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“Que ningún ciudadano sea lo suficientemente opulento como para poder comprar a otro, ni ninguno lo bastante pobre como para verse obligado a venderse”. Jean-Jacques Rousseau
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Nacionales - 08-05-2022 / 11:05
CRÍTICAS Y RECLAMOS A ALBERTO Y AL EQUIPO ECONÓMICO

El debate en el Gobierno tras el discurso de Cristina

El debate en el Gobierno tras el discurso de Cristina
Cristina elevó el nivel del debate, su narrativa golea a la de cualquier dirigente político nacional. Dejó abierta la puerta para que la controversia interna se acentúe en las próximas semanas. No insinuó ruptura, destacó que asumirá en estos días cuando AF se vaya de gira por Europa.
La vicepresidenta Cristina Fernández en su discurso en Resistencia, el viernes, enmarca, historiza. Disecciona diferencias entre el off the record y lo enunciado "on the record". Cuenta "infidencias" de Palacio que dejan malparado a Alberto Fernández, elogia al diputado Máximo Kirchner. Resitúa al ministro de Desarrollo Productivo bonaerense, Andrés Larroque, el más agresivo ariete contra el ministro Martín Guzmán, su equipo y al propio presidente. AF quería en 2021 al "Cuervo" Larroque como ministro de Desarrollo Social, confidencia Cristina.
 
Queda para las tertulias de café, las mesas de arena o las charlas de quincho interpretar si fueron críticas o neutras las alusiones a los ministros de Desarrollo Social Juan Zabaleta (cuyo segundo nombre de pila modificó, por errata o por picardía) y al ministro del Interior Eduardo "Wado" de Pedro.
 
Cristina elevó el nivel del debate, su narrativa golea a la de cualquier dirigente político nacional. Dejó abierta la puerta para que la controversia interna se acentúe en las próximas semanas. No insinuó ruptura, destacó que asumirá en estos días cuando AF se vaya de gira por Europa.
 

CRÍTICAS Y RECLAMOS A ALBERTO Y AL EQUIPO ECONÓMICO
 
El debate en el Gobierno tras el discurso de Cristina: qué prepara la vice y los escenarios que se abren
 
"Tenemos la obligación de debatir y discutir, no la boleta única: cómo hacemos para devolverle a la gente la esperanza y los anhelos. Porque esta es mi mayor preocupación y también mi mayor sensación de amargura: la confianza que nos depositaron. Los anhelos, las esperanzas... y la verdad que creo que no le estamos haciendo honor a tanta confianza, tanto amor y tanta esperanza que depositaron". Así cerró la vicepresidenta Cristina Fernández de Kirchner su discurso en Resistencia, el viernes.  
  
Una cadena nacional de canales de cable, espontánea y transversal, cubrió la exposición que duró onda una hora y media. El uso de la primera persona del plural encuadra sus planteos, habla "desde adentro". El resto distingue responsabilidades y hasta culpas: recaen en el presidente Alberto Fernández (jamás designado con nombre y apellido) y su equipo, en particular el gabinete económico.
 
Con punto de partida en la insatisfacción democrática, un fenómeno global que padecemos con color local en estas pampas, Cristina desplegó su elocuencia, con toques irónicos y hasta elegantes. El tono escogido, clásico en la oradora, se distingue de los rústicos intercambios diarios entre tirios y troyanos, incluso en la interna del Frente de Todos (FdT). El contenido de la pieza sostiene, en sus palabras, "el debate".
 
Las alusiones a tópicos del periodismo hegemónico dan en el blanco: el uso de palabras-ícono ("metáforas congeladas", diría Jorge Luis Borges) para disimular la ausencia de saberes y hasta de contenido. Por ejemplo, "la caja" y "el poder" simplismos que evaden abordar en serio temas complejos. O a la obsesión por encasillar todo en la psiquis de los protagonistas, tan nelsoncastrista, pongalé.
 
La divulgación del Índice de Precios al Consumidor el jueves que viene, las audiencias públicas por reajustes de tarifas, pueden servir de caldo de cultivo. El clima imperante sugiere que la cobertura informativa en radios y tevé de la aparición de CFK calentará desde mañana el clima previo a esos dos trances difíciles. El periplo europeo del presidente, todo lo indica, quedará en segundo plano para la opinión pública.
 
En torno de Cristina y en la Casa Rosada se adelanta o supone que, tras el regreso del primer mandatario, serán más frecuentes actos como el de Chaco. Exposiciones cuidadas, con asistencia numerosa en auditorios provinciales. Militantes y adherentes en la calle, recuperando el formato de las presentaciones y "los patios" de la Casa de Gobierno. La liturgia, la escenografía, el papel del público son parte del mensaje.
 
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Desde el vamos: 
  
La expresidenta se autorretrata como racional ("neuronal" en su verbo) y generosa. Enfatiza que las primeras indicaciones y los señalamientos subsiguientes a la política económica arrancaron desde la asunción presidencial, acaso antes.
 
De movida advirtió a su compañero de fórmula que advendría una fuerte puja distributiva. En 2020 explicitó alertas y propuestas. Le propuso un candidato a Secretario de Comercio Interior, joven y muy capacitado, al ministro de Desarrollo Productivo Matías Kulfas. 
 
Kulfas, punza CFK, "había escrito un libro contra nosotros, imaginate. Miren si yo voy a andar enojándome por tal o cual cosa... o sea. Había escrito un libro contra nosotros pero, bueno, el Presidente confiaba en él, vaya" (sic, anche el "vaya"). 
  
El ministro rechazó al candidato porque confiaba en los buenos modales. Este cronista comparte más las objeciones al dialoguismo cándido del Gobierno (tan ineficaz como reiterado) que la tipificación del libro. Son puntos de vista. De cualquier modo, la discrepancia iniciática con Cristina recobra vigencia.
 
Aunque Guzmán fue menos mentado personalmente, la calificación sobre su desempeño no dejó dudas.
 
Sí quedan latentes preguntas de la etapa. Si el kirchnerismo en general pide cambios de política o relevos de funcionarios. En el primer caso, si dispone de un programa alternativo. Y en el segundo, si impulsa candidatos a ocupar los potenciales cargos liberados. La secuencia continuará.
 
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Réplicas anticipadas y fallas: 
  
Los silencios de Cristina se interpretan tanto como sus palabras, lo que fomenta sus sarcasmos. En la Casa Rosada, sin ir más lejos, toda la semana que pasó fue víspera de la alocución en Resistencia. Alberto Fernández había comisionado al Ministro-Jefe Juan Manzur a retomar las reuniones de Gabinete. Se concretó una, más formal que sustanciosa. 
 
Quedó notoria, demasiado expuesta, la ausencia de integrantes del ala económica en la conferencia de prensa posterior al madrugón. Guzmán se inclina a replicar reproches al secretismo alternando solo con interlocutores VIP. Quiéralo o no, un modo de subrayarlos.
 
El presidente Alberto habló en sucesivos actos. En todos subrayó el crecimiento, "el sendero" que recorre la economía real, comprometiendo esfuerzos para que baje la inflación y mejore la distribución del ingreso.
 
La comunicación pública, como el fútbol y el VAR, fomenta lecturas diversas. Para quien firma esta columna, el Presidente ha perdido sintonía con la sociedad  civil, no registra que su palabra no atrae y a menudo no se escucha. Queda descolocado en un hipotético certamen con Cristina: levanta demasiado la voz, "personaliza" en exceso los mensajes. Charla con el puñado de circunstantes más que con la virtual audiencia colectiva que oirá fragmentos, editados.
 
Como cuestión de fondo, suponiendo que lo anterior sea de forma: no registra que es insuficiente el despliegue de la economía, su sostenimiento sin cambios cualitativos, sin audaces políticas públicas de mediano plazo.
 
El oficialismo ni siquiera consigue "hacer agenda" con el bono adicional de 18.000 pesos que pronto se empezará a pagar. Una medida que lo describe bien. En positivo por su afán de mantener la carrera de los ingresos fijos contra la inflación. En lo negativo o precario, por tratarse de un parche concebido para salir del paso un mes o dos.
 
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El diseño de la fórmula: 
 
Cristina alegó haber designado a un candidato presidencial sin poder propio. Discurrió sobre hipotéticas figuras alternativas. El presidente de la Cámara de Diputados, Sergio Massa. El Secretario General de la Confederación General del Trabajo, Héctor Daer. O hasta el líder del Movimiento Evita, Emilio Pérsico. Todos con poder construido previamente. Todos, glosamos, poco apreciados por Cristina aunque Massa da la impresión de haber conseguido treguas, waivers o tendido puentes en estos años.
 
Las caracterizaciones son interesantes aunque uno piensa que Alberto Fernández como candidato fomentó el triunfo electoral, previa reunificación del peronismo. Su perfil y su funcionamiento en campaña fueron funcionales en el plano interno y con el padrón ciudadano. En lo interno para reunificar al peronismo, comprendidos el citado Massa, los gobernadores, la dirigencia sindical, las organizaciones sociales. En el Agora exponiendo una nueva versión del peronismo, antagónica a la devastación macrista y asimismo reperfilada.
 
Cristina Fernández de Kirchner insinuó una ucronía, que deja paso a la discusión contrafactual. Por definición incomprobable, por esencia tentadora. Uno, quien les habla, piensa que ni Massa, ni Daer ni Pérsico hubieran conquistado adhesiones de personas no encuadradas, de peronistas desencantados, de jóvenes que votaban por primera vez.
 
Imposible dar por sellada la controversia sobre si "Cristina se equivocó al hacer fórmula con Alberto". Vale deslizar que era arduo (y "corto") el casting de candidatos para encarnar un peronismo remozado, re-unido, ganador en el cuarto oscuro: había contados protagonistas que pudieran calzarse el traje. Sobraban los dedos de la mano para contarlos. ¿Es opinión o dato? Se escuchan respuestas de lectores atentos.
 
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Escenarios y especulaciones: 
  
Cristina no anunció secesiones ni pidió renuncias (stricto sensu). Analistas varios vaticinan que va preparando candidaturas para 2023. No lo dijo en "on", no está probado, son presunciones.
 
Las distintas vertientes del peronismo descuentan que habrá Primarias Abiertas (PASO). El gobernador chaqueño Jorge Capitanich y el presidente anunciaron su voluntad de participar. Wado de Pedro dio un paso adelante en su gira por Israel.
 
Gana espacio entre los encuestadores la hipótesis de un escenario electoral más parecido al de 2003 que a los de 2015 y 2019. Con ballotage, seguro, con menos polarización entre dos fuerzas. Se fundan en encuestas escasamente confiables cuando falta taaaaanto tiempo. Pero la dirigencia política propende a estimar factible el horizonte. Como enseñaba el compañero Durkheim, las percepciones compartidas socialmente gravitan como si fueran hechos.
 
Elementos argumentados a favor de la teoría. Ausentismo electoral creciente en 2019. Baja de la sumatoria entre Juntos por el Cambio (JpC) y FdT en dichos comicios, referencia relativa porque el medio término favorece a terceras fuerzas. Crecimiento del "partido" de Javier Milei. Potenciales divisiones entre cambiemitas o entre peronistas, derivables en un par de listas. Son puntos de vista expandidos que este cronista no valida ni descarta, de momento.
 
Ese horizonte daría margen a pretendientes que saliendo segundos con el 25 o 30 por ciento podrían prevalecer en la segunda vuelta porque nadie treparía hasta el 40 por ciento en la primera. Operaciones y roscas incipientes trajinan con ese futuro entre ceja y ceja.
 
La prensa dominante cifra altas (o medianas, bueno) esperanzas en la emergencia del apodémoslo, neo peronismo racional. Una confluencia entre el gobernador cordobés Juan Schiaretti, el exgobernador salteño Juan Manuel Urtubey, el exsenador Miguel Pichetto, el exdiputado Emilio Monzó, entre otros. Periodistas de postín o de batalla presuponen que ese conjunto de perdedores o piantavotos a nivel nacional dará un batacazo, repavimentará la abandonada avenida del medio. Schiaretti, se deja constancia, es fuerte en su reducto... el único en esa lista.
 
Hasta el cierre de esta nota se trata de cálculos, hipótesis de trabajo que parten de la base de una gobernabilidad sostenida, crisis económica no resuelta. Y solidez de Milei para contener al electorado de derechas, restando adhesiones a JpC.
 
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Insatisfacción, incertidumbre, derechas al acecho: 
  
Cristina tomó el uso de la palabra (y tituló su ponencia) aludiendo a la insatisfacción con la democracia. Tendencia de larga data que se agrava con la pandemia y la guerra en Ucrania. El desencanto con sucesivas gestiones, la apatía, la tensión causada por no llegar a fin de mes forman un continuo que puede fomentar violencias ciudadanas o virajes a derechas tan brutales como astutas.
 
El exvicepresidente de Bolivia, Álvaro García Linera, participó en la Feria del Libro de Buenos Aires. Con versación y vuelo intelectual infrecuentes habló de esta contingencia histórica, signada por la pandemia y la guerra en Ucrania.
 
En un reportaje emitido en el programa Gente de a pie (Radio nacional, AM 870) describió: "El mundo se ha modificado en lo objetivo y en la subjetividad colectiva. Vivimos un tiempo liminal, suspendido, sin horizontes. Un escenario de incertidumbre estratégica y corrosión de la esperanza colectiva".
 
Los distintos progresismos de nuestra región, se preocupa García Linera, deben empujar potentes "transformaciones de segunda generación". De lo contrario "tienden a convertirse en partidos de un orden insatisfactorio provocando que las banderas del cambio sean tomadas por las derechas para imponer el yugo y el garrote a los más humildes".
  
"Un progresismo moderado, de transformaciones podría haber funcionado si no hubiéramos tenido pandemia y sin crisis mundial acompañadas por un declive de las reformas de primera generación".
 
La gente, enseña el estadista-académico, demanda cambios y certidumbres que le cambien la vida. Gobernabilidad y ampliación de derechos como hubo años atrás en nuestro país y el vecindario. La acechanza de las derechas no es pura manipulación o simulacro: la benefician la desigualdad, la falta de respuestas a las necesidades populares.
 
Por Mario Wainfeld
 
Fuente: pagina12.com.ar
 

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04-02-2026 / 11:02
A través de la práctica de demorar la puesta en vigencia del cambio de ponderaciones que resulta de una encuesta de gastos de hogares más actualizada que la de 2004, que todavía se aplica, se verán afectados los ingresos reales de todos aquellos sectores que ajustan sus remuneraciones siguiendo el Índice de precios al consumidor (IPC), como jubilaciones, pensiones y asignaciones de la previsión social como la AUH, y se estará alterando el cálculo de variables fundamentales para la economía, como el producto bruto (que en el futuro va a ser recalculado a la baja) o la pobreza (en sentido inverso, en el futuro se demostrará que es mayor a la que actualmente se informe).
 
Así lo han puesto de manifiesto especialistas en el tema, entre ellos Alejandro Barrios, ex director del Indec, quien explicó que las ponderaciones resultantes de la Encuesta de Gastos de Hogares de 2017/18 "ya está disponible hace años, incluso la Ciudad de Buenos Aires ya la está aplicando; la demora en aplicarla a nivel nacional es que hay un gobierno que iba a implementar un cambio en los precios relativos, con subas importantes en los servicios regulados por el Estado (por quita de subsidios). La decisión fue parar la aplicación de los nuevos índices hasta que se completen esos cambios; y se considere que ya no van a seguir aumentando, mes a mes, el teléfono, la luz, el transporte, las prepagas, etc. Rubros que en el índice actualizado tienen un peso mucho mayor que en el de la canasta de gastos de hace 20 años".
 
En consecuencia, el índice que se seguirá aplicando "hasta que se complete el proceso de desinflación", en palabras de Luis Caputo, da como resultado un aumento de precios al consumidor inferior al que surge del cálculo con el nuevo índice. "Esto va a provocar en el futuro un recálculo de variables de los años anteriores, como pasó otras veces, pero esta vez con el agravante de que las autoridades actuales son conscientes de que demoran el cambio de fórmula para subestimar la inflación", agregó Barrios.
 
Así, por ejemplo, el cálculo del PBI tendrá probablemente una revisión, porque al desindexar los precios a una tasa más alta que la que se usa actualmente, resultará un PBI real (descontada la inflación) menor al que hoy se informa. En consecuencia, se recalculará a la baja el PBI de todos estos años (aumentos inferiores a los que ahora se informan, caídas superiores, e incluso subas leves que se transformarán en bajas).
 
Lo contrario sucederá con los índices de pobreza, ya que cuando en el futuro se recalculen los ingresos deflactados por un índice no subestimado como el actual, van a ser menores en términos reales, mientras que las canastas de precios al ser reajustados van a ser más altas. En consecuencia los índices de pobreza así recalculados resultarán más altos que los que ahora se informen.
 
Este manoseo de los índices en el corto plazo también podrá ser motivo de controversias, de parte por ejemplo de tenedores de bonos con variable CER (ajuste por inflación) o títulos con cláusula de ajuste UVA (también tiene un componente que varía según el IPC). Además, el cálculo del valor de las jubilaciones y pensiones se hace, mensualmente, de acuerdo al aumento del IPC en meses anteriores, por lo cual la sub estimación del índice va en desmedro de los perceptores de esos ingresos. Lo mismo vale para los que reciben la AUH y otras asignaciones que se ajustan periódicamente por la inflación.
 
Otro ingreso que se verá afectado es el salario, en la medida en que las paritarias se negocien en función de un índice de inflación que luego se demuestre que no era el real. "La decisión de que tendremos un índice de fantasía abre las puertas del infierno", advirtió el ex diputado nacional y ex dirigente de ATE Claudio Lozano. "De manera desembozada e impune decretan que ellos decidirán lo que debe dar la estadística pública sobre inflación. Lo ocurrido no hace más que explicitar lo que se venía observando en el funcionamiento del Indec, porque hace rato que debería haberse incorporado la Encuesta de Gastos de los Hogares del 2016/17 y se lo demoró sin ninguna razón estadísticamente válida".
 
La Opinión Popular
 

03-02-2026 / 11:02
Tras la renuncia de Marco Lavagna al frente del Indec, porque Javier Milei se niega a medir bien la inflación, Luis "Toto" Caputo decidió postergar la publicación de la nueva canasta de medición de precios, que daría una inflación mucho mayor. "Con el Presidente siempre pensamos que había que cambiarlo una vez que el proceso de desinflación estuviera consolidado", afirmó. O sea, nunca. El Gobierno libertario oculta así el fracaso económico mientras los trabajadores del organismo alertan por intervención.
 
La decisión de Milei y Caputo de suspender sin límites la actualización del IPC solo una semana antes de su puesta en marcha fue demasiado hasta para Lavagna, que había aceptado retrasarla hasta ahora, además de hacer magia con los índices de la inflación y la pobreza. Presentó la renuncia al Indec y fue reemplazado por su segundo, incondicional de Caputo.
 
No hay eufemismos ni figuras simuladas que tapen lo que realmente pasó, a sólo 8 días de que se conozca un IPC que debería estar actualizado, tal como lo había prometido el Gobierno: Lavagna confió internamente que salió del ente estadístico, precisamente, porque Milei y el ministro de Economía, Caputo, se negaban a implementar la nueva medición de inflación por la que él venía peleando hacía más de dos años. Horas más tarde, Caputo se vio obligado a salir a confirmar los dichos de Lavagna.
 
Los dichos de Caputo son escandalosos y abren dudas peligrosas respecto a los números, porque los técnicos del INDEC ya tenían medidos precios con el nuevo IPC y se había anunciado la aplicación de ese índice para el próximo martes 10, cuando se sepa la inflación de enero. Esa medición daba arriba del 3 por ciento, pero a Lavagna le pedían que esté en torno al 2 por ciento. Además, es polémico porque Caputo no le pone fecha a la nueva medición. Es decir, Milei y Caputo se niegan, sin fecha cierta, a medir la inflación con la Encuesta de Hogares del 2018, para seguir haciéndolo con la del 2004.
 
Una medición que no refleja el costo de vida de las familias. Lo que el Gobierno hace evitando actualizarlos, es que no se vean reflejados en enero los aumentos de tarifas, en un escenario donde además los alimentos vienen subiendo. En pocas palabras, Milei está midiendo la inflación con los mismos parámetros de gastos familiares que había 22 años atrás.
 
Lo que eran sospechas terminaron siendo confirmadas por el propio gobierno. El viernes pasado el Banco Central difundió el Informe de Política Monetaria donde se admite abiertamente que si se hubiese utilizado el nuevo IPC la inflación hubiese sido más alta en los últimos dos años por la suba de los servicios públicos, que recién a partir de ahora tendrán más peso en la canasta del Indec. El propio Banco Central confirmó la manipulación del índice de inflación.
 
Mientras la población siente que los salarios se pulverizan y el pluriempleo crece, los datos oficiales truchos muestran un aumento inflacionario "moderado", utilizado por el Gobierno anarco capitalista también para planchar paritarias y jubilaciones. Esta brecha entre la realidad social y las estadísticas alimenta la desconfianza generalizada, incluso entre especialistas.
 
La Opinión Popular
 

02-02-2026 / 11:02
El secuestro de Nicolás Maduro se transmitió en tiempo real por televisión y redes sociales, en una estudiada coreografía que hacía parecer toda la escena como parte de la última mega producción de Hollywood. A eso se sumó luego una campaña virtual de Donald Trump en la que se presentaba al mandatario como una especie de dueño del continente entero, incluyendo -sobre todo- a Groenlandia. El spin-off local de Trump no se queda atrás. Javier Milei, otra figura nacida en un set de TV, mezcla su presidencia con recitales masivos, romances fogosos y una cultura memética permanente en redes sociales. En todo el planeta es el momento de la política comic show, un juego que, a la vez, es mucho más que eso.
 
Milei construyó su llegada al poder desde los paneles de televisión. Allí mezcló gritos violentos, peleas salvajes y un aporte original: la capacidad de discutir autores económicos en prime time desde una matriz libertaria extrema. Su figura se nutrió además de otros condimentos: obras de teatro durante los veranos, noviazgos mediáticos -en 2018 salió con Daniela Mori, exintegrante de la banda de cumbia Las Primas-, revelaciones perturbadoras sobre su sexualidad tántrica, covers de temas de rock y clásicos, apariciones disfrazado como superhéroe y, por supuesto, su marca registrada: su extraña cabellera.
 
Mientras por un lado agita la violencia con invitaciones permanentes a "odiar más" y compara a sus rivales con monos o cucarachas, por el otro ofrece circo: el recital en el Movistar Arena, su show en el festival de Jesús María, una aparición en un canal de streaming oficialista junto a su perro clonado, un beso fogoso con su entonces pareja en un teatro costero, cuadros en la Quinta de Olivos donde se compara con Wolverine y con un león, una bizarra cuenta en inglés presentada mediante un cómic donde aparece volando sobre Buenos Aires como superhéroe.
 
A esta lista se suma su escasa preocupación por la higiene y el recambio de vestuario -con el mameluco de YPF como emblema, incluso en Davos- y su llanto desconsolado en el Muro de los Lamentos, una postal inédita para un presidente argentino. Con matices, todos estos episodios -los extravagantes y los violentos- comparten algo en común: arrastran la atención popular, dominan redes sociales y colonizan la agenda mediática y política, mientras corren los límites de lo decible en la sociedad argentina. "La primera estrategia de esta derecha es polarizar a la sociedad", explica el historiador Steven Forti en Extrema derecha 2.0. "No se trata de excentricidades, sino de una estrategia bien pensada."
 
Ese manual fue adoptado por la administración libertaria desde su llegada al poder. Cuando no fue el cierre del INADI o de Télam, fue un ataque a la comunidad homosexual, al periodismo o a alguna artista musical. Y cuando no había escándalo político, lo había estético: cuatro camperas en pleno verano, intentos de ocultar la papada o defensas públicas de películas de Guillermo Francella. De una u otra forma, siempre provocaba bronca, perplejidad o fascinación, emociones ideales que premian lo ruidoso.
 
Lo explica Giuliano da Empoli en Los ingenieros del caos, libro de cabecera del asesor presidencial Santiago Caputo: "El megáfono de Trump era la indignación de los medios." Con Trump y Milei ocurre lo mismo: se los puede amar o detestar, pero no ignorar.  Richard Nixon lo llamaba "la teoría del loco". Fingir irracionalidad para volverse imprevisible y, por eso mismo, temible. Trump lo dijo sin rodeos: "Xi Jinping sabe que estoy totalmente loco."
 
La pregunta es inevitable: ¿estamos ante líderes desbordados o ante personajes cuidadosamente construidos? "La banalidad de la locura", la llama el politólogo Brian Klaas: una saturación de exabruptos que termina anestesiando a la sociedad.
 
La Opinión Popular
 

01-02-2026 / 10:02
Desde su llegada a la Casa Rosada, Javier "Pinocho" Milei construyó un relato épico de gestión que, al ser contrastado con datos verificables, empieza a mostrar fisuras cada vez más profundas. Promesas infladas, cifras manipuladas, logros magnificados y afirmaciones directamente falsas forman parte de un patrón comunicacional que ya no puede explicarse como simples errores.
 
Se trata, cada vez más claramente, de una estrategia política basada en la distorsión sistemática de la realidad. Organizaciones especializadas en verificación de datos, como Chequeado, desmintieron en reiteradas oportunidades afirmaciones centrales del discurso presidencial. Uno de los ejemplos más notorios fue la declaración en la que Milei aseguró haber sacado a diez millones de argentinos de la pobreza.
 
El número, ampliamente difundido por el oficialismo, resultó ser metodológicamente incorrecto, engañoso y sin respaldo estadístico sólido. Si bien algunos indicadores mostraron leves mejoras, la magnitud del cambio real está muy lejos del relato triunfalista que el prescindente intenta instalar. Algo similar ocurrió con su afirmación de haber eliminado los piquetes en todo el país. Lejos de desaparecer, los cortes de calles continuaron registrándose, aunque con menor visibilidad y mayor intervención de las fuerzas de seguridad.
 
La reducción de protestas no equivale a su erradicación, pero Milei optó por presentar una victoria absoluta que los datos desmienten. La manipulación también alcanza el terreno histórico. En reiteradas ocasiones, el mandatario afirmó que la Argentina fue uno de los 3 países más ricos del mundo, una afirmación que no resiste el menor análisis serio de los registros económicos internacionales.
 
Esta construcción mítica, repetida hasta el cansancio, busca reforzar la narrativa del "paraíso perdido" arruinado por la política tradicional, aun cuando carece de sustento empírico. El uso irresponsable de información falsa no se limita a discursos oficiales. En redes sociales, Milei llegó a difundir encuestas inexistentes, atribuidas falsamente a la Fundación FOPEA, con el objetivo de desacreditar al periodismo.
 
La propia organización salió a desmentir públicamente la información, dejando al descubierto una práctica preocupante: la utilización deliberada de datos falsos para atacar a la prensa crítica. Este comportamiento no es aislado. Forma parte de una lógica de comunicación basada en la confrontación permanente, la exageración de logros, la victimización y la construcción de enemigos internos.
 
La distorsión de cifras y hechos se convierte así en una herramienta política para sostener un relato épico que muchas veces choca contra la realidad cotidiana de millones de argentinos. Mientras la inflación continúa afectando el poder adquisitivo, la recesión golpea al consumo y el ajuste impacta con fuerza en jubilados, trabajadores y sectores medios, el discurso presidencial insiste en mostrar una Argentina idealizada que pocos logran reconocer en su vida diaria.
 
En este contexto, la manipulación informativa no solo erosiona la credibilidad del Gobierno, sino que también debilita el debate democrático y el derecho ciudadano a estar informado con veracidad. Gobernar a base de datos falsos puede rendir frutos comunicacionales de corto plazo, pero tiene costos profundos. Cuando la mentira se convierte en política de Estado, la confianza pública se deteriora, la institucionalidad se debilita y el vínculo entre gobernantes y sociedad se vuelve cada vez más frágil. En definitiva, más que errores ocasionales, las distorsiones discursivas de Milei parecen responder a una estrategia clara: imponer un relato antes que explicar la realidad. Una apuesta peligrosa que, tarde o temprano, termina chocando contra los hechos.
 
La Opinión Popular
 

31-01-2026 / 09:01
Décadas de globalización con la lógica del mercado se desplomaron sobre los argentinos con Javier Milei gritando el Rock del Gato mientras cinco provincias se incendiaban fuera de control y la mayoría de los gobernadores se sometían a ser extorsionados para aprobar la reforma laboral.
 
Décadas de erosión de la democracia y el medio ambiente cayeron sobre los argentinos con el florecimiento del libertarismo autoritario, que es como decir silencio atronador o fuego helado. Las dos cosas no van juntas. El resultado es libertad para pocos y autoritarismo para los demás.
 
Rocca, Magnetto y Galperín fueron algunos de los creadores del Golem esquizofrénico. Lo construyeron para que los proteja, financiaron sus campañas, le dieron letra con leyes para proteger sus intereses y publicaron loas en los medios que controlan. Pero en este momento parte de sus intereses entraron en colisión con el rumbo aperturista total del gobierno y sus alianzas.
 
Las elecciones de medio término en una sociedad que perdió el sentido, fragmentada, extenuada por la inflación y la pandemia, le dieron un impulso que se multiplicó con el respaldo de la Casa Blanca.
 
Ese paralelismo crispado de un imperio en decadencia encontró un aliado incondicional en la subordinación total de Milei. No hay término medio en las Casas Blanca y Rosada. Una decisión absoluta de dominio se complementó con una decisión absoluta de sumisión.
 
Con la apertura que impulsaron los grandes empresarios, y que implementó este Gobierno, entró una avalancha de productos chinos. El capital concentrado creyó que tenía espalda para sobrevivir al exterminio de sus competidores de la pequeña y mediana industria y comercio y que podría deglutir esos espacios que quedaban libres.
 
Pero el ímpetu del comercio chino, ultra tecnológico, con cadenas de suministro ultra coordinadas y eficientes, se llevó puestos hasta los tubos de Techint y metió en problemas a la gran aplicación comercial de Marcos Galperín, el hombre más rico del país.
 
Galperín reside en Uruguay para no pagar impuestos en Argentina, donde creció su empresa, Mercado Libre. Impulsó con entusiasmo el discurso libertario contra los subsidios estatales y contra la regulación de los mercados.
 
Desde la pandemia, el campeón antisubsidios recibió subsidios por 370 millones de dólares. Y ahora, el también campeón de la apertura de las importaciones, le exigió al gobierno que regule a Temu, la aplicación de comercio china que le arrebató una porción de la torta.
 
Paolo Rocca, que colocó a su ex empleado Horacio Marín como CEO de YPF, recurrió a la Justicia por la licitación de tubos para un gasoducto que perdió ante una firma india que fabrica tubos con acero chino. Galperín hizo lo mismo con Temu. Y Magnetto afronta problemas parecidos con la compra de Telefónica por el Grupo Clarín.
 
Son contradicciones fuertes en el capital hegemónico, que el gobierno sobrelleva con enormes ofrendas, como la reforma laboral. El triunfalismo que invadió a la Casa Rosada por el resultado electoral se enfocó en su primera cosecha. La ley de trabajo propuesta incluyó un artículo sobre el impuesto a las ganancias que saca coparticipación a las provincias.
 
El Gobierno mandó a Diego Santilli a discutir con los gobernadores, pero le advirtió que no hará ninguna concesión. Y Santilli les prometió que los premios llegarían después de la aprobación en el Congreso. 
 

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