piso mínimo de representantes en la Cámara Baja para las provincias menos pobladas, opinamos que no inferior al actual.
 
Una reforma de ese calibre exige acuerdos interprovinciales, finura en la legislación, cautela para corregir. Pero, más que nada, precisa apego a la ley y respeto al derecho de los votantes.
 
La igualdad entre los distritos se refleja en la Cámara de Senadores con tres bancas para cada una de las 23 provincias y para la Ciudad Autónoma de Buenos Aires. El valor equitativo del voto de cada ciudadano tiene que expresarse en la Cámara Baja en la que está representado el pueblo.
 
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Derecha y "populismos": 
  
Llevar la cuenta ayuda a comprender, desechar prejuicios, programar, proyectar. Desde luego es imprescindible saber que los cambios se asientan en una comunidad con historia, tradiciones, estructuras.
 
La Argentina es un país muy extenso con baja densidad media de población distribuida de modo dispar, con gran concentración en centros urbanos.
 
Cuenta con un desarrollo industrial considerable, mano de obra y profesionales calificados pero todo eso no alcanza para el crecimiento sustentable y prolongado.
 
Es exportador de productos agropecuarios que le reditúan ingresos en divisas pero "el campo" no emplea tanta mano de obra como la industria, por decirlo con un eufemismo.
 
Está alejada de los grandes centros de poder, hace décadas que no tiene conflictos bélicos con países limítrofes. Padece las crisis del capitalismo mundial que usualmente se tradujeron en dificultades económicas y zozobras institucionales. Así pasó en 1890, 1930 y 2008, por aludir a algunos casos.
 
Durante el mandato del presidente Alberto Fernández viene sufriendo dos crisis globales, que castigan a todo el planeta: pandemia y guerra en Ucrania. Las catástrofes duelen más por acá porque se asientan en el legado macrista: industricidio, economía trémula, deuda externa record.
 
Las desigualdades entre clases y regiones se acentuaron. Creció la concentración de la riqueza. Los padecimientos en pandemia se repartieron potenciando asimetrías preexistentes.
 
La derecha argentina es extrema como sus parientes en otras latitudes. Sus adalides reniegan de la identidad propia, la esconden: se definen como "republicanos o liberales". Los refutan sus desempeños cuando gobernaron. Partidarios de un capitalismo sin frenos, promueven bajas de impuestos y reducción de derechos laborales.
 
La exdiputada Elisa Carrió, en esta semana, propuso disminuir algunas indemnizaciones por despido causado y reducir la cantidad de empresas en las que debe haber delegados de personal. No es la economía, giles, es la puja de poder entre clases.
 
La clase trabajadora argentina es demandante, se moviliza con agilidad, reivindica derechos. La praxis marida mal con el capitalismo soñado por la derecha que cuestiona a los "populistas". "Populistas" definió toscamente el economista Javier González Fraga son los que "se creen con derecho" a consumir, a disponer de bienes típicos (no lujosos) de la etapa.
 
En un texto reciente y sugestivo ("Democracia como emancipación. Miradas contrahegemónicas") los politólogos Luis Felipe Miguel y Gabriel Eduardo Vitullo describen: "según las visiones ultraliberales la democracia es el factor que agrega irracionalidad a la gestión del sistema (capitalista). La tentación populista resulta de un electorado que no resulta capaz de darse por satisfecho con lo que le proporcionan los mecanismos del mercado. Se trataría de una patología inherente al sistema democrático en el cual la mayoría utiliza su poder numérico en favor de medidas que parecen beneficiarla en el corto plazo pero que terminarían comprometiendo el mecanismo de la economía capitalista, presentado a su vez como la base de todo el progreso social. Para los defensores de esta corriente el nudo a desatar radica en cómo limitar la democracia para proteger el mercado sin poner en riesgo la legitimidad del orden social".
 
Las catástrofes acontecidas desde 2020 repartieron mal poder, riquezas, esperanzas, perspectivas futuras. La puja política en la Argentina refleja esa disparidad en un trance difícil y desafiante para las fuerzas nacional populares. Estas historias continuarán.
 
Por Mario Wainfeld
 
Fuente: pagina12.com.ar
 

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07-07-2022 / 09:07
07-07-2022 / 09:07
Tras la visita de Alberto Fernández a Milagro Sala, el gobierno del radical Gerardo Morales desató en represalia una nueva ofensiva contra los movimientos sociales de Jujuy. En la madrugada de ayer, en una investigación inventada de oficio por un fiscal muy ligado al gobernador, la policía allanó violentamente las casas de once dirigentes y cinco comedores, merenderos y sedes de diferentes organizaciones.
 
En la madrugada, la policía del autoritario Morales comenzó a patear puertas y revolver las casas de por lo menos once dirigentes sociales Jujuy y cinco domicilios de comedores, merenderos, cooperativas y sedes de organizaciones con órdenes de allanamiento del fiscal Diego Funes, quien decidió abrir una investigación de oficio, justo después de la visita de Alberto a Milagro Sala.
 
"Asociación ilícita", es la absurda imputación para todo el mundo. Esa figura legal, que fue creada a inicios del siglo XX para perseguir a las organizaciones de trabajadores, es completamente arbitraria y se usa para criminalizar la protesta social. La norma permite mantener presas a las personas a las que no se les puede probar otro hecho y en la mayoría de los casos se utiliza cuando no hay acciones concretas de las cuales acusar a quienes se persigue. Lógicamente, luego todo se cae en el debate oral al final del proceso.
 
La excusa, que encaja y aprovecha el contexto de debate por el manejo de los planes sociales, agita acusaciones por supuestas presiones sobre el reparto de esos beneficios y la asistencia a movilizaciones. La Secretaría de Derechos Humanos de la Nación, a cargo de Horacio Pietragalla, repudió "el agravamiento de la persecución política y judicial a organizaciones sociales". Desde la provincia, abogados/as y referentes reclaman la intervención del Poder Judicial provincial, totalmente carente de independencia y adicto al radical Morales.
 
La Opinión Popular
 

06-07-2022 / 10:07
En plan presidencial, Horacio Rodríguez Larreta aprovechó la interna en el Gobierno para subirse de candidato en 2023. Salió a atacar al Ejecutivo por los cambios en Economía y ante la posibilidad de un mayor entendimiento entre Alberto Fernández y Cristina Kirchner. El jefe del gobierno porteño, tras una serie de párrafos duros contra el oficialismo, dijo que sueña con "ser parte de la solución a los problemas que arrastramos hace décadas".
 
Larreta viene trabajando en su sueño presidencial desde hace años. Pero, en las críticas que vertió al Gobierno por la situación económica, esta vez dejó filtrar explícitamente que ya está lanzado como candidato, sin vuelta atrás. Fue, probablemente, un mensaje a varias bandas: entre ellas, a otros dirigentes del PRO como Bullrich o Mauricio Macri, quien no termina de definir si competirá o no.
 
Larreta, no obstante, no fue el único que eligió el contexto del cambio de ministro de Economía para posicionarse. Lo primereó Bullrich, quien hizo una lectura propia del sector de Macri del cambio de Gabinete: sostuvo que había sido un "golpe" de la vicepresidenta y aseguró que "aún puede avanzar más porque busca el poder absoluto".
 
Unas horas antes, se le adelantó su adversaria Patricia Bullrich, quien destacó que la posición de Juntos por el Cambio debe ser no ayudar en nada, no aprobarles ninguna ley, bloquear todo lo que se pueda bloquear: "No equivocarnos, no querer entrar a salvar a un Gobierno que no quiere ser salvado porque quiere seguir en este rumbo. Tenemos que ser la reserva política del país. Y si nos toca gobernar, vamos a tener que ser muy claros con la sociedad".
 
Dijo que no hay que "caer en la tentación" de aprobar alguna ley que proponga el oficialismo. "No tenemos que darle ninguna herramienta", se sinceró la bolsonarista Bullrich. Cuanto peor, mejor: el peligroso camino que parece haber tomado el macrismo de cara al 2023.
 
La Opinión Popular
 

06-07-2022 / 09:07
El cambio en Economía inflamó un escenario de precios que ya venía más que caliente. Con la excusa del aumento del dólar blue, aunque ayer bajó 8 pesos, se remarca a niveles superiores a esa suba aun en los productos que no tienen componente importado. La trepada del dólar ilegal y los titulares de los grandes medios porteños dieron la pauta de la tirria con que recibieron los representantes del gran poder económico a Silvina Batakis, la flamante ministra de Economía.
 
Algunos de sus voceros admitieron que la reemplazante de Martín Guzmán "no cayó bien" en los "mercados" porque su perfil es "demasiado heterodoxo", y lo que esperaban era una figura cercana a la ortodoxia neoliberal ya que los desequilibrios que hay que corregir en la economía argentina requieren de neoliberalismo. Dicho en criollo: los que manejan las grandes empresas, las finanzas, el complejo agroexportador y las corporaciones mediáticas, es decir el poder real, querían a alguno de sus gerentes al frente de Economía.
 
Todos saben que el llamado "dólar blue" es un negocio marginal en cuanto a los montos que moviliza, hasta los economistas y charlistas televisivos más fanáticos del libre mercado lo admiten en voz baja. Sin embargo esas transacciones furtivas con "arbolitos" callejeros y sucuchos con escritorios gastados sin vista a la calle reciben una atención de la prensa desmesurada. Todos los medios de la Capital Federal amplifican hasta el paroxismo todo movimiento ascendente del billete verde contagiando ansiedad incluso a quienes en su vida vieron un dólar. Como vivimos en una economía bimonetaria un leve estornudo se convierte, rápidamente, en epidemia y toda la actividad económica termina contagiada por el frenesí alcista de los precios. Es el juego de los "mercados", un eufemismo utilizado por la prensa de la derecha para no señalar por su nombre a los ricos y poderosos.
 
Batakis tuvo expresiones que no cayeron bien entre los hombres de negocios. Habló de "algunas modificaciones" en el acuerdo con el FMI; dijo que "el dólar está en niveles competitivos" con lo cual desestimó las demandas devaluatorias de los exportadores; sostuvo que "los salarios no son la causa de la inflación" y que el objetivo de su gestión será "no solo recuperar lo perdido sino también ganar poder adquisitivo" de los salarios. Tantas herejías juntas no podían pasar sin una reacción que se notara, para dejar constancia de que el camino no va a ser fácil.
 
El sólido respaldo que recibió Batakis en el conjunto del Frente de Todos es el mejor activo para encarar la cuesta. El presidente y la vice, los gobernadores, los referentes políticos de más peso sumaron sus expresiones de confianza hacia la nueva funcionaria. El encuentro de Alberto y Cristina parece consolidar una apuesta a la unidad que aporta oxígeno al gobierno y lo ayuda a transitar el último tramo de su gestión con mejores perspectivas con vistas a octubre de 2023. Y esto también enoja al arco económico, político y mediático de la derecha que anunció que jugará el resto del partido siguiendo al pie de la letra la estrategia del senador Luis Juez: "no los vamos a dejar gobernar". La pulseada está en marcha.
 
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05-07-2022 / 10:07
Pensar que Luis Brandoni en algún momento se mostró como un actor progresista, que defendía los derechos humanos y estaba dentro del campo nacional y popular. Con el tiempo acentuó el rasgo derechista conservador hasta convertirse en un acabado ejemplo del antiperonismo gorila más rancio. "Yo tengo la esperanza, es lo único en lo que tengo depositadas mis esperanzas, y mis ganas de seguir viviendo, qué van a perder y que van a desaparecer", dijo refiriéndose al peronismo.
 
En la entrevista en el canal ultra macrista LN+, Brandoni no solo mostró un odio visceral al peronismo sino que utilizó una frase con connotaciones que recuerdan a la dictadura militar, lo peor de la historia argentina. Así llegó al punto de decir que la razón de su vida es esperar que el movimiento fundado por Juan Perón desaparezca, utilizando la peor figura posible para expresarlo.
 
A partir de esas sorprendentes declaraciones las redes se hicieron eco de los dichos de Luis Brandoni, algunos con la preocupación lógica de qué sucederá con su existencia de no cumplirse el pronóstico de extinción del peronismo, y otros para expresar su disconformidad con la utilización de un término tan doloroso para la historia Argentina como es "desaparición".
 
Pero el peronismo no va a desaparecer porque lo desee el gorila de Brandoni. El peronismo podrá desaparecer cuando deje de expresar reivindicaciones nacionales y populares y otro movimiento lo releve con ventaja, o cuando él mismo evolucione hacia algún nuevo tipo de movimiemto que lo supere, sin negarlo sino integrándolo en una nueva síntesis. No desaparecerá por la ambición de gorilas trasnochados ni por decisión propia porque no es un puñado de ideas y mitos decolorándose, sino una misión, un frente de la nacionalidad estructurado en torno a su clase trabajadora y cargado con la potencialidad de la transformación social.
 
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