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Internacionales - 22-02-2021 / 17:02
EN COLOMBIA

Los guerrilleros de las FARC secuestran a la candidata a presidente Ingrid Betancourt

Los guerrilleros de las FARC secuestran a la candidata a presidente Ingrid Betancourt
Ingrid Betancourt.
 
El 23 de febrero de 2002, las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia (FARC) secuestraban en Colombia a la candidata a presidente Ingrid Betancourt. La ex senadora era una referente en la lucha contra la corrupción política y dejó su cargo como senadora para lanzarse como candidata a Presidente y en el marco de esa campaña visitó la "zona de distensión" con el fin de realizar conversaciones de paz con los guerrilleros.
 
Allí fue secuestrada durante seis años, cuatro meses y nueve días, en un hecho que se convirtió de inmediato en una cause célèbre, de relevancia en el mundo. Su figura se erigió como estandarte de la lucha a favor de la paz. Finalmente, el 2 de julio de 2008, las Fuerzas Armadas realizaron una operación de inteligencia militar que logró su liberación.
 
La Opinión Popular

 
Las FARC secuestran en Colombia a la candidata a presidente Ingrid Betancourt  

Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia
 
Las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia - Ejército del Pueblo (FARC-EP) fue una organización guerrillera insurgente y terrorista de extrema izquierda, basada en la ideología y los principios del Marxismo-leninismo, en Colombia. A pesar de los acuerdos de paz entre el gobierno de Juan Manuel Santos y las FARC, el Gobierno de los Estados Unidos todavía mantiene el estatus de agrupación terrorista, ​ mientras que el Ejército le compara con el Estado Islámico (EI) y Al Qaeda.
 
Participó en el conflicto armado colombiano desde su conformación oficial en 1964. Inicialmente estuvo bajo el comando de Pedro Antonio Marín (conocido por los alias de Manuel Marulanda Vélez o Tirofijo) hasta su fallecimiento en marzo de 2008 por causas naturales. Posteriormente, su comandante en jefe fue Guillermo León Sáenz alias Alfonso Cano, hasta que fue abatido por el Ejército de Colombia el día 4 de noviembre de 2011, gracias a la contraofensiva denominada Operación Odiseo.
 
El 15 de noviembre la organización confirmó, por medio de un comunicado, que su nuevo comandante en jefe era Rodrigo Londoño Echeverri, alias Timochenko o Timoleón Jiménez, ​quien los dirigió hasta el 26 de septiembre de 2016, día de la firma de los Acuerdos de La Habana, que buscó terminar el conflicto de esta guerrilla con el Estado colombiano y que esperaba fuesen ratificados por el pueblo colombiano mediante un plebiscito que se celebró el 2 de octubre de 2016, el cual les habría brindado garantías para que abandonaran de manera definitiva la lucha insurgente y así se convirtieran en un movimiento político.
 
El resultado del plebiscito fue una ajustada victoria del No.​ Sin embargo, se renegociaron los acuerdos con base en los que ya existían, teniendo en cuenta algunas objeciones de quienes apoyaron el No, pero buscando una aprobación del congreso, evitando una nueva votación del pueblo; estos nuevos acuerdos se firmaron el 24 de noviembre de 2016.
 
El 28 de agosto de 2017 se celebró en Bogotá el congreso fundacional del nuevo partido32​ que mantiene las siglas FARC pero con el significado Fuerza Alternativa Revolucionaria del Común. ​
 
Los orígenes de las FARC son anteriores a 1964, año en que el presidente en ejercicio Guillermo León Valencia decidió bombardear la entonces llamada "República de Marquetalia", lugar donde estaba asentado un grupo de liberales y comunistas de origen campesino. Este y otros lugares del territorio nacional habían sido denunciados por algunos senadores como "repúblicas independientes", donde la autoridad de estado fue anulada por estas autodefensas campesinas. ​
 
Aunque inicialmente el cauce de las actividades realizadas por las FARC eran de autodefensa y guerra de guerrillas contra el estado, en la década del 80 incursionaron en el narcotráfico, inicialmente cobrando la llamada "vacuna" a los narcotraficantes en el sur del país y luego en los años 90´s, en la llamada "Zona de Despeje" para los diálogos de paz en el gobierno de Andrés Pastrana, con el cultivo de hoja de coca y la producción y tráfico de cocaina por las rutas de la selva hacia los países vecinos y de ahi para Estados Unidos.
 
También incursionaron en otras actividades ilícitas como la minería ilegal, la extorsión, el uso de técnicas de guerra propias del Vietcong como sembrar minas antipersona, el asesinato de civiles, miembros del gobierno, policías y militares, ​ el secuestro con fines políticos o extorsivos, ​ atentados con bombas y armas no convencionales (cilindros de gas, animales bomba), ​actos que han provocado desplazamientos forzados de civiles, reclutamiento de menores, destrucción de puentes y carreteras por medio de bombas con dinamita, además de destrucción de estaciones de policía y las casas de los civiles que se encuentran cerca.
 
Según las Naciones Unidas, las FARC y el ELN fueron responsables de 12% de los asesinatos de civiles del conflicto armado en Colombia.
 
Para el año 2010, se estimaba que las FARC estaban presentes y ejercían su influencia en algunas zonas de 24 de los 32 departamentos de Colombia​ sobre todo en el Centro, al Sur y Oriente del país, concretamente en Putumayo, Cundinamarca, Tolima, Huila, Meta, Casanare, Arauca, Vichada, Caqueta, Guaviare, Nariño, Cauca y Valle del Cauca.
 
El gobierno de Colombia había reportado la existencia de operaciones militares y campamentos en los países que tienen frontera con Colombia, como Venezuela, ​ Ecuador, ​ Panamá​ y Brasil.​
 
Su número de efectivos varía según las fuentes, en 2001 se estimaban hasta en 16.000, ​ pero después de las derrotas sufridas posteriormente, el grupo se vio reducido. Entre 2002 y 2010 se han registrado 12.216 desmovilizados de las FARC.
 
Sin embargo, pese al debilitamiento sufrido, producto de la muerte de sus principales cabecillas, las Fuerzas Militares de Colombia a través del sector Defensa, y la Consultora en Seguridad y Defensa Decisive Point aseguran que entre 2011 y 2013 la cifra de militantes en armas de las FARC pasaron de 9075 a 6672 por la presión de las fuerzas estatales colombianas. En 2014 el Centro de Estudios para el Análisis de Conflictos aseguró que las FARC tenían entre 6.500 y 6.700 miembros militantes en armas.
 
Según un informe de Human Rights Watch, aproximadamente entre el 20% y el 30% son menores de 18 años, muchos según información gubernamental reclutados forzosamente.
 
Las mujeres, que tuvieron presencia en la organización desde un inicio pero sólo se les reconoció como guerrilleras a partir de 1970,​ conforman aproximadamente 40 % de las FARC.
 
El 23 de junio de 2016, después de casi cuatro años de diálogos entre el Gobierno colombiano y las FARC-EP desarrollados en La Habana (Cuba), se declaró el cese temporal pero indefinido de las acciones militares de ambos bandos además de la desmovilización, entrega de armas y reinserción a la vida civil de los militantes del grupo subversivo, siendo el fin de las FARC como organización insurgente y alzada en armas.
 
El 24 de agosto de 2016 se firmó el acuerdo definitivo y ambas partes ordenaron el cese al fuego definitivo a partir de las 00:00 del 29 de agosto. El texto del acuerdo definitivo fue publicado en Internet.
 
El 23 de septiembre, después de terminar la Décima Conferencia Guerrillera (máxima instancia de este grupo subversivo), todos los frentes y bloques de guerra aceptaron acatar los acuerdos firmados en La Habana, además de la entrega de su armamento a la ONU y su posterior desmovilización y reincorporación a la vida civil con excepción de una facción del Frente Primero, que ha manifestado que seguirá en armas.
 
El gobierno sometió a votación del pueblo colombiano la refrendación de los acuerdos firmados con las FARC a través de un plebiscito que se desarrolló el 2 de octubre de 2016, siendo finalmente rechazados por estrecho margen.
 
Esto obligó al gobierno y a las FARC a modificar y/o renegociar los acuerdos ya firmados con las propuestas de los promotores del NO, firmando el acuerdo con estas modificaciones el 24 de noviembre de 2016 en el Teatro Colón de Bogotá (por lo que estos acuerdos son conocidos también como los Acuerdos del Teatro Colón)​ y radicado inmediatamente en el Congreso de la República para su estudio, ratificación e implementación aprobando el texto, tanto en el Senado como en la Cámara de Representantes, pese a las críticas y amenazas de demandar estos nuevos acuerdos por parte del partido opositor y que se había manifestado en contra del proceso de paz, Centro Democrático, debido a la negativa del gobierno a convocar un nuevo plebiscito para que los colombianos los refrenden.
 
Con esta ratificación e implementación en el Congreso, comenzó en forma el proceso de desmovilización de insurgentes y de entrega de las armas a la ONU en un lapso de 180 días, desde el 1 de diciembre de 2016,31​ entrega de armas que culminó el 14 de agosto de 2017, mes y medio después del plazo establecido en los acuerdos.
 
Del 28 al 31 de agosto de 2017 ex-integrantes de las FARC fundaron el partido político Fuerza Alternativa Revolucionaria del Común.
 
Fuente: Wikipedia

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07-01-2026 / 20:01
07-01-2026 / 09:01
El Cartel de los Soles es una truchada. El propio Departamento de Justicia de EE.UU. reconoció en los hechos que no existe el "Cartel de los Soles", la organización "narcoterrorista" que supuestamente encabezaba Nicolás Maduro. No fue ni contra el narcotráfico ni por la democracia: Donald Trump atacó Venezuela por el petróleo. Se cayó la principal excusa del gobierno yanqui para bombardear Venezuela y secuestrar a su presidente. El giro del Departamento de Justicia yanqui desnuda que el verdadero objetivo del ataque imperialista y el secuestro del presidente venezolano siempre fue el petróleo, no la falsa guerra contra las drogas. El papelón alcanza al alcahuete Javier "el Loco" Milei, que también declaró como terrorista al ficticio cartel para complacer a Trump.
 
El tan cacareado Cártel de los Soles resultó ser inexistente. Desde 2020 los Estados Unidos lo utilizó para acusar al presidente constitucional de Venezuela, Maduro, de ser el cabecilla. El creador de esta fábula fue el propio Trump en tiempos de su primer gobierno y la recuperó el año pasado para continuar con su asedio al celoso custodio de la mayor reserva petrolífera del planeta. Sin embargo, el lunes por la noche, esa fábula se desmoronó cuando se conoció que el Departamento de Justicia de Estados Unidos, había reescrito la acusación contra Maduro y dejó de considerar a este cártel como una organización real. La impunidad del poderoso.
 
Este cambió poco le importó a Milei que decidió mantener a los Soles en el Registro Público de Personas y Entidades vinculadas a Actos de Terrorismo y su Financiamiento. Tal vez lo hizo a la espera de que la mentira se convierta en verdad. Lo cierto es que seguir con esta fábula entre los delitos que se le endilgan a Maduro, iba a resultar contraproducente para la estrategia de la fiscalía. Sobre todo, porque el proceso judicial ya tiene un vicio de legalidad de origen: se inició porque antes se invadió y atacó un país extranjero, Venezuela, y se secuestró a su presidente, Maduro.
 
Según trascendió, ahora la acusación de la fiscalía contra Maduro se limita a responsabilizarlo de conducción de un supuesto "sistema clientelar" y desarrollar una "cultura de corrupción" que se nutrió de dinero del narcotráfico.
 
Una vez que Trump comenzó su segundo mandato, resucitó al Cártel de los Soles y la acusación contra Maduro del año 2020. En julio pasado, el Departamento del Tesoro copió textual esa acusación para incorporar al cártel como organización terrorista. Cuatro meses más tarde, el secretario de Estado y uno de los principales asesores en seguridad, Marco Rubio, hizo lo mismo. El relato para la campaña mediática contra Venezuela cerraba perfecto y era casi calcado a otras experiencias norteamericanas con países de Latino América, como fue el caso Panamá en 1989. O la farsa de las inexistentes armas de destrucción masiva en Irak, que justificaron su invasión.
 
Con franqueza imperial, Trump se encargó de despejar cualquier duda sobre las verdaderas motivaciones de la agresión. En una conferencia de prensa afirmó sin tapujos que su intención era "administrar" Venezuela para "recuperar" su petróleo, como si ese recurso natural perteneciera a Estados Unidos y no al pueblo venezolano. La frase, brutal en su sinceridad, pulverizó de un solo golpe el andamiaje discursivo con el que durante años se intentó justificar el hostigamiento contra los gobiernos bolivarianos.
 
Quedó así al desnudo que el problema de Washington con Maduro nunca fue el supuesto "fraude" en las elecciones presidenciales del 28 de julio de 2024, ni la acusación de ser una "dictadura", ni mucho menos la fantasía judicial del inexistente Cartel de los Soles. El verdadero conflicto es geopolítico y económico: Venezuela posee las mayores reservas probadas de petróleo convencional del planeta y ha insistido, desde la Revolución Bolivariana, en ejercer soberanía sobre ellas. Para el imperialismo yanqui, ese pecado es imperdonable.
 
La Opinión Popular
 

07-01-2026 / 08:01
07-01-2026 / 08:01
06-01-2026 / 11:01
Si algo confirmó el ataque yanqui a Venezuela fue que Nicolás Maduro era el presidente legítimo de ese país. Terminó con la discusión de su elección y de las famosas actas. Si no fuera así, la oposición no habría presentado actas truchas y Washington no hubiera necesitado intervenir por la fuerza. Si la oposición tenía tanto respaldo como decían, el matón Donald Trump no los hubiera despreciado públicamente como hizo en la conferencia de prensa donde anunció el secuestro del mandatario venezolano y su esposa.
 
El mundo cambió, algunos dicen que no es cierto que Estados Unidos sea una potencia en decadencia. Y es al revés. Tiene que usar la fuerza para mantener su hegemonía porque su economía está en problemas y es difícil que pueda recuperarse. Pero es la primera potencia militar por lejos. La sigue Rusia y después China. Pero China y Rusia sumadas sobrepasan el poderío norteamericano, que tiene 18 bases militares fuera de su territorio, más sus aliados de la OTAN. Como las medidas económicas ya no tienen la fuerza necesaria, aplica la fuerza más importante que le queda, que es la militar.
 
Es obvio que a China y a Rusia no les gusta la intervención militar norteamericana, pero no moverán un soldado porque aceptan que América sea zona de influencia norteamericana. Si Latinoamérica es zona de influencia de Washington, es obvio que Ucrania resulta zona de influencia de Rusia y que Taiwán y sus alrededores es zona de influencia de China. Las potencias están demarcando sus zonas de influencia. Permitirán la presencia de otras economías mientras no crean que los amenaza.
 
Lo que no se resuelve por la política, se resuelve por la fuerza. Los argentinos sabemos esa máxima de la realidad. Y la lógica de la fuerza, no es progresiva porque la única forma de defenderse es tener más fuerza que el posible agresor. O sea: la regla será una nueva carrera armamentística con la proliferación de arsenales nucleares. Muy peligroso.
 
El tema principal con Venezuela no sería tanto la provisión de petróleo, porque le vende todo el que necesita y ha aclarado en repetidas oportunidades que no tienen intenciones de retacearlo. Tampoco sería el hecho de que le venda a China. El problema es que los tratos con Beijing no se realizan en dólares.
 
Y si el mundo abandona el dólar como moneda internacional, Estados Unidos sería aplastado por su enorme deuda y los problemas en sus cadenas de suministro internacionalizadas. El año próximo, por primera vez, los vencimientos de su deuda serían mayores que su enorme gasto militar. Por supuesto que la intención de máxima es tomar el control directo de las grandes reservas de petróleo venezolano.

En Argentina y en todas partes, pasa a ser más necesario que nunca que sus Fuerzas Armadas recuperen el sentido nacional que terminaron de perder durante la Guerra Fría. Es un mundo en el que prima la fuerza y las relaciones de dominación. Resignarse en este mundo es aceptar el sometimiento como ocurre con el gobierno actual. El camino para preservar los intereses propios está en fortalecerse en los organismos de integración regional y la diversificación de mercados en organismos como el de los BRICS.

La operación de comandos que secuestró a Maduro fue exitosa desde su punto de vista. Pero como Estados Unidos no puede arriesgar una invasión de infantería similar a la de Panamá el objetivo de máxima era de cambio de régimen. El secuestro de Maduro debía provocar saqueos, levantamientos de multitudes y en cascada, fracturas en las Fuerzas Armadas. La oposición de Corina Machado no podía garantizar ni un acto mínimo. La decepción de Trump fue evidente. En vez de reemplazar al régimen está obligado a negociar con él, aunque presione con la cárcel de Maduro
Trump utiliza la agresión a Venezuela para amenazar a los gobiernos de América que no se someten a EE.UU.

 

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