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Sociedad e Interés General - 06-03-2021 / 20:03
UN AMOR QUE HIZO HISTORIA

Rolando Rivas, taxista

Rolando Rivas, taxista
Mónica Helguera Paz, una tilinga de clase alta y Rolando Rivas, taxista, un amor que hizo historia. La telenovela de Alberto Migré se estrenó el 07 de marzo de 1972. Llegó a parar a todo un país.
 
La telenovela de Alberto Migré se estrenó el 07 de marzo de 1972. Llegó a parar a todo un país.
 
"Rolando Rivas, taxista" marcó la historia de la telenovela nacional y, sin duda, influyó en la manera de encarar el género en toda América latina. Inventó el "antigalán", en un Claudio García Satur que no respondía al arquetipo de ese rol, introdujo la realidad política en las historias de amor tanto como la literatura y la música clásica, se jugó a un final no tan feliz como probable, apostó como nunca antes a las grabaciones en exteriores, y sentó las bases del costumbrismo televisivo.
 
De la mano de un grande como Alberto Migré, desde las 22 horas de aquel martes 07 de marzo de 1972, en las noches de Canal 13, Rolando Rivas... iba a marcar para siempre a la TV. Y a muchísimos de sus televidentes.
 
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El barrio porteño, encarnado en ese taxista con todas sus circunstancias, no fue mero marco sino auténtico protagonista de esta telenovela. Las calles de Boedo por las que tantas veces había transitado el propio autor en su infancia, los bares donde siempre había un amigo dispuesto a escuchar y alguna teoría para arreglar el mundo, el patio con glicinas para el mate reparador a la vuelta del trabajo, la noviecita de enfrente, las sorpresas que da la vida, el amor que ocurre sin buscarlo y la cita obligada en Plaza Francia.

¿Qué jovencita de los setenta no quiso ser Mónica Helguera Paz (inolvidable Soledad Silveyra)? La chica era una tilinga de clase alta, pero jugarse por una pasión, por cierto, la reivindicaba.

Y los varones. Mientras la historia romántica, la audacia de los besos y la lectura de El principito con que Rolando le daba las buenas noches a Mónica seducían a las señoras, a las hijas y a las abuelas, personajes tan bien pintados como Magoya (Beba Bidart) o el Corto (Carlos Artigas) acercaban a un público masculino, completamente inédito para el género hasta ese movido 1972.

Algo o mucho estaba cambiando en Buenos Aires. Migré supo verlo y dejar testimonio de aquella ciudad que nunca volvió a ser la que era.

Mientras tanto, la chica rica -pero sola y triste- y el taxista sentimental y melancólico se amaban locamente, saltando por encima de todos los condicionamientos sociales. Esa ciudad retratada al detalle respondía del otro lado de la pantalla.

Julio de 1972. Noche de martes. En la calle, casi nadie. Es un momento dramático. Rolando está destruído. Acaban de matar a su hermano -guerrillero- y él intenta reencontrarlo en los objetos que fueron suyos y que todavía están en su cuarto. En el patio están sus amigos tacheros, algunos vecinos. Pero Rolando está solo, porque la que no está es ella. La escena pasa a la mansión de los Helguera Paz. Mónica discute con su padre: va a ir a lo de Rolando, le disguste a quien le disguste. Llega el corte y medio país suspira aliviado.

Así se seguía Rolando Rivas, taxista, con una pasión que no alcanzaban a registrar ni los -para entonces explosivos- 40 puntos de rating.

Es que aparte de todos sus méritos, Rolando Rivas, taxista fue un fenómeno. Y si no, que lo diga Solita Silveyra, que 40 años después sigue escuchando en los taxis: "De ninguna manera, ¿cómo le voy a cobrar a mi novia?". O que lo diga la flota de taxistas que, hace cinco años, despidió a Migré en la Chacarita como a uno de los suyos.

Rupturista cuando el término ni siquiera había sido acuñado, la primera temporada de la telenovela terminó con la separación de Rolando y Mónica. Porque, vaya paradoja, fue la historia de un amor imposible, que termina imposible, en una sociedad y un tiempo en que lo más difícil parecía al alcance de la mano.

Por Adriana Bruno

Fuente: Clarín espectáculos

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15-04-2021 / 18:04
 
El 16 de abril de 1987, el ignoto teniente coronel Aldo Rico se sublevó con otros camaradas en el Regimiento de Campo de Mayo y durante cuatro días mantuvieron en vilo al pueblo argentino con una velada amenaza de golpe militar, nunca confesada, pero que siempre estuvo latente.
 
La motivación principal de esos militares que se levantaron a tres años y medio después del retorno de la democracia -mientras gobernaba el radical Raúl Alfonsín- era intentar desactivar los innumerables procesos judiciales que los acosaban por violaciones a los derechos humanos durante la dictadura.
 
La Justicia, que ya había condenado a las cúpulas de las Juntas militares, inició causas contra los oficiales de segunda y tercera línea que tenían denuncias en su contra.
 
La actitud intempestiva de los "carapintadas" -llamados así porque en su rol de comandos se habían pintado la cara de negro- fue rechazada por gran parte de la ciudadanía que salió a las calles en forma espontánea en apoyo al sistema democrático.
 
En ese marco, se desarrollaron marchas diarias a partir del Jueves Santo, que concluyeron con una gran manifestación, el domingo de Pascuas en la Plaza de Mayo. Esa tarde, el entonces presidente Alfonsín viajó hasta Campo de Mayo para hablar con Rico con el fin de intentar superar esta crisis.
 
Culminado el motín, el entonces presidente Alfonsín emitió la célebre frase: "Felices Pascuas, la casa está en orden".
 
Por Carlos Morales para La Opinión Popular

 
14-04-2021 / 19:04
 
El antiperonismo fue antipopular, terrorista, antidemocrático y golpista desde su mismo origen. Un hecho muy poco conocido es el atentado terrorista indiscriminado, contra víctimas inocentes, realizado el 15 de abril de 1953 por el antiperonismo, que consistió en la detonación de bombas mientras se realizaba un acto sindical organizado por la Confederación General del Trabajo (CGT) en la Plaza de Mayo de Buenos Aires.
 
Como trágico resultado murieron 7 trabajadores peronistas y más de 90 quedaron heridos, entre ellos 19 mutilados. El atentado se realizó en la histórica Plaza y en la línea A de subterráneos que corre por debajo de la misma, mientras el entonces presidente Juan Perón se dirigía a los trabajadores argentinos desde la Casa Rosada.
 
El 16 de junio de 1955 diversos grupos de militares y civiles antiperonistas ejecutaron el brutal bombardeo en la Plaza de Mayo, asesinando más de 300 personas y dejando heridas a otras 800.
 
Después del golpe del 16 de septiembre de 1955 (Revolución Libertadora), el antiperonismo inició una política para "desperonizar" el país, que incluyó la represión sistemática contra peronistas, con fusilamientos, detenciones arbitrarias, cesantías laborales, discriminación política y proscripciones electorales, que continuó hasta 1973.
 
En especial, cabe mencionar los fusilamientos de 1956 en contra del general Juan José Valle y otros militares y civiles peronistas que se habían levantado contra la dictadura gorila, y que culminó con los fusilamientos clandestinos de peronistas en los basurales de José León Suárez.

Propaganda macrista: De Goebbels a Durán Barba
Escribe: Blas García 

 
13-04-2021 / 20:04
12-04-2021 / 19:04
 
La Unión Cívica fue un partido político de breve existencia a fines del siglo XIX, que inspiró la creación de los partidos modernos en Argentina. Creado en 1890, su división en 1891 dio origen a la Unión Cívica Radical y a la Unión Cívica Nacional.

En 1889 Argentina está convulsionada: una grave crisis económica se ha prolongado por dos años, causando una brusca caída de los salarios, desocupación y un reguero de huelgas nunca antes visto.

La presidencia del General Roca fue sucedida por la de su cuñado, Miguel Juárez Celman, cuyo gobierno se caracterizó por las denuncias de corrupción y autoritarismo; sus opositores llamaban a esa gestión como el Unicato.

El 1 de septiembre de 1889 un grupo de jóvenes convoca a un gran mitin en el Jardín Florida de la ciudad de Buenos Aires, y se constituye como Unión Cívica de la Juventud, con el fin de aglutinar al amplio espectro de opositores al régimen de Juárez Celman, sostenido por el oficialista Partido Autonomista Nacional.

Poco después, el 13 de abril de 1890, el partido juvenil se consolida en un gran acto en el Frontón Buenos Aires, donde se constituye un nuevo partido que será denominado Unión Cívica.

La Unión Cívica se organizó en todo el país y consagró una fórmula para las elecciones presidenciales de 1891 conformada por Bartolomé Mitre y Bernardo de Irigoyen. Sin embargo, Roca acuerda con Mitre una fórmula de unidad nacional entre ambos partidos, encabezada por el propio Mitre.

Al conocer el acuerdo el 16 de abril, Leandro N. Alem se opone al mismo en forma tajante, lo que desencadena la ruptura de la Unión Cívica y constituyen formalmente la Unión Cívica Radical.

La Opinión Popular

 

11-04-2021 / 20:04
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