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Nacionales - 26-04-2022 / 09:04
26 DE ABRIL DE 1986

Desastre nuclear: Explota el reactor de Chernobyl, en Ucrania

Desastre nuclear: Explota el reactor de Chernobyl, en Ucrania
Fotografía aérea del reactor 4 al día siguiente de la explosión.
El drama de Chernóbil​ fue un accidente nuclear sucedido el 26 de abril de 1986 en la central nuclear Vladímir Ilich Lenin, ubicada en el norte de Ucrania. Es considerado el peor accidente nuclear de la historia, y junto con el accidente nuclear de Fukushima I en Japón en 2011, como el más grave en la Escala Internacional de Accidentes Nucleares (accidente mayor, nivel 7). Asimismo, suele ser incluido entre los grandes desastres medioambientales de la historia.
 
Fue una catástrofe nuclear y ambiental sin precedentes. Liberó un poder radioactivo 500 veces superior al de la bomba atómica que se lanzó sobre Hiroshima, Los burócratas de la entonces Unión Soviética pretendieron esconder y minimizar la tragedia, que alcanzó directamente a cinco millones de personas.
 
La Opinión Popular
 
El drama atómico en Chernobyl: cómo fue el día que Europa estuvo en peligro
 
El sábado 26 de abril de 1986, la central nuclear Vladimir Ilich Lenin, hoy norte de Ucrania y en ese momento dominio de la URSS, lanzó hacia el cielo una nube de dióxido de uranio, carburo de boro, óxido de europio, erbio, circonio y grafito..., quinientas veces mayor que el histórico hongo sobre Hiroshima (agosto de 1945), nacimiento de la Era Atómica.
 
El Infierno en la Tierra, esa metáfora que tantas veces se usa con frivolidad para definir hasta el disturbio en una cancha de fútbol..., sucedió realmente y con dimensiones colosales.
 
Lo inmediato: en la planta murieron dos empleados, y otros veintinueve en los tres meses siguientes.
 
Sus cuerpos fueron sepultados en un enorme hoyo en la tierra. Sus féretros, luego de cerrados, fueron depositados en otros sarcófagos, pero de plomo, y cerrados con soldadura en todo su contorno, y por fin, la fantasmal tumba fue cubierta con toneladas de cemento...
 
A diferencia de los sarcófagos egipcios, cuyas fauces fueron abiertas tantas veces y exhibidos los embalsamados faraones..., el estremecedor osario de Chernobyl no debe ser abierto jamás: algunos de los venenos que contaminaron los cuerpos pueden durar ¡hasta veinticuatro mil años!
 
La explosión de Chernobyl -palabra que en ruso significa "Vida negra" (¡!)- sucedió en el reactor 4: un sobrecalentamiento descontrolado del núcleo del reactor que voló su tapa, de mil doscientas toneladas, y dejó escapar materiales que formaron una nube radiactiva que afectó, en distintas intensidades, a trece países de Europa central y oriental: Bielorrusia, Rusia, Ucrania, Escandinavia y gran parte del oeste de Europa.
 
Paradoja: el accidente se produjo... durante una prueba de seguridad (reducción de potencia). Pero también por una serie de torpezas, impericias, reacciones tardías de los empleados, y en un momento fatal: el cambio de turno de una de las tres dotaciones, que no le dio tiempo al equipo nocturno, recién llegado, para reaccionar según el protocolo. Pero en realidad, la prueba de seguridad debía ser terminada por el primer turno, a la mañana..., pero por desidia u otras razones nunca bien explicadas, el plan no fue cumplido, y la responsabilidad cayó sobre Alexander Akimov, jefe del último turno, y Leonid Toptunov, a cargo del régimen operacional del reactor, quien poco antes de morir por las atroces quemaduras dijo que había apretado el botón AZ-5 (Defensa de Emergencia rápida), pero fue demasiado tarde...
 
Día a día crecieron las letales consecuencias. Muy poco después de la explosión, mil personas sufrieron la mayor dosis de materia contaminante: muerte segura a corto o largo plazo...
 
La onda expansiva afectó, también en distintos grados, a las seiscientas mil almas que trabajaron en la descontaminación, a las cuatrocientas mil que vivían en las áreas más cercanas al colapso del reactor, y no dejó indemnes a ninguno de los cinco millones que vivían en pueblos y barrios de la zona alcanzada por los tentáculos del veneno.
 
Pero la tragedia padeció otro telón de fondo: la irresponsabilidad de los jerarcas del régimen soviético, que decidieron -como sucedió con todo cuanto ocurrió detrás de la Cortina de Hierro- ocultar el desastre. "Que el mundo no se entere", fue la ridícula consigna: antes de esa reunión a puertas herméticamente cerradas..., Suecia, Suiza e Inglaterra ya habían recibido claras señales de la explosión.
 
 
Héroe y antihéroe
 
Los grandes bonetes del Kremlin nombraron a Boris Shcherbin, viceprimer ministro -que ignoraba todo respecto de una central nuclear-, que no tardó en enfrentarse duramente con el físico de alto rango Valere Legasov.
 
Mientras desde los lujosos despachos de los súper burócratas se emitían, para el público, noticias de esperanza ("Fue un pequeño incidente", "Nadie corre peligro", "Sigan tranquilos con sus vidas"), y algo peor: se negaron a evacuar a tiempo poblaciones directamente contaminadas para evitar el pánico -decisión criminal-, cuyos habitantes, con el correr del tiempo, sufrirán las clásica consecuencias de la radioactividad: cáncer, bebés nacidos con deformaciones, males pulmonares y hepáticos...
 
La durísima pulseada entre el físico Legasov y el ignorante títere Shcherbin, por fin, la ganó el primero. Pero también tarde. Una escuadrilla de helicópteros bombardeó el reactor, cuyo techo de grafito ardía sin cesar, con cargas de arena, arcilla, plomo, dolomita y boro. Pero muchos aparatos cayeron tragados por la columna de humo..., y ninguna de las cargas dio en el blanco.
 
Los alrededores más cercanos de la central nuclear sufrieron una radiación de veinte mil roentgens por hora (¡dosis letal: cien por hora!), de modo que muchos habitantes recibieron dosis mortales en menos de un minuto. Otros héroes con riesgo de muerte: los bomberos. Gracias a ellos y a su denodado trabajo en las tres primeras horas del accidente, el fuego del reactor 4 no se extendió hasta toda la central nuclear.
 
Violando las regulaciones de seguridad, el techo del edificio del reactor 3 se construyó con una mezcla que incluyó bitumen, material altamente combustible: mientras los jerarcas seguían lanzando señales de "no pasa nada grave".
 
Recién el 14 de mayo, dieciocho días después del colapso, el secretario general Mijaíl Gorbachov leyó un largo (pero tardío) informe en el que admitió la magnitud de la tragedia. Pero la prensa internacional lo acusó de minimizar para encubrir los graves efectos colaterales que -sin embargo- ya empezaban a golpear a casi la mitad del mundo.
 
Los peores elementos contaminantes arrojados por Chernobyl son el yodo radioactivo (desintegración: ocho días), el estroncio y el cesio (treinta años), que están en las capas superficiales del suelo y son absorbidos por plantas, insectos, animales y hongos, que luego invaden la cadena alimenticia...
 
Luego del desastre, los verdes pinos de un área cercana al reactor se tornaron marrón dorado, y murieron. Hoy, ese cementerio vegetal se llama "Bosque Rojo". Además, todos los países europeos afectados por la contaminación cumplen, aún hoy, severos controles sobre la carne de jabalíes, ciervos y otros animales de caza, lo mismo que sobre la flora. El reactor 4 de Chernobyl estuvo rodeado por un sarcófago protector, pero el tiempo, la radiación, el calor y la corrosión irradiada por los materiales ocultos lo degradó a lentamente, de modo que en noviembre de 2016, a treinta años de la tragedia, se inauguró el NSC (Nuevo Sarcófago Seguro), móvil, en forma de arco, ciento diez metros de alto, ciento cincuenta de ancho y doscientos cincuenta y seis de largo, y más de treinta mil toneladas de peso, calculado para durar cien años.
 
La explosión, sus muertos, sus enfermos, el desprecio por los protocolos y el ocultamiento de la verdad no deja de ser, también y con señales claras, un doloroso símbolo del fin del régimen soviético, sucedido tres años después con un estrépito no nuclear y libertario: la caída del Muro de Berlín.
 
Por Alfredo Serra
 
Fuente: Infobae 

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23-05-2022 / 11:05
El Censo era una oportunidad de bajar un cambio y aceptar que está bueno. Que solamente a un trastornado se le ocurriría cuestionarlo de base. Saber qué cantidad somos, de qué manera estamos repartidos según distritos representados de cuál modo; precisar bajo qué condiciones se vive; indagar sobre acceso a servicios básicos, etc.
 
Hay comprobaciones censales desde antes de Cristo (primera dinastía egipcia), se efectúan en todo el mundo y, con diferentes modalidades, países como Francia redujeron de diez a cinco años el período entre un relevamiento y otro. Naturalmente, habría lugar para señalamientos negativos en torno de cantidad y calidad de preguntas que pudieron faltar. Pero, sólo a desencajados y alborotadores de baja fusta se les prendería la lamparita de impugnar la herramienta en sí.
 
Hasta el Censo cayó bajo la grieta promovida por los odiadores seriales. Las cosas que se vieron y escucharon en la agenda publicada son de un nivel a prueba de todo estómago e (in)sensatez. Una minoría insignificante de gente que no fue censada se transformó, mediáticamente, en la demostración de que se acabó en desastre.
 
Referentes comunicacionales se preguntaron "cuánta plata nos salió esto". Y otros, que al cabo son los mismos, llamaron a comprender que el Censo fue para sumar otro día sin laburar. ¿Qué clase de ignorantes pueden formular asertos de este tipo? ¿Cómo es posible que haya lugar para decir barbaridades como ésas con total arbitrariedad, sin temor a la sanción social?
 
¿Hasta dónde puede llegar el extravío de quienes necesitan retroalimentar el odio como motor de sus intereses políticos? ¿O acaso el odio es un elemento constitutivo de la política frente al que, ya, cuando se desata con impunidad no parece haber barreras efectivas?
 

23-05-2022 / 10:05
22-05-2022 / 10:05
El 28 de octubre de 2009 la entonces presidenta Cristina Fernández presentó su proyecto de "Ley de democratización de la representación política, la transparencia y la equidad electoral". Su característica más destacada era la implementación de primarias abiertas, simultáneas y obligatorias para que cada partido o frente político dirimiera sus candidaturas. El objetivo era "ordenar" (eufemismo para acotar, disminuir) la oferta electoral. El Senado sancionó la iniciativa, que había pasado con cambios por la cámara de Diputados, el 2 de diciembre, 35 días más tarde.
 
La oposición protestó: el trámite había sido demasiado rápido para una reforma electoral (un tratamiento express) y, por la gravedad del asunto, no era deseable que se hiciera sin acuerdo opositor. Tenían razón las dos veces. Seis elecciones más tarde los efectos y defectos colaterales del sistema son evidentes. El sector político que impulsó las PASO intentó evitarlas a toda costa y cuando tuvo que usarla, provincia de Buenos Aires en 2015, salió mal. Por otra parte, quienes se resistieron en un primer momento, supieron aprovecharlas mucho mejor y construir sobre ellas buenos resultados.
 
Pero los problemas van mucho más allá de eso. En principio: el objetivo con el que fueron diseñadas las primarias no se cumplió. Al contrario, desde que se implementaron por primera vez, en 2011, hasta 2019, la cantidad de partidos que participó de las elecciones en todo el país aumentó de 443 a 642, según advirtió el politólogo especializado en la materia Facundo Cruz en la última entrega de su excelente newsletter La gente vota. La distancia entre que la PASO anticipa el resultado y este se concreta, más de dos meses después, ha sido sustrato para escenarios de alta volatilidad política y económica.
 
Por desgracia, en lugar de adoptar ahora una actitud constructiva que permita discutir la mejor solución a los problemas de origen y de implementación de la normativa vigente para perfeccionar el sistema electoral, la oposición de derecha comete ahora el mismo error y, apoyada en una mayoría contingente, avanza con una reforma a los empujones. En este caso es todavía más grave, porque ni siquiera existe aún un proyecto. Hay cerca de una docena dando vueltas, que difieren en aspectos clave.
 

22-05-2022 / 09:05
La Argentina es un país muy extenso con baja densidad media de población distribuida de modo dispar, con gran concentración en centros urbanos. Cuenta con un desarrollo industrial considerable, mano de obra y profesionales calificados pero todo eso no alcanza para el crecimiento sustentable y prolongado.
 
Es exportador de productos agropecuarios que le reditúan ingresos en divisas pero "el campo" no emplea tanta mano de obra como la industria. Está alejada de los grandes centros de poder, hace décadas que no tiene conflictos bélicos con países limítrofes. Padece las crisis del capitalismo mundial que usualmente se tradujeron en dificultades económicas y zozobras institucionales. Así pasó en 1890, 1930 y 2008, por aludir a algunos casos.
 
Durante el mandato del presidente Alberto Fernández viene sufriendo dos crisis globales, que castigan a todo el planeta: pandemia y guerra en Ucrania. Las catástrofes duelen más por acá porque se asientan en el legado macrista: industricidio, economía tembleque, deuda externa record. Las desigualdades entre clases y regiones se acentuaron. Creció la concentración de la riqueza. Los padecimientos en pandemia se repartieron potenciando asimetrías preexistentes.
 
La derecha argentina es extrema como sus parientes en otras latitudes. Sus líderes reniegan de la identidad propia, la esconden: se definen como "republicanos o liberales". Los refutan sus desempeños cuando gobernaron. Partidarios de un capitalismo sin frenos, promueven bajas de impuestos y reducción de derechos laborales. Elisa Carrió, esta semana, propuso disminuir algunas indemnizaciones por despido causado y reducir la cantidad de empresas en las que debe haber delegados de personal. No es la economía, giles, es la puja de poder entre clases.
 
La clase trabajadora argentina es demandante, se moviliza con agilidad, reivindica derechos. La praxis marida mal con el capitalismo soñado por la derecha que cuestiona a los "populistas". "Populistas" definió toscamente el economista Javier González Fraga son los que "se creen con derecho" a consumir, a disponer de bienes típicos (no lujosos) de la etapa.
 
Según las visiones ultraliberales la democracia es el factor que agrega irracionalidad a la gestión del sistema (capitalista). La tentación populista resulta de un electorado que no es capaz de darse por satisfecho con lo que le proporcionan los mecanismos del mercado. La consideran una patología inherente al sistema democrático en el cual la mayoría utiliza su poder numérico en favor de medidas que parecen beneficiarla en el corto plazo pero que terminarían comprometiendo el mecanismo de la economía capitalista, presentado a su vez como la supuesta base de todo el progreso social.
 
Para los defensores de esta corriente, el nudo a desatar radica en cómo limitar la democracia para proteger el mercado sin poner en riesgo la legitimidad del orden social. Las catástrofes acontecidas desde 2020 repartieron mal poder, riquezas, esperanzas, perspectivas futuras. La puja política en la Argentina refleja esa disparidad en un trance difícil y desafiante para las fuerzas nacional-populares. 
 

21-05-2022 / 11:05
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