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“Que ningún ciudadano sea lo suficientemente opulento como para poder comprar a otro, ni ninguno lo bastante pobre como para verse obligado a venderse”. Jean-Jacques Rousseau
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Nacionales - 29-08-2021 / 09:08
JAVIER MILEI, EL TRABAJO Y EL MÉRITO

¿Quiénes son los libertarios?

¿Quiénes son los libertarios?
Uno de los dirigentes principales de este espacio en la Argentina, Javier Milei, ha construido un personaje público, caracterizado por su grosería y su desinhibición a la hora de hablar, además de su comportamiento iracundo. Esto último no es secundario ni anecdótico: el personaje busca encarnar en un tipo social que abunda más entre nosotros de lo que querríamos reconocer. El pequeño-burgués encolerizado es un personaje arquetípico en el capitalismo.
La derecha de la derecha se hace llamar como los "libertarios", una corriente que ha surgido (o resurgido) en los últimos años en numerosos países. Consideran sus adherentes que el mundo del clímax neoliberal que conquistó el mundo con la caída del régimen soviético y desmontó de modo radical las prácticas del estado de bienestar para suplantarlas por las más radicales "democracias de mercado" no es la consumación de la libertad.
 
Todavía hay estados, hospitales y escuelas públicas, policía estatal... ¡Hasta sindicatos hay! Es decir, la "libertad" del neoliberalismo todavía no es plena. Todavía funciona, aunque degradado y acechado, el mito del contrato social.
 
Uno de los dirigentes principales de este espacio en la Argentina, Javier Milei, ha construido un personaje público, caracterizado por su grosería y su desinhibición a la hora de hablar, además de su comportamiento iracundo.
 
Esto último no es secundario ni anecdótico: el personaje busca encarnar en un tipo social que abunda más entre nosotros de lo que querríamos reconocer. El pequeño-burgués encolerizado es un personaje arquetípico en el capitalismo; la literatura revolucionaria de principios del siglo pasado previno contra el infantilismo revolucionario.
 
Es decir, contra esa impaciencia que considera que siempre es un buen momento para una buena revolución. La novedad es que esa impaciencia -o una parte de ella- hoy ha cambiado de signo; es de derecha neoliberal.
 
Y la palabra clave es "libertad". La felicidad del individuo (la única que existe según su canon) es incompatible con el orden estatal y demanda achicar tanto como sea posible el espacio de lo público. Parecería ser -así lo fue siempre- el territorio exclusivo de las clases pudientes, de los que no necesitan el hospital público ni corren el riesgo de caer en la escuela pública, como lo formuló secamente Macri.
 
El sentido de la injusticia del orden político es trasladado desde su lugar histórico -la demanda de igualdad, el ejercicio de la solidaridad- hasta su nuevo sitio, el de la "meritocracia". Es decir, la demanda es que lo público no intervenga (o intervenga en la mínima medida posible en la trayectoria de las personas). Hoy está claro el público de esta plataforma política. Que convoca sectores juveniles. Que no se aloja exclusivamente entre los más ricos.
 

 
Hasta ahora no ha merecido mucho análisis el surgimiento de una alianza electoral "a la derecha de la derecha". Y el hecho de que en esta elección, la expectativa de votos que se le asigna en los sondeos propios alcanza para constituirse en una preocupación de la coalición de derecha que gobernó el país recientemente.
 
Ciertamente, "Cambiemos" no fue una derecha moderada. Su catastrófica experiencia en el gobierno no se debió, sin duda, a su "moderación" en la aplicación de un programa rigurosamente enmarcado en la lógica neoliberal: endeudamiento brutal y vertiginoso, crecimiento en flecha de la desocupación, cierre de empresas, debilitamiento de la industria, política exterior incondicionalmente asociada a Estados Unidos son, para nombrar las más destacadas y evidentes, señas características de los gobiernos neoliberales.
 
Así fue la política de Martínez de Hoz durante la dictadura cívico-militar, del menemismo y de la Alianza. Todas terminaron en situaciones gravemente críticas; también la de Macri.
 
 
Qué es la política para los libertarios
 
La ilustración más clara de este ideal libertario es la descarga neurótica que suele producirse en el individuo de clase media cuando habla de los beneficiarios de la solidaridad estatal. En ese punto exacto está el atractivo de este neoliberalismo ultra.
 
"Yo tengo que levantarme temprano todos los días y estos negros de m... ganan la misma plata que yo". Y el cuadro de la "cosmovisión" se cierra y completa con el juicio "contra la política". ¿Qué es para los "libertarios" la política? Es una industria o un comercio como cualquier otro. La mercadería que se transa son los votos.
 
Con los votos se consiguen cargos. Con los cargos es más fácil conseguir votos: por lo menos no hay que perder tiempo trabajando, alcanza con conseguir un lugar en alguna cámara del congreso o, algo más modesto, figurar en alguna plantilla estatal: vida próspera y segura sin necesidad de trabajar.
 
Muchos millones de dólares (muchísimos más en la imaginación antipolítica que en la realidad efectiva) se van desde la iniciativa individual creadora e inteligente para guarecerse en la política. Si a eso se le agrega el grave estado económico y social en el que "los políticos" dejaron siempre al país, la teodicea cierra de manera perfecta.
 
Francois Dubet, en su famoso texto "Por qué preferimos la desigualdad (aunque digamos lo contrario)" analiza el comportamiento de las clases medias urbanas desde una perspectiva muy original.
 
¿Por qué el conocimiento público de la extraordinaria concentración de riqueza en pocas manos no insubordina a los sectores medios contra esa oligarquía global? Es porque están muy lejos, son invisibles para el ciudadano común.
 
También podrían ser invisibles los pobres en la medida en que el capitalismo neoliberal los segrega en barrios populares y villas de emergencia. Pero no. Los pobres existen: son los mendigos, los sucios, los que amenazan la seguridad de los buenos, los que, llegado el caso, pueden matar "por un par de zapatillas".
 
Por eso, la vida suele pasar por la distinción. Por ser "diferentes" a ellos. Por el barrio en que vivimos, la escuela en la que estudiamos, nuestra cultura. Y, claro, por nuestra honradez. Porque trabajamos y no necesitamos de la política. Más bien necesitamos que los políticos nos dejen en paz.
 
Hasta ahora quienes nos adjudicamos la condición de democráticos, nacionales y populares, todo lo que hemos venido haciendo respecto de este discurso es la prédica de nuestro escándalo contra esa gente que no aprecia como nosotros el valor de la igualdad.
 
Sería interesante buscar la forma de establecer una conversación política respetuosa y empática (claro, hasta donde se pueda). No son argumentos vacíos los argumentos que esgrimen, aunque sean equivocados. El valor del trabajo y del mérito no son neoliberales.
 
Toda la infraestructura histórica de los partidos populares argentinos consiste en la defensa del valor del trabajo -"digno y bien remunerado", como se decía y se dice en los documentos sindicales y populares.
 
Y el mérito no es una mentira, las personas no somos iguales en el sentido de objetos intercambiables. El esfuerzo, la formación de capacidades y talentos individuales, el estudio, la investigación no constituyen egoísmo burgués. Son nuestra historia política.
 
Son de la tradición peronista, radical, de izquierda. Son de los padres de la mayoría de nosotros que supieron hacerse un lugar en el mundo a fuerza de trabajo (ayudados en muchos casos por el estado peronista).
 
La degradación del mundo del trabajo, el desempleo, la precarización, la caída del salario son parte de un plan criminal y colonialista siempre acompañado por la oligarquía local.
 
Cuando Néstor Kirchner asumió la presidencia, su obsesión era que todos los días disminuyeran las prestaciones estatales por efecto de que nuevos hombres y mujeres conseguían empleo. Eran los tiempos de la crisis de la primera alianza. Y fue la segunda la que nos hizo retroceder en el empleo y en la producción y la que condenó al desempleo a masas de personas.
 
La solidaridad con las personas que sufren los efectos de las políticas neoliberales es una necesidad para un país que se pretenda digno. El estado la canaliza y la hace efectiva para evitar dolores mayores. Y también para preservar la paz social.
 
Dicho todo esto, en nuestro horizonte tiene que estar una sociedad de trabajadores y trabajadoras en las que los ingresos sociales a cargo del estado, apunten a cubrir necesidades del desarrollo individual y colectivo y no a asegurar -en el mejor de los casos- la alimentación básica.
 
Por Edgardo Mocca
 
Fuente: El Destape
 

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02-02-2026 / 11:02
El secuestro de Nicolás Maduro se transmitió en tiempo real por televisión y redes sociales, en una estudiada coreografía que hacía parecer toda la escena como parte de la última mega producción de Hollywood. A eso se sumó luego una campaña virtual de Donald Trump en la que se presentaba al mandatario como una especie de dueño del continente entero, incluyendo -sobre todo- a Groenlandia. El spin-off local de Trump no se queda atrás. Javier Milei, otra figura nacida en un set de TV, mezcla su presidencia con recitales masivos, romances fogosos y una cultura memética permanente en redes sociales. En todo el planeta es el momento de la política comic show, un juego que, a la vez, es mucho más que eso.
 
Milei construyó su llegada al poder desde los paneles de televisión. Allí mezcló gritos violentos, peleas salvajes y un aporte original: la capacidad de discutir autores económicos en prime time desde una matriz libertaria extrema. Su figura se nutrió además de otros condimentos: obras de teatro durante los veranos, noviazgos mediáticos -en 2018 salió con Daniela Mori, exintegrante de la banda de cumbia Las Primas-, revelaciones perturbadoras sobre su sexualidad tántrica, covers de temas de rock y clásicos, apariciones disfrazado como superhéroe y, por supuesto, su marca registrada: su extraña cabellera.
 
Mientras por un lado agita la violencia con invitaciones permanentes a "odiar más" y compara a sus rivales con monos o cucarachas, por el otro ofrece circo: el recital en el Movistar Arena, su show en el festival de Jesús María, una aparición en un canal de streaming oficialista junto a su perro clonado, un beso fogoso con su entonces pareja en un teatro costero, cuadros en la Quinta de Olivos donde se compara con Wolverine y con un león, una bizarra cuenta en inglés presentada mediante un cómic donde aparece volando sobre Buenos Aires como superhéroe.
 
A esta lista se suma su escasa preocupación por la higiene y el recambio de vestuario -con el mameluco de YPF como emblema, incluso en Davos- y su llanto desconsolado en el Muro de los Lamentos, una postal inédita para un presidente argentino. Con matices, todos estos episodios -los extravagantes y los violentos- comparten algo en común: arrastran la atención popular, dominan redes sociales y colonizan la agenda mediática y política, mientras corren los límites de lo decible en la sociedad argentina. "La primera estrategia de esta derecha es polarizar a la sociedad", explica el historiador Steven Forti en Extrema derecha 2.0. "No se trata de excentricidades, sino de una estrategia bien pensada."
 
Ese manual fue adoptado por la administración libertaria desde su llegada al poder. Cuando no fue el cierre del INADI o de Télam, fue un ataque a la comunidad homosexual, al periodismo o a alguna artista musical. Y cuando no había escándalo político, lo había estético: cuatro camperas en pleno verano, intentos de ocultar la papada o defensas públicas de películas de Guillermo Francella. De una u otra forma, siempre provocaba bronca, perplejidad o fascinación, emociones ideales que premian lo ruidoso.
 
Lo explica Giuliano da Empoli en Los ingenieros del caos, libro de cabecera del asesor presidencial Santiago Caputo: "El megáfono de Trump era la indignación de los medios." Con Trump y Milei ocurre lo mismo: se los puede amar o detestar, pero no ignorar.  Richard Nixon lo llamaba "la teoría del loco". Fingir irracionalidad para volverse imprevisible y, por eso mismo, temible. Trump lo dijo sin rodeos: "Xi Jinping sabe que estoy totalmente loco."
 
La pregunta es inevitable: ¿estamos ante líderes desbordados o ante personajes cuidadosamente construidos? "La banalidad de la locura", la llama el politólogo Brian Klaas: una saturación de exabruptos que termina anestesiando a la sociedad.
 
La Opinión Popular
 

01-02-2026 / 10:02
Desde su llegada a la Casa Rosada, Javier "Pinocho" Milei construyó un relato épico de gestión que, al ser contrastado con datos verificables, empieza a mostrar fisuras cada vez más profundas. Promesas infladas, cifras manipuladas, logros magnificados y afirmaciones directamente falsas forman parte de un patrón comunicacional que ya no puede explicarse como simples errores.
 
Se trata, cada vez más claramente, de una estrategia política basada en la distorsión sistemática de la realidad. Organizaciones especializadas en verificación de datos, como Chequeado, desmintieron en reiteradas oportunidades afirmaciones centrales del discurso presidencial. Uno de los ejemplos más notorios fue la declaración en la que Milei aseguró haber sacado a diez millones de argentinos de la pobreza.
 
El número, ampliamente difundido por el oficialismo, resultó ser metodológicamente incorrecto, engañoso y sin respaldo estadístico sólido. Si bien algunos indicadores mostraron leves mejoras, la magnitud del cambio real está muy lejos del relato triunfalista que el prescindente intenta instalar. Algo similar ocurrió con su afirmación de haber eliminado los piquetes en todo el país. Lejos de desaparecer, los cortes de calles continuaron registrándose, aunque con menor visibilidad y mayor intervención de las fuerzas de seguridad.
 
La reducción de protestas no equivale a su erradicación, pero Milei optó por presentar una victoria absoluta que los datos desmienten. La manipulación también alcanza el terreno histórico. En reiteradas ocasiones, el mandatario afirmó que la Argentina fue uno de los 3 países más ricos del mundo, una afirmación que no resiste el menor análisis serio de los registros económicos internacionales.
 
Esta construcción mítica, repetida hasta el cansancio, busca reforzar la narrativa del "paraíso perdido" arruinado por la política tradicional, aun cuando carece de sustento empírico. El uso irresponsable de información falsa no se limita a discursos oficiales. En redes sociales, Milei llegó a difundir encuestas inexistentes, atribuidas falsamente a la Fundación FOPEA, con el objetivo de desacreditar al periodismo.
 
La propia organización salió a desmentir públicamente la información, dejando al descubierto una práctica preocupante: la utilización deliberada de datos falsos para atacar a la prensa crítica. Este comportamiento no es aislado. Forma parte de una lógica de comunicación basada en la confrontación permanente, la exageración de logros, la victimización y la construcción de enemigos internos.
 
La distorsión de cifras y hechos se convierte así en una herramienta política para sostener un relato épico que muchas veces choca contra la realidad cotidiana de millones de argentinos. Mientras la inflación continúa afectando el poder adquisitivo, la recesión golpea al consumo y el ajuste impacta con fuerza en jubilados, trabajadores y sectores medios, el discurso presidencial insiste en mostrar una Argentina idealizada que pocos logran reconocer en su vida diaria.
 
En este contexto, la manipulación informativa no solo erosiona la credibilidad del Gobierno, sino que también debilita el debate democrático y el derecho ciudadano a estar informado con veracidad. Gobernar a base de datos falsos puede rendir frutos comunicacionales de corto plazo, pero tiene costos profundos. Cuando la mentira se convierte en política de Estado, la confianza pública se deteriora, la institucionalidad se debilita y el vínculo entre gobernantes y sociedad se vuelve cada vez más frágil. En definitiva, más que errores ocasionales, las distorsiones discursivas de Milei parecen responder a una estrategia clara: imponer un relato antes que explicar la realidad. Una apuesta peligrosa que, tarde o temprano, termina chocando contra los hechos.
 
La Opinión Popular
 

31-01-2026 / 09:01
Décadas de globalización con la lógica del mercado se desplomaron sobre los argentinos con Javier Milei gritando el Rock del Gato mientras cinco provincias se incendiaban fuera de control y la mayoría de los gobernadores se sometían a ser extorsionados para aprobar la reforma laboral.
 
Décadas de erosión de la democracia y el medio ambiente cayeron sobre los argentinos con el florecimiento del libertarismo autoritario, que es como decir silencio atronador o fuego helado. Las dos cosas no van juntas. El resultado es libertad para pocos y autoritarismo para los demás.
 
Rocca, Magnetto y Galperín fueron algunos de los creadores del Golem esquizofrénico. Lo construyeron para que los proteja, financiaron sus campañas, le dieron letra con leyes para proteger sus intereses y publicaron loas en los medios que controlan. Pero en este momento parte de sus intereses entraron en colisión con el rumbo aperturista total del gobierno y sus alianzas.
 
Las elecciones de medio término en una sociedad que perdió el sentido, fragmentada, extenuada por la inflación y la pandemia, le dieron un impulso que se multiplicó con el respaldo de la Casa Blanca.
 
Ese paralelismo crispado de un imperio en decadencia encontró un aliado incondicional en la subordinación total de Milei. No hay término medio en las Casas Blanca y Rosada. Una decisión absoluta de dominio se complementó con una decisión absoluta de sumisión.
 
Con la apertura que impulsaron los grandes empresarios, y que implementó este Gobierno, entró una avalancha de productos chinos. El capital concentrado creyó que tenía espalda para sobrevivir al exterminio de sus competidores de la pequeña y mediana industria y comercio y que podría deglutir esos espacios que quedaban libres.
 
Pero el ímpetu del comercio chino, ultra tecnológico, con cadenas de suministro ultra coordinadas y eficientes, se llevó puestos hasta los tubos de Techint y metió en problemas a la gran aplicación comercial de Marcos Galperín, el hombre más rico del país.
 
Galperín reside en Uruguay para no pagar impuestos en Argentina, donde creció su empresa, Mercado Libre. Impulsó con entusiasmo el discurso libertario contra los subsidios estatales y contra la regulación de los mercados.
 
Desde la pandemia, el campeón antisubsidios recibió subsidios por 370 millones de dólares. Y ahora, el también campeón de la apertura de las importaciones, le exigió al gobierno que regule a Temu, la aplicación de comercio china que le arrebató una porción de la torta.
 
Paolo Rocca, que colocó a su ex empleado Horacio Marín como CEO de YPF, recurrió a la Justicia por la licitación de tubos para un gasoducto que perdió ante una firma india que fabrica tubos con acero chino. Galperín hizo lo mismo con Temu. Y Magnetto afronta problemas parecidos con la compra de Telefónica por el Grupo Clarín.
 
Son contradicciones fuertes en el capital hegemónico, que el gobierno sobrelleva con enormes ofrendas, como la reforma laboral. El triunfalismo que invadió a la Casa Rosada por el resultado electoral se enfocó en su primera cosecha. La ley de trabajo propuesta incluyó un artículo sobre el impuesto a las ganancias que saca coparticipación a las provincias.
 
El Gobierno mandó a Diego Santilli a discutir con los gobernadores, pero le advirtió que no hará ninguna concesión. Y Santilli les prometió que los premios llegarían después de la aprobación en el Congreso. 
 

30-01-2026 / 09:01
Se ve que Javier "Nerón" Milei suelta la mosca solamente a las piñas: fondos tardíos para el sur que ya se chamuscó como chorizo en la parrilla. Con incendios forestales activos en distintas zonas de la Patagonia y tras reiterados reclamos de gobernadores y dirigentes opositores, el irresponsable Milei, que al igual que el emperador Nerón se dedicó a cantar mientras se incendiaba su país, finalmente destrabó fondos para el sistema de Bomberos Voluntarios y confirmó que declarará la Emergencia Ígnea mediante un DNU. 50 días y 230 mil hectáreas quemadas después.
 
Desde los primeros días de enero la Patagonia arde por los incendios forestales; después de que el fuego arrasara -hasta ahora- más de 230 mil hectáreas; después de la pérdida irrecuperable en parques nacionales, que son patrimonio de la humanidad, y con la población en serio riesgo de perder lo poco que les queda, Milei evaluó hacer algo. La decisión llega luego de semanas marcadas por cuestionamientos sobre la ausencia total en la respuesta estatal nacional frente a una crisis ambiental que ya afectó miles de hectáreas, provocó evacuaciones y generó pérdidas materiales y económicas en distintas localidades del sur argentino.
 
La medida quedó formalizada a través de la resolución 91/2026 publicada en el Boletín Oficial y firmada por la ministra de Seguridad, Alejandra Monteoliva, que autoriza un desembolso de 100.810.319.998 pesos destinados a organizaciones de bomberos voluntarios en todo el país. A ello se suman transferencias por 7.754.639.995 pesos para entidades provinciales de segundo grado y un monto equivalente para programas de capacitación y fortalecimiento operativo.
 
Los recursos estarán dirigidos a la compra de equipamiento, vehículos, herramientas, vestimenta ignífuga, insumos técnicos y materiales necesarios para enfrentar incendios forestales, una demanda histórica de los cuarteles voluntarios que, en muchos casos, operan con equipamiento limitado y dependen de aportes locales para sostener su funcionamiento cotidiano.
 
En paralelo, el Gobierno libertario confirmó que declarará la Emergencia Ígnea a través de un DNU, evitando así el paso por el Congreso. El argumento oficial sostiene que se trata de un mecanismo para acelerar la asistencia y evitar demoras administrativas, aunque desde distintos sectores políticos remarcaron que la declaración fue exigida por los gobernadores patagónicos días atrás y que el Ejecutivo resistía avanzar en esa dirección hasta que el costo político se volvió evidente e insostenible.
 
La tensión se profundizó cuando mandatarios provinciales del sur reclamaron públicamente una ley específica contra incendios mientras el anarco capitalista participaba de actividades de fiesta y joda en Mar del Plata, situación que fue interpretada por la oposición como una señal de desconexión total frente a la emergencia. Recién después de esa presión se anunció el plan denominado oficialmente "histórica lucha contra el fuego", que incluye la ampliación presupuestaria y la activación de herramientas administrativas para coordinar recursos federales. Esos recursos, sin embargo, no son suficientes y llegan tarde. El daño causado, según argumentan distintas agrupaciones ambientales y los propios pobladores, ya es irreparable.
 
El episodio vuelve a abrir el debate sobre la capacidad de reacción de Milei frente a emergencias ambientales y el rol del Estado en la prevención y combate de incendios forestales, especialmente en regiones donde cada temporada seca incrementa el riesgo de desastres. Para los bomberos y brigadistas, el financiamiento llega en un momento crítico y permitirá mejorar condiciones operativas, aunque queda la discusión política sobre por qué la respuesta oficial demoró tanto mientras el fuego avanzaba.
 
La Opinión Popular
 

29-01-2026 / 09:01
La Argentina de Javier Milei no se está acercando al desarrollo: está profundizando un modelo rentista que destruye industria, capital humano y movilidad social. El autoritarismo del gobierno libertario nos empuja a repetir la lógica que hundió a Venezuela: vivir de lo que tenemos en vez de construir lo que necesitamos. El EE.UU. de Donald Trump obligó a sus industrias a repatriar sus fábricas para hacer a América grande de nuevo, Argentina las cierra.

En Venezuela la economía se desindustrializó porque era más rentable importar todo. La productividad interna se estancó, la formación técnica y científica quedó relegada, el sector financiero creció más que el productivo. Igual que en la Argentina de Milei
Cerca de 8 millones de venezolanos han salido de su país buscando una vida mejor.


La hoja de ruta es la misma: un tercio de lo que se consume en Argentina depende de importaciones que ya equivalen al 31% del PBI, el nivel más alto en 22 años. Los bienes de consumo importados representan el mayor peso desde 2001. Durante 2024 la producción de local de manufacturas fue 15,09% del PBI, muy por debajo del promedio histórico (1965-2024) del 23,97%. La recaudación cae, el déficit y la inflación se maquillan, el endeudamiento se espiraliza, las infraestructuras de rutas colapsan.

Los discursos mesiánicos del Loco Milei ofrecen en la exclusión de los sectores industriales, manufactureros y el sistema científico/tecnológico el camino más rápido a un destino luminoso: "Argentina será como Irlanda en 20 años", delira el desquiciado.

El salto histórico de Irlanda se apoyó en todo lo que Milei niega: educación técnica masiva, inversión pública sostenida, un estado planificador, políticas industriales activas y una estrategia deliberada para atraer empresas tecnológicas.

Irlanda no apostó a la renta, la informalidad, ni a la desregulación, apostó al capital humano. No redujo su Estado: lo volvió más inteligente, mientras expandía su sistema científico. En tanto la Argentina refuerza un patrón conocido: la dependencia de la renta primaria con especulación financiera y endeudamiento creciente.
 
En el sector agrario, solo tres de cada 10 propietarios cultivan su tierra, el resto es rentista. A diferencia de Brasil, México o EEUU los hidrocarburos los exportamos en un 85% como crudo sin refinar y el 100% del gas sin comprimir, actuamos como proveedores de materias primas energéticas, no como exportadores de combustibles, aceites, productos petroquímicos, fertilizantes, etc. Repetimos el mismo patrón nefasto en las exportaciones de minería, pesca, cereales, frutas, etc.
 
Apostar a la renta más primitiva y azarosa, ligada a las oscilaciones del clima o los mercados internacionales ya ha mostrado sus frutos de estancamiento y depresión económica: entre 2011 y 2024 el PBI per cápita argentina se incrementó el 5,7%, el de Chile en un 13% y el de Uruguay un 51%.
 
En lugar del esperado "derrame" cada vez más "fuga" (u$s 30.000 millones en 2025) de los sectores usureros y especuladores generando desempleo, desinversión y pobreza estructural. Los residentes ricos en la Argentina poseen más de USD 400.000 millones fuera de sus fronteras, una cifra equivalente a casi todo el PBI anual. Así, Argentina jamás será como Irlanda.
 
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