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Nacionales - 06-11-2021 / 11:11
JOE BIDEN QUIERE USAR EL ACUERDO CON EL FMI

La brutal deuda impagable de Mauricio Macri condiciona la política exterior argentina

La brutal deuda impagable de Mauricio Macri condiciona la política exterior argentina
Joe Biden quiere usar el acuerdo con el FMI para condicionar la política exterior. Argentina no está en condiciones de pagar la brutal deuda tomada por Macri con el FMI, con el apoyo de Donald Trump. Lo sabe el Fondo desde que el propio Macri reconoció su default virtual, una situación profundizada por la pandemia. En ese contexto, EE.UU. juega un papel central y presiona.
Cuando comparecen ante el Senado de su país, los embajadores norteamericanos sueltan algunas frases que explican su designación. Cuando el Departamento de Justicia de EE.UU. explicaba a jueces latinoamericanos los mecanismos del lawfare para perseguir a dirigentes populares, el embajador ahora saliente, Edward Prado, declaró que vendría a "fortalecer" a la Justicia. Claudio Bonadio era el más aplaudido cuando ingresaba a la embajada.
 
En sus declaraciones en el Senado, Marc Stanley mezcló la crisis de deuda provocada por el macrismo y comentó que "Argentina aún no se ha unido a los esfuerzos de los Estados Unidos y otros países para presionar por la protección de los derechos humanos y otras reformas" en Nicaragua, Cuba y Venezuela. Según expresó, los líderes argentinos "aún no lo han hecho, dicen que lo harán pronto", "un plan macroeconómico que otorgue estabilidad para poder cerrar un acuerdo sobre la deuda con el FMI".
 
La mezcla de cuestiones políticas con temas económicos que hizo Stanley no parece gratuita. Tiene lógica porque Joe Biden continúa la política exterior de su antecesor, Donald Trump, que impuso un préstamo inaudito del Fondo a la Argentina, para apoyar en las elecciones a Mauricio Macri contra Alberto Fernández. Fue un préstamo político. Ahora Stanley da a entender que la solución de la deuda sería posible si Argentina aceptara condicionamientos políticos. En el Fondo nadie se hace cargo del préstamo que le hicieron a Macri y desvían la responsabilidad hacia las autoridades anteriores y hacia Donald Trump. Pero hay una responsabilidad institucional que en esta nueva etapa no asumen.
 
Macri tampoco asume su responsabilidad en el descalabro que ensombrece el futuro de los argentinos. "Si estuviéramos nosotros en el gobierno lo resolvemos en cinco minutos porque tendríamos un plan económico sostenible que este gobierno todavía no tiene", fruteó en el programa de la nieta de Mirtha Legrand. Acostumbrado a la mentira y el ocultamiento, Macri evitó decir que los técnicos del Fondo no estaban de acuerdo porque Argentina no tenía forma de devolverlo y que el préstamo sólo fue posible por la intervención irresponsable de Trump.
 

 
El secretario del Departamento de Estado de los Estados Unidos, Anthony Blinken, acaba de anunciar que estudiará "seriamente" el "síndrome de La Habana", una supuesta arma muy secreta y muy misteriosa de la revolución cubana que, con microondas rusos, produce dolores de cabeza y náuseas a los diplomáticos norteamericanos.
 
El síndrome era considerado un disparate del trumpismo para justificar agresiones a Cuba, pero Joe Biden eligió un camino similar para su política exterior. Blinken es un halcón, al igual que Marc Stanleyel embajador que Biden designó en Argentina.
 
Cuando comparecen ante el Senado de su país, los embajadores norteamericanos sueltan algunas frases que explican su designación. Cuando el Departamento de Justicia de EE.UU. explicaba a jueces latinoamericanos los mecanismos del lawfare para perseguir a dirigentes populares, el embajador ahora saliente, Edward Prado, declaró que vendría a "fortalecer" a la Justicia. Claudio Bonadio era el más aplaudido cuando ingresaba a la embajada.
 
En sus declaraciones en el Senado, Marc Stanley mezcló la crisis de deuda provocada por el macrismo y comentó que "Argentina aún no se ha unido a los esfuerzos de los Estados Unidos y otros países para presionar por la protección de los derechos humanos y otras reformas" en Nicaragua, Cuba y Venezuela. Según expresó, los líderes argentinos "aún no lo han hecho, dicen que lo harán pronto", "un plan macroeconómico que otorgue estabilidad para poder cerrar un acuerdo sobre la deuda con el FMI".
 
La mezcla de cuestiones políticas con temas económicos que hizo Stanley no parece gratuita. Tiene lógica porque Biden continúa la política exterior de su antecesor, Donald Trump, que impuso un préstamo inaudito del Fondo a la Argentina, para apoyar en las elecciones a Mauricio Macri contra Alberto Fernández. Fue un préstamo político. Ahora Stanley da a entender que la solución de la deuda sería posible si Argentina aceptara condicionamientos políticos.
 
Argentina discute un acuerdo con el FMI a través de un técnico de primer nivel, como el ministro Martín Guzmán, discípulo destacado del premio Nobel de Economía, Joseph Stiglitz. Según Stanley, no se discute la economía sino las relaciones internacionales.
 
Para los analistas internacionales, Joe Biden tiene planteos "tibiamente progresistas" - a escala norteamericana-- en política interior y agresivos en su política exterior. Stiglitz pertenece al Partido Demócrata, igual que Biden, y es cercano a la secretaria del Tesoro, Janet Yelén. El esposo de la virtual ministra, George Akerlof, recibió el Nobel junto con Stiglitz y son amigos. Los tres no rechazan la intervención del Estado como regulador en algunos ámbitos de la economía.
 
Con esos antecedentes a favor, sumado a que la titular del Fondo, Kristalina Georgieva tampoco es neoliberal ultraortodoxa, Guzmán inició la discusión por la deuda. Pero la designación de Stanley daría a entender que la política exterior se introdujo ahora en esa negociación a través de los halcones del Departamento de Estado.
 
China es una obsesión norteamericana aunque todavía es muy fuerte la hegemonía de Estados Unidos en el mercado internacional. La mitad de la riqueza mundial sigue en manos de las grandes transnacionales de origen norteamericano. Pero en la región fracasaron el ALCA y la Alianza para el Pacífico.
 
La política exterior agresiva de Trump no fue lo que se dice exitosa porque logró lo que con mucho esfuerzo había evitado el secretario del Departamento de Estado de Richard Nixon, Henry Kissinger, en los ´60: la alianza de Rusia con China. Las represalias norteamericanas tras la crisis por la península de Crimea --que en un referéndum decidió separarse de Ucrania y volver a Rusia-- hicieron que Moscú diera un giro en su diplomacia y mirara hacia China. Si esta confluencia se hubiera dado en los ´60, quizás la historia del planeta hubiera sido diferente.
 
El viaje del presidente Alberto Fernández a la cumbre del G-20 y las marchas y contramarchas en la negociación con el FMI se insertan en ese mundo de conflictos, donde, además, los dirigentes de los principales contaminadores del medio ambiente hacen largos discursos sobre el deterioro ecológico. En la última reunión de la OTAN se tomó la decisión de que para 2050, sus ejércitos emitan cero carbono. Pero tienen armamento para destruir varias veces el planeta.
 
La reunión del G-20 fue la primera presencial después de la pandemia. Pero Vladimir Putin y Xi Jinping no estuvieron y participaron en forma virtual. En parte por los rebrotes de Covid en sus países y en parte para mostrar cierta distancia con la estrategia agresiva de Estados Unidos, que busca recomponer lazos con Europa tras los desacuerdos con Trump, quien había amenazado con retirarse de la OTAN.
 
En ese contexto de reconfiguración, por el crecimiento de China y su acercamiento a Rusia, por los efectos de la pandemia y por el recambio de Trump por Biden, la declaración final del encuentro recogió posicionamientos argentinos para que el FMI revea las sobrecargas en las tasas de interés. Fue un éxito de la gestión argentina, aunque son evidentes las dificultades para llegar a un acuerdo definitivo con el Fondo y que Estados Unidos tiene una actitud ambigua. Por un lado asegura que ayudará los reclamos del país y por el otro obstruye la posibilidad de un acuerdo.
 
La actitud inicial de Georgieva prometía un acuerdo rápido, incluso el FMI respaldó la reestructuración de la deuda con los acreedores privados. Pero la posición de la economista búlgara fue debilitada por una ofensiva de los halcones que la acusaron de favorecer a China en informes que producía cuando estaba en el Banco Mundial. Biden la sostuvo en el cargo pero dijo que investigaría la denuncia. Desde ese momento la negociación se enfrió y se hizo más dificultosa.
 
En el Fondo nadie se hace cargo del préstamo que le hicieron a Macri y desvían la responsabilidad hacia las autoridades anteriores y hacia Donald Trump. Pero hay una responsabilidad institucional que en esta nueva etapa no asumen.
 
Macri tampoco asume su responsabilidad en el descalabro que ensombrece el futuro de los argentinos. "Si estuviéramos nosotros en el gobierno lo resolvemos en cinco minutos porque tendríamos un plan económico sostenible que este gobierno todavía no tiene" dijo en el programa de la nieta de Mirtha Legrand. Acostumbrado a la mentira y el ocultamiento, Macri evitó decir que los técnicos del Fondo no estaban de acuerdo porque Argentina no tenía forma de devolverlo y que el préstamo sólo fue posible por la intervención irresponsable de Trump.
 
Alberto Fernández aseguró que a fin de año habrá acuerdo. Pero en el medio están las elecciones legislativas que no anuncian un resultado que fortalezca la posición del gobierno.
 
La posición argentina no es de fuerza, simplemente no tiene margen porque no tiene con qué pagar. No lo tenía cuando Macri hizo el estropicio y menos lo tiene ahora, después de la pandemia. Los técnicos del Fondo lo saben. Si endurecen las condiciones de pago estarán forzando un default que el gobierno trata de evitar y que sentaría un precedente que tampoco le conviene al Fondo. Sería una situación inédita, generada por un préstamo también inédito. No hay salida tradicional, es evidente que tendrá que ser por un acuerdo también inusual.
 
Por Luis Bruschtein
 
Fuente: Página12
 

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24-03-2026 / 13:03
24-03-2026 / 13:03
24-03-2026 / 12:03
Mientras la mayor parte de los argentinos dormían, en la madrugada del miércoles 24 de marzo de 1976, me desperté sobresaltado por los golpes en la puerta de mi casa. El "Chueco", un viejo compañero de militancia, me vino a comunicar que las Fuerzas Armadas habían derrocado al gobierno constitucional del peronismo.
 
Me vestí apresuradamente, me cambié el peinado, me afeite los bigotes y salí inmediatamente a alertar a otros compañeros. La primera casa a la que llegué, la de Rodolfo "Rody" Vittar, no existía más. Horas antes un comando paramilitar había llegado para detenerlo, y como no lo encontró, instaló explosivos y voló la vivienda hasta los cimientos.
 
La represión en Córdoba fue muy dura, igual que en muchos otros lugares del país. Este proceso desembocó en una sangrienta y larga noche de males, que dejó como saldo miles desaparecidos, una guerra perdida a manos de Gran Bretaña y un país económicamente quebrado, entre otras cosas.
 
Por eso, en el Día Nacional de la Memoria por la Verdad y Justicia, en este nuevo aniversario del golpe militar genocida, quiero recordar y rendir un recóndito homenaje a tres queridos compañeros y amigos, asesinados ese siniestro 24 de marzo.

Ellos son: Víctor Lorenzo, Concejal en Córdoba Capital por la Juventud Revolucionaria Peronista, quien fuera ejecutado, el día del golpe, de un tiro en la cabeza en la cárcel local; don Luis Carnevale, Senador Nacional por la misma provincia, secuestrado y desaparecido ese mismo día; y el mayor Bernardo Alberte, ex Delegado Personal de Juan Perón, quien fuera arrojado a través de la ventana de su departamento, en un sexto piso, por una patrulla militar, la madrugada del siniestro Golpe de Estado.

Hay muertes, que por ser las primeras, son todo un símbolo. Los militares asesinos los eligieron primero porque eran peronistas. Y no se lo perdonaron. Pero, a pesar de las cárceles y los fusilamientos, de los compañeros muertos y los desaparecidos, nunca fuimos vencidos. Continuamos invariablemente las luchas que emprendieron Eva y Juan Perón.

Compañeros Víctor Lorenzo, Luis Carnevale y Bernardo Alberte, Presentes. Hasta la victoria, siempre.

Por Blas García para La Opinión Popular 

24-03-2026 / 12:03
El 24 de marzo de 1976 una sublevación cívico-militar derrocó a la presidenta constitucional, María Estela Martínez, instalando una dictadura de tipo permanente autodenominada "Proceso de Reorganización Nacional", gobernada por una Junta Militar integrada por tres jerarcas militares, uno por cada fuerza. La junta designó como presidente de facto a Jorge Rafael Videla.
 
El gobierno militar suprimió los derechos civiles de los ciudadanos y las libertades públicas, anuló las garantías constitucionales, suspendió la actividad política, vedó los derechos de los trabajadores, intervino los sindicatos y la CGT, prohibió las huelgas, disolvió el Congreso y los partidos políticos, y destituyó la Corte Suprema de Justicia.

 
La dictadura impuso el terrorismo de Estado como método sistemático, un régimen de represión ilegal, violencia indiscriminada, persecuciones, tortura sistematizada y desaparición forzada de personas, en el que se violaron masivamente los derechos humanos y se produjeron, en un verdadero genocidio, decenas de miles de desaparecidos.

 
Pero la dictadura no se instaló sólo para torturar y matar gente, sino para posibilitar una transferencia masiva de riquezas hacia los núcleos más concentrados de la economía, quienes se apropiaron además de buena parte de los negocios públicos. Durante el proceso militar, por ejemplo, el grupo Macri pasó de tener 7 a 47 empresas, mostrando que el golpe no fue solo accionar de fuerzas represivas. Y los empresarios que mandaban en 1976, siguen mandando.

 
Para imponer un régimen alejado de los intereses nacionales y populares, el golpe militar fue ejecutado en contra del Pueblo y del peronismo en su conjunto, institucional, política e individualmente. Pensado en función del molde agro exportador de fines del siglo XIX que, dados los cambios internacionales, derivó en el programa pro financiero y desindustrializador, el modelo neoliberal. Hoy Javier Milei y Victoria Villaruel expresan muchos de esos ideales de Videla y Martínez de Hoz, pero también de los grandes empresarios, eternos dueños del país.

 
El Terrorismo de Estado produjo miles de desaparecidos. Hubo 30.000 luchadores sociales barridos por la represión, de todos los sectores políticos populares y revolucionarios. La inmensa mayoría de las víctimas fueron jóvenes, la inmensa mayoría fueron cuadros y militantes de la clase trabajadora, la inmensa mayoría fueron peronistas.


El Proceso puso fin al "Estado de Bienestar" fundado por Juan Perón y al Proyecto Nacional y Popular concebido por el justicialismo desde la década del 40, dejando en lamentable estado la convivencia democrática, la economía, la sociedad y las instituciones, abriendo profundas grietas que recién después de más de cuatro décadas empiezan a ser curadas.


A 50 años de aquel infausto 24 de marzo, en el contexto de un gobierno anarco capitalista que niega, justifica o exalta los crímenes cometidos por las fuerzas represivas, convocamos a mantener viva la memoria del Pueblo en apoyo a la continuidad de la búsqueda de memoria, verdad y justicia por los crímenes de lesa humanidad cometidos y en defensa de los Derechos Constitucionales, los Derechos Humanos y las Libertades individuales de ayer, de hoy y de siempre.


Carlos Morales para La Opinión Popular 

23-03-2026 / 10:03
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