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Sociedad e Interés General - 04-10-2021 / 10:10
EL 4 DE OCTUBRE DE 2009, MUERE "LA NEGRA"

Mercedes Sosa, abanderada de la canción popular en toda Latinoamérica

Mercedes Sosa, abanderada de la canción popular en toda Latinoamérica
En Buenos Aires, el 04 de octubre de 2009, muere Mercedes Sosa, conocida como La Negra Sosa o La Voz de América. Fue una cantante de música folclórica argentina reconocida en América Latina y Europa, considerada como la principal cantante de Argentina.
 
En Buenos Aires, el 04 de octubre de 2009, muere Mercedes Sosa, conocida como La Negra Sosa o La Voz de América. Fue una cantante de música folclórica argentina reconocida en América Latina y Europa, considerada como la principal cantante de Argentina.
 
Fundadora del Movimiento del Nuevo Cancionero y una de las exponentes de la Nueva canción latinoamericana. Incursionó en otros géneros como el tango, el rock y el pop. Se definía a sí misma como «cantora» antes que «cantante», en lo que fue una distinción fundamental de la nueva canción latinoamericana de la que ella fue una de las iniciadoras: «Cantante es el que puede y cantor el que debe» (Facundo Cabral). Ese ideal fue expresado por Mercedes Sosa en los títulos de sus álbumes como Canciones con fundamento y Yo no canto por cantar.
 
Entre las interpretaciones con que se ha destacado en el cancionero latinoamericano se encuentran Canción con todos, Alfonsina y el mar, Gracias a la vida, Como la cigarra, Zamba para no morir, La maza, Todo cambia, Duerme negrito y Calle angosta. Entre sus discos se destacaron Canciones con fundamento (1965), Yo no canto por cantar (1966), Mujeres argentinas (1969), Homenaje a Violeta Parra (1971), Cantata sudamericana (1972), Mercedes Sosa interpreta a Atahualpa Yupanqui (1977), Mercedes Sosa en Argentina (1982), Alta fidelidad (1997) y su interpretación de la Misa criolla (2000).
 
La Opinión Popular



Mercedes Sosa
 
Por Karina Micheletto

Ya no había espacio para la esperanza, sólo una triste resignación amplificada por el peso de su figura, que trascendió fronteras geográficas y artísticas. En la madrugada de ayer, a los 74 años, falleció Mercedes Sosa, debido a una disfunción renal cuyas complicaciones comprometieron todo su organismo y derivaron en una falla cardiorrespiratoria. Desde que se conoció la noticia de su grave estado de salud, en los últimos días que pasó en la unidad de cuidados intensivos del Sanatorio de la Trinidad -donde estaba internada desde el 18 de septiembre-, una certeza quedó instalada: con La Negra se va la gran voz de América. Se va, también, como quedó enternecedoramente puesto en acto en su velatorio -donde desde el mediodía de ayer desfilaron miles para darle el último adiós-, una figura en gran medida maternal, contenedora en más de un sentido.

Si Mercedes Sosa ha significado tanto para la multitud que quiso ir al Congreso, para los que en estos días inundaron la web con mensajes de amor, para los que desde todo el mundo la lloran, no fue sólo por su condición de cantora excepcional (y así se fue Mercedes, en pleno uso de esas facultades únicas). También por lo que esta mujer eligió cantar, aquel canto con fundamento que sostuvo hasta el final. Porque tuvo fundamento, su canto superó incluso sus contradicciones -su derrotero político, su coqueteo con Macri-. Y de eso, nunca se arrepintió.

Destino del canto

Mercedes Sosa nació el 9 de julio de 1935, el Día de la Independencia, y en Tucumán. Toda una declaración de principios para una mujer que terminaría representando un relato posible de identidad argentina y latinoamericana. El día de su nacimiento, los diarios todavía ocupaban sus páginas con una noticia que dos semanas atrás había conmovido al país, más allá de las fronteras de la música: la muerte de Carlos Gardel. Lo mismo está ocurriendo desde que se conoció la noticia del grave estado de salud de Mercedes, aunque los medios ahora sean otros. Se iba a llamar Julia Argentina, por la fecha patria en que le tocó nacer. Se iba a llamar también Marta, según el deseo de su madre. Pero su padre, como hacen algunos padres que van solos al registro civil, la anotó como Haydée Mercedes. La madre nunca aceptó el cambio inconsulto: puertas adentro de su casa, Mercedes fue la Marta. Más allá del fugaz nombre artístico de Gladys Osorio, para el mundo sería por siempre Mercedes, La Negra.

A fines de los '50, era la esposa del artista. "Me enamoré de sus canciones", decía al explicar por qué se había casado con Oscar Matus, desafiando a toda su familia, y se había instalado en Mendoza. Todavía su voz no había sido descubierta: el artista, el poeta, era su marido. Con esas canciones que la enamoraron hizo su primer disco. Con Matus, Armando Tejada Gómez, Tito Francia, Horacio Tusoli, Víctor Nieto, entre otros artistas cuyanos, fundó el Movimiento del Nuevo Cancionero, que marcaría la canción popular argentina e inspiraría otras búsquedas, tal como sucedía con otros movimientos similares en aquellos efervescentes '60.

Mercedes Sosa fue Mercedes Sosa no sólo por ser una voz excepcional: lo fue por abrazar, de allí en más, esa canción con fundamento, superadora del paisaje, abarcadora de lo humano, acusadora de lo social. Ella misma se definía en función de esa elección, tal como se la escucha decir en el DVD que acompaña su último trabajo, Cantora: "Estos premios colgados en las paredes de mi casa no son solamente porque canto, son porque pienso. Pienso en los seres humanos, en la injusticia. Pienso que si yo no hubiera pensado de esta manera, otro hubiera sido mi destino. Hubiera sido una cantora común. Eso me hace pensar que no me equivoqué. Ni me equivoqué cuando comencé a pensar ideológicamente".

La voz sin fronteras

En 1965 cantó de prepo en el Festival de Cosquín. Eran los tiempos del "boom" del folklore, cuando este evento realmente consagraba artistas y marcaba la agenda del género. Al recordar aquel debut, Mercedes no ahorraba palos a la Comisión de Cosquín, encargada de definir la programación. Hasta sus últimos días se ocupó de recordar que aquella vez actuó "en contra de los de la comisión". "Cafrune me presentó al costado del escenario, porque la Comisión de Folklore no me dejaba subir", detallaba en un reportaje a este diario. "Yo siempre tuve problemas con la comisión, no sé por qué... En ese tiempo porque era comunista, sigo siéndolo, pero por entonces era mala palabra. Canté con una cajita, nomás. Tuve un éxito muy grande, y ahí ya me contrató la Philips para grabar. Fue una actuación muy importante en mi carrera. Es más, fue la definitiva."

A partir de 1976 comenzó a hacérsele cada vez más difícil trabajar, como a tantos artistas populares argentinos: falta de lugares que la aceptaran en su programación, espectáculos cancelados poco antes de comenzar, amenazas contra su vida. En 1978 irrumpió la policía en un recital en La Plata, la detuvieron durante dieciocho horas y aterrorizaron al público (la anécdota es bellamente contada en un mensaje dejado en su página web oficial, ver aparte). Durante la dictadura llegó a editar Mercedes Sosa, con temas de Víctor Jara y Pablo Neruda, Mercedes Sosa interpreta a Yupanqui y Serenata para la tierra de uno. Pero ya casi no conseguía trabajo, y en 1979 se exilió en París, y luego en España.

A comienzos de 1982 volvió a cantar a la Argentina. Regresaba a un país que aún se jactaba de tener las urnas "bien guardadas", pero en el que ya se permitían algunas "distracciones". Los conciertos que dio entonces en el teatro Opera -iban a ser dos o tres, prácticamente sin difusión, y al final, a fuerza del boca a boca, fueron trece a sala llena- no sólo marcaron su regreso, sino también un hito en la escena nacional. Entre los invitados de aquellos conciertos estuvieron Raúl Barboza, Ariel Ramírez, Rodolfo Mederos y representantes del rock como Charly García y León Gieco. Al invitar a cantar a rockeros a sus conciertos, Mercedes avaló con su figura un tipo de cruce que en rigor ya existía -Litto Nebbia cantando una zamba con Domingo Cura en bombo, tal como se lo ve en la película Rock hasta que se ponga el sol, Dino Saluzzi actuando en el Festival de Rock de La Falda de 1980-, pero que de allí en más se impondría como una marca de amplitud contenedora de su canto, en un repertorio en el que supo incluir a Silvio Rodríguez y Fito Páez, Cobián y Cadícamo y Pablo Milanés, Daniel Toro y los nuevos autores de folklore. De aquella serie de conciertos del Opera se editaron los LP En vivo en Argentina, una de las obras más vendidas de la discografía nacional.

Así pasó a ser no sólo una voz incuestionable, también una suerte de símbolo afín a cierto progresismo urbano, que le cuestionaba tanto el haberse definido alguna vez como comunista, como el pecado de ser de izquierdas y mientras tanto tener un buen auto o una buena casa. Pero que sin embargo la adoptó como la voz comprometida, la voz necesaria.
 

Como la cigarra

La historia de los últimos años de su carrera podrían contarse entre recaídas y regresos con gloria, como un ave fénix obstinada, con la potencia y el caudal de voz intactos, maravillando cada vez. Hubo una enfermedad que la acompañó en las últimas décadas de su vida: depresión enmascarada, la llamaba ella, y decía que tenía un origen muy claro en el sufrimiento del exilio.

La primera manifestación de esta depresión aguda la llevó al borde de la muerte en 1997, después de presentar Alta fidelidad. Mercedes Sosa canta a Charly García, un disco que nunca pudo llevar a la presentación en vivo junto a su amigo. Le llevó casi un año recuperarse, y lo hizo cantando, como cada vez que volvió de esas largas temporadas en la cama. Llamó al disco de aquel regreso Al despertar, se llevó con ese trabajo el Premio Gardel al Disco del Año, volvió a dar conciertos multitudinarios en la Argentina, volvió a girar por el mundo. Volvió a cantar -siempre en compañía de colegas de todos los géneros; por entonces estuvo en la cancha de Boca con Luciano Pavarotti-, y por lo tanto volvió a ser feliz.

"Sigo cantando, como la cigarra", anunciaba. En 1999 lanzó la Misa criolla, en 2001 grabó en vivo Acústico en el Gran Rex. En 2002, junto a León Gieco y Víctor Heredia, propuso Argentina quiere cantar. Las presentaciones con sus dos entrañables amigos incluirían varias giras por el interior del país, y también por Europa y Estados Unidos, pero no pudieron completar el proyecto. Mercedes volvió a caer, volvieron las complicaciones físicas, volvió a manifestarse aquella vieja depresión. Entre 2003 y 2005 pasó momentos muy difíciles, con internaciones, deshidrataciones y descompensaciones, agravadas en el último tiempo por un par de caídas en el baño de su casa, una de las cuales le resintió una vértebra. Fueron dos años en los que pasó buena parte de su tiempo en la cama.


El año 2005 marcó su último gran regreso, y fue con todo. Volvió con un disco bello y despojado, Corazón libre, con dirección artística de Chango Farías Gómez, editado por el prestigioso sello alemán Deutsche Grammophon, que la eligió por considerarla "una de las mejores voces del mundo entero".

Volvió también a los escenarios, donde empezó a cantar sentada, y en un principio, con un cinturón ortopédico ajustándole la cintura. La debilidad física que exhibía, con varios kilos menos de su peso habitual, conmovía. Necesitaba un sostén para entrar al escenario -en ocasiones, una silla de ruedas-, la ayudaban a llegar a la silla desde la que cantaría. Pero se retiraba bailando, animándose a unos pasos al ritmo de "La luna llena", a veces acompañada por los tambores del grupo La Chilinga.

Lo que conmovía, en realidad, era esa transformación operada en vivo y en directo: tan pronto como entonaba el primer verso, La Negra se volvía poderosa, gigante, indestructible. Su voz estaba intacta, y no es una manera de decir: verdaderamente seguía siendo la gran voz de América, una de las mejores del mundo, una de las elegidas.

El acontecimiento que marcó el inicio de aquel regreso fue la edición 2005 del Festival Músicas de Provincia (a propósito: antes de Mauricio Macri Buenos Aires podía darse lujos, como un festival de folklore. ¿Alguien lo recuerda? ¿A alguien le importa que la ciudad ya no lo tenga?). El 21 de diciembre de ese año, Mercedes cantó ante unas quince mil personas en su provincia natal, en una visita que significó el reconocimiento en suelo propio, con el Doctorado Honoris Causa de la Universidad de Tucumán. Aquella actuación, dijo, marcó el reencuentro con un público que recién entonces la sentía próxima: "Hacía muchos años que no iba, la última vez fue cuando murió mi madre, en el '99", contó entonces. "Recién ahí me empezaron a tratar como una artista no sólo tucumana sino de todo el mundo. Porque siempre está esa cosa con los artistas de acá: cómo puede ser famosa, si vive enfrente de mi casa... Sentí que Tucumán recién me adoptó entonces".

Allí arrancó una gira que la llevó por cuanto festival y provincia pudo cubrir por tierra: sus dolencias no le permitieron volver a viajar en avión. Seguía cantando con una fuerza de otro orden, allí donde se presentara; seguía escuchando con fruición nuevas voces, nuevos autores, maravillándose ante el poder de la canci cute;n. "¡Qué hermoso que es cantar, Dios mío!", repetía, y explicaba: "Yo me enamoro de las canciones como se puede enamorar una de un hombre. Tengo amor por lo que canto, por eso nunca pensé en cantar para vivir. Yo canto porque amo hacerlo, desde siempre".

Si parecía imparable, si parecía capaz de la perfección vocal en cualquier contexto, parecía también que podía pedírsele más. Comenzó a gestarse un proyecto ambicioso: un disco -terminarían siendo dos- que presenta a Mercedes como la gran voz capaz de congregar al abanico más amplio de la canción iberoamericana, de Joan Manuel Serrat a Shakira, de Caetano Veloso a Luis Alberto Spinetta, pasando por Joaquín Sabina, Diego Torres, Jorge Drexler, Marcela Morelo, Soledad, Calle 13, Charly García, León Gieco, Víctor Heredia, Pedro Aznar, entre otros muchos.

Aquella fue su última producción, Cantora, que no llegó a presentar formalmente. En el DVD que se salió con la edición final del disco doble, se la ve a Mercedes como la madre que le aconseja a Gustavo Cerati gárgaras de bicarbonato para poner a punto la voz; exclamando una y otra vez cuánto le gusta cantar, pero qué poco grabar; abrazando y dejándose abrazar por todos sus colegas, recibiendo halagos, pero también ofreciéndolos. Se ve, sobre todo, a la mujer que se sigue emocionando con la letra de cada canción, que llora, que resalta versos, que explica que ella los vivió, y por eso los canta con el alma, con la voz y con todo el cuerpo.

Queda, como fondo musical de su vida, aquellos versos de "Barro tal vez" que escribió un adolescente Luis Alberto Spinetta, y que son parte de lo más alto del último disco de Mercedes, subrayado su aire de zamba. Mercedes Sosa cantó lo que sintió, sin una palabra de más, hasta el final. En eso se le fue la vida.
 
Fuente: Página 12

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Mercedes Sosa en Cosquín.
Mercedes Sosa, abanderada de la canción popular en toda Latinoamérica
17-10-2021 / 10:10
 
El coronel Juan Perón estaba preso. Nada se oponía a la restauración oligárquica y al retorno a la fraudulenta y corrupta Década Infame, interrumpida por la irrupción de la Revolución de Junio de 1943. Pero en ese momento la clase obrera se movilizó y desde ese instante se convertiría en un actor determinante del proceso político nacional.
 
Nadie la conocía aun. Carecía de antecedentes. Venía de abajo, del subsuelo de la Patria, y su marcha fue irresistible. Si había demorado en aparecer, lo cierto es que nadie pudo, desde entonces, olvidarlo jamás.
 
En la madrugada del 17 de octubre de 1945 comenzó una movilización de la clase trabajadora en los barrios populares del oeste de Capital Federal así como de las zonas industriales de sus alrededores.
 
Los obreros no ingresaban a trabajar en las fábricas y talleres e iban recorriendo los establecimientos vecinos, incitando a abandonarlos a quienes se encontraban en ellos, para luego marchar coreando consignas en favor de Juan Perón, por las calles principales hacia el centro de la Capital Federal.
 
Aquel 17 de octubre los trabajadores dejaron sus herramientas, apagaron las máquinas de sus talleres y fabricas, se subieron al tranvía o al ómnibus y se fueron a la Plaza de Mayo. Estaban dispuestos a dar la vida por Perón. Un nuevo ciclo histórico se iniciaba en la Argentina.
 
El 17 de octubre de 1945 marcó un antes y un después en la historia de nuestro país: más de un millón de trabajadores, coparon la Plaza de Mayo para exigir la liberación del que ya entonces consideraban su líder: el coronel Perón, quien desde la Secretaría de Trabajo y Previsión, había instrumentado numerosas medidas que favorecieron a los obreros, sentando las bases de la movilidad social ascendente y permitiéndoles integrarse a un país que, hasta entonces, no los reconocía.
 
Setenta y cinco años después, recordamos aquella expresión de lealtad mutua: de los trabajadores hacia su líder, pero también de Perón hacia ellos, al visibilizarlos y, una vez en el poder, haber seguido defendiendo sus derechos. Sin arriar nunca las banderas del trabajo, la dignidad y la justicia social.

 
Escribe Blas García

 
17-10-2021 / 10:10
El 17 de Octubre de 1945, Juan Perón fue rescatado de la cárcel por la masiva movilización de la clase trabajadora, exponiendo así la falencia del anciano régimen oligárquico antinacional -rapaz y parasitario- y la caducidad de los viejos partidos políticos seudo democráticos, sobrepasados por el proletariado, que de ahora en más, podía obtener reivindicaciones que ya no se pedían, se reclamaban, porque ya no se confiaba en la buena voluntad de los sectores dominantes sino en la propia fuerza de los trabajadores.
 
Ese día resurge la Argentina profunda, el subsuelo de la Patria sublevado, y reaparece para continuar escribiendo la historia de las masas populares, una secuencia que va desde las lanzas primero -con las montoneras federales del interior-, el voto después -con el radicalismo yrigoyenista- y por último los sindicatos obreros -con el peronismo-. Tres momentos en los que el Pueblo lucha para realizarse con el federalismo, la soberanía política y la democracia social.
 
Como consecuencia de la actuación revolucionaria de las masas populares el 17 de octubre de 1945, el justicialismo llega al poder y produce transformaciones en todos los ámbitos de la realidad del país. La Revolución Nacional, de Eva y Juan Perón, rompió con el modelo semicolonial dependiente, logrando la independencia económica, la justicia social y permitiendo importantes conquistas a los sectores populares. Una Nueva Argentina con el Pueblo de protagonista.

La terrible reacción gorila de la vieja Argentina oligárquica y autoritaria, en el golpe de septiembre de 1955, dan la medida de la trascendencia revolucionaria del peronismo. Cómo los movimientos nacionales antecesores: el federalismo de Rosas y el radicalismo de Yrigoyen; solo se alcanzaron conquistas transitorias y fueron derrotados por la estructura de la injusticia y la dependencia. Revolución y contrarrevolución.
 
A partir de 1955, la exclusión política del peronismo produjo un proceso de Resistencia que ampliaría su perfil. Aglutinó, representó y canalizó a todas las rebeldías y críticas contra el sistema económico, social y político, crecientemente ineficaz y en el cual era el único actor apartado. En esta lucha, el peronismo constituyó el agrupamiento de las fuerzas populares y proletarias, mientras que el régimen militar se identificaba con los intereses de la oligarquía, la burguesía entreguista y los partidos liberales.
 
Todos estos esfuerzos son partes de un mismo combate, en la que todavía no se han alcanzado triunfos definitivos. Corsi e ricorsi, la Patria aparece como un proyecto inacabado que debemos realizarlo plenamente hoy cuando el capitalismo globalizado pretende desembarazarse de las limitaciones que, a lo largo del siglo XX, le impusieran los Estados Nacionales y los movimientos sociales encabezados por la clase trabajadora, para aplicar sus políticas neoliberales de injusticia social.
 
Las medidas económicas del macrismo están inspiradas en el neoliberalismo, que fue establecido durante la Revolución Fusiladora (1955), continuadas por las armas en la dictadura de Jorge Rafael Videla (1976-1983) y por los votos en el gobierno de Carlos Menem (1989-1999). Este tipo de recetas reaccionarias, que aumentan la injusticia quitando derechos sociales y agrandan la dependencia con el fuerte endeudamiento, siempre fracasaron, provocando resistencias populares y revueltas sociales. 
 
Por eso, como integrantes del Movimiento Nacional y Popular que cambió la historia política argentina, volvemos a levantar, como en 1945, el cuestionamiento del sistema neoliberal económico y social injusto y la necesidad de dar pelea para cambiarlo. Con el peronismo, retornaremos a ser una Nación independiente, y si nos sacamos la dependencia del capital financiero volveremos al desarrollo económico. Caso contrario, podría retornar el neoliberalismo apátrida y seguiremos hundiéndonos en la pobreza. 
 
Escribe: Blas García 

 

17-10-2021 / 10:10
16-10-2021 / 06:10
 
Juan Perón había surgido a la vida política dos años antes, desde la Secretaría de Trabajo y Previsión, y había dignificado al obrero otorgando derechos vulnerados desde siempre. Unidos en el odio a Perón y defendiendo sus intereses, el frente oligárquico logra aislarlo, despojarlo de todos su cargos forzando su renuncia y recluirlo en la isla de Martín García. Parecía que una vez más en nuestra historia, los que más tenían, los que hacían las  leyes, los que vivían del trabajo ajeno, imponían su voluntad omnipotente.
 
Pero los trabajadores argentinos reaccionan y en la mañana del lunes 16 de octubre de 1945, los dirigentes de la CGT se entrevistan con presidente Edelmiro J. Farrell, al cual le trasmite su preocupación por la situación del coronel Perón, así como que algunos gremios han empezado a salir a la calle reclamando por su libertad. También le expresan la preocupación reinante en la clase trabajadora ante las versiones de los diarios acerca del nuevo gabinete que estaría integrado por hombres de la oligarquía y del conservadorismo.
 
Por su parte, la Unión Obrera Local- expresión sindical del Partido Comunista-sostiene que "desautoriza las versiones a favor de una huelga inminente lanzadas por un grupo afecto al gobierno desplazado y por elementos nazis que pretenden obstruir el camino de las elecciones libres".
 
A su vez, el Partido Socialista denuncia "la maniobra encaminada a confundir la opinión de los trabajadores y crear factores de perturbación y anarquía...tentativa de los dirigentes entregados a la dictadura implantada por el ex secretario de Trabajo y Previsión".
 
Los partidos de "izquierda" de la oligarquía, más que confundidos, no saben de donde sale esa "chusma" peroniana, como la denominan despectivamente, que nada tiene que ver con el modelo de obrero de sus libros y manuales, pulcro y atildado, con el que están acostumbrados a tratar.
 
A la tarde se conoce la decisión de la Central Obrera: por 16 votos contra 11, "la CGT, en defensa de las conquistas obtenidas y las por obtener y considerando que éstas se hallan en peligro ante la toma del poder por las fuerzas del capital y la oligarquía, declara un Paro General en todo el país por el término de 24 horas, que se hará efectivo el día jueves 18 de octubre, a partir de la cero hora".
 
Comienza así, el devenir histórico por el cual los trabajadores argentinos se introducen por primera vez y para siempre en la escena política nacional, para terminar con la semicolonia pastoril y construir una nación moderna e independiente, y lo hacen con un movimiento popular que tiene como eje al proletariado. En nuestro país nada volvería a ser igual.
 
Escribe Blas García

 

16-10-2021 / 06:10
 
El 16 de octubre de 1798, en Buenos Aires, Virreinato del Río de la Plata, nace Martiniano Chilavert. Fue un militar argentino de destacada participación en la guerra del Brasil y en las guerras civiles entre federales y unitarios. En su última etapa de exilio, al enterarse de la batalla de Vuelta de Obligado (en que una flota anglofrancesa ataca el territorio argentino), aunque opositor político decidido a Juan Manuel de Rosas, en abril de 1846 le ofreció sus servicios. En esto, Chilavert compartía las ideas del general José de San Martín.
 
En el conflicto que enfrentó a Rosas con Justo José de Urquiza y el esclavista Imperio del Brasil, dirigió todas las fuerzas de artillería de la Confederación en la batalla de Caseros, haciendo fuego contra el grueso de las tropas brasileñas hasta agotar la munición. Como se le terminaron las balas, mandó recoger los proyectiles del enemigo que estaban desparramados alrededor suyo y disparó con éstos. Y cuando no hubo nada más que disparar, finalmente la infantería brasileña pudo avanzar y así terminó la batalla.
 
Habiendo tenido ocasión de escapar, permaneció sin embargo fumando tranquilamente al pie del cañón hasta que lo llevaron frente a Urquiza. Allí contestó las insolentes provocaciones del entrerriano y este ordenó su fusilamiento por la espalda (castigo usualmente aplicado a los traidores), pero cuando lo llevaron al sitio de fusilamiento, el 4 de febrero de 1852, Chilavert, tras derribar a quienes lo arrastraban, exigió ser fusilado de frente y a cara descubierta. Se defendió a golpes, pero fue ultimado a bayonetazos y golpes de culata. Su cadáver permaneció insepulto varios días.
 
A los pocos días, Urquiza ordenó el fusilamiento del regimiento completo de Aquino, desde oficiales hasta el último soldado y los colgó de los árboles de Palermo.
 
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