La vuelta del modelo nacional-popular con Néstor Kirchner en 2003 permitió el crecimiento económico; el desarrollo de la industria argentina y la reducción de la tasa del desempleo. Las mejoras salariales en la mayoría de las actividades, que superaron la inflación, bajaron la pobreza al 25%.
 
Más allá de la promesas hechas en 2015, Mauricio Macri aplicó el modelo neoliberal que produjo la caída del poder adquisitivo de trabajadores y jubilados, dejando una pobreza del 39%. Sin pandemia alguna. Con la pandemia, esta cifra se elevó al 42%
 
Como lo señaló Alberto Fernández, "ellos (la oposición) creen mucho más en el mercado que en el Estado presente. Nosotros creemos que el Estado debe estar al lado de los más postergados, porque si no, no hay forma de equilibrar la balanza: algunos pocos ganan mucho y algunos muchos pierden mucho".
 
Definitivamente, el Estado tiene que jugar un rol protagónico en la economía y más aún en los tiempos que corren. El mundo continúa recuperándose de los estragos que produjo la pandemia y el accionar del Estado viene resultando crucial.
 
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Nacionales - 11-09-2021 / 12:09
LAS ELECCIONES EN ARGENTINA SON UNA OPORTUNIDAD PARA CONTINUAR LA RECUPERACIÓN

Dos modelos confrontan en las PASO: neoliberal vs. nacional-popular

Dos modelos confrontan en las PASO: neoliberal vs. nacional-popular
Ahora, más que nunca, quedan bien expuestos los dos modelos de país que se plantean en estas elecciones. Uno apuesta al “mercado”, y el otro a un Estado presente para proteger a los más postergados. Los denominados “mercados” no son más que los grandes especuladores internacionales, los grandes bancos, los grandes empresarios y los multimillonarios agroexportadores.
Las Primarias Abiertas Simultáneas y Obligatorias (PASO) se dan en un contexto en el que más de un 63% del total de la población argentina ya posee la primera dosis de vacunación contra el Covid-19 y un 36% se encuentra inoculada con el esquema completo, según datos oficiales. Esta información suele estar distorsionada por los grandes medios de comunicación. Pero la realidad se impone.
 
Ahora, más que nunca, quedan bien expuestos los dos modelos de país que se plantean en estas elecciones. Uno apuesta al "mercado", y el otro a un Estado presente para proteger a los más postergados. Los denominados "mercados" no son más que los grandes especuladores internacionales, los grandes bancos, los grandes empresarios y los multimillonarios agroexportadores.
 
El modelo nacional-popular, de Juan Perón, constituyó un Estado de Bienestar, con el nivel de empleo más alto de la historia -sólo había un 2% de desocupación entre 1946 y 1952- y la participación de los trabajadores en la riqueza que alcanzaba al 51% del Producto Bruto Interno. Este modelo, a pesar de los ataques, aguantó hasta 1975, con el tercer peronismo. Había un desempleo que era de 3,9% y una pobreza del 3,8% en 1974; pero desde el golpe militar genocida en adelante el desempleo tiene pisos del 7% y la pobreza del 25% y jamás bajó de esas cifras.
 
El otro modelo, el neoliberal, se implantó con Alfredo Martínez de Hoz en el golpe de 1976, se profundizó en la década de los '90 con el menemismo y explotó con la crisis del gobierno de la Alianza en 2001, dejando una pobreza del 66%. Fue una verdadera fábrica de pobres.
 
La vuelta del modelo nacional-popular con Néstor Kirchner en 2003 permitió el crecimiento económico; el desarrollo de la industria argentina y la reducción de la tasa del desempleo. Las mejoras salariales en la mayoría de las actividades, que superaron la inflación, bajaron la pobreza al 25%.
 
Más allá de la promesas hechas en 2015, Mauricio Macri aplicó el modelo neoliberal que produjo la caída del poder adquisitivo de trabajadores y jubilados, dejando una pobreza del 39%. Sin pandemia alguna. Con la pandemia, esta cifra se elevó al 42%
 
Como lo señaló Alberto Fernández, "ellos (la oposición) creen mucho más en el mercado que en el Estado presente. Nosotros creemos que el Estado debe estar al lado de los más postergados, porque si no, no hay forma de equilibrar la balanza: algunos pocos ganan mucho y algunos muchos pierden mucho".
 
Definitivamente, el Estado tiene que jugar un rol protagónico en la economía y más aún en los tiempos que corren. El mundo continúa recuperándose de los estragos que produjo la pandemia y el accionar del Estado viene resultando crucial.
 
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Elecciones en Argentina: una oportunidad para continuar la recuperación
 
"La peor crisis en 100 años", así la describió la Cepal en su informe sobre la región latinoamericana. Una situación que no sólo redujo el PIB del 90% de las economías del mundo sino que además exacerbó las desigualdades preexistentes, en especial en Latinoamérica, donde los índices de pobreza e indigencia se incrementaron significativamente.
 
El caso argentino fue especial porque, antes de la pandemia, su economía y sociedad ya se encontraban en una situación de emergencia. La sanción de la "Ley de Solidaridad Social y Reactivación Productiva en el marco de la Emergencia Pública" en diciembre de 2019 da cuenta de ello.
 
En la misma se declara la emergencia económica, tarifaria, sanitaria, social, financiera, fiscal, administrativa, previsional y energética. Justamente como respuesta a las políticas que aplicaron quienes ahora están en la oposición y siguen bregando para que todo quede en manos del mercado y por el achicamiento del Estado.
 
  
Lo que ocultan
 
Algunos ex funcionarios se ufanan de haber reducido a casi cero el déficit durante la gestión de Mauricio Macri, pero la información muestra otra cosa. Según sus propios documentos, el resultado primario negativo de las cuentas fiscales pasó del 1,8% en 2015 al 0,5% en 2019. Pero el déficit total, que es el que importa, ya que es al que hay que hacerle frente, pasó del 3,9% en 2015 al 4,5% en 2019.
 
Esto ocurrió como consecuencia de un cambio en la composición: los intereses de la deuda pasaron a constituir casi la totalidad de ese saldo deficitario. Como contrapartida, se efectuó un fuerte ajuste en las prestaciones sociales (-7,0%), en los salarios pagados por el Estado (-13,3%), en los gastos en infraestructura para educación (-57,2%) y para vivienda (-36,6%), entre otros.
 
Todo para cumplir con el pago de los intereses de la deuda que esa misma gestión generó. Una deuda que formó parte de un ciclo de especulación financiera con altas tasas de interés que perjudicó significativamente a los pequeños y medianos empresarios tomadores de crédito.
 
La realidad era muy distinta a la que pregonaban en ese entonces algunos economistas defensores del modelo macrista y ahora precandidatos de Juntos por el Cambio. Un ejemplo de ello fue que en abril de 2016, el precandidato Martín Tetaz aseguraba que "después del acuerdo con los fondos buitre hay mucha confianza y ganas de invertir en el país".
 
Pero no hubo "lluvia de inversiones" y además se trató de una negociación que fue a espaldas del Congreso de la Nación, y que implicó pagar todo lo que pedían los fondos buitre (hasta los honorarios de sus abogados). Por otro lado, el mismo Tetaz "pronosticaba" en diciembre de 2017 que la inflación sería del 17% para 2018 y 12% para 2019. Terminó siendo del 47,6% y 53,8%, respectivamente. La posverdad fue refutada por todos los datos.
 
 
Aumentó la inversión
 
Incluso con la pandemia, el contraste entre los dos modelos de país no podría ser más evidente. Durante 2020, el gobierno nacional direccionó el gasto de capital a garantizar la infraestructura sanitaria imprescindible para contener la emergencia sanitaria.
 
La inversión en el sector salud pasó de representar un 0,5% del total en infraestructura en 2019 a un 5,1% en 2020. Actualmente, el Presupuesto 2021 prevé un nivel de gasto de capital total equivalente a un 2,2% del PBI, nivel que no se alcanzaba desde 2015.
 
En materia de deuda también se dieron pasos muy importantes: tras los acuerdos de reestructuración de la deuda pública nacional en moneda extranjera, alcanzados en agosto de 2020, se despejó el perfil de vencimientos para los próximos años.
 
En conjunto, las dos operaciones (bajo legislación local y extranjera) recibieron una adhesión muy significativa que permitió reestructurar más de 106.000 millones de dólares, es decir, el 99,65% de los títulos elegibles. Si no se hubiera hecho el acuerdo con los bonistas, la Argentina debería afrontar pagos por 12.500 millones de dólares durante este año, ahora serán 150 millones.
 
También se restableció el financiamiento en el mercado local. Pudieron hacerse colocaciones por montos que superaron los requerimientos de fondos y se logró extender el plazo promedio de colocación, reduciéndose así las necesidades de emisión monetaria.
 
 
Ajuste vs. expansión
 
Todas estas políticas de desendeudamiento ayudaron a impulsar el crecimiento y la inclusión. Como dijo recientemente el ministro de Economía, Martín Guzmán: "lo que hoy está ocurriendo en Argentina es un proceso sólido de recuperación económica, que no es casualidad y que es el resultado de políticas concretas que se implementaron durante la peor parte de la pandemia permitiendo en gran medida proteger el tejido productivo y social".
 
Todos y todas podríamos estar de acuerdo en que hay que crecer, pero una cosa es hacerlo con políticas de ajuste y otra muy distinta es hacerlo por la vía de la expansión del mercado interno, del empleo formal, y de la consiguiente suba de la recaudación. Uno es un modelo recesivo. El otro, inclusivo y virtuoso, es el que se está impulsando en la actualidad.
 
Por Carlos Heller
 
Fuente: Nodal
 

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27-03-2026 / 19:03
24-03-2026 / 13:03
24-03-2026 / 13:03
24-03-2026 / 12:03
Mientras la mayor parte de los argentinos dormían, en la madrugada del miércoles 24 de marzo de 1976, me desperté sobresaltado por los golpes en la puerta de mi casa. El "Chueco", un viejo compañero de militancia, me vino a comunicar que las Fuerzas Armadas habían derrocado al gobierno constitucional del peronismo.
 
Me vestí apresuradamente, me cambié el peinado, me afeite los bigotes y salí inmediatamente a alertar a otros compañeros. La primera casa a la que llegué, la de Rodolfo "Rody" Vittar, no existía más. Horas antes un comando paramilitar había llegado para detenerlo, y como no lo encontró, instaló explosivos y voló la vivienda hasta los cimientos.
 
La represión en Córdoba fue muy dura, igual que en muchos otros lugares del país. Este proceso desembocó en una sangrienta y larga noche de males, que dejó como saldo miles desaparecidos, una guerra perdida a manos de Gran Bretaña y un país económicamente quebrado, entre otras cosas.
 
Por eso, en el Día Nacional de la Memoria por la Verdad y Justicia, en este nuevo aniversario del golpe militar genocida, quiero recordar y rendir un recóndito homenaje a tres queridos compañeros y amigos, asesinados ese siniestro 24 de marzo.

Ellos son: Víctor Lorenzo, Concejal en Córdoba Capital por la Juventud Revolucionaria Peronista, quien fuera ejecutado, el día del golpe, de un tiro en la cabeza en la cárcel local; don Luis Carnevale, Senador Nacional por la misma provincia, secuestrado y desaparecido ese mismo día; y el mayor Bernardo Alberte, ex Delegado Personal de Juan Perón, quien fuera arrojado a través de la ventana de su departamento, en un sexto piso, por una patrulla militar, la madrugada del siniestro Golpe de Estado.

Hay muertes, que por ser las primeras, son todo un símbolo. Los militares asesinos los eligieron primero porque eran peronistas. Y no se lo perdonaron. Pero, a pesar de las cárceles y los fusilamientos, de los compañeros muertos y los desaparecidos, nunca fuimos vencidos. Continuamos invariablemente las luchas que emprendieron Eva y Juan Perón.

Compañeros Víctor Lorenzo, Luis Carnevale y Bernardo Alberte, Presentes. Hasta la victoria, siempre.

Por Blas García para La Opinión Popular 

24-03-2026 / 12:03
El 24 de marzo de 1976 una sublevación cívico-militar derrocó a la presidenta constitucional, María Estela Martínez, instalando una dictadura de tipo permanente autodenominada "Proceso de Reorganización Nacional", gobernada por una Junta Militar integrada por tres jerarcas militares, uno por cada fuerza. La junta designó como presidente de facto a Jorge Rafael Videla.
 
El gobierno militar suprimió los derechos civiles de los ciudadanos y las libertades públicas, anuló las garantías constitucionales, suspendió la actividad política, vedó los derechos de los trabajadores, intervino los sindicatos y la CGT, prohibió las huelgas, disolvió el Congreso y los partidos políticos, y destituyó la Corte Suprema de Justicia.

 
La dictadura impuso el terrorismo de Estado como método sistemático, un régimen de represión ilegal, violencia indiscriminada, persecuciones, tortura sistematizada y desaparición forzada de personas, en el que se violaron masivamente los derechos humanos y se produjeron, en un verdadero genocidio, decenas de miles de desaparecidos.

 
Pero la dictadura no se instaló sólo para torturar y matar gente, sino para posibilitar una transferencia masiva de riquezas hacia los núcleos más concentrados de la economía, quienes se apropiaron además de buena parte de los negocios públicos. Durante el proceso militar, por ejemplo, el grupo Macri pasó de tener 7 a 47 empresas, mostrando que el golpe no fue solo accionar de fuerzas represivas. Y los empresarios que mandaban en 1976, siguen mandando.

 
Para imponer un régimen alejado de los intereses nacionales y populares, el golpe militar fue ejecutado en contra del Pueblo y del peronismo en su conjunto, institucional, política e individualmente. Pensado en función del molde agro exportador de fines del siglo XIX que, dados los cambios internacionales, derivó en el programa pro financiero y desindustrializador, el modelo neoliberal. Hoy Javier Milei y Victoria Villaruel expresan muchos de esos ideales de Videla y Martínez de Hoz, pero también de los grandes empresarios, eternos dueños del país.

 
El Terrorismo de Estado produjo miles de desaparecidos. Hubo 30.000 luchadores sociales barridos por la represión, de todos los sectores políticos populares y revolucionarios. La inmensa mayoría de las víctimas fueron jóvenes, la inmensa mayoría fueron cuadros y militantes de la clase trabajadora, la inmensa mayoría fueron peronistas.


El Proceso puso fin al "Estado de Bienestar" fundado por Juan Perón y al Proyecto Nacional y Popular concebido por el justicialismo desde la década del 40, dejando en lamentable estado la convivencia democrática, la economía, la sociedad y las instituciones, abriendo profundas grietas que recién después de más de cuatro décadas empiezan a ser curadas.


A 50 años de aquel infausto 24 de marzo, en el contexto de un gobierno anarco capitalista que niega, justifica o exalta los crímenes cometidos por las fuerzas represivas, convocamos a mantener viva la memoria del Pueblo en apoyo a la continuidad de la búsqueda de memoria, verdad y justicia por los crímenes de lesa humanidad cometidos y en defensa de los Derechos Constitucionales, los Derechos Humanos y las Libertades individuales de ayer, de hoy y de siempre.


Carlos Morales para La Opinión Popular 

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