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Nacionales - 21-01-2022 / 08:01
PANORAMA EMPRESARIO SEMANAL

Inesperados obstáculos sobre la hora al pacto con el FMI

Inesperados obstáculos sobre la hora al pacto con el FMI
La pregunta que se hace ahora el establishment es si, ante el endurecimiento de las contrapartes, el Gobierno está recalculando su rumbo hacia una posición más defensiva, si solo tensa la cuerda para negociar mejor o si se prepara para afrontar las consecuencias económicas de un impago al FMI, que -más allá del terrorismo mediático- no están del todo claras.
Como nunca hasta ahora, en la soledad de su aislamiento preventivo en Olivos, Alberto Fernández coquetea con la alternativa de demorar el pago del próximo vencimiento con el Fondo Monetario para intentar forzar un vuelco en el último tramo de la negociación. Es una cuota de capital que vence el viernes próximo por U$S 725 millones y una de intereses por otros U$S 141 millones que debería cubrirse el martes siguiente, primer día de febrero.
 
La discusión hierve en la mesa chica presidencial y al interior del equipo económico, donde algunos roles cambiaron con el giro del calendario. A 50 días de los vencimientos de marzo, para los cuales las reservas netas del Banco Central ya no alcanzan, en los tres campamentos del oficialismo coinciden en que las tratativas están empantanadas por el endurecimiento del Fondo.
 
Aunque la situación puede variar en cuestión de horas, las condiciones que exige Washington para refinanciar la brutal deuda que dejó como herencia Mauricio Macri son inaceptables para el Frente de Todos.
 
El sapo más difícil de tragar para el oficialismo no es el sendero de ajuste fiscal que exige el staff del FMI -una reducción del déficit del 1% del PBI anual en vez del 0,7% que propone el Ministerio de Economía- sino el mecanismo de "enforcement" (aplicación) de las condiciones que se vayan a fijar en el Acuerdo de Facilidades Extendidas (EFF) a diez años.
 
Lo que funcionarios del Tesoro estadounidense le reconfirmaron a Martín Guzmán en diciembre es que las revisiones trimestrales del eventual acuerdo serían estrictamente técnicas y vinculantes, lo cual implica que cada desembolso para cubrir cada cuota de la deuda que dejó Macri estaría condicionado al cumplimiento de las metas del trimestre anterior. La evaluación de ese cumplimiento, además, estaría 100% en manos del staff, sin salvaguarda política alguna ni intervención formal del Directorio.
 
La pregunta que se hace ahora el establishment es si, ante el endurecimiento de las contrapartes, el Gobierno está recalculando su rumbo hacia una posición más defensiva, si solo tensa la cuerda para negociar mejor o si se prepara para afrontar las consecuencias económicas de un impago al FMI, que -más allá del terrorismo mediático- no están del todo claras.
 

 
Aunque puede parecer un tecnicismo se trata de una decisión con profundas consecuencias políticas. Primero porque el sueño del FMI Fratelli Tutti de Kristalina Georgieva se hizo añicos contra el escándalo por favoritismo en un antiguo ranking del Banco Mundial que estuvo a punto de eyectarla a mediados del año pasado.
 
Ahora su staff, con Gita Gopinath y el halcón brasileño Ilan Goldfajn a la cabeza y con el británico Ben Kelmanson encargado del caso argentino, es mucho más hostil.
 
Segundo, porque Fernández y Guzmán habían convencido al resto del FdT de firmar un acuerdo imposible de cumplir con el argumento de que las condiciones tampoco serían tan estrictas, al menos durante el período de gracia inicial de cuatro años.
 
Pero al redactar la letra chica quedó claro que el EFF no sería un asiento contable sino un pasaporte al cogobierno con el Fondo hasta el final del mandato. "Así como está no despeja la incertidumbre, porque nos deja a tiro de default permanente", admitió ante BAE Negocios uno de los negociadores.
 
El Presidente lo supo de boca de Guzmán antes del brindis por Año Nuevo y ambos convinieron exponerlo en la conferencia que ofrecieron juntos el 5 de enero ante gobernadores.
 
En el público mejor informado llamó la atención que el ministro mostrara en un gráfico el reparto de las acciones al interior del Fondo, algo que nadie desconoce y cuya exhibición apunta al principal responsable: Estados Unidos.
 
Fue una manera de denunciar, aunque sea entrelíneas, la negativa actual de la Casa Blanca a intervenir después de haberle ordenado al Fondo en 2018 que le entregara a Macri (aun contra sus estatutos y convenios) los U$S 57.000 millones de aquel préstamo StandBy, un monto tan grande que ni siquiera llegó a desembolsar totalmente.
 
Pese a las súplicas del canciller Santiago Cafiero, la negativa fue ratificada este martes por Anthony Blinken con la elegancia del Departamento de Estado: "Eso es un asunto del Tesoro", le dijo.
 
En el Tesoro, el encargado del caso argentino es David Lipton, asesor estrella de Janet Yellen. Se trata del mismo halcón demócrata que secundaba a Christine Lagarde en el Fondo en 2018 y que ejecutó la orden de Trump de blindar a Macri, aun contra su voluntad. Esta vez, asegura puertas adentro, se ceñirá a las reglas.
 
 
Fútil seda china
 
Esa promiscua relación de dependencia entre el Fondo Monetario y el Tesoro norteamericano no es una novedad para el peronismo ni para el clan Cafiero. El que ahora viajó a pedir clemencia al accionista mayoritario es el nieto del también joven agregado financiero en Washington en 1949, Antonio Cafiero, quien le recomendó al mismísimo Juan Perón que no se asociara al Fondo en una carta que le remitió el 25 de julio de ese año.
 
El canciller, sin embargo, no fue quien trazó la estrategia de negociación con el FMI sobre el supuesto de la colaboración estadounidense que finalmente no llegó.
 
Ahí todas las miradas en el oficialismo apuntan a otro hombre, tan silente como influyente en la intimidad de Olivos y tan "imperturbablemente pro-norteamericano" como se autodefinió Amado Boudou aquella vez en la Embajada, según deschavó Wikileaks: Gustavo Béliz.
 
El secretario de Asuntos Estratégicos siempre dio por hecho el apoyo de la Casa Blanca. Incluso antes de que Joe Biden desbancara a Trump, que fue cuando Sergio Massa sumó su propio entusiasmo americanófilo. La tesis de que Washington evitaría a toda costa una crisis en el corazón del Cono Sur se probó demasiado optimista.
 
Súbitamente, también sobre las Fiestas, Fernández decidió aceptar invitaciones que podría haber ignorado sin grandes costos para volar en 10 días a Moscú y a Beijing, justo en el pico de tensión de ambas potencias emergentes con Estados Unidos.
 
En Rusia aterrizará justo mientras se llena de soldados la frontera con Ucrania. En China planea asistir a la inauguración de los Juegos Olímpicos de Invierno, que Biden llamó abiertamente a boicotear.
 
Ninguno de esos dos gobiernos ofreció dinero para cubrir el vencimiento impagable de marzo y sería ingenuo creer que se puede improvisar una salida así en menos de dos meses, con la parsimonia que caracteriza especialmente a la diplomacia china. Pero el gesto apunta a mostrar que Argentina no solo tiene un aliado. La pregunta es si no es tarde para esto también.
 
A favor de Fernández juega el hecho de que la política regional también navega otras aguas que en diciembre de 2019, cuando asumió. Luis ArceGabriel Boric y Pedro Castillo no presidían Bolivia, Chile y Perú respectivamente. 
 
Gustavo Petro y Lula tampoco estaban a punto de ganar en Colombia y en Brasil, como ahora. ¿Será por eso que Guzmán se animó advertir que el FMI puede "perder legitimidad" si no llega a un acuerdo, como lo hizo el mismo martes en un reportaje con AFP, justo antes de reunirse otra vez con Cristina Kirchner?
 
Son conversaciones demasiado herméticas como para tener certezas. Pero que la Casa Blanca teme y combate cualquier intervención de Beinjing en las finanzas de terceros países es un dato que ayer ratificó Anne Krueger, la dama de hierro del FMI en la crisis que hundió a la Argentina hace 20 años.
 
En una columna de opinión titulada "la futilidad de los alivios de deuda sin condiciones", la antigua subdirectora gerente (designada por Estados Unidos) escribió: "Incluso si los chinos le brindan apoyo financiero, la economía de Sri Lanka no funcionará normalmente hasta que sus líderes hayan afrontado sus problemas macroeconómicos e introducido medidas para aliviar la carga de la deuda. En Sri Lanka y otros países que enfrentan crisis similares, la situación exige una combinación de ajustes en la política económica, una reestructuración de la deuda y préstamos suficientes para sostener las importaciones". Toda una advertencia para otros que levanten la vista hacia el sol naciente.
 
 
Defolteadores impensados
 
En ese mar de incertidumbre, tampoco está claro qué le conviene a Wall Street. ¿Y si Larry Fink, el CEO del fondo BlackRock que quería ser secretario del Tesoro con Biden y que vetó el ala izquierda demócrata, tampoco quiere un acuerdo entre Argentina y el FMI?
 
Al igual que otros acreedores privados, BlackRock sufrió la caída del precio de los bonos argentinos desde la reestructuración que cerró Guzmán en 2020. ¿Qué pasaría ahora si el acuerdo con el FMI se demora? Los bonos caerían aún más. Buena ocasión para comprar más a la espera del eventual rebote, como hace cualquier inversor avezado (y con espaldas suficientes, claro) ante el desplome de un activo en el que ya invirtió mucho.
 
Esa alquimia financiera dependerá del ciclo político y de cómo se ordenen las internas en el oficialismo y en la oposición. En Juntos por el Cambio, aunque lograron redactar un comunicado conjunto sobre la negociación con el FMI, la pelea es sin cuartel.
 
Y es entre los más entusiastas financistas de la candidatura de Macri donde Horacio Rodríguez Larreta cosecha sus mejores apoyos. A esos mecenas del círculo rojo, escaldados con figuras como Mario Quintana y Guillermo Dietrich, los recluta para el larretismo desde la primavera el repatriado operador cordobés Edgardo Cenzón.
 
A ellos también les importa el precio de los bonos. Para que sea negocio auspiciar una campaña presidencial, algo del país tiene que quedar en pie.
 
Por Alejandro Bercovich
 
Fuente: BAE Negocios
 

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24-03-2026 / 13:03
24-03-2026 / 13:03
24-03-2026 / 12:03
Mientras la mayor parte de los argentinos dormían, en la madrugada del miércoles 24 de marzo de 1976, me desperté sobresaltado por los golpes en la puerta de mi casa. El "Chueco", un viejo compañero de militancia, me vino a comunicar que las Fuerzas Armadas habían derrocado al gobierno constitucional del peronismo.
 
Me vestí apresuradamente, me cambié el peinado, me afeite los bigotes y salí inmediatamente a alertar a otros compañeros. La primera casa a la que llegué, la de Rodolfo "Rody" Vittar, no existía más. Horas antes un comando paramilitar había llegado para detenerlo, y como no lo encontró, instaló explosivos y voló la vivienda hasta los cimientos.
 
La represión en Córdoba fue muy dura, igual que en muchos otros lugares del país. Este proceso desembocó en una sangrienta y larga noche de males, que dejó como saldo miles desaparecidos, una guerra perdida a manos de Gran Bretaña y un país económicamente quebrado, entre otras cosas.
 
Por eso, en el Día Nacional de la Memoria por la Verdad y Justicia, en este nuevo aniversario del golpe militar genocida, quiero recordar y rendir un recóndito homenaje a tres queridos compañeros y amigos, asesinados ese siniestro 24 de marzo.

Ellos son: Víctor Lorenzo, Concejal en Córdoba Capital por la Juventud Revolucionaria Peronista, quien fuera ejecutado, el día del golpe, de un tiro en la cabeza en la cárcel local; don Luis Carnevale, Senador Nacional por la misma provincia, secuestrado y desaparecido ese mismo día; y el mayor Bernardo Alberte, ex Delegado Personal de Juan Perón, quien fuera arrojado a través de la ventana de su departamento, en un sexto piso, por una patrulla militar, la madrugada del siniestro Golpe de Estado.

Hay muertes, que por ser las primeras, son todo un símbolo. Los militares asesinos los eligieron primero porque eran peronistas. Y no se lo perdonaron. Pero, a pesar de las cárceles y los fusilamientos, de los compañeros muertos y los desaparecidos, nunca fuimos vencidos. Continuamos invariablemente las luchas que emprendieron Eva y Juan Perón.

Compañeros Víctor Lorenzo, Luis Carnevale y Bernardo Alberte, Presentes. Hasta la victoria, siempre.

Por Blas García para La Opinión Popular 

24-03-2026 / 12:03
El 24 de marzo de 1976 una sublevación cívico-militar derrocó a la presidenta constitucional, María Estela Martínez, instalando una dictadura de tipo permanente autodenominada "Proceso de Reorganización Nacional", gobernada por una Junta Militar integrada por tres jerarcas militares, uno por cada fuerza. La junta designó como presidente de facto a Jorge Rafael Videla.
 
El gobierno militar suprimió los derechos civiles de los ciudadanos y las libertades públicas, anuló las garantías constitucionales, suspendió la actividad política, vedó los derechos de los trabajadores, intervino los sindicatos y la CGT, prohibió las huelgas, disolvió el Congreso y los partidos políticos, y destituyó la Corte Suprema de Justicia.

 
La dictadura impuso el terrorismo de Estado como método sistemático, un régimen de represión ilegal, violencia indiscriminada, persecuciones, tortura sistematizada y desaparición forzada de personas, en el que se violaron masivamente los derechos humanos y se produjeron, en un verdadero genocidio, decenas de miles de desaparecidos.

 
Pero la dictadura no se instaló sólo para torturar y matar gente, sino para posibilitar una transferencia masiva de riquezas hacia los núcleos más concentrados de la economía, quienes se apropiaron además de buena parte de los negocios públicos. Durante el proceso militar, por ejemplo, el grupo Macri pasó de tener 7 a 47 empresas, mostrando que el golpe no fue solo accionar de fuerzas represivas. Y los empresarios que mandaban en 1976, siguen mandando.

 
Para imponer un régimen alejado de los intereses nacionales y populares, el golpe militar fue ejecutado en contra del Pueblo y del peronismo en su conjunto, institucional, política e individualmente. Pensado en función del molde agro exportador de fines del siglo XIX que, dados los cambios internacionales, derivó en el programa pro financiero y desindustrializador, el modelo neoliberal. Hoy Javier Milei y Victoria Villaruel expresan muchos de esos ideales de Videla y Martínez de Hoz, pero también de los grandes empresarios, eternos dueños del país.

 
El Terrorismo de Estado produjo miles de desaparecidos. Hubo 30.000 luchadores sociales barridos por la represión, de todos los sectores políticos populares y revolucionarios. La inmensa mayoría de las víctimas fueron jóvenes, la inmensa mayoría fueron cuadros y militantes de la clase trabajadora, la inmensa mayoría fueron peronistas.


El Proceso puso fin al "Estado de Bienestar" fundado por Juan Perón y al Proyecto Nacional y Popular concebido por el justicialismo desde la década del 40, dejando en lamentable estado la convivencia democrática, la economía, la sociedad y las instituciones, abriendo profundas grietas que recién después de más de cuatro décadas empiezan a ser curadas.


A 50 años de aquel infausto 24 de marzo, en el contexto de un gobierno anarco capitalista que niega, justifica o exalta los crímenes cometidos por las fuerzas represivas, convocamos a mantener viva la memoria del Pueblo en apoyo a la continuidad de la búsqueda de memoria, verdad y justicia por los crímenes de lesa humanidad cometidos y en defensa de los Derechos Constitucionales, los Derechos Humanos y las Libertades individuales de ayer, de hoy y de siempre.


Carlos Morales para La Opinión Popular 

23-03-2026 / 10:03
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