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Nacionales - 06-10-2021 / 09:10
¿SE CONSOLIDA UNA JUSTICIA MACRISTA?

Grave crisis en la Corte Suprema: renunció Elena Highton de Nolasco

Grave crisis en la Corte Suprema: renunció Elena Highton de Nolasco
Horacio Rosatti, Carlos Rosenkrantz y Juan Carlos Maqueda conformaron una mayoría opositora que no se verá afectada con la salida de la jueza sino todo lo contrario. Ricardo Lorenzetti quedará aislado y ya sin su aliada circunstancial. Pero eso no quiere decir que reportará al Gobierno: fuentes de la justicia creen que el ex presidente del tribunal se terminará plegando al resto.
Envuelta en lo que algunos de sus miembros definen como "una gravísima crisis institucional", la Corte Suprema sufrió su primera baja: la jueza Elena Highton de Nolasco presentó su renuncia al cargo a parir del próximo 1º de noviembre.
 
Machirula y descangayada quedará la Corte Suprema a partir de la renuncia. Lástima porque la jueza fue una de las dos primeras mujeres integrantes del Tribunal designadas por un presidente democrático: Néstor Kirchner. Dos contra ninguna antes y ninguna después. Un salto de calidad que va a entrar en el pasado.
 
Aquella integración resultó ser la más estable de la historia argentina. Plural también, con altos desempeños en materia de Derechos Humanos y otras temáticas. Méritos del tribunal y del presidente que lo formó y no lo condicionó. Notable aporte de un peronista a la calidad institucional. Negado, para variar, por la narrativa hegemónica.
 
La dimisión de Highton de Nolasco deja al Tribunal con solo cuatro miembros tras una conventillera elección de autoridades. Highton, explicó, quiso excluirse de un nuevo ciclo de la Corte. Ciclo que pinta aciago: cuesta abajo, entropía o derrumbe. En ese sentido Su Señoría hizo bien pero el retiro llega tarde.
 
Es una mala noticia para el Gobierno de Alberto Fernández.  La renuncia de Highton consolida la mayoría macrista de la Corte. Era la jueza más cercana al oficialismo. Se fortalece triunvirato que maneja el tribunal. El Frente de Todos está lejos de los dos tercios para elegir el reemplazante.
 
Además del tema de salud, la jueza había planteado un rechazo muy fuerte a la elección de Horacio Rosatti y Carlos Rosenkrantz como presidente y vice de la Corte, respectivamente, en la acordada realizada el pasado 23 de septiembre.
 
Rosatti, Rosenkrantz y Juan Carlos Maqueda conformaron una mayoría opositora que no se verá afectada con la salida de la jueza sino todo lo contrario. Ricardo Lorenzetti quedará aislado y ya sin su aliada circunstancial. Pero eso no quiere decir que reportará al Gobierno: fuentes de la justicia creen que el ex presidente del tribunal se terminará plegando al resto.
 
La peor noticia para el Gobierno es lo lejana que parece una alternativa para esta situación. Necesitan los dos tercios del Senado para nombrar a un nuevo miembro de la Corte y no los tienen. Después de las elecciones de noviembre, el escenario sería aún más complejo si se repiten los resultados de las primarias. Otra de las especulaciones que circulaban en torno a la renuncia es la posibilidad de que el Gobierno abra una negociación con los radicales para ampliar la Corte. Pero si el Tribunal, por caso, se ampliara en dos miembros, uno iría para la oposición y el Gobierno seguiría sin mayoría en la Corte.
 
En la Rosada lo único definido es que propondrán una mujer para reemplazar a Highton, si bien no están obligados por ley a cumplir con un cupo femenino. Por eso fuentes de la justicia aseguraron que se avecina un período caracterizado por una Corte macrista.
 
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Highton es hoy en día la única en la Corte que transitó peldaño por peldaño la carrera judicial. Fue, entre otros cargos, secretaria, jueza y camarista Nacional. Recorrido prolijo, ascensos correlativos con la experiencia y los méritos, fallos bien fundados.
 
Estuvo a la altura de la Corte desde su ingreso en el año 2004. Tal vez, opinamos, no tuvo los quilates del fallecido Enrique Petracchi o de Eugenio Raúl Zaffaroni, dos fuera de serie dentro del cuerpo, pero armonizó con sus colegas.
 
Nadie puede pegarla siempre, en ningún orden de la vida... menos que menos quien dicta centenares de sentencias o miles. Pero en los años dorados de la Corte Highton cumplió su deber con creces, formó parte de mayorías interesantes.
 
La caracterizaba una atenta mirada sobre el interés público. Era reacia a bartolear fallos contra el Estado, moda funesta que crece en nuestras pampas y en el mundo. Las inconstitucionalidades son excepcionales, "ultima ratio" en jerga latina. No un rebusque para quedar bien con ciertas vertientes antipolíticas, con los poderes fácticos y con los medios. Cultora del perfil mediático bajo, Highton eligió ser custodia de la legalidad y de la autocontención del más aristocrático de los poderes del Estado.
 
A comienzos de 2017 con alrededor de cincuenta años en tribunales una nota despidiéndola daría cuenta de esos desempeños. Que siguen existiendo, que dejaron huellas, resoluciones históricas. Pero la jueza se empacó en quedarse mediando contubernio con el poder político. Comenzó una decadencia que redondea su trayectoria. Y que tal vez promueva una valoración descompensada, severa en exceso. Cuando se evalúa a protagonistas poderosos suele otorgarse demasiada gravitación al final.
 
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Highton tenía que retirarse a los 75 años o conseguir un nuevo acuerdo del Senado. La regla es constitucional y razonable a la vez. Los años pasan y pesan, la eternización en los cargos no es muy republicana que digamos. La magistrada prefirió interponer un recurso de amparo, antes de tiempo, en el juzgado de un colega bien predispuesto. Obtuvo una decisión favorable, se la facultó a perpetuarse. Una sentencia de primera instancia no es cosa juzgada. Nunca, ni qué hablar en un asunto tan sensible. Los abogados del Estado tienen el deber de apelar en esas situaciones. El ministro de Justicia macrista Germán Garavano dio la orden: nadie apeló, se vulneró una regla de oro. La cortesana quedó atornillada al sillón.
 
Poco después Highton de Nolasco integró la mayoría de tres que sentenció la causa "Muiña", aquella que aplicaba el 2x1 a los terroristas de Estado. Un fallo inicuo, con consecuencias nefastas. El juez Carlos Rosenkrantz fue su mentor, Horacio Rosatti adhirió con voto propio. Highton de Nolasco completó el trío: todos le debían algo-bastante al entonces presidente Mauricio Macri. Los Ro-Ro los nombramientos, Highton la prórroga indebida. Le dieron un gustazo a Macri en su guerra contra "el curro de los Derechos Humanos".
 
Duró poco porque la reacción ciudadana inesperada, pacífica, súper masiva, conmovió al sistema político. El desprestigio de la terna escaló en cuestión de horas, en las calles, en el mundillo jurídico-académico. La revuelta ciudadana espabiló a los otros poderes estatales. Se dictó a toda velocidad una ley que posibilitaba la revisión del fallo por el mismo Tribunal. Antes que eso ocurriera, fiscales y jueces de todo el país produjeron dictámenes y sentencias contradiciendo el fallo "Muiña", subrayando la arbitrariedad de la Corte Suprema. Ahorramos detalles técnicos sobre el incomprensible sistema jurídico nacional que permitió ese recorrido. Subrayamos, apenas, que la movilización popular promovió la reparación de la injusticia.,
 
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Lo sucedido en jornadas vertiginosas, cuentan quienes la conocen, impactó emocionalmente en Su Señoría. Desde ese momento, no fue la misma. Perdió predicamento, se resintió la calidad técnica de sus resoluciones. Por años pareció ser una sombra de Rosenkrantz. Un personaje bien distinto a ella: un cuadro de la derecha convencido de su ideología, un cruzado sin matices, remordimientos ni pliegues. En estos días, en buena hora, Highton de Nolasco escogió diferenciarse del exabogado de Clarín.
 
Los dos sucedidos reseñados, una endeble producción jurídica resumen el aporte final de la jueza que se va.
 
Queda en el balance a su favor, lo realizado por la Secretaría de la violencia doméstica, la confección de estadísticas sobre femicidios. la incorporación de la problemática de género a la agenda de la Corte. Junto a la fallecida juez Carmen Argibay remozaron o, mejor dicho, recrearon el tribunal.
 
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Uno es reacio a hacer centro en el psicologismo para el ejercicio periodístico de contar la historia en vivo. Pero sería necio no darle un espacio cuando se habla de la cabeza de un poder público, desempeñada por cinco individualidades. Que interactúan poco o nada, que conversan apenas, que ya en prepandemia solo se veían una vez por semana, que ni salen a almorzar juntos en horario de trabajo. Que ganan fortunas y no pagan impuestos, que gozan de licencias amplísimas. Un organismo estatal exótico, tan distinto a los parlamentos. Una modalidad de trabajo arcaica, disfuncional a simple vista.
 
Pero con poder, atributos, honores...
 
Ha de ser difícil renunciar a eso aunque los años pesen, aunque los últimos hayan sido amargos. Zaffaroni lo hizo con clase, sin ruido, en tiempo y forma. Highton rumbeó por otro camino: contra lo legal y lo sensato. Lástima porque la imagen de salida sería más colorida que el sepia que pinta la actual.
 
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El futuro institucional luce brumoso, impredecible. El procurador general Eduardo Casal lleva años atornillado al sillón. Sin acuerdo ninguno, ni dos tercios ni simple mayoría. Ni su tía lo votó. En fin.
 
La Corte chiquita y devaluada tras el papelón electoral agrava el cuadro.
 
Las tensiones entre el oficialismo y la principal oposición dificultan imaginar una salida sistémica y razonada. Es lo que hay, no gran cosa.
 
Por Mario Wainfeld
 
Fuente: pagina12.com.ar
 

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24-03-2026 / 13:03
24-03-2026 / 13:03
24-03-2026 / 12:03
Mientras la mayor parte de los argentinos dormían, en la madrugada del miércoles 24 de marzo de 1976, me desperté sobresaltado por los golpes en la puerta de mi casa. El "Chueco", un viejo compañero de militancia, me vino a comunicar que las Fuerzas Armadas habían derrocado al gobierno constitucional del peronismo.
 
Me vestí apresuradamente, me cambié el peinado, me afeite los bigotes y salí inmediatamente a alertar a otros compañeros. La primera casa a la que llegué, la de Rodolfo "Rody" Vittar, no existía más. Horas antes un comando paramilitar había llegado para detenerlo, y como no lo encontró, instaló explosivos y voló la vivienda hasta los cimientos.
 
La represión en Córdoba fue muy dura, igual que en muchos otros lugares del país. Este proceso desembocó en una sangrienta y larga noche de males, que dejó como saldo miles desaparecidos, una guerra perdida a manos de Gran Bretaña y un país económicamente quebrado, entre otras cosas.
 
Por eso, en el Día Nacional de la Memoria por la Verdad y Justicia, en este nuevo aniversario del golpe militar genocida, quiero recordar y rendir un recóndito homenaje a tres queridos compañeros y amigos, asesinados ese siniestro 24 de marzo.

Ellos son: Víctor Lorenzo, Concejal en Córdoba Capital por la Juventud Revolucionaria Peronista, quien fuera ejecutado, el día del golpe, de un tiro en la cabeza en la cárcel local; don Luis Carnevale, Senador Nacional por la misma provincia, secuestrado y desaparecido ese mismo día; y el mayor Bernardo Alberte, ex Delegado Personal de Juan Perón, quien fuera arrojado a través de la ventana de su departamento, en un sexto piso, por una patrulla militar, la madrugada del siniestro Golpe de Estado.

Hay muertes, que por ser las primeras, son todo un símbolo. Los militares asesinos los eligieron primero porque eran peronistas. Y no se lo perdonaron. Pero, a pesar de las cárceles y los fusilamientos, de los compañeros muertos y los desaparecidos, nunca fuimos vencidos. Continuamos invariablemente las luchas que emprendieron Eva y Juan Perón.

Compañeros Víctor Lorenzo, Luis Carnevale y Bernardo Alberte, Presentes. Hasta la victoria, siempre.

Por Blas García para La Opinión Popular 

24-03-2026 / 12:03
El 24 de marzo de 1976 una sublevación cívico-militar derrocó a la presidenta constitucional, María Estela Martínez, instalando una dictadura de tipo permanente autodenominada "Proceso de Reorganización Nacional", gobernada por una Junta Militar integrada por tres jerarcas militares, uno por cada fuerza. La junta designó como presidente de facto a Jorge Rafael Videla.
 
El gobierno militar suprimió los derechos civiles de los ciudadanos y las libertades públicas, anuló las garantías constitucionales, suspendió la actividad política, vedó los derechos de los trabajadores, intervino los sindicatos y la CGT, prohibió las huelgas, disolvió el Congreso y los partidos políticos, y destituyó la Corte Suprema de Justicia.

 
La dictadura impuso el terrorismo de Estado como método sistemático, un régimen de represión ilegal, violencia indiscriminada, persecuciones, tortura sistematizada y desaparición forzada de personas, en el que se violaron masivamente los derechos humanos y se produjeron, en un verdadero genocidio, decenas de miles de desaparecidos.

 
Pero la dictadura no se instaló sólo para torturar y matar gente, sino para posibilitar una transferencia masiva de riquezas hacia los núcleos más concentrados de la economía, quienes se apropiaron además de buena parte de los negocios públicos. Durante el proceso militar, por ejemplo, el grupo Macri pasó de tener 7 a 47 empresas, mostrando que el golpe no fue solo accionar de fuerzas represivas. Y los empresarios que mandaban en 1976, siguen mandando.

 
Para imponer un régimen alejado de los intereses nacionales y populares, el golpe militar fue ejecutado en contra del Pueblo y del peronismo en su conjunto, institucional, política e individualmente. Pensado en función del molde agro exportador de fines del siglo XIX que, dados los cambios internacionales, derivó en el programa pro financiero y desindustrializador, el modelo neoliberal. Hoy Javier Milei y Victoria Villaruel expresan muchos de esos ideales de Videla y Martínez de Hoz, pero también de los grandes empresarios, eternos dueños del país.

 
El Terrorismo de Estado produjo miles de desaparecidos. Hubo 30.000 luchadores sociales barridos por la represión, de todos los sectores políticos populares y revolucionarios. La inmensa mayoría de las víctimas fueron jóvenes, la inmensa mayoría fueron cuadros y militantes de la clase trabajadora, la inmensa mayoría fueron peronistas.


El Proceso puso fin al "Estado de Bienestar" fundado por Juan Perón y al Proyecto Nacional y Popular concebido por el justicialismo desde la década del 40, dejando en lamentable estado la convivencia democrática, la economía, la sociedad y las instituciones, abriendo profundas grietas que recién después de más de cuatro décadas empiezan a ser curadas.


A 50 años de aquel infausto 24 de marzo, en el contexto de un gobierno anarco capitalista que niega, justifica o exalta los crímenes cometidos por las fuerzas represivas, convocamos a mantener viva la memoria del Pueblo en apoyo a la continuidad de la búsqueda de memoria, verdad y justicia por los crímenes de lesa humanidad cometidos y en defensa de los Derechos Constitucionales, los Derechos Humanos y las Libertades individuales de ayer, de hoy y de siempre.


Carlos Morales para La Opinión Popular 

23-03-2026 / 10:03
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