La Opinión Popular
                  18:21  |  Viernes 14 de Agosto de 2013  |  Entre Ríos
El clima en Paraná

Por
“Que ningún ciudadano sea lo suficientemente opulento como para poder comprar a otro, ni ninguno lo bastante pobre como para verse obligado a venderse”. Jean-Jacques Rousseau
Recomendar Imprimir
Nacionales - 07-11-2021 / 11:11

El terraplanismo político y la cruzada desestabilizadora

El terraplanismo político y la cruzada desestabilizadora
El irracionalismo político de estos días no tiene el optimismo bobo de la confianza en la mano invisible del mercado para mejorar la vida de todos. Es un irracionalismo agresivo, violento, propenso al odio y a la revancha de clase.
La pandemia mundial trajo hasta el momento dos consecuencias principales: el agravamiento de las carencias para la mayoría de los seres humanos y un auge -sin antecedentes desde el fin de la segunda guerra mundial- del pensamiento político antirracional.
 
No parece casual que suenen tan alto las trompetas del "país fracasado", de la "política fallida", de la "imparable decadencia nacional". Esos modos -que Raúl Alfonsín denunciaba cuando decía que "Clarín quiere bajarnos la autoestima"- son el soporte discursivo de una operación neocolonial que está en pleno desarrollo.
 
Por eso no es tan sencillo recuperar la confianza colectiva en el país y en su futuro. Porque la combinación de la enfermedad y la muerte, como productos del virus y las crecientes dificultades para sobrevivir en condiciones sociales dignas para un sector muy grande de nuestro pueblo están siendo aviesamente manipuladas.
 
Son presentadas, primero, como el resultado del fracaso del gobierno actual y, a continuación, como consecuencias irremediables (¡una vez más!) de la Argentina nacida con el peronismo. Como consecuencia de los sindicatos, de los abogados laboralistas, de los políticos, de los planes sociales (que el peronismo original no necesitó).
 
Como consecuencia del nacionalismo argentino, el gran enemigo. Ese enemigo que, según enseñó el gran pensador estadounidense Noam Chomsky, era considerado el peligro principal para Estados Unidos en su área de influencia, a la salida de la segunda guerra mundial, más amenazante que el comunismo, poco influyente entonces en la región.
 
El nacionalismo popular argentino es el enemigo principal del cosmopolitismo de las grandes ciudades argentinas (de su "ciudad capital" en primer lugar) que se soñaron siempre como una sucursal de las grandes ciudades europeas y norteamericanas.
 
Todos los ingredientes de ese delirio de grandeza (de grandeza viril,  de tez blanca bien vestida y que maneja vehículos de alta gama) se despliegan a la par de la insensibilidad social, de las agresiones raciales, del revanchismo patriarcal y del renovado odio a las comunidades originarias al que estamos asistiendo.
 
Eso está en la base de esta cruzada desestabilizadora y antidemocrática a la que es necesario hacerle frente con todo el peso de la unidad y la movilización de nuestro pueblo.
 

 
Por ahora no es la matriz capitalista, colonialista y neoliberal el objeto atacado por la ingente cantidad de personas en el mundo que han visto caer estrepitosamente sus condiciones de vida: prolifera, en cambio, una cultura del sálvese quien pueda, la apología de los "ganadores", de los "meritorios" y la idea de que el Estado no tiene que comprometerse con las víctimas sino sostener a los "emprendedores" y a los "eficaces".
 
Los predicadores de que el auge de un "neocomunismo" sería el resultado de la pandemia no han tenido, por ahora, éxito alguno.
 
Como suele ocurrir, el núcleo duro del "terraplanismo político" es el antiestatismo, la prédica del "achicamiento del estado", salvo, claro está, en lo que concierne al personal de la policía y la gendarmería.
 
La diferencia específica con otras experiencias históricas análogas es que la influencia de estas ideas ha saltado la valla de las clases sociales: en las clases populares, la inseguridad de los cuerpos humanos y la necesidad de que alguien con poder los defienda, han acercado a muchas personas que viven en las condiciones más duras a estos lugares comunes clásicos del pensamiento neoliberal.
 
Lo que es seguro es que el malestar, el temor y la inseguridad no acercan particularmente a nadie a esas posiciones a las que quienes escribimos en estas páginas y a quienes son sus lectores solemos llamar "racionales".
 
En las inmediaciones de un hecho electoral de extraordinaria importancia como los comicios legislativos, suelen aparecer demandas de una "renovación" del lenguaje de las fuerzas populares y nacionales.
 
Es decir, si acompañamos el discurso de mano dura policial o reconocemos la "racionalidad" de suprimir las indemnizaciones laborales o de "flexibilizar" (¡más todavía!) las condiciones de trabajo, acaso podamos sintonizar mejor con el ánimo de la época.
 
Y qué decir si ocultamos la gravedad de la crisis mundial que atravesamos y confiamos en los "países líderes" de este desenfreno global del capitalismo, en una de esas conseguimos así ser más y mejor escuchados.
 
Para pensar estas cosas parece interesante el recuerdo de la década del noventa, en el país y en el mundo. Era el tiempo de la euforia del nuevo mundo, del mundo sin comunismo. Y era, entre nosotros el fin de la estela abierta por el peronismo medio siglo antes: el fin de "la larga agonía peronista" como la llamó entonces el historiador Halperin Donghi.
 
Eran tiempos de una extraña ilusión, de una nueva y curiosa utopía: la utopía de la "globalización"-el nombre pudoroso usado mayoritariamente entonces para designar la contrarrevolución neoliberal en el interior del capitalismo.
 
En nuestro país, esos augurios de "nuevo mundo" coincidieron con el funcionamiento de la convertibilidad igualitaria entre el peso y el dólar: nada menos que la "estabilización" de la moneda argentina, lograda poco tiempo después de la mayor crisis hiperinflacionaria de la historia.
 
Para algunos fue lindo mientras duró; intenso consumo interno, viajes por el mundo de personas y familias que nunca habían salido del país...Claro, todo eso se "logró" sobre la base de un proceso inédito de vaciamiento económico del país cuyas consecuencias todavía pagamos y pagaremos los habitantes de este país.
 
El irracionalismo político de estos días no tiene el optimismo bobo de la confianza en la mano invisible del mercado para mejorar la vida de todos. Es un irracionalismo agresivo, violento, propenso al odio y a la revancha de clase.
 
Pero no tiene el anclaje de la estabilidad que permita satisfacer las demandas de consumo de la golpeada clase media de las grandes ciudades, sacudidas como están por la amenaza de la caída social.
 
Y además está la deuda, la secuela de una política salvaje del anterior gobierno que ahora echa mano al terraplanismo más extremo para negar su responsabilidad en el desastre.
 
No es extraño, entonces, que vuelvan a sonar los clarines de guerra de la dolarización de la moneda. Es decir, de una nueva esperanza utópica en lo que se intenta vender como la recuperación de la estabilidad y la previsibilidad de la moneda.
 
Por Edgardo Mocca
 
Fuente: El Destape
 

Agreganos como amigo a Facebook
09-08-2026 / 17:08
08-08-2026 / 09:08
El naufragio de la ley de propiedad privada dejó al descubierto la incompetencia política oficialista, las internas feroces en la Casa Rosada y un estruendoso choque contra el límite de sus propios aliados, en medio de una profunda crisis económica y un acelerado desencanto de la sociedad y de sus propios votantes. Un escenario agravado luego de que la cuestión Malvinas alrededor de la selección de fútbol generara un clima nacionalista que colisionó de frente contra el cipayismo libertario y expuso su escaso arraigo popular.
 
El bochornoso traspié de la Ley de Inviolabilidad de la Propiedad Privada en el Senado representa el síntoma terminal de un oficialismo cegado por el dogmatismo y desprovisto de oficio político. Lo que el Ejecutivo pretendía vender como un triunfo terminó convertido en un cascarón vaciado: acorralada por la falta de apoyo de los bloques dialoguistas, la Casa Rosada debió capitular y retirar apresuradamente los capítulos centrales de extranjerización de tierras y la flexibilización de la Ley de Manejo del Fuego. El dictamen final fue aprobado desflecado y reducido a menos de un tercio de sus ambiciones originales, dejando al desnudo que las mayorías parlamentarias no se edifican con bravuconadas de redes sociales ni con intervenciones torpes como las del senador Joaquín Benegas Lynch, cuyos insultos a los senadores aliados terminaron de dinamitar los puentes de negociación.
 
Fiel a su matriz refractaria a la autocrítica, la reacción de la conducción libertaria ante semejante derrumbe consistió en desatar una inmediata cacería interna de chivos expiatorios. En lugar de asumir los errores de cálculo de la gestión, la Casa Rosada liderada por Javier y Karina Milei optó por aislar y "freezar" al ministro de Desregulación, Federico Sturzenegger, amagando con congelar el resto de sus proyectos en carpeta tras convertirlo en un yunque político. Al mismo tiempo, el enojo oficialista apuntó directamente contra Patricia Bullrich, a quien responsabilizan por fallar en la contabilidad de los votos y perder el control de la sesión. Este pase de facturas expone un gabinete frágil y fracturado, donde los propios arquitectos del programa gubernamental son arrojados a los leones ante la primera turbulencia institucional.
 
 
En última instancia, la mutilación de este proyecto emblemático expone el techo del modelo libertario: una administración que chocó de frente contra el límite de sus aliados e incapaz de sostener consensos duraderos. La incapacidad para articular mayorías y la constante tendencia a refugiarse en la intransigencia demuestran que el dogmatismo autoritario se vuelve impotente ante la dinámica republicana. Con Sturzenegger desautorizado y Bullrich golpeada políticamente, el gobierno ingresa en una peligrosa fase de insularidad y parálisis parlamentaria, donde la falta de muñeca política condena al oficialismo a multiplicar derrotas mientras la gestión cotidiana se consume entre internas feroces e improvisación.
 
De la redacción de La Opinión Popular

06-08-2026 / 14:08
31-07-2026 / 21:07
31-07-2026 / 20:07
NicoSal soluciones web

© Copyright 2009 LA OPINIÓN POPULAR – www.laopinionpopular.com.ar - Todos los derechos reservados.

E-mail: contacto@laopinionpopular.com.ar