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Nacionales - 13-09-2021 / 09:09
JUNTOS POR EL CAMBIO QUEDÓ ADELANTE EN BUENA PARTE DEL PAÍS, INCLUIDA LA DECISIVA PROVINCIA DE BUENOS AIRES

Las PASO en pandemia fueron un fuerte llamado de atención para el oficialismo

Las PASO en pandemia fueron un fuerte llamado de atención para el oficialismo
El pronunciamiento en las urnas exige rectificaciones, mejoras, realizaciones, autocrítica en acción. El Gobierno debe relanzar la gestión para mejorar la vida de los argentinos. Y ojalá eso le sirva para salir mejor parado en las elecciones generales. En cualquier caso, es lo que precisan y demandaron millones de ciudadanos que ayer participaron en paz y con respeto.
Se votó con normalidad y un nivel aceptable de participación considerando las circunstancias sanitarias. Se cumplieron los protocolos de cuidado, la ciudadanía se adaptó a demoras e incomodidades. Fue una jornada serena, sin incidentes. El resultado se empezó a conocer a las 21.30 con escrutinios avanzados, en soportes accesibles y fáciles para leer. El sistema electoral funcionó muy bien. Los resultados sorprendieron, dejaron pagando predicciones y provocaron un papelón de las bocas de urna.
 
Juntos por el Cambio (JpC) fue la coalición vencedora por alrededor de cinco puntos en el total nacional.  Dentro de sus internas se consolidó Horacio Rodríguez Larreta. Había desplazado a Mauricio Macri del armado de listas. Consiguió que sus candidatos María Eugenia Vidal y Diego Santilli batieran a sus rivales internos en la CABA y en Buenos Aires. Sus mudanzas salieron bien. Santilli batió a Victoria Tolosa Paz. Fue el mayor batacazo en la jornada.
 
Ganar fomenta adhesiones, la victoria atrae. La principal alianza opositora puede alardear de ser la abanderada del "voto útil anti K". Pero nadie gana en las vísperas. Cenarse el almuerzo sabe ser indigesto. A dos años vista es ridículo hacer presagios en la Argentina. Está fresco y es aleccionador lo sucedido entre la victoria macrista en 2017 y las presidenciales que ganó Alberto en 2019.
 
Planteadas esas salvedades cabe señalar que JxC quedó en pole position para hacer una buena elección en noviembre, conservar o ampliar sus bancas en Diputados, mejorar su dotación en el Senado. Y que Rodríguez Larreta avanzó dos casilleros en su ambición de ser presidenciable en 2023. El PRO se impuso a la UCR en las primarias más relevantes que los enfrentaron: CABA y Buenos Aires. El radical Mario Negri cayó ante Luis Juez en Córdoba. Los boinas blancas quedaron segundones de nuevo frente al envión de Larreta. Pueden festejar por la coalición, ayer se achicaron sus perspectivas de liderarla.
 
El oficialismo y la alianza opositora eligieron tácticas idénticas: polarizar. En principio, si ambos contendientes optan por lo mismo, por lo menos uno se equivoca. Hasta ahora, se equivocó el Gobierno que se enfocó obsesivamente en Macri. Su principal oposición se fortificó, se rehízo en el lapso de dos años después de haber devastado al país. Muchos de a pie se embarcaron en la opción.
 
Alberto Fernández obró como debe hacer un jefe político en derrota. Se puso al frente, dio la cara, reconoció que el resultado revela errores, que algo debe corregirse, que la voz de la gente común tiene que ser escuchada. Cuidó a sus candidatos a quienes ahorró el dolor de exponerse. Son momentos tremendos de la política, el presidente se los puso al hombro. No es bastante para revertir el resultado pero era lo debido.
 
Las elecciones, como regla, las ganan o las pierden los gobiernos. Los oficialismos cuentan con las realizaciones como recurso para legitimarse o como espada de Damocles. Un pronunciamiento tan extendido pone en cuestión al elenco de Gobierno, a los funcionarios que no funcionan, a los traspiés presidenciales en los meses recientes, a los resultados contra la inflación.
 

 
EL MAPA QUE DEJARON LAS PASO
 
Elecciones 2021: Ganadores, perdedores, desafíos para el Gobierno
 
Se votó con normalidad y un nivel aceptable de participación considerando las circunstancias sanitarias. Se cumplieron los protocolos de cuidado, la ciudadanía se adaptó a demoras e incomodidades. Fue una jornada serena, sin incidentes dignos de mención. El resultado se empezó a conocer a las 21.30 con escrutinios avanzados, en soportes accesibles y fáciles para leer. El sistema electoral funcionó muy bien, algo que suele acontecer pero siempre es buena nueva.
 
Los resultados sorprendieron, dejaron pagando predicciones y provocaron un papelón de las bocas de urna. Se votó en 24 provincias. De cajón que el mapa arroja disparidades, color local, variaciones. Pero el conjunto emitió un veredicto rotundo, general. 
 
Se trata de Primarias Abiertas Simultáneas y Obligatorias (PASO): los senadores y diputados que entrarán al Congreso se elegirán en noviembre. Es innegable, de todas maneras, que los guarismos demarcaron un escenario muy adverso para el Gobierno nacional. Tanto si se mide en la suma total de votos, cuanto en las provincias que ganó cada fuerza, como en las perspectivas para las Cámaras si se repitieran las tendencias concretadas ayer.
 
Juntos por el Cambio (JxC) se impuso con amplitud en las cuatro provincias con más votantes y bancas: Buenos Aires, Ciudad Autónoma (CABA), Córdoba y Santa Fe.
 
Primó en muchas de las que renovarán senadores: Córdoba y Mendoza, que eran fija. Santa Fe, que era accesible. Chubut que se suponía disputada. Y La Pampa en la que el FdT era favorito. Si se mantuviera ese cuadro en noviembre, el oficialismo perdería el quórum propio en Senadores, una hipótesis no juzgada imposible días atrás pero sí muy improbable.
 
Tucumán y Catamarca confirmaron la tradicional primacía peronista, quedaron como excepción entre las que renuevan senadores y dentro del panorama general.
 
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Juntos por el Cambio (JpC) fue la coalición vencedora por alrededor de cinco puntos en el total nacional. No se consignan porcentajes exactos en esta nota porque a su cierre faltaban escrutar mesas.
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Dentro de sus internas se consolidó el Jefe de Gobierno porteño Horacio Rodríguez Larreta. Había desplazado al expresidente Mauricio Macri del armado de listas. Consiguió que sus candidatos María Eugenia Vidal y Diego Santilli batieran a sus rivales internos en la CABA y en Buenos Aires. Sus mudanzas salieron bien. Santilli batió con holgura a Victoria Tolosa Paz. Su éxito fue el mayor batacazo en una jornada asombrosa.
 
Vidal, sumada a Ricardo López Murphy, quedó cerca del cincuenta por ciento que casi siempre rasguña su fuerza en la CABA. Habrá que ver si Javier Milei consigue pelearle votos "por derecha" en las nacionales. Sin meterse en el barro de los pronósticos prematuros, insinuemos: los precedentes históricos indican que ganar fomenta adhesiones, que la victoria imanta. En los próximos meses la principal coalición opositora puede alardear de ser la abanderada del "voto útil anti K".
 
Nadie gana en las vísperas. Cenarse el almuerzo sabe ser indigesto. A dos años vista es casi ridículo hacer presagios en la Argentina. Está fresco y es aleccionador lo sucedido entre la victoria cambiemita en 2017 y las presidenciales que ganó Alberto Fernández en 2019.
 
Planteadas esas salvedades cabe señalar que  JxC quedó en pole position para hacer una buena elección en noviembre, conservar o ampliar sus bancas en Diputados, mejorar su dotación en el Senado. Y que Rodríguez Larreta avanzó dos casilleros en su ambición de ser presidenciable en 2023.
 
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En las internas del FdT los candidatos del gobernador santafesino Omar Perotti superaron a la lista encabezada por el exministro Agustín Rossi y la vicegobernadora Alejandra Rodenas. Perotti fue aliado con la casa Rosada, sus candidatos deberán remontar una dura cuesta si quieren revertir el éxito cambiemita en la provincia.
 
En Tucumán, las listas comandadas por el gobernador Juan Manzur batieron a las del vicegobernador Osvaldo Jaldo. Motivo para alegrar al peronismo provincial; rondó la mitad de los votos y  obtuvo una distancia buena respecto de los cambiemitas. Motivo para pensar y ajustar la campaña que viene: Jaldo se postuló para diputado, por el sistema D´Hondt quedó segundo en la lista para noviembre. La tensión interna será un desafío a resolver.
 
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El PRO, como ya se dijo, se impuso a la Unión Cívica Radical (UCR) en las primarias más relevantes que los enfrentaron: CABA y Buenos Aires. El radical Mario Negri cayó ante Luis Juez en Córdoba. Aparte de buenos guarismos en las provincias que gobierna (Mendoza, Jujuy y Corrientes) los boinas blancas quedaron segundones de nuevo frente al envión de Larreta. Pueden festejar por la coalición, ayer se achicaron sus perspectivas de liderarla.
 
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El Frente de Izquierda de los Trabajadores (FIT Unidad) cumplió buena performance en CABA y Buenos Aires. Si las engrosara un poco en noviembre, con algo de viento a favor, podría conseguir una banca de diputados por la Ciudad y hasta dos por la provincia. 
 
Consiguió un resultado impactante en Jujuy; más del 23 por ciento de los sufragios. Si se sostiene podría darle una banca de diputados por esa provincia, en la que viene consolidándose. Es la tercera fuerza nacional, a marcada distancia de las dominantes, pero parece haberse hecho un lugarcito en medio de la polarización.
 
Milei cosechó más de lo que seguramente esperaba, un porcentual llamativo en la CABA que a menudo unge figuras... y que a veces las olvida. De cualquier manera, es un trago amargo y un riesgo relativo para el sistema el éxito de una derecha tan desbocada.
 
Otras terceras fuerzas flaquearon. Van dos ejemplos del mismo fenómeno, bien disímiles. El exministro Florencio Randazzo quedó quinto en Buenos Aires. El cordobesismo del gobernador Juan Schiaretti siguió muy lejos de JxC.
 
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El oficialismo y la coalición opositora eligieron tácticas idénticas: polarizar. En principio, si ambos contendientes optan por lo mismo, por lo menos uno se equivoca. Hasta ahora, se equivocó el Gobierno que se enfocó obsesivamente en Macri. Su principal oposición se fortificó, se rehizo en el casi increíble lapso de solo dos años después de haber devastado al país. Muchas personas de a pie se embarcaron en la opción. 
 
Alberto Fernández, cerca de la medianoche, obró como debe hacer un jefe político en derrota. Se puso al frente, dio la cara, reconoció que el resultado revela errores, que algo debe corregirse, que la voz de la gente común tiene que ser escuchada. Cuidó a sus candidatos a quienes ahorró el dolor de exponerse. Son momentos tremendos de la política, el presidente se los puso al hombro. No es bastante para revertir el resultado pero era lo debido.
 
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Las elecciones, como regla, las ganan o las pierden los gobiernos. Los oficialismos cuentan con las realizaciones como recurso para legitimarse o como espada de Damocles. Sin entrar en la disección de los candidatos o en la calidad de la campaña, la magnitud de las cifras las trasciende. 
 
Un pronunciamiento tan extendido pone en cuestión al elenco de Gobierno, a los funcionarios que no funcionan, a los traspiés presidenciales en los meses recientes, a los resultados contra la inflación. El pronunciamiento en las urnas exige rectificaciones, mejoras, realizaciones, autocrítica en acción. El Gobierno debe relanzar la gestión para mejorar la vida de los argentinos. Quizá, ojalá, eso le sirva para salir mejor parado en las elecciones generales. En cualquier caso, es lo que precisan y demandaron millones de ciudadanos que ayer participaron en paz y con respeto.
 
Por Mario Wainfeld
 
Fuente: pagina12.com.ar
 

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28-03-2026 / 07:03
La historia, caprichosa pero justa, suele poner las cosas en su lugar. El reciente fallo de la Corte de Apelaciones del Segundo Circuito de Nueva York, que rechaza de plano la demanda de los fondos buitres contra la República Argentina por la recuperación de YPF, no es solo un alivio para las cuentas públicas; es la partida de nacimiento de una verdad que el relato libertario intentó asfixiar: la soberanía nacional no fue un error, sino el acierto estratégico más importante del siglo XXI.


Este veredicto no constituye únicamente una victoria jurídica, sino que representa una reivindicación política total para Axel Kicillof. En 2012, el entonces ministro de Economía comprendió que un país sin el control de su propia energía es un país sin destino. El tiempo, ese juez implacable, terminó por darle la razón: hoy, Vaca Muerta no es una entelequia, sino una realidad que bate récords de producción y sostiene el andamiaje de una Argentina que, de otro modo, estaría de rodillas.

 
En este escenario, es imperativo apelar a la memoria y desenmascarar el cinismo. El hoy presidente no fue un observador neutral en esta disputa; fue un militante activo y un lobbista desfachatado del bando buitre. Javier Milei, el mismo hombre que ahora intenta "caranchear" miserablemente un triunfo judicial ajeno, construyó su carrera mediática descalificando sistemáticamente la recuperación de YPF como un "robo" y un "atropello a la propiedad privada". Su alineamiento con el capital especulativo fue tan obsceno que llegó a proponer la creación de un humillante "Impuesto Kicillof": una tasa destinada a esquilmar al pueblo argentino para pagarle a los fondos buitres una deuda que, hoy lo sabemos, era ilegítima. Como bien señaló el gobernador bonaerense ante la contundencia del fallo: "Es lamentable que el presidente de la Nación haya defendido a los fondos buitres en lugar de defender los intereses del país".

 
La contundencia de la sentencia dictada en Nueva York se traduce en una victoria multidimensional. En el plano fiscal, la Argentina logra un alivio monumental al evitar el desembolso de una cifra astronómica fabricada por la voracidad especuladora. En lo estratégico, el fallo ratifica la legalidad internacional de la expropiación, blindando la soberanía sobre nuestros recursos naturales. Finalmente, en el terreno político, el veredicto desmantela el relato de la "mala praxis" esgrimido por Milei, validando la solvencia técnica y el coraje de una defensa que priorizó el patrimonio nacional por sobre los dictados de los mercados financieros internacionales.


De la redacción de La Opinión Popular
27-03-2026 / 19:03
24-03-2026 / 13:03
24-03-2026 / 13:03
24-03-2026 / 12:03
Mientras la mayor parte de los argentinos dormían, en la madrugada del miércoles 24 de marzo de 1976, me desperté sobresaltado por los golpes en la puerta de mi casa. El "Chueco", un viejo compañero de militancia, me vino a comunicar que las Fuerzas Armadas habían derrocado al gobierno constitucional del peronismo.
 
Me vestí apresuradamente, me cambié el peinado, me afeite los bigotes y salí inmediatamente a alertar a otros compañeros. La primera casa a la que llegué, la de Rodolfo "Rody" Vittar, no existía más. Horas antes un comando paramilitar había llegado para detenerlo, y como no lo encontró, instaló explosivos y voló la vivienda hasta los cimientos.
 
La represión en Córdoba fue muy dura, igual que en muchos otros lugares del país. Este proceso desembocó en una sangrienta y larga noche de males, que dejó como saldo miles desaparecidos, una guerra perdida a manos de Gran Bretaña y un país económicamente quebrado, entre otras cosas.
 
Por eso, en el Día Nacional de la Memoria por la Verdad y Justicia, en este nuevo aniversario del golpe militar genocida, quiero recordar y rendir un recóndito homenaje a tres queridos compañeros y amigos, asesinados ese siniestro 24 de marzo.

Ellos son: Víctor Lorenzo, Concejal en Córdoba Capital por la Juventud Revolucionaria Peronista, quien fuera ejecutado, el día del golpe, de un tiro en la cabeza en la cárcel local; don Luis Carnevale, Senador Nacional por la misma provincia, secuestrado y desaparecido ese mismo día; y el mayor Bernardo Alberte, ex Delegado Personal de Juan Perón, quien fuera arrojado a través de la ventana de su departamento, en un sexto piso, por una patrulla militar, la madrugada del siniestro Golpe de Estado.

Hay muertes, que por ser las primeras, son todo un símbolo. Los militares asesinos los eligieron primero porque eran peronistas. Y no se lo perdonaron. Pero, a pesar de las cárceles y los fusilamientos, de los compañeros muertos y los desaparecidos, nunca fuimos vencidos. Continuamos invariablemente las luchas que emprendieron Eva y Juan Perón.

Compañeros Víctor Lorenzo, Luis Carnevale y Bernardo Alberte, Presentes. Hasta la victoria, siempre.

Por Blas García para La Opinión Popular 

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