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"El peronismo es un encuadramiento de las fuerzas populares vertebrado en torno a la clase trabajadora" John William Cooke
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Nacionales - 15-05-2022 / 11:05
LEVANTAMIENTO DE TODA BARRERA CONTRA LA DESIGUALDAD Y PÉRDIDA DE DERECHOS SOCIALES PARA LOS TRABAJADORES

El fin de la Argentina peronista, sueño dorado de los oligarcas que se creen dueños del país

El fin de la Argentina peronista, sueño dorado de los oligarcas que se creen dueños del país
¿De qué hablamos? Del debilitamiento del Estado, de la crisis de la “sociedad laboral” que ha llegado a autorizar el discurso político de la derecha argentina a favor de una “reforma laboral”, nombre elegante de la precarización, del debilitamiento del movimiento sindical, de todo lo que constituye el sueño de los poderosos del país: el levantamiento de toda barrera contra la creciente desigualdad y la pérdida progresiva de derechos sociales para la población trabajadora.
La tendencia al crecimiento de la proporción de trabajadores formales que están en la pobreza en nuestro país podría ser pensada como el síntoma de una crisis de la Argentina peronista. El movimiento fundado por Perón dirigió desde 1945 a 1955 un proceso de incorporación social inédito, que no se limitó a un conjunto de reformas económicas, sociales y políticas: en esos tiempos nace una Argentina distinta desde el punto de vista de las relaciones sociales y políticas entre distintas clases.
 
Esa Argentina peronista ha sufrido fuertes embates a través de toda su existencia. El golpe de estado contra Perón fue su primer instante crítico; sin embargo, según se reconoce casi unánimemente entre los cientistas sociales, la Argentina peronista no fue derrotada en ese momento.
 
Tampoco los golpes de estado posteriores -incluida la tragedia del terrorismo de estado a partir de 1976 pudieron cerrar el ciclo peronista. El historiador Halperín Donghi sostenía en los años de oro del menemismo que ése era el "instante resolutorio" de la Argentina de Perón, curiosamente encarnado por un presidente que tenía totalmente en orden sus credenciales justicialistas.
 
El macrismo fue, a partir de 2015 una nueva experiencia inconclusa de la reestructuración drástica y definitiva de la Argentina. Macri se tuvo que ir, pero dejó una penosa herencia social y la carga de un endeudamiento catastrófico e ilegal que hoy -de la mano de la intervención del FMI como custodio global- volvió a conmover la existencia de esa herencia de la década del 40 del siglo pasado.
 
¿De qué hablamos? Del debilitamiento del Estado, de la crisis de la "sociedad laboral" que ha llegado a autorizar el discurso político de la derecha argentina a favor de una "reforma laboral", nombre elegante de la precarización, del debilitamiento del movimiento sindical, de todo lo que constituye el sueño de los poderosos del país: el levantamiento de toda barrera contra la creciente desigualdad y la pérdida progresiva de derechos sociales para la población trabajadora.
 

 
Es muy curioso e interesante que la derecha haga su campaña propagandística colocando en el lugar del enemigo central no al peronismo, sino al kirchnerismo. (Alguna vez supo decir Cristina que quienes llamaban "kirchneristas" o "cristinistas" a los partidarios de su gobierno buscaban bajarle el precio a la experiencia política que nace después de la crisis terminal de fines de 2001).
 
Cualquier mirada medianamente perspicaz puede identificar los rasgos comunes entre el antagonismo político de ese período -especialmente a partir de la disputa sobre las retenciones al comercio de la soja- y el que hiciera irrupción aquel lejano 17 de octubre de 1945.
 
El curso de los acontecimientos en los últimos años (los cuatro años de macrismo y sus ominosas herencias, la pandemia y la guerra en Europa) han habilitado un avance de los discursos de la derecha. Sus voceros parecen estar convencidos de la proximidad de su triunfo electoral y el estado de cosas en el interior del Frente de Todos realimenta sus profecías.
 
No se preparan para una nueva "alternancia en el gobierno", están convencidos de que ha llegado la hora de la reestructuración profunda de la sociedad argentina, el definitivo enterramiento de la Argentina peronista.
 
En sus discursos parece que se tratara del progreso, del desarrollo, del bienestar de sus habitantes, en la dirección de los "estados exitosos del mundo".
 
Pero tan pronto como se repase qué pasó cada vez que se aplicaron las recetas neoliberales se comprobará que a lo que nos quieren acercar es a la experiencia de una buena parte de América Latina a partir de los años noventa.
 
El nivel de desigualdad en la región es el más alto del mundo, el movimiento sindical se ha debilitado, las políticas de reparación social y de desarrollo independiente se han dado en pocos países, todos ellos sistemáticamente asediados por la extorsión de Estados Unidos y sus socios regionales.
 
No es el "estado de bienestar" europeo el rumbo de las derechas oligárquicas, sino una política de multiplicación de las desigualdades, aumento exponencial de las fortunas concentradas, pérdida de derechos sociales y debilitamiento de las organizaciones populares. Ese programa requiere, como siempre, una pérdida de autoestima colectiva en el pueblo, una lectura que le atribuya al Estado y sus políticas sociales progresivas todos los males que sufrimos.
 
La elección de 2023 luce como un momento decisorio para el futuro del país. Y está enmarcada en momentos muy difíciles para naciones como la nuestra. El clima de ideas en todo el mundo ha dado lugar al surgimiento de una derecha con capacidad de atracción de masas y nuestro país no es la excepción.
 
Hace unos pocos años, un discurso como el que desarrolla en estas horas Javier Milei no hubiera pasado la condición de algo pintoresco. O en el mejor de los casos hubiera exaltado la imaginación y el deseo eterno de los sectores más favorecidos de nuestra sociedad; hoy tienen un atractivo importante que atraviesa a todas las clases sociales y a todos los grupos etarios.
 
Es una derecha que ha captado en profundidad la insatisfacción democrática, que ha colocado los dramas sociales contemporáneos como el resultado de la "pérdida de libertad". Tiene un rasgo atrayente la ofensiva: la libertad es una bandera honrosa de la modernidad, uno de los símbolos de la revolución francesa que comenzó una nueva era mundial.
 
Prolijamente se borran de esos discursos otras dos palabras fundantes de aquella revolución: la igualdad y la fraternidad. Los nuevos libertarios reniegan explícitamente de esos valores. La igualdad, en su discurso, es un problema para la libertad.
 
Porque demanda un Estado, una legalidad (que para los "libertarios" es siempre un obstáculo para el despliegue de las posibilidades humanas) un límite para las acciones individuales y, no en último término de importancia, un límite para la explotación del trabajo ajeno.
 
¿Qué decir del otro principio central de los revolucionarios franceses, la fraternidad? Acaso esta sea la resistencia filosófica principal de los "libertarios". ¿Por qué tenemos que ser hermanos?
 
Es suficiente con que seamos socios, dicen y repiten con aires de importancia "filosófica". Pero la condición de socios es una circunstancia, las sociedades se construyen y se rompen. La fraternidad, tanto la de las revoluciones como la del mensaje religioso, presupone la existencia de una comunidad humana. Que no se limita a no matarnos entre todos, sino que presupone construir entre todos un mundo digno de ser vivido.
 
Los "libertarios" son el nombre actual del viejo individualismo burgués. Pero llevado a sus extremos. La "libertaria" Margaret Thatcher supo en su tiempo decirle a los ingleses e inglesas "la sociedad no existe", es decir los seres humanos no nos debemos ninguna consideración entre nosotros que no sea la que está mediada por el cálculo y la conveniencia mutua.
 
Por eso los "libertarios" se sienten los ejecutores definitivos del designio del final del peronismo. No el fin de una de sus variantes o el de alguna de sus experiencias políticas sino el agotamiento de una filosofía, de un modo de entender la realidad que se niega a someterse en el país, en la región y en el mundo al "fin de la historia" encarnado en el capitalismo neoliberal.
 
Por Edgardo Mocca
 
Fuente: El Destape
 

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05-07-2022 / 09:07
Tras la crisis desatada por la renuncia de Martín Guzmán, Alberto Fernández y Cristina Kichner se reunieron en Olivos. Se trata de un acercamiento en medio de las disputas por el rumbo económico del Gobierno. Como no podía ser de otro modo la derecha política y mediática sacó partido del tembladeral gozando la situación, agregando leña al fuego y haciendo correr rumores catastrofistas, algunos decididamente desestabilizadores. Ninguna novedad, a esta altura.
 
La designación de Slivina Batakis no alcanzó para calmar al Círculo Rojo y el lunes el dólar blue terminó en $265 y la bolsa rebotó y solo perdió 1%, después de haber bajado casi 3%. Todos los medios, especialmente la televisión, competían con sus versiones por ver quién generaba más zozobra en una audiencia con motivos para estar preocupada. El problema no parece ser quién ocupa el sillón del Ministerio de Economía, sino la cohesión de la coalición gobernante.
 
La llamada liga de los gobernadores fue la que finalmente terminó de aportar el nombre de la secretaria de Estado encargada de negociar las deudas entre las provincias y la Nación, dentro del ministerio del Interior. Fueron los gobernadores los que pusieron el grito en el cielo cuando se enteraron los detalles del acuerdo con el FMI, a principios de año. Y son los gobernadores los que no quieren que Nación recorte las partidas que les envían. Son ellos los que, en los hechos, le pusieron un freno al FMI. Y son ellos los que acaban de poner a una ministra.
 
La Vicepresidenta llegó poco después de las 21 a Olivos y cenó con Alberto Fernández. Aún no trascendieron los detalles del encuentro. Es la primera vez que se reúnen desde el acto por los 100 años de YPF que terminó desencadenando la renuncia de Matías Kulfas del Ministerio de Desarrollo Productivo. Fue Estela de Carlotto quien comentó el domingo que había intercedido entre el Presidente y la Vice para que hablar por teléfono antes de la designación de Batakis. Más allá de la llamada, el lunes por la noche cenaron en Olivos. ¿Comienza una nueva etapa en el Frente de Todos?
 
La Opinión Popular
 

04-07-2022 / 11:07
La renuncia del ministro de Economía, Martín Guzmán, tomó por sorpresa al Frente de Todos. Les pasó lo mismo a los referentes de Juntos por el Cambio. Los principales socios de JxC transitan una interna cada vez más tensa. No logran establecer un mecanismo para definir las precandidaturas que pondrán en juego el año que viene. Las disputas discursivas entre los dos Fernández son un ordenador para la mayor alianza opositora.
 
El elemento unificador no son las coincidencias programáticas entre macristas, radicales y lilitos, sino la crisis del oficialismo y las especulaciones que hacen los dirigentes opositores para ganarle al Frente de Todos en las elecciones de 2023.
 
En ese contexto, la renuncia de Guzmán no desató euforia. En su lugar disparó una cautela que se mueve entre dos cálculos que reflejan el margen de especulaciones de la coalición opositora. Algunos hablan de una debacle acelerada del panperonismo en el poder y otros viejos baqueanos de JxC aseguran que existe una chance de recuperación para el oficialismo que podría sorprender.
 
El punto contrasta con los panegíricos mediáticos que consumen en las conducciones del PRO, de la UCR y de la CC, donde creen que la fragilidad del gobierno podría derivar en una espiral hiperinflacionaria y los influenciadores mediáticos de JxC apostarán por aventar los fantasmas de una crisis difícil de remontar.
 
Ahí se juegan los límites discursivos de JxC por estas horas. Algunos de sus dirigentes hablan de la "irresponsabilidad" del gobierno por su internismo irrefrenable, y otros prefieren guardar silencio para no quedar pegados ante una opinión pública que los podría castigar por hacer leña del árbol caído.
 
Hasta ahora JxC no pudo consensuar una plataforma económica que les permita diferenciarse del escenario planteado por Guzmán con su partida. Los próximos pronunciamientos opositores dependerán de que Fernández retome la iniciativa y relance su gestión. Pero para eso todavía no tienen otra respuesta que el silencio de radio o desensillar hasta que aclare.
 

04-07-2022 / 11:07
Como fuera, en un momento límite Alberto y Cristina acertaron que debían concertar una movida. Que ninguna nueva autoridad merecería el nombre de tal sin contar con espaldarazo de la cúpula del Frente de Todos. La fumata blanca para Silvina Batakis como nueva ministra de Economía surge auspiciosa en ese aspecto. Javier Milei grita que la designada carece de saber técnico: otro espaldarazo, la descalificación de un obtuso, de ultraderecha por añadidura.
 
Desde las distintas facciones del peronismo la recepción fue muy buena. La funcionaria lo merece. Lleva una larga carrera, en carteras difíciles, en la provincia de Buenos Aires y en la Nación. Hasta ahora revistaba en esta gestión, como secretaria de Provincias en el ministerio del Interior. Se lleva bien con Eduardo "Wado" de Pedro, con sus compañeros del Gabinete nacional.
 
También con Daniel Scioli, a quien acompañó en la gobernación y de quien hubiera sido ministra nacional si se ganaban las elecciones de 2015. Desembarca en ese lugar años después en circunstancias desmesuradamente más graves. Tiene experiencia, conoce bien la Argentina. Parece muy buena opción dentro de las que se barajaban. Ser mujer suma puntos. A partir de ahí conviene señalar que le toca una etapa complejísima.
 
La salida de Guzmán acentuó el daño, debilitó al presidente, desmereció su labor como ministro durante más de la mitad del mandato. Como es regla en los debates públicos y deporte nacional se patea al caído. Se lo acusa de todas las plagas que azotan a la Patria. Más de cuatro opinadores o dirigentes dan por sentado que su partida será una panacea, que todo se ordenará. Que un rumbo distinto, con otra funcionaria mejor encaminada, corregirá todas las anomalías, bajará la inflación. Nada de eso sucederá, si alguien lo sabe es Batakis.
 
Sobreviven problemas estructurales y también polémicas respecto de cómo asumirlas. El clásico argumento "los problemas son prioritariamente políticos" es imperfecto. Claro que sin poder público, sin lapicera, manejo del Estado y decisiones no hay política económica exitosa. O más aún: no hay política económica solo simulacros. Pero, sin política no hay plan, programa, o modelo económico que funcione. Con solo la política, no alcanza.
 
Siguen en pie los enérgicos y polarizados debates acerca de qué hacer con los precios, las regulaciones, los mercados cambiarios, los sueldos, la inflación, los planes sociales, el Salario Básico Universal y un pilón de etcéteras.
 

03-07-2022 / 17:07
Harto de los cascotazos y los palos en la rueda K, Martín Guzmán pegó el portazo y dejó al país sin ministro de Economía en medio de una situación de incertidumbre. En menos de un mes renunciaron los dos hombres fuertes de Alberto en el Gabinete. Por estas horas se redefine el equilibrio de fuerzas en el Frente de Todos y el rumbo del país por, al menos, el próximo año y medio.
 
El renunciante ministro de Economía consiguió en sus más de 30 meses al frente de la cartera renegociar la deuda pública en moneda extranjera con los bonistas y el Fondo Monetario Internacional (FMI), mientras que entre los problemas pendientes quedó un proceso inflacionario que se complejizó por factores externos y la efectiva implementación de la segmentación de tarifas de gas y electricidad, entre otras cuestiones.
 
En agosto de 2020, Guzmán anunció un acuerdo de reestructuración de la deuda emitida bajo legislación internacional "inclusivo y sostenible", que implicó para la Argentina una carga menor de deuda por US$ 42.500 millones durante los primeros cinco años. Un mes después, se informó la reestructuración de alrededor de 99% de la deuda pública bajo la ley argentina por un monto de US$ 41.715 millones y, a la vez, pudo pesificar unos US$ 687 millones, como resultado del período temprano de aceptación de la oferta de canje.
 
Y, en marzo pasado, se alcanzó un acuerdo con el staff del Fondo Monetario Internacional (FMI), aprobado por el Congreso de la Nación, para refinanciar la deuda récord de aproximadamente USD 45.000 millones que tomó la administración del ex presidente Mauricio Macri. En ese período, en una gestión signada por la pandemia, para minimizar sus consecuencias entre los más desfavorecidos, se implementaron el programa de Asistencia de Emergencia al Trabajo y la Producción (ATP) y el Ingreso Familiar de Emergencia (IFE).
 

03-07-2022 / 11:07
La decisión del exministro de Economía Martín Guzmán tomó por sorpresa a muchos compañeros de gestión, incluyendo al propio presidente Alberto Fernández. Según información confiable proveniente desde la Casa Rosada y Economía el mandatario había tenido una charla fuerte o una discusión con su ministro record el jueves pasado. Guzmán se quejaba de las trabas interpuestas contra su gestión desde la Secretaría de Energía. Afirmaba que le ataban las manos, lo mismo que en el texto de la dimisión aunque con otras palabras, nombres propios y más precisiones.
 
Fernández, refieren desde el ala política del Gabinete, le prometió que lo pondría a cargo de la Secretaría en cuestión, una demanda recurrente del ministro. Pero supeditó la movida a que Guzmán propusiera a una figura con peso político. Según esta versión, el palique terminó bien o por lo menos con final abierto.
 
Ayer Guzmán difundió su texto en Twitter y recién entonces le avisó de modo remoto al presidente. Adujo, refieren allegados a Fernández, estar cansado de los ataques de Cristina. Gentes de su entorno le dan la razón subrayando que la ex presidenta parangonó su pensamiento con el de Carlos Melconian lo que leen como una afrenta, Subrayan que el presidente piensa parecido: que esas críticas son injustas y dañan mucho.
 
Otros allegados a Alberto cuestionan como desestabilizadora también la alusión que hizo CFK al Salario Básico Universal. La iniciativa tiene entrada como proyecto en Diputados. Siempre fue rechazada por el equipo económico, que no la tenía en su radar. El presidente Fernández también la considera inviable por motivos presupuestarios.
 
El clima reinante en Olivos prodigaba bronca e insatisfacción. La mayor, como es usual, contra las intervenciones de Cristina. La decisión presidencial es mantener el programa económico sin modificaciones, AF la hizo saber a varios ministros. El objetivo de Fernández es llegar a las Primarias Abiertas (PASO) del año que viene y confrontar. Pronostica que la economía seguirá creciendo, que habrá más empleo, que aminorará la desigualdad. Confía en una merma de la inflación, el problema más candente, el que aflige a los argentinos día tras día.
 

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