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Sociedad e Interés General - 30-11-2021 / 18:11
EL ÚLTIMO INTENTO DE DOMINGO CAVALLO PARA SOSTENER LA CONVERTIBILIDAD

El Corralito: La medida urgente y transitoria por 90 días que demolió el gobierno de la Alianza

El Corralito: La medida urgente y transitoria por 90 días que demolió el gobierno de la Alianza
Domingo Cavallo y Fernando de la Rúa.
 
Como suele suceder con el neoliberalismo en la Argentina, el anuncio vino disfrazado. Se trató de un congelamiento total de los depósitos, pero Domingo Cavallo señaló que se iba a la "bancarización".
 
Fue el inicio del fin de la convertibilidad y golpeó con fuerza al pequeño y mediano ahorrista, así como a jubilados, constituyendo uno de los últimos manotazos de ahogado de una cantidad de medidas puestas en marcha desde fines del 2000, en un momento de fenomenal crisis financiera.
 
El 01 de diciembre de 2001, el entonces ministro de Economía, Cavallo anunciaba una medida que imponía una restricción para el retiro de efectivo de los bancos. Se trataba de lo que pasaría a la posteridad con el tristemente célebre nombre de "Corralito".
 
Esa medida determinó que todos los depósitos en dólares quedaban atrapados dentro del sistema y no podía retirarse en efectivo -con un límite de extracción de 250 pesos por semana-, aunque sí podían realizarse operaciones siempre que el dinero no saliera del sistema financiero, como una compra o una venta vía transferencia que no implicara algún giro de dinero al exterior.
 
El Gobierno recortó así el uso libre de los depósitos bancarios, incluso en el caso de los sueldos. En medio de una corrida bancaria, Cavallo dispuso limitar el retiro de dinero de los bancos. Tenía otras alternativas de menor daño. Eligió la peor.
 
De esta manera, respondió a la crisis desatada por la fuga de depósitos. Dijo que esta medida duraría 90 días. Hoy se cumplen 20 años de esa decisión que marcó el principio del fin de la convertibilidad, del gobierno de la Alianza y del presidente radical Fernando de la Rúa.
 
Por Carlos Morales para La Opinión Popular
 

 
«Se trata de una medida de urgencia y transitoria, que consiste en la limitación de retiro de dinero en efectivo. En 90 días terminará». Domingo Cavallo, encendido y con tono firme, se dirigía una vez más al país desde el microcine del Ministerio de Economía para anunciar un paquete de medidas.
 
El creador de la convertibilidad lanzaba su plan final para sostener el uno a uno, un programa en el que él mismo ya no creía. No estuvo sólo en la defensa. El 1 de diciembre de 2001, desde un programa periodístico, Fernando de la Rúa con su ya clásico tono lento y cansino (parodiado hasta el hartazgo esos días) confiaba en que «la medida fue comprendida y bien recibida, ya que la gente entendió que era necesaria». Veinte días después, con el «corralito» en plena vigencia, el radical abandonaba la casa de Gobierno en helicóptero.
 
La medida fue implementada a través del Decreto 1.570/01, y la validez se extendía hasta la finalización de la fase internacional del canje de deuda pública, estimada en tres meses. Esta operación nunca se completó, pero el denominado «corralito» provocó la ira de los argentinos, que con manifestaciones populares provocaron la renuncia del presidente.
 
El «corralito» se basaba en nuevas reglas de funcionamiento del sistema financiero:
 
-No se podían retirar más de 250 pesos o dólares en efectivo por semana de cuentas bancarias por parte del titular. La restricción sería levantada en 90 días.
- Las extracciones podían hacerse en pesos o dólares.
- Se mantenía el tipo de cambio 1 a 1.
- No había restricciones a los movimientos entre cuentas.
- Se podían comprar bienes (automóviles, inmuebles, computadoras, etc.) a través de transferencias bancarias.
- Se prohíben las transferencias al exterior.
 
En algunas oficinas se diseñaron varios mecanismos para saltar el «corralito», en el caso de cuentas importantes. Así, se organizaron compras masivas de acciones de empresas argentinas cotizantes en Wall Street, títulos públicos con demanda de los propios tenedores fuera del país, transferencias de acciones de empresas que no coticen de manera abierta con compradores fraguados, etcétera.
 
Para el resto del público, empezó a surgir una red de «amparos» judiciales, con singular amplitud de acción en provincias (Chaco, La Rioja y Formosa). El mecanismo era simple. Se abría una cuenta en esas provincias, se transferían los dólares o los pesos, se recurría a un estudio de abogados «especializados» y ciertos jueces de esas provincias agilizaban el retiro obligatorio. Esta acción vía amparos continuó firme aún cuando De la Rúa ya no habitaba Olivos y había sido reemplazado por Eduardo Duhalde.

 
La solución oficial no fue encontrada desde la Justicia, sino con otras maniobras. El entonces titular de la AFIP, Alberto Abad, comenzó a citar a los beneficiarios de los fallos judiciales de los amparos para verificar si el dinero que se retiraba estaba declarado en Bienes Personales y Ganancias. Santo remedio.
 
La aplicación de la medida tuvo momentos mediáticamente casi bizarros. Cavallo fue a defender su creación al programa de Susana Giménez. Convencido de las bondades del «corralito», contestaba preguntas de los televidentes de la diva.
 
En un momento, surgió el cuestionamiento de una seguidora que no había podido utilizar la tarjeta de débito para una compra menor que 10 pesos (piso para operaciones que no sean al contado). La conductora preguntó por qué no era obligatorio para compras menores. Cavallo ensayó una serie de explicaciones sin mayor rigor hasta que reconoció que «no sé por qué no es obligatorio».
 
Después, Cavallo fue nuevamente consultado por una cadena de TV brasileña sobre si estaba arrepentido por haber decidido el «corralito». «Faltó inteligencia y sagacidad política», reconoció, pero aseguró que no estaba arrepentido.
 
 
La historia continuó. 
 
El 9 de enero de 2002, el entonces ministro de Economía, Jorge Remes Lenicov, anunció la ampliación para la autorización de los retiros de efectivo a 1.500 pesos en el caso de las cuentas sueldo y a 1.200 para el resto de las cajas de ahorro. En un escueto discurso, el ex funcionario dijo que el nuevo límite involucraba al 96% de los trabajadores». Antes, Duhalde había decidido la salida de la convertibilidad y ubicado en 1,4 peso el valor del dólar.
 
Oficialmente, el «corralito» terminó con Roberto Lavagna, el segundo ministro de Duhalde, que anunció el 2 de diciembre de 2002 la finalización de las restricciones y la liberalización de los depósitos retenidos por alrededor de 21.000 millones de pesos, ex dólares. La medida fue acompañada por controles cambiarios, por los cuales no se permitió a ninguna persona o empresa adquirir más de 100.000 dólares.
 
El 28 de diciembre de 2006, la Corte Suprema avaló la pesificación y reprogramación de los depósitos, ordenando para un caso la devolución de los fondos a razón de 1,4 peso por dólar depositado más la inflación minorista que hubo en el período y una tasa de interés anual del 4%. La cuenta dio 3,08 pesos por dólar, más o menos la cotización oficial en ese momento. 
 
Por: Carlos Burgueño
 
Fuente: ambito.com

 

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Cavallo hizo famosa una foto poniendo a la par un peso y un dólar.
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Ahorristas protestando por la imposición del corralito en diciembre de 2001.
23-01-2022 / 09:01
23-01-2022 / 09:01
 
El copamiento del cuartel de La Tablada es un intento de ocupación de los cuarteles del Regimiento de Infantería Mecanizado 3 General Belgrano del Ejército Argentino en La Tablada, provincia de Buenos Aires, el 23 y 24 de enero de 1989 por parte de miembros del Movimiento Todos por la Patria (MTP). Resultaron muertos 32 guerrilleros, 9 militares y 2 policías.
 
Al momento de realizarse el ataque en la conducción del MTP se encontraban, además de Enrique Gorriarán Merlo, otros que como él habían militado en el Ejercito Revolucionario del Pueblo ERP pero que habían estado en la cárcel hasta el retorno de la democracia a la Argentina en diciembre de 1983, como Francisco Provenzano, Roberto Felicetti Carlos Samojedny, que participaron en La Tablada.
 
Por otra parte, en diciembre de 1987 habían abandonado el MTP algunas personalidades notorias de la dirección como Rubén Dri y Manuel Gaggero, quienes habían participado allí desde el primer momento, así como grupos importantes de militantes, sobre todo en Buenos Aires, Gran Buenos Aires y Córdoba, disconformes con el rumbo abiertamente vanguardista y el cariz conspirativo que tomaba el MTP, y con la presencia cada vez más determinante de la figura de Gorriarán Merlo.
 
El 23 de enero de 1989, durante el gobierno de Raúl AlfonsínGorriarán Merlo (ex jefe del grupo guerrillero ERP) lideró un grupo armado de integrantes del MTP que atacó y ocupó parcialmente el Regimiento de Infantería Mecanizado 3 con asiento en La Tablada.
 
El MTP, que desde el primer momento presentó la toma como el intento de impedir un supuesto golpe de Estado planeado por el entonces candidato a presidente Carlos Saúl Menem y el coronel Mohamed Alí Seineldín, al iniciarse el ataque arrojó en las cercanías del cuartel volantes atribuibles a un supuesto comando llamado «Nuevo Ejército Argentino» que pretendía derrocar al presidente Alfonsín.
 
Desde el primer momento, los militares conocían que el ataque era realizado por elementos de la izquierda e, incluso, inteligencia conocía previamente que un movimiento rebelde iba a atacar a alguna unidad militar del área metropolitana y que por eso el entonces titular del Ejército Argentino, teniente general Francisco Gassino, dispuso reforzar la infantería.
 
Inmediatamente después del copamiento, efectivos policiales de la Provincia de Buenos Aires, rodearon el cuartel a modo de primera línea de emergencia para repeler a los guerrilleros hecho que confundió a la población ya que se pensó que la Policía era la que atacaba las instalaciones militares, dado que no se tenía conocimiento del grupo.
 
Finalmente, efectivos pertenecientes al Ejército consiguieron la recuperación del cuartel, tras ser auxiliados y apoyados por la Policía de la Provincia de Buenos Aires, sin aceptar las tres solicitudes de rendición de los guerrilleros y atacando con fósforo blanco, arma prohibida por las Naciones Unidas. Además, se habrían realizado ejecuciones extrajudiciales, tortura y desaparición de guerrilleros.
 
La Opinión Popular 

 

23-01-2022 / 09:01
23-01-2022 / 09:01
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Juan Perón fue construyendo apoyo y poder popular mediante las políticas sociales, laborales y previsionales que desarrolló como funcionario de Pedro Ramírez y de Edelmiro Farrell, durante el gobierno de la Revolución Nacional que se instaló en junio de 1943.
 
El 23 de enero de 1945, mediante el Decreto N° 1440, la Secretaría de Trabajo y Previsión -con rango ministerial- a cargo del coronel Perón proclama el derecho de los trabajadores a gozar de un período de vacaciones pagas.
 
Los trabajadores argentinos comenzaron a disponer de una serie de días consecutivos de vacaciones pagas mediante un programa de acceso al turismo social. Una multitud de trabajadores empezó a descubrir un país hasta entonces muy poco conocido.
 
Aquella primera década peronista (interrumpida por el golpe oligárquico de 1955) fue el escenario de cambios sociales sin precedentes en el país. Gracias al incremento del salario real y al desarrollo de la industria, amplios sectores de la población comenzaron a participar en espacios y prácticas de consumo que les habían estado negados desde siempre.
 
Los trabajadores colmaron tiendas y ciudades turísticas, obtuvieron viviendas y las dotaron de confort, y mejoraron su alimentación y su vestimenta. El surgimiento de ese consumidor obrero fue una fuerza social que no sólo modeló una nueva cultura comercial y turística, sino que transformó relaciones e identidades colectivas y redefinió el rol de un nuevo Estado de bienestar con nuevos derechos. 
 
Desde sus inicios, este proceso generó el rechazo de las clases sociales altas y resistencias del conservadurismo político gorila. El 19 de septiembre de 1945, sectores medios y altos realizan la "Marcha de la Constitución y la Libertad", que reunió 200.000 personas. Y estaba al frente el embajador yanqui Spruille Braden quien apoyó abiertamente a la Unión Democrática: la alianza de conservadores, radicales, socialistas y comunistas que enfrentó a Perón en los comicios de 1946.
 
Perón aprovechó esa postura del embajador yanqui para defender las conquistas sociales logradas, planteando una opción nacional y popular frente al capitalismo foráneo y las élites locales serviles. "Braden o Perón" no sólo fue un eslogan de campaña, sino también una proclama de principios de los tiempos fundacionales del peronismo.

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