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Sociedad e Interés General - 20-09-2021 / 10:09
EL 20 DE SEPTIEMBRE DE 1955, EL GENERAL LONARDI ASUME LA PRESIDENCIA DE LA REPÚBLICA

Hubo vencedores y vencidos: tras el golpe oligárquico, vino una ola de represión brutal de la Libertadora

Hubo vencedores y vencidos: tras el golpe oligárquico, vino una ola de represión brutal de la Libertadora
El 20 de septiembre de 1955, Eduardo Lonardi asume la presidencia de la República con una famosa frase que luego fue desvirtuada por la realidad de los hechos: "Ni vencedores, ni vencidos". Pese al eslogan, no hubo misericordia con los peronistas y se desató una ola de odio que golpeó a los sectores mayoritarios de la sociedad. Pero también surgió la Resistencia Peronista.
 
El 16 de septiembre de 1955 se produce el golpe militar oligárquico contra el gobierno constitucional de Juan Perón. El 20 de septiembre, Eduardo Lonardi asume la presidencia de la República con una famosa frase que luego fue desvirtuada por la realidad de los hechos: "Ni vencedores, ni vencidos".
 
Pese al eslogan de Lonardi, apenas derrocado Perón, no hubo misericordia con los peronistas y se desató una ola de odio que golpeó a los sectores mayoritarios de la sociedad. No controlaron al sector más violentamente antiperonista y se produjo una secuela sin precedentes de despidos por causas políticas o gremiales.
 
Encarcelaron a todos los diputados, senadores, ministros, intendentes y gobernadores peronistas de todo el país. Fusilaron al secretario general de la CGT de Azul, Manuel Chaves. Saquearon las casas de funcionarios peronistas como Ramón Carrillo, Raúl Apold, Ángel Borlenghi, Oscar Nicolini y Franklin Lucero, entre otros.
 
Aun así, el primer presidente de facto fue visto como demasiado débil: lo sustituyó Pedro Eugenio Aramburu con su siniestro decreto 4.161, que prohibió nombrar a Perón. Lo trataban de "tirano prófugo" y "tirano sonriente"... Con la llegada del gorila Aramburu se intensificó la venganza de los vencedores. El peronismo pasó a estar prohibido y el Movimiento se encontraba desorganizado. Se produce el desbande general de los viejos dirigentes; muy pocos permanecerán en sus puestos de lucha.
 
Los "comandos civiles" atacan los sindicatos obreros y los ocupan a punta de pistola. Se interviene la CGT, se asaltan las Unidades Básicas y se encarcela a sus dirigentes más representativos. Fusilaron militantes peronistas en oscuro basurales. Pero la Resistencia surgió rápida y espontánea en las bases populares indignadas por el derrocamiento de Perón, aunque sus dirigentes estaban presos, ocultos o exiliados.
 
Las bases peronistas no esperaron nada porque no podían esperar. Se largaron a pelear por su cuenta y protagonizaron una de las luchas más puras de la historia política de nuestra Patria, la lucha obrera y popular clandestina por el retorno del Líder. La realizaron al margen de todas las conducciones formales, políticas y gremiales, del PJ y la CGT que estaban intervenidos, y la hicieron desde el seno mismo del Pueblo, porque estaban dispuestos a no rendirse, a no doblegarse, a seguir luchando.
 
Se llenaron todas las cárceles del país con los que resistían a la dictadura militar, con los que exigían la vuelta al sistema constitucional, el retorno de Perón a la Patria y al poder y la restauración de las conquistas sociales obtenidas por la clase trabajadora durante el gobierno justicialista.
 
La campaña de desperonización de los gorilas vencedores no dio el resultado que esperaban y, por el contrario, se inició en el país la Resistencia Peronista, que duraría casi 18 años, hasta el 25 de mayo de 1973.


El retorno del Líder del exilio y la proscripción 
Escribe: Blas García 

 

El golpe gorila "libertador"
  
El 16 de septiembre de 1955 se produce el golpe militar contra el gobierno constitucional de Juan Perón. Los jefes del levantamiento, autodenominado "Revolución Libertadora", el régimen que proscribió, reprimió y fusiló a los seguidores de Juan Perón, son los generales Eduardo Lonardi, Pedro Eugenio Aramburu y el contralmirante Isaac Rojas.
 
El 20 de septiembre Lonardi asumía la presidencia de la República con una frase que luego fue desvirtuada por la realidad de los hechos: "Ni vencedores, ni vencidos".
 
Los partidos políticos "gorilas" festejan en las calles. El Comité Nacional de la UCR brindó su apoyo al gobierno militar explicitando textualmente que "la revolución triunfante por el sacrificio de soldados, marinos, aviadores y civiles unidos por su patriotismo y amor a la libertad, abre una gran esperanza".
 
Incluso notorios radicales como los doctores Roque Carranza, Carlos Alconada Aramburú, y en Entre Ríos, Sergio Montiel, resultaron ser relevantes conspiradores y comandos civiles.
 
 
Política peronista
  
El nuevo gobierno "de facto" toma medidas de neto corte antipopular que tiende a sustituir el Estado del bienestar peronista, con el que, millones de argentinos conquistaron derechos sociales perdurables y el nivel de empleo más alto de la historia -sólo había un 2% de desocupación entre 1946 y 1952- y la participación de los trabajadores en la riqueza que alcanzaba al 51% del Producto Bruto Interno, que fue la más alta del capitalismo occidental de la posguerra.
 
Pero, fundamentalmente lo que el peronismo le dio a los trabajadores fue dignidad y la valentía para poder discutirle al dueño de la empresa. Con el peronismo aprendieron que tenían el derecho de hacerlo y que el patrón no era un capanga al que había que tenerle miedo.
 
 
Política de los "libertadores"

El Plan Prebisch, alentado por el nuevo gobierno militar de facto, considera que existe una crisis económica en el país. Para salir de ella, siguiendo los lineamientos del Fondo Monetario Internacional (FMI), propone y efectiviza: incentivar fuertemente a la producción agropecuaria, restablecer el mercado libre de cambios, acudir al crédito exterior, congelar sueldos y salarios, admitir la entrada de capital extranjero y devaluar el peso argentino.
 
Igualmente, se dispone el ingreso, como país-socio, al funesto Fondo Monetario Internacional (FMI).
 
 
Remplazan a Lonardi por Aramburu

Además, los militares más cerradamente antiperonistas y "gorilas" entienden que Lonardi es demasiado "blando" y no lleva a cabo la tarea de "desperonizar" al país con suficiente energía. Lo remplazan por Aramburu para definir aun más la naturaleza liberal pro imperialista del nuevo gobierno.

Ante el golpe que pone fin a la política de "ni vencedores ni vencidos", la CGT reacciona declarando la huelga general. Una vez más, los trabajadores son la única garantía para una lucha nacional; pero la reacción se vuelca contra el movimiento popular y el 16 de noviembre, el Gobierno interviene a la CGT. Se designa para el cargo al capitán de navío Alberto Patrón Laplacette. Irónicamente, un "patrón" pasa a controlar la central obrera.
 
 
Es disuelto el Partido Peronista
 
El 20 de noviembre de 1955 es disuelto el Partido Peronista, prohibida su Marcha, confiscados sus locales por el gobierno del Gral. Aramburu. Semanas después, se decreta la disolución de la Unión de Estudiantes Secundarios (UES) y de la Confederación de Estudiantes Secundarios (CES).
 
El odio de clase se expresa en un desenfrenado "gorilismo" que recorre toda la Argentina. Se pretende borrar hasta el menor vestigio de la época peronista, como sí fuera posible colocar una página blanca entre 1943 y 1955. Así, demuelen el Palacio Unzué por haber sido utilizado por Juan y Eva Perón como residencia presidencial.
 
Ningún escrúpulo los detiene y el 23 de noviembre, un comando dirigido por el teniente coronel Carlos Eugenio Moori Koenig se introduce en el edificio de la CGT y, en un operativo clandestino, secuestra el cadáver de Eva Perón. ¿Hasta dónde puede conducir el odio a este grupo que ha tomado el poder en la Argentina?
 
 
Recrudece la política represiva
  
Con el cambio presidencial, se agudiza la represión, llevándose a la práctica decretos leyes como el 4.161, que desautoriza toda actividad peronista (se prohíbe con cárcel nombrar a Perón y a Eva Perón, tener sus retratos o símbolos, cantar la marcha peronista, etc.) también se proscribe electoralmente al justicialismo.
 
El 22 de Febrero de 1956 estalla un polvorín militar en el Gran Buenos Aires, cerca de la Av. General Paz, y se suceden diferentes atentados: comienza a hablarse de la Resistencia Peronista. Una intransigencia que no fue protagonizada por los dirigentes, sino por las bases.
 
Quienes deciden salir a pelear en ese momento, empiezan una sorda resistencia inorgánica, con tres polos de desarrollo: la fábrica, el barrio y los militares peronistas. Desde el exilio, Perón envía "directivas secretas" a los dirigentes peronistas para organizar esa Resistencia, menciona especialmente a la Juventud Peronista y nombra a John William Cooke su delegado personal para coordinar la intransigencia.

 
La resistencia peronista
  
El año 1956 se caracteriza por el aumento de la oposición peronista al gobierno de Aramburu, la creciente tensión social y la crisis profunda que sacude al régimen. En ese año comienzan a organizarse en forma embrionaria agrupaciones gremiales ligadas a jóvenes peronistas, nucleados fundamentalmente en los barrios.
 
Estos grupos juveniles se organizarán progresivamente hasta confluir al año siguiente en la Mesa Ejecutiva de la Juventud Peronista, integrada por Gustavo Rearte, Héctor Spina, Felipe Vallese y otros. Aparecen varios periódicos ligados a ese sector (Norte, Línea Dura, etc.)

 
Se amplia la intransigencia 
  
La exclusión política del peronismo, produjo un proceso de resistencia que ampliaría el perfil del justicialismo. A partir de 1955 el peronismo aglutinó, representó y canalizó a todas las rebeldías y críticas contra el sistema económico, social y político, crecientemente ineficaz y en el cual era el único actor apartado.
 
El espectro político peronista se tornó muy amplio y variado. El activismo peronista opositor, con ingenio y combatividad, realizó sus intentos por la vía del levantamiento cívico-militar, acciones de resistencia por métodos encubiertos, "trabajo a tristeza", sabotajes, colocación de explosivos, paros gremiales, atentados, ataques con bombas "Molotov".
 
Desde pintar consignas en las paredes, el "Perón Vuelve", con la V y la P, hasta sabotajes y atentados. Pero siempre se cuidó mucho de no lastimar a nadie, de que no sufriera gente inocente. Era una forma de hacer política.
 

Experiencias insurreccionales
  
En esta etapa se realizaron alzamientos cívico-militares -la revolución del general Juan José Valle y, posteriormente, la asonada del general Miguel Iñiguez- y se probaron otras formas de lucha que incluyeron experiencias insurreccionales -la toma del Frigorífico Lisandro de la Torre, encabezada por Sebastián Borro, que puso en pie de guerra al barrio de Mataderos durante una semana-, y experiencias guerrilleras rurales como fue la de los Uturuncos desarrollada en Tucumán y Santiago del Estero entre octubre de 1959 y junio de 1960.
 
Además, el peronismo participaba, aunque estaba proscripto, en las elecciones apoyando a otros candidatos en contra de los radicales, que eran los representantes civiles de la dictadura militar.
 
En las décadas siguientes al '55, el peronismo es proscrito y perseguido por gobiernos militares y civiles seudo-democráticos que durarían hasta 1973. Ese año, y en elecciones libres, el peronismo, por amplia mayoría, volvió a ser gobierno por tercera vez desde su nacimiento en 1945.
 
Escribe: Blas García

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17-10-2021 / 10:10
 
El coronel Juan Perón estaba preso. Nada se oponía a la restauración oligárquica y al retorno a la fraudulenta y corrupta Década Infame, interrumpida por la irrupción de la Revolución de Junio de 1943. Pero en ese momento la clase obrera se movilizó y desde ese instante se convertiría en un actor determinante del proceso político nacional.
 
Nadie la conocía aun. Carecía de antecedentes. Venía de abajo, del subsuelo de la Patria, y su marcha fue irresistible. Si había demorado en aparecer, lo cierto es que nadie pudo, desde entonces, olvidarlo jamás.
 
En la madrugada del 17 de octubre de 1945 comenzó una movilización de la clase trabajadora en los barrios populares del oeste de Capital Federal así como de las zonas industriales de sus alrededores.
 
Los obreros no ingresaban a trabajar en las fábricas y talleres e iban recorriendo los establecimientos vecinos, incitando a abandonarlos a quienes se encontraban en ellos, para luego marchar coreando consignas en favor de Juan Perón, por las calles principales hacia el centro de la Capital Federal.
 
Aquel 17 de octubre los trabajadores dejaron sus herramientas, apagaron las máquinas de sus talleres y fabricas, se subieron al tranvía o al ómnibus y se fueron a la Plaza de Mayo. Estaban dispuestos a dar la vida por Perón. Un nuevo ciclo histórico se iniciaba en la Argentina.
 
El 17 de octubre de 1945 marcó un antes y un después en la historia de nuestro país: más de un millón de trabajadores, coparon la Plaza de Mayo para exigir la liberación del que ya entonces consideraban su líder: el coronel Perón, quien desde la Secretaría de Trabajo y Previsión, había instrumentado numerosas medidas que favorecieron a los obreros, sentando las bases de la movilidad social ascendente y permitiéndoles integrarse a un país que, hasta entonces, no los reconocía.
 
Setenta y cinco años después, recordamos aquella expresión de lealtad mutua: de los trabajadores hacia su líder, pero también de Perón hacia ellos, al visibilizarlos y, una vez en el poder, haber seguido defendiendo sus derechos. Sin arriar nunca las banderas del trabajo, la dignidad y la justicia social.

 
Escribe Blas García

 
17-10-2021 / 10:10
El 17 de Octubre de 1945, Juan Perón fue rescatado de la cárcel por la masiva movilización de la clase trabajadora, exponiendo así la falencia del anciano régimen oligárquico antinacional -rapaz y parasitario- y la caducidad de los viejos partidos políticos seudo democráticos, sobrepasados por el proletariado, que de ahora en más, podía obtener reivindicaciones que ya no se pedían, se reclamaban, porque ya no se confiaba en la buena voluntad de los sectores dominantes sino en la propia fuerza de los trabajadores.
 
Ese día resurge la Argentina profunda, el subsuelo de la Patria sublevado, y reaparece para continuar escribiendo la historia de las masas populares, una secuencia que va desde las lanzas primero -con las montoneras federales del interior-, el voto después -con el radicalismo yrigoyenista- y por último los sindicatos obreros -con el peronismo-. Tres momentos en los que el Pueblo lucha para realizarse con el federalismo, la soberanía política y la democracia social.
 
Como consecuencia de la actuación revolucionaria de las masas populares el 17 de octubre de 1945, el justicialismo llega al poder y produce transformaciones en todos los ámbitos de la realidad del país. La Revolución Nacional, de Eva y Juan Perón, rompió con el modelo semicolonial dependiente, logrando la independencia económica, la justicia social y permitiendo importantes conquistas a los sectores populares. Una Nueva Argentina con el Pueblo de protagonista.

La terrible reacción gorila de la vieja Argentina oligárquica y autoritaria, en el golpe de septiembre de 1955, dan la medida de la trascendencia revolucionaria del peronismo. Cómo los movimientos nacionales antecesores: el federalismo de Rosas y el radicalismo de Yrigoyen; solo se alcanzaron conquistas transitorias y fueron derrotados por la estructura de la injusticia y la dependencia. Revolución y contrarrevolución.
 
A partir de 1955, la exclusión política del peronismo produjo un proceso de Resistencia que ampliaría su perfil. Aglutinó, representó y canalizó a todas las rebeldías y críticas contra el sistema económico, social y político, crecientemente ineficaz y en el cual era el único actor apartado. En esta lucha, el peronismo constituyó el agrupamiento de las fuerzas populares y proletarias, mientras que el régimen militar se identificaba con los intereses de la oligarquía, la burguesía entreguista y los partidos liberales.
 
Todos estos esfuerzos son partes de un mismo combate, en la que todavía no se han alcanzado triunfos definitivos. Corsi e ricorsi, la Patria aparece como un proyecto inacabado que debemos realizarlo plenamente hoy cuando el capitalismo globalizado pretende desembarazarse de las limitaciones que, a lo largo del siglo XX, le impusieran los Estados Nacionales y los movimientos sociales encabezados por la clase trabajadora, para aplicar sus políticas neoliberales de injusticia social.
 
Las medidas económicas del macrismo están inspiradas en el neoliberalismo, que fue establecido durante la Revolución Fusiladora (1955), continuadas por las armas en la dictadura de Jorge Rafael Videla (1976-1983) y por los votos en el gobierno de Carlos Menem (1989-1999). Este tipo de recetas reaccionarias, que aumentan la injusticia quitando derechos sociales y agrandan la dependencia con el fuerte endeudamiento, siempre fracasaron, provocando resistencias populares y revueltas sociales. 
 
Por eso, como integrantes del Movimiento Nacional y Popular que cambió la historia política argentina, volvemos a levantar, como en 1945, el cuestionamiento del sistema neoliberal económico y social injusto y la necesidad de dar pelea para cambiarlo. Con el peronismo, retornaremos a ser una Nación independiente, y si nos sacamos la dependencia del capital financiero volveremos al desarrollo económico. Caso contrario, podría retornar el neoliberalismo apátrida y seguiremos hundiéndonos en la pobreza. 
 
Escribe: Blas García 

 

17-10-2021 / 10:10
16-10-2021 / 06:10
 
Juan Perón había surgido a la vida política dos años antes, desde la Secretaría de Trabajo y Previsión, y había dignificado al obrero otorgando derechos vulnerados desde siempre. Unidos en el odio a Perón y defendiendo sus intereses, el frente oligárquico logra aislarlo, despojarlo de todos su cargos forzando su renuncia y recluirlo en la isla de Martín García. Parecía que una vez más en nuestra historia, los que más tenían, los que hacían las  leyes, los que vivían del trabajo ajeno, imponían su voluntad omnipotente.
 
Pero los trabajadores argentinos reaccionan y en la mañana del lunes 16 de octubre de 1945, los dirigentes de la CGT se entrevistan con presidente Edelmiro J. Farrell, al cual le trasmite su preocupación por la situación del coronel Perón, así como que algunos gremios han empezado a salir a la calle reclamando por su libertad. También le expresan la preocupación reinante en la clase trabajadora ante las versiones de los diarios acerca del nuevo gabinete que estaría integrado por hombres de la oligarquía y del conservadorismo.
 
Por su parte, la Unión Obrera Local- expresión sindical del Partido Comunista-sostiene que "desautoriza las versiones a favor de una huelga inminente lanzadas por un grupo afecto al gobierno desplazado y por elementos nazis que pretenden obstruir el camino de las elecciones libres".
 
A su vez, el Partido Socialista denuncia "la maniobra encaminada a confundir la opinión de los trabajadores y crear factores de perturbación y anarquía...tentativa de los dirigentes entregados a la dictadura implantada por el ex secretario de Trabajo y Previsión".
 
Los partidos de "izquierda" de la oligarquía, más que confundidos, no saben de donde sale esa "chusma" peroniana, como la denominan despectivamente, que nada tiene que ver con el modelo de obrero de sus libros y manuales, pulcro y atildado, con el que están acostumbrados a tratar.
 
A la tarde se conoce la decisión de la Central Obrera: por 16 votos contra 11, "la CGT, en defensa de las conquistas obtenidas y las por obtener y considerando que éstas se hallan en peligro ante la toma del poder por las fuerzas del capital y la oligarquía, declara un Paro General en todo el país por el término de 24 horas, que se hará efectivo el día jueves 18 de octubre, a partir de la cero hora".
 
Comienza así, el devenir histórico por el cual los trabajadores argentinos se introducen por primera vez y para siempre en la escena política nacional, para terminar con la semicolonia pastoril y construir una nación moderna e independiente, y lo hacen con un movimiento popular que tiene como eje al proletariado. En nuestro país nada volvería a ser igual.
 
Escribe Blas García

 

16-10-2021 / 06:10
 
El 16 de octubre de 1798, en Buenos Aires, Virreinato del Río de la Plata, nace Martiniano Chilavert. Fue un militar argentino de destacada participación en la guerra del Brasil y en las guerras civiles entre federales y unitarios. En su última etapa de exilio, al enterarse de la batalla de Vuelta de Obligado (en que una flota anglofrancesa ataca el territorio argentino), aunque opositor político decidido a Juan Manuel de Rosas, en abril de 1846 le ofreció sus servicios. En esto, Chilavert compartía las ideas del general José de San Martín.
 
En el conflicto que enfrentó a Rosas con Justo José de Urquiza y el esclavista Imperio del Brasil, dirigió todas las fuerzas de artillería de la Confederación en la batalla de Caseros, haciendo fuego contra el grueso de las tropas brasileñas hasta agotar la munición. Como se le terminaron las balas, mandó recoger los proyectiles del enemigo que estaban desparramados alrededor suyo y disparó con éstos. Y cuando no hubo nada más que disparar, finalmente la infantería brasileña pudo avanzar y así terminó la batalla.
 
Habiendo tenido ocasión de escapar, permaneció sin embargo fumando tranquilamente al pie del cañón hasta que lo llevaron frente a Urquiza. Allí contestó las insolentes provocaciones del entrerriano y este ordenó su fusilamiento por la espalda (castigo usualmente aplicado a los traidores), pero cuando lo llevaron al sitio de fusilamiento, el 4 de febrero de 1852, Chilavert, tras derribar a quienes lo arrastraban, exigió ser fusilado de frente y a cara descubierta. Se defendió a golpes, pero fue ultimado a bayonetazos y golpes de culata. Su cadáver permaneció insepulto varios días.
 
A los pocos días, Urquiza ordenó el fusilamiento del regimiento completo de Aquino, desde oficiales hasta el último soldado y los colgó de los árboles de Palermo.
 
La Opinión Popular

 
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