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Sociedad e Interés General - 24-12-2021 / 06:12
24 DE DICIEMBRE DE 1929

El presidente Hipólito Yrigoyen sufre un atentado del que sale ileso

El presidente Hipólito Yrigoyen sufre un atentado del que sale ileso
En la imagen: Reconstrucción del atentado contra el presidente Yrigoyen.
 
El presidente Hipólito Yrigoyen, un verdadero líder popular, vivía en una modesta casa de la calle Brasil 1039 donde, a las 11.30 de la mañana del 24 de diciembre de 1929, subió a un auto con su chofer habitual, Eudosio Giffi, para ir a la Casa Rosada. Junto a Yrigoyen se sentó su médico particular, el Dr. Osvaldo Meabe, y al lado del chofer se ubicó el subcomisario Alfredo Pizzia Bonelli, jefe de la custodia.
 
Seguido por otro auto en el cual viajaba el personal policial de custodia, Giffi condujo por Brasil hasta cruzar la calle Bernardo de Irigoyen, donde estaba de facción el agente Carlos María Sicilia.
 
Al pasar frente al Hotel "Tigre", Brasil 924, una persona salió del zaguán revólver en mano y disparó cinco tiros contra el automóvil. El chofer zigzagueó para no presentar blanco mientras el subcomisario Pizzia, herido en el abdomen, y los custodios, repelían el ataque. El agente Sicilia corrió al lugar y fue herido en una pierna, y el atacante resultó muerto de cinco balazos.
 
Esa tarde, Yrigoyen concurrió a la comisaría a ver los restos de quien fue identificado como el anarquista Gualberto Marinelli.
 
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24 de diciembre de 1929, un martes caluroso y sin noticias de trascendencia. La portada del diario La Nación anunciaba que Londres habilitaba un crédito de cinco millones de libras para el gobierno argentino, y a su vez advertía que la cosecha de trigo no alcanzaría al 50% de las cifras del año anterior. El presidente Hipólito Yrigoyen salió de su casa, en Brasil 1039, acompañado por el doctor Osvaldo Meabe. Arrancaron por Brasil, hacia Bernardo de Irigoyen.
 
En esa esquina solían reunirse curiosos y otras tantas personas para entregarles cartas y pedidos al presidente, entre ellos muchos empleados públicos por demanda de trabajo. Era una esquina con custodiada reforzada. Detrás, lo seguía el auto vitourette de custodia, conducido por Manuel Guerrero, junto a los comisarios Leopoldo Flores y Orestes Cansanello.
 
A mitad de cuadra, apenas cruzaron Bernardo de Irigoyen, desde el umbral del Hotel Tigre, en Brasil 924, salió un hombre con movimientos tan nerviosos como rápidos, en dirección al auto presidencial. El hombre, con el pelo revuelto y sin sombrero, sostenía un arma en la mano derecha, temblando y a la vez decidido. El primer disparo dio en el cristal de la portezuela de la derecha, sobre el asiento del doctor Meabe. El vidrio se hizo añicos pero no logró herir al doctor. El segundo disparo fue a baja altura sin siquiera perforar la puerta.
 
El comisario Alberto Pizzia saltó desde el pescante del auto de custodia para sujetar al hombre. Pero no llegó a su destino, el agresor le dedicó su tercer balazo. El comisario cayó herido en el abdomen, sobre la calle Brasil.
 
Entonces, el agresor volvió a disparar contra el auto presidencial los dos últimos proyectiles. Uno dio cn el guardabarros y el otro a metros del tanque de nafta. Se terminó la suerte para Gualterio Martinelli, llegó el turno del retroceso.
 
Sin balas en su arma, retrocedió hasta un auto donde parapetarse. Llegó el turno de la respuesta. El primer disparo vino del chofer del auto presidencial, Manuel Guerrero, y dio en el cuerpo de Martinelli. Ese primer disparo lo  volteó contra la vereda, en la puerta de la casa de la familia Romero y Fernández, en Brasil 916. Los que rodeaban al presidente fueron contra el agresor. Primero le pisaron la muñeca para sacarle el arma, un calibre 32 corto.
 
Entonces, llegó otra cantidad de disparos contra Martinelli, desde todos los rincones y con todas las armas. Se calculó que le dedicaron más de veinte disparos, muchos terminaron en las fachadas de las casas y los locales de la cuadra. Otros cinco se alojaron en el cuerpo del anarquista.
 
Fuente: Libro "La Mecha Encendida. Los atentados anarquistas en Argentina"

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El presidente Hipólito Yrigoyen sufre un atentado del que sale ileso
Hipólito Yrigoyen.
26-01-2022 / 08:01
26-01-2022 / 08:01
 
El 26 de enero de 1972, el Partido Justicialista, como expresión electoral del Movimiento Peronista, proscripto desde 1955, vuelve a obtener su personería jurídica.
 
Se vivía entre gobiernos civiles seudo democráticos (Frondizi, Illia) o dictaduras militares (Aramburu, Onganía, Lanusse) y se convivía en la ilegitimidad política como si fuera normal que así sea. Se daba por aceptado que el peronismo no podía participar de la vida política. De esto se beneficiaban todos los políticos gorilas, especialmente los radicales.
 
Pero, asediadas por el incremento de la protesta social, el fenómeno insurreccional con las sucesivas "puebladas" que se produjeron desde el Cordobazo en 1969 hasta mediados de 1972, y frente al creciente predominio de la guerrilla, las Fuerzas Armadas se vieron ante la necesidad imperiosa de producir una apertura política destinada al restablecimiento del libre juego democrático.
 
La dictadura militar de la "Revolución Argentina", continuadora del proyecto iniciado durante la llamada "Revolución Libertadora", lanzó un plan político: el Gran Acuerdo Nacional (GAN) que pretendía lograr una transición democrática controlada por el poder militar.
 
Luego de reconocer al PJ en la Capital Federal, la justicia electoral extendió la personería política al justicialismo en todo el país. No obstante, este reconocimiento, no implicaba que el proceso de legalización estuviera terminado.
 
En tal sentido, entre febrero y junio de 1972, se intentaría consolidar la estructura partidaria del PJ; formando las distintas conducciones provinciales y perfilando el camino de las candidaturas. 
 
En Córdoba se constituyó el Partido Justicialista y me tocó integrar la primera Junta Provincial del PJ, presidida por el legendario Ricardo Obregón Cano. El que esto escribe tenía 24 años y representaba a la Juventud Revolucionaria Peronista (JRP).

La Legendaria Toma del Frigorífico Lisandro De La Torre
Escribe: Blas García



26-01-2022 / 08:01
25-01-2022 / 06:01
 
El 25 de enero de 1997 fue asesinado José Luis Cabezas, un reportero gráfico y fotógrafo. Casado y con una hija, su caso se convirtió en el mayor emblema de la lucha de la prensa argentina por la libertad de expresión. La repercusión política fue enorme y derivó en cambios en el gabinete de gobierno de Carlos Saúl Menem y en la pérdida de las elecciones del gobernador Eduardo Duhalde, por entonces candidato presidencial del oficialismo.
 
Su cadáver calcinado fue hallado en la localidad atlántica de General Juan Madariaga, dentro de un auto incendiado, con las manos esposadas a la espalda y dos tiros en la cabeza. Fue después de que tomara, para la revista Noticias, las primeras fotos públicas del empresario Alfredo Yabrán, objeto de una investigación periodística sobre la presunta implicación en casos de corrupción.
 
El asesinato ocurrió durante la gobernación de Duhalde en la Provincia de Buenos Aires, y fue visto como un posible "mensaje mafioso" de la policía de la provincia de Buenos Aires hacia su gestión; "me tiraron un cadáver" declaró. Por su parte el presidente Menem prometió esclarecer el caso; sin embargo recibió fuertes críticas por la posible complicidad en los presuntos negociados investigados.
 
El 2 de febrero de 2000, en juicio oral y público, fueron condenados a prisión perpetua los cuatro integrantes de la banda "Los Horneros": Horacio Braga, José Auge, Sergio González y Héctor Retana, así como a Gregorio Ríos, jefe de Seguridad de Yabrán, y los policías Sergio Camaratta, Aníbal Luna y Gustavo Prellezo.
 
Sin embargo sólo continúan detenidos dos de "Los Horneros", Horacio Braga y José Luis Auge, y no precisamente por la muerte del reportero gráfico, sino por violar las condiciones de los arrestos domiciliarios.
 
El policía Gustavo Prellezo, autor material del crimen del fotógrafo, ya había sido beneficiado con la prisión domiciliaria por la Cámara de Apelaciones de Dolores y luego se le permitió trasladarse en transportes públicos, en la ciudad de La Plata, para asistir a la universidad estatal donde estudia Derecho.
 
Mientras tanto, los otros ex policías, Sergio Cammarata y Aníbal Luna, quienes habían sido beneficiados con la llamada ley del 2x1, ya derogada, fueron detenidos nuevamente en noviembre pasado para que terminen de cumplir con la pena.
 
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25-01-2022 / 06:01
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