La Opinión Popular
                  03:04  |  Jueves 02 de Diciembre de 2013  |  Entre Ríos
El clima en Paraná
“En política no hay que reír ni llorar, sólo comprender”, Baruch Spinoza. "La derrota tiene algo positivo, nunca es definitiva. En cambio, la victoria tiene algo negativo, jamás es definitiva", José Saramago.
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Entre Ríos - 22-11-2021 / 10:11
PANORAMA POLÍTICO PROVINCIAL

Miradas sobre las elecciones legislativas del domingo 14

Miradas sobre las elecciones legislativas del domingo 14
Siete días pasaron y los análisis sobre los resultados no se agotaron en las dependencias oficiales ni entre la dirigencia y la militancia justicialista. El Frente de Todos (FdT) perdió aunque mantuvo las bancas del Congreso que puso en juego: esa es la mirada del vaso medio lleno. Pero la diferencia fue amplia y puso al peronismo en una posición incómoda. En paralelo, Juntos por el Cambio (JpC) obtuvo un crecimiento que preocupa para 2023.
Siete días pasaron y los análisis sobre los resultados no se agotaron en las dependencias oficiales ni entre la dirigencia y la militancia justicialista. El Frente de Todos (FdT) perdió aunque mantuvo las bancas del Congreso que puso en juego: esa es la mirada del vaso medio lleno. Pero la diferencia fue amplia y puso al peronismo en una posición incómoda. En paralelo, Juntos por el Cambio (JpC) obtuvo un crecimiento que preocupa para 2023.
 
Si bien hay una parte de los funcionarios provinciales que pretenden dejar atrás cuanto antes el recuerdo de ese domingo negro, otros  consideran que hay que identificar los motivos locales de la derrota para comenzar a mirar hacia los comicios de 2023. A priori, el mayor peso lo llevan: el gobernador Gustavo Bordet y los intendentes, que tienen que dejar de lado la coyuntura electoral rápidamente y seguir con sus gestiones en un contexto social y económico complejo.
 
Los malos resultados de las PASO y los problemas en el escenario nacional impactaron en el electorado provincial: en este punto está de acuerdo casi la totalidad del peronismo. La herencia macrista y las limitaciones de la gestión de Alberto Fernández, producto de la pandemia, generaron que la Nación se convirtiera en una "mochila de plomo" durante la campaña. Pero esta es la explicación más sencilla, ya que es algo imposible de revertir desde la realidad provincial.
 
Todos pensaban que habría una merma en los sufragios, pero no esperaban que la fuga de adhesiones fuera tan significativa. Sobre todo, en la segunda parte, cuando se desarrolló una campaña "cara a cara", con la militancia desplegada en el territorio. Se esperaba que sólo una porción pequeña, de los que no habían votado, optara por las opciones opositoras. Esto no ocurrió.
 
Otra arista en la interpretación de los números es que quedaron desnudas muy temprano las internas locales para 2023. Ven como un error que se haya pretendido minimizar que la interna del PJ estaba saldada. Afirman que subestimaron a militantes y dirigentes. Y piden que no se culpe a las segundas y terceras líneas por los resultados.
 
La pelea oculta en el PJ abonó las disputas en los municipios dos años antes. Como ya no hay reelección en muchos casos, la sucesión es una discusión instalada y va más allá de la Casa Gris. Referentes del interior analizan que por eso las cifras más pobres de votos se dieron en las ciudades donde la puja es más feroz.
 
En relación a la oposición, hay una pregunta recurrente entre los que planearon la campaña del FdT que obtuvo respuesta: ¿Puede Rogelio Frigerio quitarle votos al oficialismo? Pudo. Creen que ese fenómeno tiene como explicación que el porteño piensa, planifica y trabaja electoralmente como ellos. De todas maneras, apuntan a que las peleas internas dividirán al armado de Juntos por el Cambio.
 
Con los análisis, hay una duda ¿Cómo sigue la gestión de Bordet? Si algo quedó claro el domingo 14 es que el gobierno provincial necesita urgentemente una revisión de su hoja de ruta. En los planes del mandatario estará mostrar un Estado presente, hasta en los detalles. Con mayor dinamismo, trabajando codo a codo con Nación para fortalecer un proceso de recuperación que ya se está dando. Apuntan a la llegada de obras y a reavivar las que están en marcha. Pondrán especial atención y contención en sectores vulnerables para poder transitar diciembre sin problemas. Mientras, los dirigentes que tienen pretensiones para 2023 siguen examinando los resultados.
 
La Opinión Popular
 

Miradas sobre las elecciones legislativas del domingo 14

Triunfal en la derrota
 
La pandemia dejó sin agenda y sin calle al gobierno de Alberto Fernández durante un año y medio y eso se notó en las urnas. El miércoles, ante una Plaza de Mayo desbordada por la masiva convocatoria de la CGT, los movimientos sociales y el arco de organizaciones que conforman el Frente de Todos, Alberto lanzó la segunda etapa del Gobierno, reafirmó la unidad oficialista en la diversidad, criticó a los opositores que rechazan el diálogo y convocó a recuperar la economía para llegar a 2023 "con toda la fuerza".
 
Finalmente no hubo cataclismo institucional con la derrota del oficialismo en las elecciones de medio término. Los comicios han dado ganadores y perdedores, pero basta mirar los números para admitir que lo que predomina es un equilibrio de fuerzas. En términos académicos a ese equilibrio se lo califica de "empate". Y la calificación no es una buena noticia porque el "empate" no equilibra, por el contrario, traba, bloquea, desestabiliza y provoca algunos otros perjuicios más.
 
La incipiente recuperación electoral del domingo, le permitió al Presidente presentarse triunfal en la derrota, y tuvo su primera Plaza de Mayo a tres días del sopapo electoral de medio término. En un rapto de autoridad inédito salió a cortarles el dedo todopoderoso a Cristina con una temprana convocatoria a internas en 2023. Desconcertado, el kirchnerismo duro observa desde prudente distancia y sin ánimos de poner palos en la rueda presidencial.
 
El presidente está convencido de que no hay lugar para el peronismo por fuera del Frente de Todos. Señalan, entre otros factores que decantan en esa dirección, la reunificación de la CGT con un fuerte mensaje de apoyo al gobierno; el resultado electoral de los dirigentes peronistas que compitieron por afuera, como el cordobés Juan Schiaretti y el chubutense Mariano Arcioni; y la renovación  de su vínculo con Cristina Fernández luego de la crisis que se desató después de las primarias.
 
Ante una plaza colmada por gremios, organizaciones políticas y sociales y gobernadores, Fernández convocó a la unidad del FdT y cuestionó a la oposición que rechaza el diálogo. El acto en Plaza de Mayo dio respuesta a la pregunta que se hacía la oposición: ¿por qué festejan? Lo dijo Fernández: "El triunfo no es vencer sino nunca darse por vencido". Hablaba de sostener la unidad, incluso cuando se tensiona demasiado. Por si no queda claro, se lee en la consigna de la convocatoria: "Todos unidos triunfaremos". El domingo se disipó, al menos por un tiempo, el temor más grande: que se rompiera el Frente. Por eso la celebración.
 
El Frente de Todos mostró su unidad y fortaleza tras de las elecciones. Este 17 de noviembre se hizo, en definitiva, el acto que no había podido concretarse un mes antes, con la confluencia de todos los sectores del Frente en Plaza de Mayo para escuchar un mensaje del presidente sobre el futuro del país. El día de la militancia pudo llenar el vacío que había dejado el día de la Lealtad, y eso puede darnos una clave para pensar la naturaleza de esta coalición peronista, que debe recorrer con voluntad la distancia extra que impone la desconfianza mutua entre los distintos actores.
 
Lo real, lo que no es encuesta trucha ni operación berreta, es que el gobierno achicó las diferencias de las primarias y tuvo una contundente recuperación en el estratégico distrito bonaerense. Y que ahora tendrá una nueva oportunidad para recuperar potencia en los dos años que lo separan de la elección presidencial.  
 
Si Alberto Fernández no hace un buen trabajo en los dos años que tiene por delante, ningún candidato del peronismo llegará a las elecciones con chances. Si, por el contrario, el presidente logra sacar al país de la crisis en lo que resta de este mandato, de forma tal que el Frente de Todos sea competitivo en 2023, será difícil negarle el derecho a buscar la reelección. De cualquier manera, falta un siglo para eso.
 

Miradas sobre las elecciones legislativas del domingo 14 
 
La plaza de Alberto
 
Organizada mucho tiempo antes de que se conocieran los resultados de las legislativas, la plaza de Alberto no fue pensada como la celebración de un fracaso auto percibido como victoria sino como una exhibición de fuerza del amplio abanico no kirchnerista que apoya al Gobierno. También como ritual de bautismo del albertismo, línea interna que el presidente había jurado no lanzar jamás pero ahora se presenta como la única alternativa posible para sostener su gobernabilidad.
 
A diferencia de las PASO, cuando la magnitud de la piña paralizó al presidente y a su entorno, la derrota en las generales fue mucho más previsible, lo que permitió diseñar y ejecutar una estrategia de contención para evitar una nueva asonada K como la que provocó la innecesaria crisis política de la semana posterior a las primarias.
 
Impulsadas más por el temor a las ambiciones de poder del cristinismo que por amor a Alberto, la CGT nuevamente unificada, un grupo considerable de organizaciones sociales, gobernadores peronistas e intendentes del Conurbano respondieron a la convocatoria.
 
La jugada dejó en offside al kirchnerismo acostumbrado a protagonizar siempre, como oficialismo o como oposición, y ahora relegado a un segundo plano. Asumiendo ese nuevo rol, las huestes camporistas participaron de la Plaza de Alberto, pero llegaron tarde y se ubicaron lejos del palco.
 
El núcleo más cercano a Cristina y a Máximo se enfrenta ante un escenario complicado. Si al albertismo le fuera mal en los próximos dos años, no habría 2023 para el peronismo, con las consecuencias políticas, económicas y judiciales (en Argentina las tres siempre van de la mano) que ello implicaría para los principales referentes de ese espacio. Pero por otra parte, dejaría al kirchnerismo como principal referente de la oposición en un eventual gobierno de Cambiemos, lugar del cual ya supieron resurgir.
 
Si por el contrario el presidente lograra concretar en la segunda parte de su mandato las expectativas generadas con su elección, el kirchnerismo se garantizaría seguir participando en el manejo del poder, pero al precio de una inexorable pérdida de protagonismo dentro del ecosistema peronista.
 
Para que no quedaran dudas de su nueva centralidad, Alberto fue el único orador en su plaza y en su discurso, por momentos eufórico, se ocupó de repartir los papeles en la película que intentará protagonizar al menos hasta 2023.
 
Reforzó en todo momento la idea de que quien conduce es él y le reservó a Cristina un rol de auditora con poder de veto. Al menos eso dio a entender cuando aclaró que el proyecto plurianual que enviará al Congreso con el objetivo central de avanzar en la renegociación de la deuda con el FMI iba a tener el aval de Cristina.
 
En un claro intento de correr del centro de la escena a Cristina y de brindar garantías para los demás socios del panperonismo, anticipó con inusitada antelación que todas las candidaturas de 2023 serían dirimidas en las PASO. Con eso le quitó a su vice el poder de ungir candidatos a dedo, mecanismo sin el cual la presidencia de Alberto hubiera sido impensada, y abrió tranqueras para los  sectores frentetodistas que se sienten postergados por el simple hecho de no comulgar con el kirchnerismo.
 
Coincidente con el cambio de tono de su discurso, que mutó desde el reconocimiento de la derrota en su primer mensaje al país tras las elecciones a una enigmática euforia triunfal, también modificó su postura frente a la oposición.
 
El plano de la realidad en que se ubicó el presidente en su primer mensaje, el de un mandatario que acusa recibo de un resultado electoral negativo, lo llevó a abrir una convocatoria al diálogo con la oposición, opción que cae de maduro para esos casos. Pero al ubicarse luego en una realidad paralela en la que "perdió ganando" o "ganó perdiendo", la necesidad de una mesa de diálogo ya no resulta tan obvia.
 
El problema aquí es que los dirigentes de Juntos por el Cambio difícilmente estén dispuestos a avivar una interna propia (que tiene igual o mayor profundidad que la de la alianza gobernante) aceptando condicionamientos del oficialismo. En Juntos por el Cambio e incluso dentro del PRO son muchos los que sueñan con correr a Macri al costado de la escena, pero nadie lo haría a pedido de Alberto Fernández, porque eso solamente reforzaría la imagen del ex presidente como referente opositor.
 

Miradas sobre las elecciones legislativas del domingo 14 
 
¿Cuánto variaron los votos de las PASO a las Generales?
 
Las elecciones legislativas para renovar cinco bancas entrerrianas en la Cámara de Diputados de la Nación concluyeron con una contundente victoria del Frente Juntos por Entre Ríos, con más del 54% de los votos. Desde las PASO, el espacio encabezado por el porteño Rogelio Frigerio incrementó su caudal de votantes en más de 33 mil, mientras que el Frente de Todos sumó unos 23 mil votos más respecto del 12 de septiembre.
 
Por su parte, la Nueva Izquierda peleó hasta el final el podio como fuerza política pero no le alcanzaron los casi mil votos de más que sumó en las generales respecto de las PASO: acumuló 27.940 adhesiones (3,52%) superando los 27.087 votos de las primarias (3,51%). Tanto Juntos por Entre Ríos como el Frente de Todos mejoraron su caudal de votos. También la Nueva Izquierda.
 
La fuerza que mejor capitalizó el voto castigo contra Alberto fue Juntos por el Cambio, sello identificado en todo el país con una sostenida retórica anti K que demostró ser muy efectiva en tiempos en los que cada vez más gente vota movilizada por la bronca que por la adhesión a algún espacio, propuesta o dirigente.
 
En las elecciones Generales, Juntos por Entre Ríos fue la opción más votada, como había sucedido en las Primarias, Abiertas, Simultáneas y Obligatorias (PASO). Sin embargo, es de destacar que el espacio incrementó el caudal de votos: cosechó el 54,52% de los votos, con 432.314, más de 33 mil sufragios teniendo en cuenta los 398.655 acumulados en septiembre que representaron el 51,78%.
 
JxER había competido en la interna con tres listas, donde Rogelio Frigerio sumó 257.868 (Juntos), Pedro Galimberti 126.831 (Entre Ríos cambia) y Carlos González 13.956 (A dónde vamos).
 
Los candidatos de Juntos por el Cambio en Entre Ríos llevaron adelante una estrategia de nacionalizar la campaña. Buscaron siempre confrontar contra Alberto y Cristina antes que hacerlo contra un Gobierno provincial que mantiene una imagen positiva muy sólida y que viene de ganar las elecciones provinciales en 2019 por un margen amplio de votos.
 
El aplazo de los entrerrianos al Gobierno nacional se tradujo en una estrepitosa caída en el caudal electoral del Frente de Todos, aunque también mejoró su cosecha y logró los votos necesarios para conseguir dos de las cinco bancas en disputa en el Congreso. Los 250.895 votos representaron el 31,64% del total que, en comparación con las PASO evidenciaron una mejora de más de 23 mil votos sobre los 227.242 (29, 51%) del 12 de septiembre.
 
Quedará por ver si Frigerio y los dos diputados nacionales opositores que fueron premiados por el voto castigo al kirchnerismo cumplen con su promesa de traer soluciones para mejorar la vida de los entrerrianos o se limitan a levantar la mano a pedido de Mauricio Macri, Horacio Rodríguez Larreta o quien se consolide como principal figura de ese espacio neoliberal nacional.
 

Miradas sobre las elecciones legislativas del domingo 14 
 
El 2023 exigirá una estrategia política diferente
 
El 14 de noviembre, el peronismo entrerriano se quedó con una derrota, una diferencia histórica a favor de la boleta que encabezó el porteño Frigerio y con un presagio inquietante: 2023 exigirá una estrategia política diferente, además de multiplicar exigencias de gestión en la Provincia y en todas las grandes ciudades del mapa entrerriano.
 
La constatación más preocupante que la Casa Gris tuvo hace una semana es que en Entre Ríos los votos no se transfieren. Bordet asumió, tras las PASO, un protagonismo en la campaña provincial, que dejó en segundo plano a los candidatos que encabezaban las listas. Ni la imagen imbatible del gobernador, ni la alta aprobación de la administración provincial, ni los esfuerzos del intendente capitalino, Adán Bahl, en materia de gestión municipal incidieron en el resultado.
 
La estrategia del oficialismo provincial fracasó. Hay una única pregunta que reiteran los peronistas intentando relativizar esa evidencia: ¿Qué hubiera pasado si Bordet no salía a jugar como jugó? Lo cierto es que nadie lo dice en voz alta y probablemente menos lo harán en público ante extraños, pero las consecuencias directas de la derrota al oficialismo del domingo en la provincia tendrán sus efectos hacia adentro de la coalición de gobierno.
 
El gran problema del PJ es que está obligado a intentar el mismo procedimiento en dos años, cuando le llegará la hora de transferir los liderazgos históricos que durante seis gestiones consecutivas mantuvieron al peronismo en el poder.
 
El estado deliberativo que atraviesa el oficialismo no se vincula tanto con los resultados adversos del domingo pasado como con la incertidumbre sobre el futuro. El resultado obtenido en la ciudad de Concordia es el principal motivo de preocupación. La capital del citrus será el territorio de la gran batalla de 2023 y es la gestión municipal la principal apuesta del peronismo en defensa de sus chances de continuidad a nivel provincial. Lo que logre concretar allí es la clave para el oficialismo. Y también para la oposición.
 
El hecho de que nadie sepa con certeza qué está pensando Bordet contribuye sobremanera a la ola de versiones que le siguió a la ola amarilla que arrasó Entre Ríos. Los opositores especulan con inminentes cambios en los gabinetes de la Provincia y la Municipalidad de Paraná. Y el propio gobernador expresó hace poco, ante los medios, en el Centro de Convenciones, una renovación del gabinete para el fin de año.
 
Lo cierto es que los rumores que son muchos por estos días, señalarían a Martín Muller, el titular del Consejo General de Educación (CGE) como uno de los primeros en la lista. Entre algunos diputados y senadores de Paraná y Paraná Campaña, encabezados por José Cáceres, impulsarían a la profesora Claudia Estela Vallori, quien ya estuvo a cargo de esa cartera, luego de la salida de Graciela Bar en el 2013.
 
Otro de los posibles cambios sería, el de la Ministra de Desarrollo, Marisa Paira, quien no habría manejado correctamente los insumos enviados desde Buenos Aires, justamente en época de elecciones. Algunos integrantes del gabinete habrían comentado que se dejó presionar por Nación, dándole un mayor manejo de los elementos enviados desde el Ministerio de Desarrollo de la Nación, a movimientos sociales que al mismo Ministerio que encabeza, sucumbiendo a los pedidos de Buenos Aires.
 
Otro posible cambio que se anhela en los mentideros de la oposición desde hace semanas atrás, y que cobraría mayor relevancia, ante la "paliza" en Paraná por parte de JxE, es el de la ministra de Gobierno y Justicia, Rosario Romero, contibuyendo a terminar con sus aspiraciones junto al derrotado Adán Bahl, para el 2023.
 
Además, desde el oficialismo se despliegan planes de conquista y anexión: radicales marginados, heridos del PRO o algunos regresos significativos desde el menemismo. Lo que también incluye hipótesis sobre la preocupación principal del oficialismo: qué harán Frigerio con el respaldo electoral que obtuvo Juntos por el Cambio.
 
La evidencia histórica de que los entrerrianos votan con criterios diferentes en las elecciones legislativas nacionales y las provinciales o municipales no logra calmar a todos. La mayoría, además, no termina de dilucidar en qué podría traducirse la imprecisa gestión nacional. Una sola directiva emanó con claridad de los despachos más importantes de la Casa Gris: redoblar esfuerzos de gestión.
 
Es hora de llamar a todos los sectores del justicialismo para se hagan cargo de reencausar la gestión provincial, así como se los llamó en 2019 para apoyar a quien es hoy Gobernador, y convocar además a todos los sectores, para consensuar los ejes centrales de las políticas públicas qué hay que llevar adelante en el próximo quinquenio. Un diálogo que incluya temas centrales para el futuro de la provincia.
 
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