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Sociedad e Interés General - 01-08-2021 / 22:08
EJEMPLO DE PERONISTA

Andrés Framini: El dirigente obrero que fue gobernador electo de la Provincia de Buenos Aires

Andrés Framini: El dirigente obrero que fue gobernador electo de la Provincia de Buenos Aires
Los dirigentes John William Cooke, Juan Perón y Andrés Framini.
 
El 02 de agosto de 1914 nace Andrés Framini. Fue secretario general de la Asociación Obrera Textil entre 1951-1955 y 1959-1968. En dos oportunidades, 1955 y 1961-1963 integró la conducción ejecutiva de la Confederación General del Trabajo (CGT).
 
Era uno de los hombres en los que Juan Perón más confiaba. A tal punto que en un intento destinado a eludir la proscripción, le propuso a Framini ser candidato a gobernador de la provincia de Buenos Aires. Con una fórmula en la que él, exiliado en Madrid, lo acompañaría como vice. El fraude impidió a Perón integrar esa fórmula, que tuvo que ser completada por Marcos Anglada.
 
En 1962 fue elegido gobernador de la provincia de Buenos Aires pero, presionado por los militares, el resultado fue desconocido por el gobierno del presidente Arturo Frondizi, quien a su vez resultó derrocado por un golpe militar pocos días después. En 1999, una ley provincial bonaerense estableció la validez del triunfo electoral de Framini, reconociéndole la condición de ex gobernador de la provincia de Buenos Aires.
 
El compañero Ernesto Jauretche escribió unas sentidas palabras que reproducimos a continuación.
 
Blas García 

 
Un Tal Andrés Framini (el Negro)
 
No muy alto pero robusto, de piernas fuertes y brazos largos; unas manos siempre ligeras, grandes, nudosas, con las rudas huellas de callos añosos, de uñas largas, chatas, anchas. Infaltables los anteojos oscuros (excepto cuando -y fue demasiado frecuente- andaba en la clandestinidad); cuidadoso su corte de pelo y su vestimenta: los últimos años lo vimos siempre con el mismo saquito de lana beige a cuadritos y unos amplios pantalones bien planchados (no debía tener otra vestimenta de exposición pública). Así transitaba con su estilo cansino las calles porteñas, las del Gran Buenos Aires, las de todo el país, incansablemente.
 
En la urgencia por comunicar su experiencia, reivindicar las figuras de Perón y Evita y defender los derechos de los trabajadores, se notaba que sentía tener una deuda con las generaciones jóvenes: trasladar sus experiencias sindicales y políticas, para ilustración y renovación de ilusiones y responsabilidades de los jóvenes. Estaba como apurado: no podía darse el lujo de perder ni la más módica ocasión. No buscaba figuración ni prestigio; para qué: ya no era su hora. Lo urgía el amor de aquellos muchachos, que eran todo su patrimonio al cabo de una vida entera de militancia y sacrificio. Incluso, junto a otros sindicalistas y dirigentes políticos conocidos en aquellos sesenta y setenta como "los héroes de la Patria", acompañó a la "juventud maravillosa" en aventuras políticas de inmenso idealismo pero -él lo sabía y no por eso retaceó su compromiso- de dudosa robustez.
 
En su juventud, cuando hacía de zaguero en el Club San Carlos de Berisso -su pago natal- cultivó fama de guapo. No lo ocultaba, pero tampoco lo ostentaba; igual, cualquiera conocía alguna de las tantas anécdotas en que Framini había resuelto un debate a piñas. Eran legendarios sus puñetazos, por ventajeros y fatales. Era uno, uno solo y debate acabado.
 
Para muestras, un par de botones.
 
"Esa mañana estábamos expectantes viendo marchar a nuestros compañeros hacia la Plaza de Mayo para rescatar al coronel. En Piccaluga al delegado lo elegía la patronal. Se paró en la puerta y amenazó: ´De aquí no se mueve nadie´. Era afiliado socialista, habíamos tenido muchos encontronazos. Lo estaba esperando. Le dí semejante trompada que fue a parar debajo de un telar. En el establecimiento no quedó un solo trabajador".
 
Luego de fundarse la Asociación Obrera Textil el socialista Lucio Bonilla (ya se le había deshinchado la cara) seguía allí. Al cabo de unos paros y unas tensas negociaciones salariales y políticas que lo acercaron a la Señora Eva Perón, el joven Framini fue electo primer Secretario General peronista del gremio.
 
"Fuimos a la Fundación para ver a Evita. Llevábamos una serie de demandas que la AOT no nos resolvía: había que cambiar estatutos y demás. La Señora nos  escuchó sentada en unas sillas que había en su despacho, junto a nosotros. Le explicamos nuestros problemas y le propusimos unas soluciones. Evita se dio vuelta y le dijo a Hugo: ´Resolvé el problema de estos muchachos´. Pero su Secretario adujo que, para eso, hacía falta dictar una ley. Evita agregó categóricamente: ´La ley la hacemos después".
 
No fue un burócrata; era peronista por convicción y entusiasmo revolucionario.
 
"Como todos los trabajadores vivíamos con bajos salarios, sin protección social, con interminables jornadas, condiciones indignas y peligrosas de trabajo  y, encima, maltrato de supervisores y capataces. Para nosotros eso era lo de todos los días: pensábamos que era lo normal, que era la vida del obrero, lo que nos había tocado ser y que nos la teníamos que aguantar. Perón me dijo que eso no era así, que eso era injusto, que había que cambiarlo, y que se podía cambiar si nos uníamos con los compañeros en los sindicatos. Así Perón me abrió la cabeza. Desde entonces supe que nadie tenía derecho a explotar a nadie".
 
Como el más humilde de los militantes relataba su primera salida del país para concurrir a una entrevista con Perón en Caracas:
 
"Me puse un buen traje, que conseguí prestado. Por esa vez usé corbata y mis mejores zapatos. Alguien me dio un portafolio de ´ejecutivo´, para completar la apariencia. Tenía que estar ´presentable´ ante el Jefe.
 
Me tomé una lancha hasta un rancho en el Tigre donde me esperaba un paisano que no hizo preguntas, pero sabía que tenía que llevarme a Uruguay. Era de noche, todo en secreto, en medio de la niebla, sin palabras, con contraseñas y todas esas cosas de las películas. Cruzamos el río y al otro lado, porque estaba inundado, la lancha me dejó cuando encalló en el barro. El gaucho me hizo bajar: ´Camine hacia aquellas luces, sabe? Eso es Carmelo´.
 
Ni una estrella para iluminar donde pisaba. El agua me llegaba a la rodilla. Pensé ¡adiós a mis zapatos lustrados y el bonito pantalón! Y caminé hasta que, en la oscuridad, me choqué con un alambrado: ¡salud, final a mi lujoso saco enganchado en las púas! Y caminé a ciegas tomándome del alambre hasta encontrar una tranquera. Crucé y seguí por lo seco un trecho hasta llegar a una carretera. A esa altura no sabía ni cómo me llamaba y estaba hecho un vagabundo.
 
Pasó un ómnibus y lo paré. El conductor me dijo que Montevideo quedaba para el otro lado. Solidaridad de trabajadores o de cirujas, no se. Pero me llevó a Carmelo y, de vuelta, a Montevideo,... sin cobrarme.
 
Fui a la cita. El viejo Lisazo y don Arturo Jauretche, encargados de un boliche, eran mi posta en la desconocida Montevideo. Me daban su garantía.
 
Era una mina linda y grandota que yo no conocía; se llamaba Elena Fernícola. La especialidad de esta dama era la falsificación de documentos. Tenía que darme un pasaporte para poder salir de Uruguay y llegar a Venezuela, así, como un andrajoso.
 
Fue mi primera entrevista con Perón en el exilio. Él me convenció que yo era un gran dirigente político, porque no pedía nada. Era mejor que todo el neoperonismo que deambulaba por los despachos de Perón en busca de que autorizara acuerdos con la dictadura y los gobiernos ilegítimos. Y lo acepté sólo por lealtad y para servir mejor a nuestra clase trabajadora".
 
¡Cuántas historias como éstas escuchábamos los mocosos que cebábamos mate en las bambalinas de las salas donde se realizaban los plenarios! ¡Cuánto aprendimos en la trastienda, hoy fabulosa, de Molineros!
 
Framini era el hombre sin miedo. Corajudo hasta el extremo de su vida, que arriesgó millares de veces: "Mi mujer decía que era mejor que estuviera preso, porque así estaba más seguro".
 
Aportó en la más rigurosa clandestinidad toda la dictadura del 76. Lo buscaron hasta debajo de las piedras. Un milagro. En todos los órdenes. Fue un sobreviviente que conservó íntegramente sus convicciones.
 
Ni bien fue posible desafiar al régimen se lanzó a participar de encuentros públicos. Emprendía sus charlas advirtiendo:
 
"Yo no hablo por mí. Por eso, quisiera me permitan sostener ante ustedes un diálogo con la compañera Evita".
 
Y empezaba saludándola muy respetuosamente para luego interrogar al imaginado personaje sobre las cuestiones de la actualidad; así, ella sentenciaba de acuerdo a sus valores políticos y, sobre todo, éticos, que Framini se sabía de memoria. Eran una bomba cuando el PJ y el peronismo en general habían adoptado los principios y valores del mercado y la globalización capitalista. Framini entraba por la puerta grande, con quienes creían poder capitalizar a favor su historia; pero terminaba saliendo sigilosamente de los salones oficiales por las puertas traseras. Ningún dirigente con aspiraciones se atrevía a escoltarlo.
 
 
Negro querido, nunca se te olvidaron unas estrofas del himno de aquel Club San Carlos donde diste y recibiste las primeras patadas:
 
. . . . . . . . . . . . . . . . . .
En todos los idiomas
te pidieron pan.
En todos los idiomas
te pidieron paz.
 
Distintos colores
de piel y banderas,
iguales deseos
de una vida nueva.
 
Berisso, barro
monte y esperanza
fábrica y obreros
puerto, barco y añoranza
. . . . . . . . . . . . . . . . . . . . .
 
Negro querido. ¡Cuánto nos hacés falta hoy!
 
Ayudamos a los peronistas: necesitamos recuperar el sentido heroico de la vida, la épica que alienta la conquista de la política como tarea noble, la vocación de servicio al prójimo y el sacrificio de toda ambición individual para poder atender dignamente al hermano, al pueblo, a la clase trabajadora.
 
Hace cien años que el Negro nació. Es seguro que nunca imaginó que jamás iba a morir.
 
 
Ernesto Jauretche
2 de agosto de 2014
Centenario del nacimiento de Andrés Framini

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22-09-2021 / 09:09
 
El 22 de septiembre de 1974 fallece, en la ciudad de Mar del Plata, Juan José Hernández Arregui. Filósofo, intelectual y ensayista, fue un escritor argentino que a partir de 1955, cuando el peronismo es expulsado del poder por antimperialista, inició una importante producción destinada a revisar "el pensamiento nacional" que lo colocó como uno de los referentes principales de la corriente nacionalista de izquierda y la izquierda peronista.

La corriente nacionalista de izquierda, denominada también izquierda nacional o marxismo nacional, surgió en la Argentina a mediados del siglo XX. Sus fundadores replantearon la interpretación de la historia y la cultura nacional con una perspectiva revolucionaria, latinoamericanista y socialista, cuestionando la visión liberal eurocéntrica predominante y su influencia en la izquierda tradicional.

De la confluencia de dos tradiciones ideológicas diferentes, el nacionalismo y el marxismo, se gesta el nacionalismo de izquierda, que se inserta en el cauce más amplio de una corriente nacional y popular peronista. Hernández Arregui es considerado el ideólogo de "Peronismo Revolucionario".

Hernández Arregui, a quien tuve la suerte de conocerlo y tratarlo, fue un intelectual fuertemente comprometido con la política. Sus principales obras: Imperialismo y cultura (1957) La formación de la Conciencia Nacional (1960) ¿Qué es el ser nacional? (1963) Nacionalismo y liberación (1969) Peronismo y socialismo (1972), han formado generaciones enteras de militantes políticos.
 
Escribe: Blas García



22-09-2021 / 09:09
 
A principios de los setenta se acentuó el reclamo popular por el regreso a la Patria de Juan Domingo Perón. El general Alejandro Lanusse había tomado el poder en marzo de 1971 mediante un golpe palaciego dentro del régimen militar surgido en 1966, y decidió restaurar la democracia institucional en 1973.
 
El 22 de septiembre de 1972, en una maniobra fraudulenta, el destituido presidente Perón es excluido, por tercera vez desde 1955, de las elecciones presidenciales. Perón, desde el exilio en España, tomó la decisión de nombrar un candidato a presidente por el peronismo cuya misión sería eliminar la proscripción por la que él no podía presentarse, para que Perón pudiera retornar al país y -tras la necesaria renuncia del presidente peronista que se descontaba que sería elegido- se llamara a elecciones y triunfara Perón.
 
Perón se decidió por Héctor J. Cámpora y el 11 de marzo de 1973, Argentina tuvo elecciones generales. Cámpora, con el apoyo de Perón en el exilio, gana las elecciones con el 49,5% de los votos; el líder radical, Ricardo Balbín, había salido segundo con un 21,3%, y, como el FreJuLi no había obtenido más del 50% de los votos tenía que realizarse un ballotage entre la primera y segunda fuerza.
 
Sin embargo, Balbín reconoció la victoria de Cámpora y renunció al ballotage. El delegado de Perón asumió el 25 de mayo de 1973, dándose así por finalizado el período dictatorial de la autoproclamada Revolución Argentina.
 
Carlos Morales para La Opinión Popular

 
22-09-2021 / 09:09
 
El 22 de septiembre de 1866, en Paraguay -en el marco de la invasión de este país por parte de la Triple Alianza (Argentina, Brasil y Uruguay)- se libra la batalla de Curupaytí donde, en una verdadera masacre,  mueren alrededor de 9.000 argentinos y menos de 100 paraguayos.
 
La batalla tuvo inicio con el bombardeo de la flota brasileña a las fortificaciones paraguayas, seguido del avance terrestre del ejército aliado. Pero las pésimas condiciones del terreno dificultaron el ataque aliado, lo que resultó más fácil a los paraguayos defender sus posiciones. El desenlace de este enfrentamiento fue favorable al ejército paraguayo, y fue su mayor victoria en esa guerra.
 
Cuando los soldados aliados estuvieron a tiro, se ordenó disparar a la artillería paraguaya que estaba casi intacta y que causó enormes bajas a las tropas enemigas que avanzaban en formaciones muy densas y con mucho esfuerzo y lentitud debido a la zona lodosa.
 
Estas fuerzas, al superar la zona batida por la artillería debían pasar por zanjas cubiertas con espinas y estacas para llegar al campo de tiro de la infantería paraguaya atrincherada en sus posiciones. Los soldados aliados no pudieron acercarse a las trincheras enemigas, y los pocos que lograron hacerlo fueron literalmente fusilados.
 
El desastre de Curupaytí, que constituye un cabal ejemplo del fracaso de un ataque frontal sin reconocimiento previo contra una posición prácticamente inexpugnable, paralizó las operaciones de los aliados durante diez meses, terminó de hundir el ya mermado prestigio del entonces presidente argentino Bartolomé Mitre como generalísimo y reavivó especialmente en Argentina el rechazo popular a la guerra, lo cual devino en una serie de levantamientos en las provincias que hicieron forzoso retirar tropas del frente.
 
La Opinión Popular



21-09-2021 / 09:09
20-09-2021 / 10:09
 
El 16 de septiembre de 1955 se produce el golpe militar oligárquico contra el gobierno constitucional de Juan Perón. El 20 de septiembre, Eduardo Lonardi asume la presidencia de la República con una famosa frase que luego fue desvirtuada por la realidad de los hechos: "Ni vencedores, ni vencidos".
 
Pese al eslogan de Lonardi, apenas derrocado Perón, no hubo misericordia con los peronistas y se desató una ola de odio que golpeó a los sectores mayoritarios de la sociedad. No controlaron al sector más violentamente antiperonista y se produjo una secuela sin precedentes de despidos por causas políticas o gremiales.
 
Encarcelaron a todos los diputados, senadores, ministros, intendentes y gobernadores peronistas de todo el país. Fusilaron al secretario general de la CGT de Azul, Manuel Chaves. Saquearon las casas de funcionarios peronistas como Ramón Carrillo, Raúl Apold, Ángel Borlenghi, Oscar Nicolini y Franklin Lucero, entre otros.
 
Aun así, el primer presidente de facto fue visto como demasiado débil: lo sustituyó Pedro Eugenio Aramburu con su siniestro decreto 4.161, que prohibió nombrar a Perón. Lo trataban de "tirano prófugo" y "tirano sonriente"... Con la llegada del gorila Aramburu se intensificó la venganza de los vencedores. El peronismo pasó a estar prohibido y el Movimiento se encontraba desorganizado. Se produce el desbande general de los viejos dirigentes; muy pocos permanecerán en sus puestos de lucha.
 
Los "comandos civiles" atacan los sindicatos obreros y los ocupan a punta de pistola. Se interviene la CGT, se asaltan las Unidades Básicas y se encarcela a sus dirigentes más representativos. Fusilaron militantes peronistas en oscuro basurales. Pero la Resistencia surgió rápida y espontánea en las bases populares indignadas por el derrocamiento de Perón, aunque sus dirigentes estaban presos, ocultos o exiliados.
 
Las bases peronistas no esperaron nada porque no podían esperar. Se largaron a pelear por su cuenta y protagonizaron una de las luchas más puras de la historia política de nuestra Patria, la lucha obrera y popular clandestina por el retorno del Líder. La realizaron al margen de todas las conducciones formales, políticas y gremiales, del PJ y la CGT que estaban intervenidos, y la hicieron desde el seno mismo del Pueblo, porque estaban dispuestos a no rendirse, a no doblegarse, a seguir luchando.
 
Se llenaron todas las cárceles del país con los que resistían a la dictadura militar, con los que exigían la vuelta al sistema constitucional, el retorno de Perón a la Patria y al poder y la restauración de las conquistas sociales obtenidas por la clase trabajadora durante el gobierno justicialista.
 
La campaña de desperonización de los gorilas vencedores no dio el resultado que esperaban y, por el contrario, se inició en el país la Resistencia Peronista, que duraría casi 18 años, hasta el 25 de mayo de 1973.


El retorno del Líder del exilio y la proscripción 
Escribe: Blas García 

 

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