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“Que ningún ciudadano sea lo suficientemente opulento como para poder comprar a otro, ni ninguno lo bastante pobre como para verse obligado a venderse”. Jean-Jacques Rousseau
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Nacionales - 09-05-2022 / 10:05
LO QUE SOSTIENEN EN CADA CAMPAMENTO

¿Cuál es el nudo gordiano del debate de ideas en el Frente de Todos?

¿Cuál es el nudo gordiano del debate de ideas en el Frente de Todos?
La creación de una mesa política con todos los sectores, en la que se definan las decisiones centrales, es uno de los ejes más complejos de saldar. Las diferencias con respecto a inflación, tarifas, retenciones y política exterior, a partir de la guerra en Europa. Lo que sostienen en cada campamento.
Las diferencias dentro del Frente de Todos son pocas, pero estructurales. Más allá del ruido y los enojos, los dos espacios mayoritarios de la coalición de gobierno plantean caminos distintos a implementar como modelos de desarrollo, uno más vinculado a la exportación y las empresas y otro más centrado en el consumo y los ingresos de los sectores populares.
 
Pero también hay divergencias sobre cómo resolver esas diferencias: mientras el cristinismo pide implementar un mecanismo de toma de decisiones más colectivo, Alberto Fernández se refugia en la tradición presidencialista.
 
Hasta el momento, las diferencias están planteadas en cinco ejes: inflación, derechos de exportación (retenciones), política exterior, tarifas e institucionalización del Frente de Todos, un mecanismo de toma de decisiones dentro de la coalición que nunca -hasta ahora- se llegó a implementar.
 
Desde el albertismo aseguran  que los beneficios del crecimiento llegarán a la base de la pirámide social y que solo es una cuestión de tiempo. Por el contrario, el cristinismo  descarta que se trate de una cuestión de velocidad y apunta al corazón del plan económico de Martín Guzmán.
 

 
Los funcionarios del área económica del gobierno plantean una especie de teoría del derrame por la que los números macro que muestran desde el Ministerio de Desarrollo Productivo y de Economía -como la suba de la recaudación, pero también la baja de la tasa de desempleo- se verán reflejados pronto en los ingresos de los sectores populares debido a la reactivación de la economía pospandemia.
 
Si bien en el albertismo no se escuchan en voz alta argumentos monetaristas que le adjudiquen a las subas salariales la culpa de la inflación, en los hechos, el FMI exige una disminución en la emisión monetaria. Es por eso que este viernes la vicepresidenta mostró cómo con menos dinero en poder público desde 2015, la inflación se había disparado igual. "La inflación es por la escasez de dólares y no, como dicen en la tele, por la emisión", sintetizó.
 
"Hay una insatisfacción democrática grande porque la plata no alcanza, la gente no llega a fin de mes, y se produce un fenómeno en la Argentina que nunca lo habíamos conocido y que es que hay un segmento de trabajadores en relación de dependencia que es pobre; la pobreza la ubicábamos en los sectores informales, vulnerables. Esto es producto de dos políticas de concentración de los ingresos, de distintos métodos de apropiación de rentabilidades y una política de salarios bajos.
 
Hay un modelo en América Latina, que tuvo lugar también a principios del siglo XX en Argentina, exportador con bajos salarios. Eso debería generar dólares en el Banco Central, pero si además me faltan dólares, hay que revisar las políticas porque alguien o algunos están fallando", expuso Cristina Fernández en Chaco.
 
De la mano de la inflación y el consecuente deterioro de los salarios y jubilaciones, las tarifas de los servicios públicos también están en medio de la disputa. Guzmán ya puso primera para empezar con las audiencias públicas la próxima semana, el primer paso de un proceso que, según el cristinismo, terminará con el aumento del 65% tras la quita de subsidios implementada bajo la metodología de la segmentación (por ingreso y por zona), y no en el 20% que se había acordado entre ambos sectores.
 
En este contexto, para paliar la inflación, el secretario de Comercio Interior, Roberto Feletti, propuso el uso de derechos de exportación (retenciones) no como un mecanismo de recaudación sino como una herramienta de control de precios.
 
La respuesta no tardó en llegar de la mano del ministro de Agricultura, Julián Domínguez, quien lo descartó de plano. Si bien el FMI, en su afán de cobrar, no ve con malos ojos imponer más impuestos a los sectores más beneficiados, lo que lo impulsó a Guzmán a anunciar un no nato proyecto de ley de captura de "renta inesperada", ninguna ficha movió el Ejecutivo hasta el momento en ese sentido.
 
Otra de las diferencias profundas que atraviesa el oficialismo se da en la política exterior. Si bien ambas facciones se pronuncian a favor del multilateralismo, la guerra entre Rusia y Ucrania se metió en el conflicto interno. Este jueves el canciller Santiago Cafiero expuso en el Senado, donde adelantó que Argentina no acompañará la propuesta de algunos países centrales de separar a Rusia del Grupo de los 20.
 
Sin embargo, votó en su contra en la Asamblea General de la ONU, por lo que se suspendió a Rusia del Consejo de Derechos Humanos que forma parte del organismo, decisión que desde el cristinismo le adjudicaron a la mayor influencia que ejerce Estados Unidos sobre el país a partir del acuerdo con el Fondo.
 
Otra de las grandes diferencias  reside en la forma en que la coalición de gobierno -experiencia singular en el verticalista movimiento peronista- toma las decisiones. Si bien este problema existió desde el comienzo de la administración Fernández, se agravó con la derrota electoral y con el acuerdo con el FMI.
 
Mientras el cristinismo quiere que se institucionalice una mesa en la que estén representados todos los sectores del frente a la hora de tomar decisiones -un esquema similar al que lanzaron en la provincia de Buenos Aires-, Alberto insiste en la tradición presidencialista que pone el acento en el jefe de Estado. Por eso el cristinismo insiste en remarcar que la mayoría de los votos en 2019 los aportó CFK. «
 
Por: Gimena Fuertes
 
Fuente: Tiempo Argentino
 

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29-03-2026 / 15:03
La gestión de Javier Milei atraviesa un momento muy complejo, atrapada en una tenaza que combina corrupción sistémica y degradación económica. La narrativa de austeridad se ha quebrado frente a pruebas judiciales contundentes: por un lado, el Caso $LIBRA, donde el peritaje técnico confirma un esquema de promoción de estafas piramidales que involucra directamente al Presidente y a Karina Milei por presuntos cobros millonarios; por otro, el escándalo de Manuel Adorni, cuya utilización de vuelos privados y un crecimiento patrimonial injustificado -que incluye mansiones y gastos de lujo- lo colocan como el nuevo emblema de los privilegios que el Gobierno prometió desterrar.

Sin embargo, el factor que transforma estos escándalos en un veneno letal para el oficialismo es el contexto de asfixia social. La paciencia popular, que hasta hace poco funcionaba como un cheque en blanco, se está agotando ante una realidad incontrastable marcada por la pobreza récord Con indicadores que ya superan el 55%, el ajuste ha dejado de caer sobre la política para ensañarse con la clase media y los sectores vulnerables; la inflación persistente, la cual, a pesar del discurso oficial, el costo de vida -especialmente en alimentos y servicios públicos- sigue demoliendo el poder adquisitivo de los salarios. A esto se le suma la crisis de expectativas: El contraste entre el "no hay plata" para comedores escolares y el despliegue de recursos en el entorno de Adorni ha roto el vínculo de confianza con su base electoral.


En definitiva, la caída en las encuestas no es solo producto de los tribunales; es el resultado de un modelo que pide sacrificios extremos a la población mientras sus máximos referentes se ven cercados por causas de corrupción que huelen a vieja política. La "libertad" parece haberse convertido, para el círculo íntimo del poder, en la libertad de gozar de privilegios mientras el resto del país cae en la indigencia.


De la redacción de La Opinión Popular

28-03-2026 / 07:03
La historia, caprichosa pero justa, suele poner las cosas en su lugar. El reciente fallo de la Corte de Apelaciones del Segundo Circuito de Nueva York, que rechaza de plano la demanda de los fondos buitres contra la República Argentina por la recuperación de YPF, no es solo un alivio para las cuentas públicas; es la partida de nacimiento de una verdad que el relato libertario intentó asfixiar: la soberanía nacional no fue un error, sino el acierto estratégico más importante del siglo XXI.


Este veredicto no constituye únicamente una victoria jurídica, sino que representa una reivindicación política total para Axel Kicillof. En 2012, el entonces ministro de Economía comprendió que un país sin el control de su propia energía es un país sin destino. El tiempo, ese juez implacable, terminó por darle la razón: hoy, Vaca Muerta no es una entelequia, sino una realidad que bate récords de producción y sostiene el andamiaje de una Argentina que, de otro modo, estaría de rodillas.

 
En este escenario, es imperativo apelar a la memoria y desenmascarar el cinismo. El hoy presidente no fue un observador neutral en esta disputa; fue un militante activo y un lobbista desfachatado del bando buitre. Javier Milei, el mismo hombre que ahora intenta "caranchear" miserablemente un triunfo judicial ajeno, construyó su carrera mediática descalificando sistemáticamente la recuperación de YPF como un "robo" y un "atropello a la propiedad privada". Su alineamiento con el capital especulativo fue tan obsceno que llegó a proponer la creación de un humillante "Impuesto Kicillof": una tasa destinada a esquilmar al pueblo argentino para pagarle a los fondos buitres una deuda que, hoy lo sabemos, era ilegítima. Como bien señaló el gobernador bonaerense ante la contundencia del fallo: "Es lamentable que el presidente de la Nación haya defendido a los fondos buitres en lugar de defender los intereses del país".

 
La contundencia de la sentencia dictada en Nueva York se traduce en una victoria multidimensional. En el plano fiscal, la Argentina logra un alivio monumental al evitar el desembolso de una cifra astronómica fabricada por la voracidad especuladora. En lo estratégico, el fallo ratifica la legalidad internacional de la expropiación, blindando la soberanía sobre nuestros recursos naturales. Finalmente, en el terreno político, el veredicto desmantela el relato de la "mala praxis" esgrimido por Milei, validando la solvencia técnica y el coraje de una defensa que priorizó el patrimonio nacional por sobre los dictados de los mercados financieros internacionales.


De la redacción de La Opinión Popular
27-03-2026 / 19:03
24-03-2026 / 13:03
24-03-2026 / 13:03
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