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Nacionales - 19-09-2021 / 10:09
PANORAMA POLÍTICO NACIONAL

Trastienda del nuevo gabinete, explicaciones de la derrota y construcción de un horizonte

Trastienda del nuevo gabinete, explicaciones de la derrota y construcción de un horizonte
Cambios en el gabinete: Juan Manzur, Aníbal Fernández, Daniel Filmus, Julián Domínguez, Jaime Perczyk y Juan Roos, los nombres de los nuevos ministros. Cinco ministros y el secretario de Comunicación y Prensa de la Presidencia dejan sus cargos, mientras 14 permanecerán al frente de sus actuales carteras, según el nuevo organigrama del Gobierno nacional.
Cada vez que el resultado de una elección se aparta notoriamente de las expectativas previas, sucede que todo un sistema (políticos, empresarios, sindicalistas, ciudadanos de a pie, comerciantes, militantes, organizaciones sociales, partidos políticos, instituciones, etc.) entiende al mismo tiempo que estuvo actuando y tomando decisiones sobre la base de premisas que se revelaron equivocadas.
 
Ante esta nueva evidencia, la reacción natural es que cada uno de esos actores proceda, de manera simultánea pero nunca coordinada, a recalcular sus parámetros. Eso es lo que desata lo que llamamos una crisis.
 
Esa crisis puede tramitarse de diferentes maneras. En agosto de 2019 fue a través de la economía y se saldó con una devaluación de un tercio del valor de la moneda en pocas horas, que tiró a la pobreza a decenas de miles de familias argentinas de un día para otro y condicionó al gobierno elegido para sucederlo.
 
En septiembre de 2021, en cambio, ese shock se tramitó dentro de la política, más específicamente al interior de la coalición oficialista, que absorbió el daño, dejando como saldo apenas un recambio de gabinete. En perspectiva, se recordará este episodio de manera mucho menos traumática que aquel.
 
La conflagración, sin embargo, tuvo al Frente de Todos al borde del abismo durante 48 horas fatales, entre el miércoles y el jueves. Pueden caberle infinidad de reproches a Alberto Fernández y a Cristina Fernández de Kirchner, pero ambos sostuvieron, con su voluntad inquebrantable de honrar el pacto asumido de 2019, una estructura que crujía mientras, a su alrededor, abundan las voces que proponían y operaban una ruptura definitiva.
 
La coalición, quedó claro en los últimos días, se sostiene por las bases y en la punta, pero en el medio existe un laberinto de traiciones, recelos y heridas que nunca restañaron. Hay otro problema, más profundo, que no se arregla con dinero. Es la construcción de una perspectiva: la propuesta de un futuro que resulte atractivo para una sociedad que ya no es la del 2003 ni la del 2015. 
 

 
Una derrota puede tener explicaciones infinitas, tantas como las recetas que, en teoría, ayudarán revertir el resultado. Cada cual hizo su propio diagnóstico. En general se amoldó a su juicio previo. Para los kirchneristas, hubo exceso de moderación, para los antikirchneristas sobró CFK.
 
Para los conservadores, el problema fueron las políticas de género, y para los progresistas la negociación con el FMI. Para los comunicólogos fue la campaña y para los economistas, la plata, aunque dependiendo de su trasfondo ideológico, unos decían que faltó y otros que fue demasiada.
 
Lo cierto es que es existen tantos motivos para decidir un voto como personas hay en el padrón, pero podemos convenir que la plata en el bolsillo y la comida en la mesa, el orden en la vida cotidiana y la seguridad en la calle son factores que, cuando se alinean, lubrican la suerte de los oficialismos.
 
En el fondo, no importa tanto a dónde fueron los votos (en este caso, mayormente, no fueron a ningún lado sino que se quedaron en casa, amarga ironía) sino qué se puede hacer para recuperarlos. En otras palabras: cómo adaptar un gobierno diseñado bajo premisas que demostraron ser falsas a este nuevo escenario.
 
Tironeado entre dos bandos y condicionado por las circunstancias, económicas, políticas e internacionales, que por mucho son las más apremiantes con las que haya tenido que lidiar un presidente argentino en las últimas décadas, Fernández tardó cinco días en decidir que la única forma de escapar a la disyuntiva entre la moderación y la radicalización era por arriba.
 
Aumentar el volúmen político para conservar el equilibrio. Dotar a su gabinete de la fuerza que él no está en condiciones de darle por sí mismo. Un experimento que tendrá una prueba demasiado pronto, el 14 de noviembre.
 
La consigna, en algún punto, es volver al grado cero de la política: solucionar problemas. No es casual que los funcionarios que desembarcarán el lunes en el gabinete tienen experiencia de gestión, como gobernadores, intendentes, ministros o secretarios de Estado, y conocen con anterioridad el área que van a encabezar.
 
No se trata de un equipo taquillero; fue lo mejor que pudieron armar Santiago Cafiero y Gabriel Katopodis, en quienes el presidente delegó la tarea, gambeteando vetos cruzados de los socios de la coalición. Varias veces salió una propuesta de Casa Rosada. Sólo la última, tarde en la noche del viernes, hubo acuerdo.
 
Las definiciones más importantes, y por tanto los debates más acalorados, no pasaron por los nombres sino por las medidas económicas, que comenzarán a desplegarse a partir de esta semana. Específicamente, cuál será el caudal que volcará el gobierno en la calle para acelerar la reactivación.
 
No se trata, como muestran algunas caricaturas que esboza la prensa opositora, de un duelo entre fiscalistas y derrochadores, sino más bien de una discusión sobre velocidades. Existe, empero, en todos los actores del oficialismo, el consenso de que la baja sostenida de la inflación es un bien preciado que se debe preservar.
 
Hay otro problema, más profundo, que no se arregla con dinero. Es la construcción de una perspectiva: la propuesta de un futuro que resulte atractivo para una sociedad que ya no es la del 2003 ni la del 2015.
 
Ese fue, quizás, el gran déficit del gobierno, que pasó tanto tiempo hablando del pasado o explicando el presente que se olvidó de construir un horizonte. La consigna de la campaña fue "salir a la vida que queremos", pero lo que encontraron los argentinos cuando salieron, después de un año y medio de encierro, se parecía muy poco a lo que querían. Nuevas premisas, nuevas decisiones. De ahí, acaso, la sorpresa electoral.
 
Por Nicolás Lantos
 
Fuente: El Debate
 

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24-03-2026 / 13:03
24-03-2026 / 13:03
24-03-2026 / 12:03
Mientras la mayor parte de los argentinos dormían, en la madrugada del miércoles 24 de marzo de 1976, me desperté sobresaltado por los golpes en la puerta de mi casa. El "Chueco", un viejo compañero de militancia, me vino a comunicar que las Fuerzas Armadas habían derrocado al gobierno constitucional del peronismo.
 
Me vestí apresuradamente, me cambié el peinado, me afeite los bigotes y salí inmediatamente a alertar a otros compañeros. La primera casa a la que llegué, la de Rodolfo "Rody" Vittar, no existía más. Horas antes un comando paramilitar había llegado para detenerlo, y como no lo encontró, instaló explosivos y voló la vivienda hasta los cimientos.
 
La represión en Córdoba fue muy dura, igual que en muchos otros lugares del país. Este proceso desembocó en una sangrienta y larga noche de males, que dejó como saldo miles desaparecidos, una guerra perdida a manos de Gran Bretaña y un país económicamente quebrado, entre otras cosas.
 
Por eso, en el Día Nacional de la Memoria por la Verdad y Justicia, en este nuevo aniversario del golpe militar genocida, quiero recordar y rendir un recóndito homenaje a tres queridos compañeros y amigos, asesinados ese siniestro 24 de marzo.

Ellos son: Víctor Lorenzo, Concejal en Córdoba Capital por la Juventud Revolucionaria Peronista, quien fuera ejecutado, el día del golpe, de un tiro en la cabeza en la cárcel local; don Luis Carnevale, Senador Nacional por la misma provincia, secuestrado y desaparecido ese mismo día; y el mayor Bernardo Alberte, ex Delegado Personal de Juan Perón, quien fuera arrojado a través de la ventana de su departamento, en un sexto piso, por una patrulla militar, la madrugada del siniestro Golpe de Estado.

Hay muertes, que por ser las primeras, son todo un símbolo. Los militares asesinos los eligieron primero porque eran peronistas. Y no se lo perdonaron. Pero, a pesar de las cárceles y los fusilamientos, de los compañeros muertos y los desaparecidos, nunca fuimos vencidos. Continuamos invariablemente las luchas que emprendieron Eva y Juan Perón.

Compañeros Víctor Lorenzo, Luis Carnevale y Bernardo Alberte, Presentes. Hasta la victoria, siempre.

Por Blas García para La Opinión Popular 

24-03-2026 / 12:03
El 24 de marzo de 1976 una sublevación cívico-militar derrocó a la presidenta constitucional, María Estela Martínez, instalando una dictadura de tipo permanente autodenominada "Proceso de Reorganización Nacional", gobernada por una Junta Militar integrada por tres jerarcas militares, uno por cada fuerza. La junta designó como presidente de facto a Jorge Rafael Videla.
 
El gobierno militar suprimió los derechos civiles de los ciudadanos y las libertades públicas, anuló las garantías constitucionales, suspendió la actividad política, vedó los derechos de los trabajadores, intervino los sindicatos y la CGT, prohibió las huelgas, disolvió el Congreso y los partidos políticos, y destituyó la Corte Suprema de Justicia.

 
La dictadura impuso el terrorismo de Estado como método sistemático, un régimen de represión ilegal, violencia indiscriminada, persecuciones, tortura sistematizada y desaparición forzada de personas, en el que se violaron masivamente los derechos humanos y se produjeron, en un verdadero genocidio, decenas de miles de desaparecidos.

 
Pero la dictadura no se instaló sólo para torturar y matar gente, sino para posibilitar una transferencia masiva de riquezas hacia los núcleos más concentrados de la economía, quienes se apropiaron además de buena parte de los negocios públicos. Durante el proceso militar, por ejemplo, el grupo Macri pasó de tener 7 a 47 empresas, mostrando que el golpe no fue solo accionar de fuerzas represivas. Y los empresarios que mandaban en 1976, siguen mandando.

 
Para imponer un régimen alejado de los intereses nacionales y populares, el golpe militar fue ejecutado en contra del Pueblo y del peronismo en su conjunto, institucional, política e individualmente. Pensado en función del molde agro exportador de fines del siglo XIX que, dados los cambios internacionales, derivó en el programa pro financiero y desindustrializador, el modelo neoliberal. Hoy Javier Milei y Victoria Villaruel expresan muchos de esos ideales de Videla y Martínez de Hoz, pero también de los grandes empresarios, eternos dueños del país.

 
El Terrorismo de Estado produjo miles de desaparecidos. Hubo 30.000 luchadores sociales barridos por la represión, de todos los sectores políticos populares y revolucionarios. La inmensa mayoría de las víctimas fueron jóvenes, la inmensa mayoría fueron cuadros y militantes de la clase trabajadora, la inmensa mayoría fueron peronistas.


El Proceso puso fin al "Estado de Bienestar" fundado por Juan Perón y al Proyecto Nacional y Popular concebido por el justicialismo desde la década del 40, dejando en lamentable estado la convivencia democrática, la economía, la sociedad y las instituciones, abriendo profundas grietas que recién después de más de cuatro décadas empiezan a ser curadas.


A 50 años de aquel infausto 24 de marzo, en el contexto de un gobierno anarco capitalista que niega, justifica o exalta los crímenes cometidos por las fuerzas represivas, convocamos a mantener viva la memoria del Pueblo en apoyo a la continuidad de la búsqueda de memoria, verdad y justicia por los crímenes de lesa humanidad cometidos y en defensa de los Derechos Constitucionales, los Derechos Humanos y las Libertades individuales de ayer, de hoy y de siempre.


Carlos Morales para La Opinión Popular 

23-03-2026 / 10:03
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