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“Que ningún ciudadano sea lo suficientemente opulento como para poder comprar a otro, ni ninguno lo bastante pobre como para verse obligado a venderse”. Jean-Jacques Rousseau
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Nacionales - 21-10-2021 / 10:10
EL GOBIERNO DEFIENDE LA MESA DE LOS ARGENTINOS, JUNTOS POR EL CAMBIO A LOS EMPRESARIOS MILLONARIOS

Los miserables de siempre: la Cámara de Comercio amenaza con el desabastecimiento

Los miserables de siempre: la Cámara de Comercio amenaza con el desabastecimiento
Mario Grinman, presidente de la Cámara de Comercio y Servicios.
"Va a haber desabastecimiento, no tenga ninguna duda". La amenaza salió de la boca de Mario Grinman, presidente de la Cámara de Comercio y Servicios, minutos después de que se conociera la resolución oficial mediante la cual el Gobierno nacional establece el congelamiento de precios por 90 días de un poco más de 1.400 productos de consumo masivo como alimentos, de limpieza e higiene y cuidado personal.
 
Los alimentos vienen aumentando a un ritmo superior al promedio de la inflación. Lo saben muy bien los millones de consumidores porque lo sufren en sus bolsillos. Frente al problema hay dos modelos: el gobierno peronista defiende a los trabajadores y el macrismo a los millonarios empresarios. El gobierno frena precios para ayudar a la mesa de los argentinos y Juntos por el Cambio defiende a los patrones. Alberto Fernández frena las exportaciones de carne para defender la mesa de los argentinos, ellos defienden a los grandes productores agropecuarios.
 
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El que quiera ver solo una puja económica entre el gobierno nacional y los empresarios por los precios de los alimentos se equivoca. Las grandes corporaciones alimentarias juegan a la política y lo hacen muy fuerte aunque saben disimularlo muy bien. Son muy pocas, apenas unas decenas, pero muy poderosas, y la mayoría de ellas representan a capitales multinacionales.
 
Lo más curioso es que durante el gobierno de Macri, con el que mantienen una gran afinidad ideológica, la mayoría de ellas registró pérdidas en sus ejercicios en virtud de la enorme caída del consumo que provocó esa gestión producto de la también enorme pérdida en la capacidad adquisitiva de los salarios, el aumento de la desocupación y el consecuente incremento de la pobreza.
 
Curiosamente, aunque no tanto, el primer año del nuevo gobierno y con una pandemia que devastó al país, muchas de esas empresas volvieron a tener balances positivos, tendencia que se aceleró durante este 2021 con un sólido incremento de las ganancias según los datos que figuran en sus balances y rendiciones.
 
En un país que tiene el dólar estabilizado, las tarifas congeladas, los salarios deprimidos (producto de la herencia macrista y, después, del descalabro económico que provocó pandemia) las grandes empresas no tienen excusas para aumentar los precios en la forma desaforada con que lo vienen haciendo. Hay una sola razón por la cual lo hacen: la gran concentración de la producción en muy pocas manos.
 
Muy pocas empresas tienen posición dominante de mercado y esa gran fortaleza les permite aumentar los precios a su antojo. La meneada «mano invisible del mercado» no opera cuando no hay competencia y solo dos o tres corporaciones se adueñan de las góndolas. La venta minorista en los supermercados también está híper concentrada: el 85 por ciento de la facturación corresponde a solo diez cadenas.
 
El descontrolado aumento de los precios de los alimentos, fabrica pobres e indigentes al por mayor. Son 22 millones los argentinos que cayeron debajo de la línea de la pobreza y 10 millones los indigentes que deben acudir a comedores para poder alimentarse. Es una verdadera hecatombe social muy parecida a la que sufrimos en 2001.
 
¿Se podía seguir tolerando, sin ninguna intervención del Estado, esta brutal transferencia de ingresos desde las grandes mayorías empobrecidas hacia un selecto club de empresarios que vienen aumentando sus ganancias a partir de su absoluto dominio del mercado?
 
En verdad esta medida debió tomarse hace bastante tiempo, cuando se advirtió que los pedidos de moderar los precios fueron desoídos con absoluto desdén por los dueños de la industria alimentaria. El poder económico detesta al Estado, salvo para sacar beneficios de él. Pero es la única herramienta disponible en democracia para que no se imponga la ley de la selva.
 
La Opinión Popular
 

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31-03-2026 / 16:03
29-03-2026 / 15:03
La gestión de Javier Milei atraviesa un momento muy complejo, atrapada en una tenaza que combina corrupción sistémica y degradación económica. La narrativa de austeridad se ha quebrado frente a pruebas judiciales contundentes: por un lado, el Caso $LIBRA, donde el peritaje técnico confirma un esquema de promoción de estafas piramidales que involucra directamente al Presidente y a Karina Milei por presuntos cobros millonarios; por otro, el escándalo de Manuel Adorni, cuya utilización de vuelos privados y un crecimiento patrimonial injustificado -que incluye mansiones y gastos de lujo- lo colocan como el nuevo emblema de los privilegios que el Gobierno prometió desterrar.

Sin embargo, el factor que transforma estos escándalos en un veneno letal para el oficialismo es el contexto de asfixia social. La paciencia popular, que hasta hace poco funcionaba como un cheque en blanco, se está agotando ante una realidad incontrastable marcada por la pobreza récord Con indicadores que ya superan el 55%, el ajuste ha dejado de caer sobre la política para ensañarse con la clase media y los sectores vulnerables; la inflación persistente, la cual, a pesar del discurso oficial, el costo de vida -especialmente en alimentos y servicios públicos- sigue demoliendo el poder adquisitivo de los salarios. A esto se le suma la crisis de expectativas: El contraste entre el "no hay plata" para comedores escolares y el despliegue de recursos en el entorno de Adorni ha roto el vínculo de confianza con su base electoral.


En definitiva, la caída en las encuestas no es solo producto de los tribunales; es el resultado de un modelo que pide sacrificios extremos a la población mientras sus máximos referentes se ven cercados por causas de corrupción que huelen a vieja política. La "libertad" parece haberse convertido, para el círculo íntimo del poder, en la libertad de gozar de privilegios mientras el resto del país cae en la indigencia.


De la redacción de La Opinión Popular

28-03-2026 / 07:03
La historia, caprichosa pero justa, suele poner las cosas en su lugar. El reciente fallo de la Corte de Apelaciones del Segundo Circuito de Nueva York, que rechaza de plano la demanda de los fondos buitres contra la República Argentina por la recuperación de YPF, no es solo un alivio para las cuentas públicas; es la partida de nacimiento de una verdad que el relato libertario intentó asfixiar: la soberanía nacional no fue un error, sino el acierto estratégico más importante del siglo XXI.


Este veredicto no constituye únicamente una victoria jurídica, sino que representa una reivindicación política total para Axel Kicillof. En 2012, el entonces ministro de Economía comprendió que un país sin el control de su propia energía es un país sin destino. El tiempo, ese juez implacable, terminó por darle la razón: hoy, Vaca Muerta no es una entelequia, sino una realidad que bate récords de producción y sostiene el andamiaje de una Argentina que, de otro modo, estaría de rodillas.

 
En este escenario, es imperativo apelar a la memoria y desenmascarar el cinismo. El hoy presidente no fue un observador neutral en esta disputa; fue un militante activo y un lobbista desfachatado del bando buitre. Javier Milei, el mismo hombre que ahora intenta "caranchear" miserablemente un triunfo judicial ajeno, construyó su carrera mediática descalificando sistemáticamente la recuperación de YPF como un "robo" y un "atropello a la propiedad privada". Su alineamiento con el capital especulativo fue tan obsceno que llegó a proponer la creación de un humillante "Impuesto Kicillof": una tasa destinada a esquilmar al pueblo argentino para pagarle a los fondos buitres una deuda que, hoy lo sabemos, era ilegítima. Como bien señaló el gobernador bonaerense ante la contundencia del fallo: "Es lamentable que el presidente de la Nación haya defendido a los fondos buitres en lugar de defender los intereses del país".

 
La contundencia de la sentencia dictada en Nueva York se traduce en una victoria multidimensional. En el plano fiscal, la Argentina logra un alivio monumental al evitar el desembolso de una cifra astronómica fabricada por la voracidad especuladora. En lo estratégico, el fallo ratifica la legalidad internacional de la expropiación, blindando la soberanía sobre nuestros recursos naturales. Finalmente, en el terreno político, el veredicto desmantela el relato de la "mala praxis" esgrimido por Milei, validando la solvencia técnica y el coraje de una defensa que priorizó el patrimonio nacional por sobre los dictados de los mercados financieros internacionales.


De la redacción de La Opinión Popular
27-03-2026 / 19:03
24-03-2026 / 13:03
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