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Nacionales - 11-09-2021 / 11:09
QUÉ ESPERAN EL GOBIERNO Y LA OPOSICIÓN DE LOS RESULTADOS Y QUÉ EXPECTATIVAS GUARDAN PARA NOVIEMBRE

Primarias de doble filo ponen en tensión a las fuerzas políticas que no saben cómo reaccionarán los votantes

Primarias de doble filo ponen en tensión a las fuerzas políticas que no saben cómo reaccionarán los votantes
Las competencias internas que implican las primarias también tienen doble filo. Por lo general, las alianzas y los partidos tratan de evitarlas porque una interna salvaje puede dejar heridos que se alejan en la votación definitiva. Hay acusaciones que no tienen retorno, sobre todo cuando se conectan con acusaciones que provienen de las fuerzas con las que competirán en la elección definitiva.
Esta vez las encuestadoras apenas arriesgaron cifras en una elección en la que es difícil adelantar resultados por las características particulares que le confiere la pandemia y porque son elecciones primarias, en las que algunas fuerzas tienen competencias internas y otras no, todos factores que influyen en la calidad y el grado de participación.
 
El evento de la pandemia puso un signo de interrogación al desarrollo de estas elecciones primarias. Son dudas que se abren con respecto a la afluencia a las urnas así como en la forma que impactará en la opción del voto.
 
Prácticamente no hubo encuestas que puedan tomarse como punto de referencia. La pandemia intervino como un factor imponderable que abarca todos los aspectos de la vida de las personas involucrando desde la vida personal hasta la vida de todo el planeta. Es difícil incluso especular sobre a quién puede favorecer la inasistencia. Por convicción democrática o por interés partidario todas las fuerzas han insistido en convocar a las urnas.
 
Por un lado, son elecciones que no deciden la relación de fuerzas en el Congreso. Esta ecuación se decidirá en noviembre, lo cual resta vigor a la convocatoria de este domingo. A este elemento disuasorio hay que sumarle que, si bien ha bajado considerablemente la cantidad de contagios y hay distritos donde hace varios días que no se produce ninguno, el miedo a la pandemia vinculado a actividades de concurrencia masiva también puede actuar como desmotivador.
 
Fue muy acertado, a pesar de las protestas iniciales de la oposición, retrasar la fecha de las elecciones, porque de lo contrario hubieran coincidido con un pico de la pandemia. Para evitar el temor a las aglomeraciones, el Gobierno anunció también que habrá más mesas de votación en cada sede y se incorporaron casi cuatro mil sedes más.
 
En algunos casos, cambiaron lugares cerrados por clubes o zonas al aire libre. En función de estos cambios se aconsejó que, antes de concurrir, se confirme el lugar de voto porque a muchos los habrán cambiado.
 
El otro factor que introduce la pandemia es el malhumor por el proceso traumático que implicó el mayor desastre sanitario de la humanidad de las últimas décadas. A pesar del desempeño notable del Gobierno en la lucha contra la enfermedad -tarde o temprano será reconocido incluso por sus detractores- toda la sociedad resultó afectada ya sea en la salud, en el trabajo o en la educación.
 
En el voto habrá una valoración de lo actuado con relación a la pandemia, no solamente del Gobierno sino incluso de las convocatorias de la oposición contra la cuarentena, la quema de barbijos y las críticas a las vacunas. Es una incógnita si pesará más lo sufrido o el reconocimiento por lo que se evitó con mucho esfuerzo.
 

 
Las competencias internas que implican las primarias también tienen doble filo. Por lo general, las alianzas y los partidos tratan de evitarlas porque una interna salvaje puede dejar heridos que se alejan en la votación definitiva. Hay acusaciones que no tienen retorno, sobre todo cuando se conectan con acusaciones que provienen de las fuerzas con las que competirán en la elección definitiva.
 
La interna de Juntos por el Cambio en la CABA con la lista de Ricardo López Murphy estuvo encuadrada en reglas de juego desde el principio. Incluso llegaron a un acuerdo para transgredir la integración proporcional por género y que el ex ministro de Fernando de la Rúa desplazara a su compañera de lista Sandra Pitta.
 
Pero cuando comenzó la interna de Juntos por el Cambio en provincia de Buenos Aires, las primeras declaraciones del competidor de Diego Santilli, Facundo Manes, hicieron temer una interna descontrolada. Rápidamente se establecieron reglas de juego para bajar el tono.
 
En esos dos distritos, el Frente de Todos no afrontó esa problemática porque logró consensuar las listas principales y solamente en algunas intendencias bonaerenses hay competencia interna, como en Lanús, donde participan tres listas, una de ellas integrada por el veterano fundador de la CTA, Víctor de Gennaro.
 
De todas maneras, el Frente de Todos es más vulnerable a los efectos de una interna que Juntos por el Cambio, porque tiene mucho menos respaldo mediático y sus disputas son amplificadas y magnificadas por la mayoría de los medios. Un problema que no tiene el macrismo.
 
Paradójicamente, en este caso, los medios hegemónicos consiguieron un efecto contrario al que buscaban. En su afán de respaldar a rajatabla al ex presidente Mauricio Macri, pusieron en evidencia la forma contundente como fue relegado. Hubo un claro desfasaje entre la línea editorial de esos medios y el proceso de desgaste de la figura de Macri que quedó muy claro en la interna de Juntos por el Cambio, donde perdió en forma indiscutible.
 
Así como la confrontación conlleva ese riesgo, al mismo tiempo siempre es más convocante en una elección primaria porque pone algo en juego, cosa que no ocurre cuando no hay competencia, que es el caso del Frente de Todos. De hecho la campaña de Juntos por el Cambio, con mesas en la calle y cartelera en vía pública fue más intensa que la del Frente de Todos, casi como si se tratara de la elección legislativa de noviembre.
 
Aunque estas elecciones se plantearon como una forma de democratizar la elección de los candidatos de cada partido, también fueron tomadas por la sociedad como una especie de primera vuelta, algo así como la encuesta más segura de lo que pasará en la elección decisiva.
 
En ese marco, para Juntos por el Cambio es importante cambiar la fotografía de la derrota contundente en las presidenciales de 2019 y achicar la ventaja que logró el Frente de Todos, o ganarle. A nivel nacional, la diferencia fue de ocho puntos y en la provincia de Buenos Aires de 16 puntos. La alianza conservadora necesita dejar atrás ese cuadro desfavorable para mejorar sus resultados en noviembre.
 
El Frente de Todos hizo una elección muy buena en 2019 pero no logró mayoría en Diputados por lo que ha frenado muchas de sus iniciativas. En noviembre tratará que el Congreso refleje el triunfo que logró en las presidenciales. El factor decisivo de su estrategia para esa elección fue la unidad del peronismo, la que mantuvo en estas internas en las que se lograron listas de consenso.
 
La fuerza principal de Juntos por el Cambio está en su respaldo mediático y tiene esta oportunidad antes de noviembre para cambiar el escenario de derrota total de 2019. En el Frente de Todos su fuerza principal reside en su numerosa militancia territorial y le hubiera convenido pasar directamente a las elecciones de noviembre para mantener el efecto de su amplio triunfo sobre Macri.
 
Juntos por el Cambio puso todo el despliegue en esta campaña donde se juega también su competencia con el grupo de Javier Milei, el desplazamiento de Macri y la consolidación de la jefatura de Horacio Rodríguez Larreta. Da la impresión de que el Frente de Todos, en cambio, reguló su empuje para poner toda la energía en las elecciones de noviembre.
 
Quedan puntos impredecibles aunque no decisivos, como el desempeño de las fuerzas que van por fuera de la polarización, como las propuestas del trotskismo y del ex ministro Florencio Randazzo, más los ultraneoliberales de Milei que sí pueden restarle puntos por derecha al macrismo. De todos modos el resultado general solamente podrá ser tomado como una aproximación a las elecciones de noviembre donde los números pueden cambiar.
 
Por Luis Bruschtein
 
Fuente: Página12
 
 

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01-04-2026 / 14:04
La Argentina de Javier Milei ha ingresado en una fase peligrosa: la de la construcción de una realidad paralela. Mientras las persianas de las pymes se bajan definitivamente, los comedores populares se desbordan y el consumo de leche cae a niveles históricos, el Gobierno nacional ha decidido que la mejor manera de combatir la pobreza no es con políticas públicas, sino con un lápiz y una goma de borrar en las oficinas del INDEC.


El reciente anuncio que sitúa la pobreza en un 28,2% para el segundo semestre de 2025 no es solo una provocación; es un insulto a la inteligencia de un pueblo que sobrevive en el ajuste más brutal de la historia argentina moderna. Estamos ante el "milagro estadístico" de un gobierno que pretende hacernos creer que, en medio de una recesión galopante y salarios de miseria, la pobreza ha retrocedido por arte de magia.



Javier Milei ha decidido abrazar el dogma por encima de la vida. Su gestión se ha convertido en una maquinaria de propaganda que utiliza la macroeconomía financiera para ocultar la microeconomía de la heladera vacía. Festejar un 28,2% de pobreza en un contexto de desguace del Estado, entrega de la soberanía y destrucción del mercado interno no es solo cinismo; es una declaración de guerra contra la realidad.



El Gobierno podrá seguir "dibujando" números y publicando gráficos en redes sociales, pero la calle tiene su propia estadística. Y en esa estadística, la que se mide en el boleto de colectivo, en el alquiler impagable y en el plato de comida que falta, el modelo de Milei solo ha demostrado ser un éxito en una sola cosa: en producir una miseria estructural que ningún comunicado oficial podrá ocultar por mucho tiempo. El despertar de este sueño estadístico será, lamentablemente, una pesadilla social de la que nos costará años recuperarnos.


De la redacción de La Opinión Popular

31-03-2026 / 16:03
29-03-2026 / 15:03
La gestión de Javier Milei atraviesa un momento muy complejo, atrapada en una tenaza que combina corrupción sistémica y degradación económica. La narrativa de austeridad se ha quebrado frente a pruebas judiciales contundentes: por un lado, el Caso $LIBRA, donde el peritaje técnico confirma un esquema de promoción de estafas piramidales que involucra directamente al Presidente y a Karina Milei por presuntos cobros millonarios; por otro, el escándalo de Manuel Adorni, cuya utilización de vuelos privados y un crecimiento patrimonial injustificado -que incluye mansiones y gastos de lujo- lo colocan como el nuevo emblema de los privilegios que el Gobierno prometió desterrar.

Sin embargo, el factor que transforma estos escándalos en un veneno letal para el oficialismo es el contexto de asfixia social. La paciencia popular, que hasta hace poco funcionaba como un cheque en blanco, se está agotando ante una realidad incontrastable marcada por la pobreza récord Con indicadores que ya superan el 55%, el ajuste ha dejado de caer sobre la política para ensañarse con la clase media y los sectores vulnerables; la inflación persistente, la cual, a pesar del discurso oficial, el costo de vida -especialmente en alimentos y servicios públicos- sigue demoliendo el poder adquisitivo de los salarios. A esto se le suma la crisis de expectativas: El contraste entre el "no hay plata" para comedores escolares y el despliegue de recursos en el entorno de Adorni ha roto el vínculo de confianza con su base electoral.


En definitiva, la caída en las encuestas no es solo producto de los tribunales; es el resultado de un modelo que pide sacrificios extremos a la población mientras sus máximos referentes se ven cercados por causas de corrupción que huelen a vieja política. La "libertad" parece haberse convertido, para el círculo íntimo del poder, en la libertad de gozar de privilegios mientras el resto del país cae en la indigencia.


De la redacción de La Opinión Popular

28-03-2026 / 07:03
La historia, caprichosa pero justa, suele poner las cosas en su lugar. El reciente fallo de la Corte de Apelaciones del Segundo Circuito de Nueva York, que rechaza de plano la demanda de los fondos buitres contra la República Argentina por la recuperación de YPF, no es solo un alivio para las cuentas públicas; es la partida de nacimiento de una verdad que el relato libertario intentó asfixiar: la soberanía nacional no fue un error, sino el acierto estratégico más importante del siglo XXI.


Este veredicto no constituye únicamente una victoria jurídica, sino que representa una reivindicación política total para Axel Kicillof. En 2012, el entonces ministro de Economía comprendió que un país sin el control de su propia energía es un país sin destino. El tiempo, ese juez implacable, terminó por darle la razón: hoy, Vaca Muerta no es una entelequia, sino una realidad que bate récords de producción y sostiene el andamiaje de una Argentina que, de otro modo, estaría de rodillas.

 
En este escenario, es imperativo apelar a la memoria y desenmascarar el cinismo. El hoy presidente no fue un observador neutral en esta disputa; fue un militante activo y un lobbista desfachatado del bando buitre. Javier Milei, el mismo hombre que ahora intenta "caranchear" miserablemente un triunfo judicial ajeno, construyó su carrera mediática descalificando sistemáticamente la recuperación de YPF como un "robo" y un "atropello a la propiedad privada". Su alineamiento con el capital especulativo fue tan obsceno que llegó a proponer la creación de un humillante "Impuesto Kicillof": una tasa destinada a esquilmar al pueblo argentino para pagarle a los fondos buitres una deuda que, hoy lo sabemos, era ilegítima. Como bien señaló el gobernador bonaerense ante la contundencia del fallo: "Es lamentable que el presidente de la Nación haya defendido a los fondos buitres en lugar de defender los intereses del país".

 
La contundencia de la sentencia dictada en Nueva York se traduce en una victoria multidimensional. En el plano fiscal, la Argentina logra un alivio monumental al evitar el desembolso de una cifra astronómica fabricada por la voracidad especuladora. En lo estratégico, el fallo ratifica la legalidad internacional de la expropiación, blindando la soberanía sobre nuestros recursos naturales. Finalmente, en el terreno político, el veredicto desmantela el relato de la "mala praxis" esgrimido por Milei, validando la solvencia técnica y el coraje de una defensa que priorizó el patrimonio nacional por sobre los dictados de los mercados financieros internacionales.


De la redacción de La Opinión Popular
27-03-2026 / 19:03
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