La Opinión Popular
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El clima en Paraná

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“Que ningún ciudadano sea lo suficientemente opulento como para poder comprar a otro, ni ninguno lo bastante pobre como para verse obligado a venderse”. Jean-Jacques Rousseau
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Nacionales - 05-09-2021 / 10:09
PANORAMA POLÍTICO NACIONAL

¿Por qué se endureció la campaña electoral?

¿Por qué se endureció la campaña electoral?
La derecha corre el riesgo de asumir como propio un clima de exasperación que pertenece a sectores muy minoritarios de la población que, en el último período, han cruzado de modo temerario un Rubicón político: la evocación positiva de la época de la más feroz oscuridad política, la de la última dictadura cívico-militar.
El peronismo-kirchnerismo no gana una elección legislativa de medio término desde 2005. Son los comicios en los que la elección del Congreso se separa de la presidencial; por eso suelen interpretarse como balance social de la primera mitad de un período de gobierno y como eventual insinuación de las tendencias hacia la próxima disputa presidencial.
 
Sin embargo, ese segundo aspecto no se verificó en las legislativas de 2009 (el kirchnerismo perdió en el medio término y obtuvo la reelección de CFK en 2011) ni en las de 2017 (el macrismo ganó la legislativa y perdió la presidencial de 2019).
 
A una semana de la elección, el tono de la disputa -tal como suele ocurrir- se ha hecho más ruidoso aún que el clima confrontativo que nuestra vida política no abandona desde, por lo menos, el año 2008 en el que explotó el conflicto entre el gobierno de entonces y el mundo de las patronales agrarias y las multinacionales a ellas vinculadas.
 
En este contexto, el ex presidente ha decidido adoptar un rol protagónico central en la campaña de la coalición de derecha. Por eso reaparece Mauricio Macri. Y lo hace nada menos que proponiendo una memoria de su gobierno en la que éste no produjo la deuda. Ni los burócratas del FMI, ni los creyentes más intensos en las bondades del neoliberalismo son capaces de tanto.
 
¿Cómo es que diferentes segmentos de la alianza han aceptado ese rol de Macri, cuando no hay ninguna investigación del "mercado político" que no refleje un progresivo desgaste de su popularidad desde el momento en que terminó su gestión? ¿No le convenía a "Juntos" empezar la transición hacia un nuevo liderazgo a través de una campaña electoral en la que no está en juego la presidencia?
 
La derecha corre el riesgo de asumir como propio un clima de exasperación que pertenece a sectores muy minoritarios de la población que, en el último período, han cruzado de modo temerario un Rubicón político: la evocación positiva de la época de la más feroz oscuridad política, la de la última dictadura cívico-militar.
 

 
Lo anterior es un esquema interpretativo que sirve perfectamente para los tiempos de "alternancia", es decir para una competencia por el centro en un sistema de partidos en los que funcionan pactos, nunca escritos, según los cuales se mantiene lo que Chantall Moufe ha llamado el "consenso centrista".
 
En el interior de ese consenso los partidos (idealmente dos) compiten electoralmente para ocupar el gobierno y aplicar políticas iguales, o muy parecidas, a las que desarrolla el adversario. Nuestro país no es actualmente un caso de ese "ideal político" que es el que predica amplia y sistemáticamente la ciencia política "oficial".
 
En el mundo ese consenso centrista está atravesando también una notoria crisis. La alternancia "pacífica" entre derechas neoliberales e izquierdas (o "centroizquierdas" como se denominan los viejos partidos socialdemócratas) que se limitan a discutir cuestiones en las que no están directamente implicados los ejes de la "pax" neoliberal ha venido sufriendo fuertes desafíos tanto desde la izquierda como desde la derecha.
 
Es imaginable una conversación entre los influyentes del Pro sobre la presencia de Macri en la campaña. Unos seguramente pensarían que ese protagonismo agitaría el recuerdo de un gobierno que ciertamente no ha dejado un balance favorable. Eso pareció abrirse paso en los primeros tiempos posteriores a la aparición de la pandemia.
 
El esfuerzo frente a la grave amenaza pedía un nivel de colaboración entre las principales fuerzas políticas. Así lo interpretaron Fernández y Rodríguez Larreta durante los primeros meses. Pero el antagonismo político argentino no es permeable a esas políticas de postergación de la lucha en condiciones de grandes amenazas.
 
El mundo de los grupos oligopólicos de los medios de comunicación fue el gran protagonista de un giro político que la coalición de derecha haría propio sin mucha resistencia.
 
Los medios empleados no repararon en daños: potenciaron todas las operaciones desestabilizadoras, se coaligaron en defensa de una insólita "geopolítica de las vacunas" que procuraba mostrar que la "vacuna rusa" tenía en su interior un virus peor que el Covid, el virus del populismo y hasta del comunismo.
 
Se potenció más allá de toda lógica los movimientos "por la libertad" que producían el símbolo perfecto de la desobediencia: salir a la calle sin medidas de protección, exigir la apertura total del sistema escolar, usar programas de televisión para alentar "terapias caseras" irresponsables, capaces -como efectivamente ocurrió- de causar la muerte de quienes las adoptaran.
 
Claro que los medios no inventan ni producen fenómenos políticos desde la nada. Se apoyaron en un clima social y político de mutuo encono entre las dos fuerzas que se disputan el gobierno. Es un clima que reaviva y reproduce viejas y a veces sangrientas discordias interiores.
 
Es un tema interesante de discusión la cuestión de cuándo reapareció ese encono. Puede entenderse que un momento central de ese cambio fue el estallido de la convertibilidad, esa curiosa fórmula política que hizo que argentinos y argentinas creyeran en un orden político común tributario de la curiosa -y finalmente desastrosa- fórmula que decía que "un peso es igual a un dólar".
 
Esa utopía terminó con los hechos sangrientos de finales de 2001. Y la vasta coalición social multiclasista que coincidió en la ira contra el fraude de "los políticos" albergaba dos "humores" políticos centrales: el de los indignados porque el banco no les permitía retirar sus depósitos en dólares y el de mucha gente de trabajo que había visto cómo se destruían sus modestas certezas y eran reemplazadas por el mundo de la privación y el abandono.
 
Los dos humores convivieron en los días de excitación iniciales: pronto cada uno de ellos pasaría a reconocer la profunda diferencia que los separaba. Hoy esos humores se llaman macrismo (o Juntos) y peronismo kirchnerista (o Frente de Todos). No es que en "el medio" no haya nada. Es que el medio carece de la intensidad y la pasión que tienen aquellos que se convencen de que esa diferencia política toca sus intereses y emociones más profundas.
 
Por eso reaparece Macri. Y lo hace nada menos que proponiendo una memoria de su gobierno en la que éste no produjo la deuda. Ni los burócratas del FMI, ni los creyentes más intensos en las bondades del neoliberalismo son capaces de tanto.
 
En este pasaje político el complejo mediático llamado "La Nación" ha recuperado en plenitud su lugar histórico como expresión más auténtica del mundo oligárquico y neocolonial. Cierto apego a la racionalidad, cierto buen gusto literario en su prosa política -bastante visible hasta hace poco- han dejado espacio a las formas más groseras de la provocación y a un intenso compromiso con la desestabilización del actual gobierno.
 
Por Edgardo Mocca
 
Fuente: El Destape
 

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24-03-2026 / 13:03
24-03-2026 / 13:03
24-03-2026 / 12:03
Mientras la mayor parte de los argentinos dormían, en la madrugada del miércoles 24 de marzo de 1976, me desperté sobresaltado por los golpes en la puerta de mi casa. El "Chueco", un viejo compañero de militancia, me vino a comunicar que las Fuerzas Armadas habían derrocado al gobierno constitucional del peronismo.
 
Me vestí apresuradamente, me cambié el peinado, me afeite los bigotes y salí inmediatamente a alertar a otros compañeros. La primera casa a la que llegué, la de Rodolfo "Rody" Vittar, no existía más. Horas antes un comando paramilitar había llegado para detenerlo, y como no lo encontró, instaló explosivos y voló la vivienda hasta los cimientos.
 
La represión en Córdoba fue muy dura, igual que en muchos otros lugares del país. Este proceso desembocó en una sangrienta y larga noche de males, que dejó como saldo miles desaparecidos, una guerra perdida a manos de Gran Bretaña y un país económicamente quebrado, entre otras cosas.
 
Por eso, en el Día Nacional de la Memoria por la Verdad y Justicia, en este nuevo aniversario del golpe militar genocida, quiero recordar y rendir un recóndito homenaje a tres queridos compañeros y amigos, asesinados ese siniestro 24 de marzo.

Ellos son: Víctor Lorenzo, Concejal en Córdoba Capital por la Juventud Revolucionaria Peronista, quien fuera ejecutado, el día del golpe, de un tiro en la cabeza en la cárcel local; don Luis Carnevale, Senador Nacional por la misma provincia, secuestrado y desaparecido ese mismo día; y el mayor Bernardo Alberte, ex Delegado Personal de Juan Perón, quien fuera arrojado a través de la ventana de su departamento, en un sexto piso, por una patrulla militar, la madrugada del siniestro Golpe de Estado.

Hay muertes, que por ser las primeras, son todo un símbolo. Los militares asesinos los eligieron primero porque eran peronistas. Y no se lo perdonaron. Pero, a pesar de las cárceles y los fusilamientos, de los compañeros muertos y los desaparecidos, nunca fuimos vencidos. Continuamos invariablemente las luchas que emprendieron Eva y Juan Perón.

Compañeros Víctor Lorenzo, Luis Carnevale y Bernardo Alberte, Presentes. Hasta la victoria, siempre.

Por Blas García para La Opinión Popular 

24-03-2026 / 12:03
El 24 de marzo de 1976 una sublevación cívico-militar derrocó a la presidenta constitucional, María Estela Martínez, instalando una dictadura de tipo permanente autodenominada "Proceso de Reorganización Nacional", gobernada por una Junta Militar integrada por tres jerarcas militares, uno por cada fuerza. La junta designó como presidente de facto a Jorge Rafael Videla.
 
El gobierno militar suprimió los derechos civiles de los ciudadanos y las libertades públicas, anuló las garantías constitucionales, suspendió la actividad política, vedó los derechos de los trabajadores, intervino los sindicatos y la CGT, prohibió las huelgas, disolvió el Congreso y los partidos políticos, y destituyó la Corte Suprema de Justicia.

 
La dictadura impuso el terrorismo de Estado como método sistemático, un régimen de represión ilegal, violencia indiscriminada, persecuciones, tortura sistematizada y desaparición forzada de personas, en el que se violaron masivamente los derechos humanos y se produjeron, en un verdadero genocidio, decenas de miles de desaparecidos.

 
Pero la dictadura no se instaló sólo para torturar y matar gente, sino para posibilitar una transferencia masiva de riquezas hacia los núcleos más concentrados de la economía, quienes se apropiaron además de buena parte de los negocios públicos. Durante el proceso militar, por ejemplo, el grupo Macri pasó de tener 7 a 47 empresas, mostrando que el golpe no fue solo accionar de fuerzas represivas. Y los empresarios que mandaban en 1976, siguen mandando.

 
Para imponer un régimen alejado de los intereses nacionales y populares, el golpe militar fue ejecutado en contra del Pueblo y del peronismo en su conjunto, institucional, política e individualmente. Pensado en función del molde agro exportador de fines del siglo XIX que, dados los cambios internacionales, derivó en el programa pro financiero y desindustrializador, el modelo neoliberal. Hoy Javier Milei y Victoria Villaruel expresan muchos de esos ideales de Videla y Martínez de Hoz, pero también de los grandes empresarios, eternos dueños del país.

 
El Terrorismo de Estado produjo miles de desaparecidos. Hubo 30.000 luchadores sociales barridos por la represión, de todos los sectores políticos populares y revolucionarios. La inmensa mayoría de las víctimas fueron jóvenes, la inmensa mayoría fueron cuadros y militantes de la clase trabajadora, la inmensa mayoría fueron peronistas.


El Proceso puso fin al "Estado de Bienestar" fundado por Juan Perón y al Proyecto Nacional y Popular concebido por el justicialismo desde la década del 40, dejando en lamentable estado la convivencia democrática, la economía, la sociedad y las instituciones, abriendo profundas grietas que recién después de más de cuatro décadas empiezan a ser curadas.


A 50 años de aquel infausto 24 de marzo, en el contexto de un gobierno anarco capitalista que niega, justifica o exalta los crímenes cometidos por las fuerzas represivas, convocamos a mantener viva la memoria del Pueblo en apoyo a la continuidad de la búsqueda de memoria, verdad y justicia por los crímenes de lesa humanidad cometidos y en defensa de los Derechos Constitucionales, los Derechos Humanos y las Libertades individuales de ayer, de hoy y de siempre.


Carlos Morales para La Opinión Popular 

23-03-2026 / 10:03
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