La dureza del viaje a través de la China interior, que sólo completarían 8000 de los 86.000 hombres que habían comenzado la marcha un año antes en Jiangxi, haría de este uno de los episodios más significativos y determinantes en la historia del Partido Comunista de China, que sellaría el prestigio personal de los nuevos dirigentes del Partido, con Mao a la cabeza, en las décadas siguientes.
 
Como Mao y Zhou, prácticamente todos los grandes líderes del Partido Comunista en las siguientes décadas serían veteranos de la Larga Marcha, tales como Zhu De, Lin Biao, Peng Dehuai, Liu Shaoqi o Deng Xiaoping, entre otros.
 
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Internacionales - 20-10-2021 / 08:10
20 DE OCTUBRE DE 1935

Mao Tse Tung culmina la gesta de la Larga Marcha china

Mao Tse Tung culmina la gesta de la Larga Marcha china
La Larga Marcha fue el éxodo a través del interior de China que siguieron las tropas del Ejército Rojo.
 
La Larga Marcha fue el éxodo a través del interior de China que siguieron las tropas del Ejército Rojo chino, las fuerzas armadas del Partido Comunista de China (PCCh), entre los años 1934 y 1935, huyendo del ejército de la República de China.
 
Años antes, los comunistas habían logrado establecer una zona bajo su control en un área montañosa de la provincia de Jiangxi, en el sur del país, donde establecieron la República Soviética de China.
 
Acosados por las fuerzas de la República, dirigidas por el Generalísimo Chiang Kai-shek, el 16 de octubre de 1934 los dirigentes comunistas decidieron emprender la huida hacia el interior, que los llevaría un año después a la provincia norteña de Shaanxi, en una región aún más remota que se encontraba también bajo control comunista.
 
Durante la Larga Marcha, los comunistas, eventualmente liderados por Mao Zedong Zhou Enlai, escaparon en círculos hacia el oeste y el norte, recorriendo alrededor de 12.500 kilómetros en 370 días, llegando a la localidad de Wuqi, distrito de Bao'an (actualmente Yan'an), el 20 de octubre de 1935, donde se reúnen con sus camaradas de Shaanxi; poniendo punto final a la Larga Marcha.
 
La dureza del viaje a través de la China interior, que sólo completarían 8000 de los 86.000 hombres que habían comenzado la marcha un año antes en Jiangxi, haría de este uno de los episodios más significativos y determinantes en la historia del Partido Comunista de China, que sellaría el prestigio personal de los nuevos dirigentes del Partido, con Mao a la cabeza, en las décadas siguientes.
 
Como Mao y Zhou, prácticamente todos los grandes líderes del Partido Comunista en las siguientes décadas serían veteranos de la Larga Marcha, tales como Zhu De, Lin Biao, Peng Dehuai, Liu Shaoqi o Deng Xiaoping, entre otros.
 
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La Larga Marcha supuso el hito más importante en la historia del Partido Comunista de China durante su etapa en la clandestinidad, y marcó la subida definitiva al poder de Mao Zedong y la derrota de sus rivales políticos.
 
De entre estos últimos, Bo Gu, líder del partido cuando comenzó la Larga Marcha, pasó a un segundo plano tras la marcha, y moriría en un accidente de aviación en 1945.
 
Wang Ming, el otro dirigente de los veintiocho bolcheviques, volvió a China desde la Unión Soviética, pasando también a un segundo plano hasta que, años después, acabaría sus días exiliado en Moscú, desde donde escribiría artículos en favor del modelo comunista soviético y en contra de las ideas de Mao.
 
Otto Braun, el único extranjero en el Ejército Rojo, permaneció en Shaanxi hasta 1939, cuando fue expulsado de China y volvió a la Unión Soviética; muchos años después escribiría feroces críticas a Mao desde la República Democrática Alemana.
 
En cuanto a Zhang Guotao, el gran rival de Mao en la fase final de la Larga Marcha, acabó abandonando el Partido Comunista y pasándose al KMT; en 1949, ante la inminente victoria comunista en la Guerra Civil, huiría a Hong Kong, desde donde se iría finalmente a Canadá. Nunca volvió a China, muriendo en la pobreza en una residencia de ancianos en la ciudad de Toronto en 1979.
 
El único de los dirigentes anteriores del Partido Comunista que mantendría un puesto de privilegio fue Zhou Enlai, quien aceptó de buen grado ser rebasado por Mao en la jerarquía del partido y años más tarde, tras la proclamación de la República Popular China, pasaría a ser uno de los dirigentes chinos más importantes.
 
Debido al gran simbolismo de la Larga Marcha en la historia del Partido Comunista de China y, muy en especial, en la subida de Mao al poder, este episodio histórico ha estado siempre rodeado de una cierta controversia respecto a cuánto hay de verdad y cuánto de leyenda en la narración tradicional.
 
Aunque hay numerosas fuentes que confirman que los hechos principales ocurrieron tal como han sido descritos, muchos acontecimientos están aún abiertos a diferentes interpretaciones.
 
Una de las mayores diferencias entre la versión oficial del partido y algunos estudios críticos publicados en los últimos años se centra en si el grueso de las bajas en las filas comunistas se habría debido a muertes en combate o, por el contrario, a deserciones.
 
Un caso especialmente representativo de este debate es el de la batalla del río Xiang, en que el número de integrantes del Ejército Rojo se redujo desde unos 86.000 hasta apenas 30.000.
 
Según la versión del Partido Comunista de China, estas bajas se habrían debido a la muerte de más de 50.000 hombres en combate heroico, mientras que algunos libros recientes como el de Sun Shuyun, crítico, y el de Chang y Halliday, profundamente hostil a la figura de Mao y al comunismo chino, consideran que el número de muertes no pudo ser tan alto, y que la mayoría de esas bajas habrían sido debidas a deserciones.
 
A pesar del éxito del reagrupamiento final en el norte, el Partido Comunista se encontraba en una situación de suma debilidad al final de la Larga Marcha, controlando únicamente una zona montañosa de escasa relevancia estratégica y muy alejada de las grandes ciudades y centros industriales chinos.
 
La expresión "Larga Marcha", con sus connotaciones de gesta, sería acuñada por Mao en un discurso poco después de la llegada a Shaanxi, pero la percepción más extendida en aquel momento veía el repliegue del Ejército Rojo como una derrota.
 
Sin embargo, la invasión japonesa en 1937 arruinaría los planes de Chiang Kai-shek de acabar con las bases de poder comunistas. Ante la invasión de un enemigo exterior, los nacionalistas del Kuomintang se verían obligados a colaborar con el Partido Comunista en la resistencia a la invasión.
 
Este cambio en la situación permitiría a los comunistas de Mao afianzar su control en el noroeste y, con el espíritu de la Larga Marcha siempre presente, mantener la lucha contra el ejército japonés primero y, tras 1945, de nuevo contra los nacionalistas hasta la victoria final en 1949 en la Guerra Civil China.
 
La victoria comunista en la guerra tuvo como consecuencia la proclamación de la nueva República Popular, y convirtió a Mao Zedong, el triunfador de la Larga Marcha, en el nuevo líder supremo de China.
 
Fuente: Wikipedia

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30-11-2021 / 18:11
30-11-2021 / 08:11
La aplastante victoria de Xiomara Castro en las elecciones presidenciales de Honduras pone un broche de oro a un mes políticamente excepcional de Nuestra América. Queda aún pendiente el balotaje chileno, pero el triunfo de la candidata de LIBRE tiene un relieve y una trascendencia que excede con creces el ámbito centroamericano y se proyecta a escala continental.
 
Su hazaña fue el premio a doce duros años de militancia en los cuales ella y su marido, el derrocado ex presidente Manuel "Mel" Zelaya, militaron incansablemente para construir una alternativa a las marionetas que Washington se las ingenió para imponer en Honduras luego de la destitución de Zelaya, el 28 de Junio de 2009.
 
Este fue el primer "golpe blando o institucional" que el gobierno de Estados Unidos puso en práctica en la región y, tal vez, la partida de nacimiento del Lawfare como práctica destituyente y de persecución política. Desde entonces se utiliza para proscribir -o por lo menos obstaculizar- la presencia de líderes populares en Latinoamérica.
 
En 2012 la víctima fue Fernando Lugo en Paraguay y en 2016 Dilma Rousseff. Muchos otros son víctimas de esa nefasta invención norteamericana: Lula, Evo, Correa, Cristina, Glas, Rivadeneira, Patiño, etc., y la lista no es exhaustiva. No fue casual que en ambos países -Paraguay y Brasil- y en esos precisos momentos la embajadora de Estados Unidos fuese la misma: Liliana Ayalde.
 
¿El pecado de Zelaya? Pretender consultar a la ciudadanía si quería o no que se convocara a una asamblea constitucional. Lo que siguió fue una tenaz resistencia de Zelaya y Xiomara, luego el exilio y después una implacable persecución, mientras el país se convertía en un páramo sumido en la pobreza y la violencia.
 
Washington impuso, mediante elecciones fraudulentas a dos peones: Porfirio Lobo Sosa y Juan Orlando Hernández, el hipercorrupto -según la Justicia de Estados Unidos y la opinión de las segundas líneas del Departamento de Estado- pese a lo cual Barack Obama, Donald Trump y Joe Biden siguieron admitiéndolo como uno de los líderes democráticos de la región.
 
Más de una treintena de muertos en protestas populares jalonaron la re-elección de Hernández a la presidencia en 2017. Parece que Almagro no se enteró; tampoco lo hicieron sus amos en Washington. Pero Xiomara no aflojó en su lucha. Así las cosas hoy adquiere el mérito histórico de haber barrido con un aluvión de votos a la mafia política enquistada en Honduras con la bendición de la Casa Blanca.
 
Y lo hizo en las elecciones con la mayor tasa de participación de la historia hondureña (unos tres millones y medio de votantes) que la convirtieron en la presidenta más votada de su país y, además, en la que atrajo a las urnas al voto juvenil. Su arrollador avance liquidó también el arcaico bipartidismo liberal-conservador y puso fin a uno de los narcogobiernos más descarados de Latinoamérica y el Caribe, sostenido contra viento y marea por sucesivos presidentes yanquis.
 
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28-11-2021 / 09:11
28-11-2021 / 08:11
27-11-2021 / 08:11
 
Uno de los eventos más trágicos de la Guerra de los Diez Años, la primera guerra de independencia cubana contra las fuerzas realistas españolas, fue el fusilamiento de los ocho estudiantes de medicina, lo que ocurrió durante el gobierno del General Blas Villate y de la Hera, Conde de Valmaseda.
 
Los ocho estudiantes fueron arrestados en su aula universitaria el 25 de Noviembre de 1871, por el propio Gobernador español de La Habana, acusados falsamente de haber arañado la tumba de un periodista español. Al día siguiente, bajo las órdenes del Segundo Cabo, General Crespo, por encontrarse ausente Valmaseda, los estudiantes fueron procesados en juicio sumarísimo.
 
El fallo de este juicio no fue aceptado por los voluntarios españoles amotinados frente al edificio de la cárcel donde se celebrara el juicio. Los estudiantes fueron procesados seguidamente una segunda vez, donde fueron condenados a muerte.
 
Valmaseda, que había regresado a La Habana, no revocó el fallo ni lo conmutó por pena inferior. Los 8 estudiantes fusilados fueron sorteados, mientras que el resto recibió distintas condenas: 11 fueron condenados a seis años de prisión, 20 a cuatro, y 4 de ellos a seis meses de reclusión. Los 8 estudiantes fueron ejecutados el 27 de Noviembre de 1871, dos días después de su arresto.
 
Aunque España trató de apartar este suceso de la Guerra de los Diez Años que en ese momento estaba desarrollándose con toda fuerza en Cuba, estaba claro que este fusilamiento pretendía aterrorizar a la población cubana dando un escarmiento ejemplar, para frenar el sentimiento independentista de los cubanos, aunque el resultado fue lo contrario.
 
Tanto el abominable crimen, como el inconcebible proceso judicial que lo precedió, contribuyeron a reforzar estos sentimientos independentistas. La fecha de Noviembre 27 se celebra en Cuba como día de Duelo Nacional.
 
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