La Opinión Popular
                  11:43  |  Lunes 30 de Marzo de 2013  |  Entre Ríos
El clima en Paraná

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“Que ningún ciudadano sea lo suficientemente opulento como para poder comprar a otro, ni ninguno lo bastante pobre como para verse obligado a venderse”. Jean-Jacques Rousseau
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Nacionales - 05-09-2021 / 10:09
PANORAMA POLÍTICO NACIONAL

¿Por qué se endureció la campaña electoral?

¿Por qué se endureció la campaña electoral?
La derecha corre el riesgo de asumir como propio un clima de exasperación que pertenece a sectores muy minoritarios de la población que, en el último período, han cruzado de modo temerario un Rubicón político: la evocación positiva de la época de la más feroz oscuridad política, la de la última dictadura cívico-militar.
El peronismo-kirchnerismo no gana una elección legislativa de medio término desde 2005. Son los comicios en los que la elección del Congreso se separa de la presidencial; por eso suelen interpretarse como balance social de la primera mitad de un período de gobierno y como eventual insinuación de las tendencias hacia la próxima disputa presidencial.
 
Sin embargo, ese segundo aspecto no se verificó en las legislativas de 2009 (el kirchnerismo perdió en el medio término y obtuvo la reelección de CFK en 2011) ni en las de 2017 (el macrismo ganó la legislativa y perdió la presidencial de 2019).
 
A una semana de la elección, el tono de la disputa -tal como suele ocurrir- se ha hecho más ruidoso aún que el clima confrontativo que nuestra vida política no abandona desde, por lo menos, el año 2008 en el que explotó el conflicto entre el gobierno de entonces y el mundo de las patronales agrarias y las multinacionales a ellas vinculadas.
 
En este contexto, el ex presidente ha decidido adoptar un rol protagónico central en la campaña de la coalición de derecha. Por eso reaparece Mauricio Macri. Y lo hace nada menos que proponiendo una memoria de su gobierno en la que éste no produjo la deuda. Ni los burócratas del FMI, ni los creyentes más intensos en las bondades del neoliberalismo son capaces de tanto.
 
¿Cómo es que diferentes segmentos de la alianza han aceptado ese rol de Macri, cuando no hay ninguna investigación del "mercado político" que no refleje un progresivo desgaste de su popularidad desde el momento en que terminó su gestión? ¿No le convenía a "Juntos" empezar la transición hacia un nuevo liderazgo a través de una campaña electoral en la que no está en juego la presidencia?
 
La derecha corre el riesgo de asumir como propio un clima de exasperación que pertenece a sectores muy minoritarios de la población que, en el último período, han cruzado de modo temerario un Rubicón político: la evocación positiva de la época de la más feroz oscuridad política, la de la última dictadura cívico-militar.
 

 
Lo anterior es un esquema interpretativo que sirve perfectamente para los tiempos de "alternancia", es decir para una competencia por el centro en un sistema de partidos en los que funcionan pactos, nunca escritos, según los cuales se mantiene lo que Chantall Moufe ha llamado el "consenso centrista".
 
En el interior de ese consenso los partidos (idealmente dos) compiten electoralmente para ocupar el gobierno y aplicar políticas iguales, o muy parecidas, a las que desarrolla el adversario. Nuestro país no es actualmente un caso de ese "ideal político" que es el que predica amplia y sistemáticamente la ciencia política "oficial".
 
En el mundo ese consenso centrista está atravesando también una notoria crisis. La alternancia "pacífica" entre derechas neoliberales e izquierdas (o "centroizquierdas" como se denominan los viejos partidos socialdemócratas) que se limitan a discutir cuestiones en las que no están directamente implicados los ejes de la "pax" neoliberal ha venido sufriendo fuertes desafíos tanto desde la izquierda como desde la derecha.
 
Es imaginable una conversación entre los influyentes del Pro sobre la presencia de Macri en la campaña. Unos seguramente pensarían que ese protagonismo agitaría el recuerdo de un gobierno que ciertamente no ha dejado un balance favorable. Eso pareció abrirse paso en los primeros tiempos posteriores a la aparición de la pandemia.
 
El esfuerzo frente a la grave amenaza pedía un nivel de colaboración entre las principales fuerzas políticas. Así lo interpretaron Fernández y Rodríguez Larreta durante los primeros meses. Pero el antagonismo político argentino no es permeable a esas políticas de postergación de la lucha en condiciones de grandes amenazas.
 
El mundo de los grupos oligopólicos de los medios de comunicación fue el gran protagonista de un giro político que la coalición de derecha haría propio sin mucha resistencia.
 
Los medios empleados no repararon en daños: potenciaron todas las operaciones desestabilizadoras, se coaligaron en defensa de una insólita "geopolítica de las vacunas" que procuraba mostrar que la "vacuna rusa" tenía en su interior un virus peor que el Covid, el virus del populismo y hasta del comunismo.
 
Se potenció más allá de toda lógica los movimientos "por la libertad" que producían el símbolo perfecto de la desobediencia: salir a la calle sin medidas de protección, exigir la apertura total del sistema escolar, usar programas de televisión para alentar "terapias caseras" irresponsables, capaces -como efectivamente ocurrió- de causar la muerte de quienes las adoptaran.
 
Claro que los medios no inventan ni producen fenómenos políticos desde la nada. Se apoyaron en un clima social y político de mutuo encono entre las dos fuerzas que se disputan el gobierno. Es un clima que reaviva y reproduce viejas y a veces sangrientas discordias interiores.
 
Es un tema interesante de discusión la cuestión de cuándo reapareció ese encono. Puede entenderse que un momento central de ese cambio fue el estallido de la convertibilidad, esa curiosa fórmula política que hizo que argentinos y argentinas creyeran en un orden político común tributario de la curiosa -y finalmente desastrosa- fórmula que decía que "un peso es igual a un dólar".
 
Esa utopía terminó con los hechos sangrientos de finales de 2001. Y la vasta coalición social multiclasista que coincidió en la ira contra el fraude de "los políticos" albergaba dos "humores" políticos centrales: el de los indignados porque el banco no les permitía retirar sus depósitos en dólares y el de mucha gente de trabajo que había visto cómo se destruían sus modestas certezas y eran reemplazadas por el mundo de la privación y el abandono.
 
Los dos humores convivieron en los días de excitación iniciales: pronto cada uno de ellos pasaría a reconocer la profunda diferencia que los separaba. Hoy esos humores se llaman macrismo (o Juntos) y peronismo kirchnerista (o Frente de Todos). No es que en "el medio" no haya nada. Es que el medio carece de la intensidad y la pasión que tienen aquellos que se convencen de que esa diferencia política toca sus intereses y emociones más profundas.
 
Por eso reaparece Macri. Y lo hace nada menos que proponiendo una memoria de su gobierno en la que éste no produjo la deuda. Ni los burócratas del FMI, ni los creyentes más intensos en las bondades del neoliberalismo son capaces de tanto.
 
En este pasaje político el complejo mediático llamado "La Nación" ha recuperado en plenitud su lugar histórico como expresión más auténtica del mundo oligárquico y neocolonial. Cierto apego a la racionalidad, cierto buen gusto literario en su prosa política -bastante visible hasta hace poco- han dejado espacio a las formas más groseras de la provocación y a un intenso compromiso con la desestabilización del actual gobierno.
 
Por Edgardo Mocca
 
Fuente: El Destape
 

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29-03-2026 / 15:03
La gestión de Javier Milei atraviesa un momento muy complejo, atrapada en una tenaza que combina corrupción sistémica y degradación económica. La narrativa de austeridad se ha quebrado frente a pruebas judiciales contundentes: por un lado, el Caso $LIBRA, donde el peritaje técnico confirma un esquema de promoción de estafas piramidales que involucra directamente al Presidente y a Karina Milei por presuntos cobros millonarios; por otro, el escándalo de Manuel Adorni, cuya utilización de vuelos privados y un crecimiento patrimonial injustificado -que incluye mansiones y gastos de lujo- lo colocan como el nuevo emblema de los privilegios que el Gobierno prometió desterrar.

Sin embargo, el factor que transforma estos escándalos en un veneno letal para el oficialismo es el contexto de asfixia social. La paciencia popular, que hasta hace poco funcionaba como un cheque en blanco, se está agotando ante una realidad incontrastable marcada por la pobreza récord Con indicadores que ya superan el 55%, el ajuste ha dejado de caer sobre la política para ensañarse con la clase media y los sectores vulnerables; la inflación persistente, la cual, a pesar del discurso oficial, el costo de vida -especialmente en alimentos y servicios públicos- sigue demoliendo el poder adquisitivo de los salarios. A esto se le suma la crisis de expectativas: El contraste entre el "no hay plata" para comedores escolares y el despliegue de recursos en el entorno de Adorni ha roto el vínculo de confianza con su base electoral.


En definitiva, la caída en las encuestas no es solo producto de los tribunales; es el resultado de un modelo que pide sacrificios extremos a la población mientras sus máximos referentes se ven cercados por causas de corrupción que huelen a vieja política. La "libertad" parece haberse convertido, para el círculo íntimo del poder, en la libertad de gozar de privilegios mientras el resto del país cae en la indigencia.


De la redacción de La Opinión Popular

28-03-2026 / 07:03
La historia, caprichosa pero justa, suele poner las cosas en su lugar. El reciente fallo de la Corte de Apelaciones del Segundo Circuito de Nueva York, que rechaza de plano la demanda de los fondos buitres contra la República Argentina por la recuperación de YPF, no es solo un alivio para las cuentas públicas; es la partida de nacimiento de una verdad que el relato libertario intentó asfixiar: la soberanía nacional no fue un error, sino el acierto estratégico más importante del siglo XXI.


Este veredicto no constituye únicamente una victoria jurídica, sino que representa una reivindicación política total para Axel Kicillof. En 2012, el entonces ministro de Economía comprendió que un país sin el control de su propia energía es un país sin destino. El tiempo, ese juez implacable, terminó por darle la razón: hoy, Vaca Muerta no es una entelequia, sino una realidad que bate récords de producción y sostiene el andamiaje de una Argentina que, de otro modo, estaría de rodillas.

 
En este escenario, es imperativo apelar a la memoria y desenmascarar el cinismo. El hoy presidente no fue un observador neutral en esta disputa; fue un militante activo y un lobbista desfachatado del bando buitre. Javier Milei, el mismo hombre que ahora intenta "caranchear" miserablemente un triunfo judicial ajeno, construyó su carrera mediática descalificando sistemáticamente la recuperación de YPF como un "robo" y un "atropello a la propiedad privada". Su alineamiento con el capital especulativo fue tan obsceno que llegó a proponer la creación de un humillante "Impuesto Kicillof": una tasa destinada a esquilmar al pueblo argentino para pagarle a los fondos buitres una deuda que, hoy lo sabemos, era ilegítima. Como bien señaló el gobernador bonaerense ante la contundencia del fallo: "Es lamentable que el presidente de la Nación haya defendido a los fondos buitres en lugar de defender los intereses del país".

 
La contundencia de la sentencia dictada en Nueva York se traduce en una victoria multidimensional. En el plano fiscal, la Argentina logra un alivio monumental al evitar el desembolso de una cifra astronómica fabricada por la voracidad especuladora. En lo estratégico, el fallo ratifica la legalidad internacional de la expropiación, blindando la soberanía sobre nuestros recursos naturales. Finalmente, en el terreno político, el veredicto desmantela el relato de la "mala praxis" esgrimido por Milei, validando la solvencia técnica y el coraje de una defensa que priorizó el patrimonio nacional por sobre los dictados de los mercados financieros internacionales.


De la redacción de La Opinión Popular
27-03-2026 / 19:03
24-03-2026 / 13:03
24-03-2026 / 13:03
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