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“¿Que hizo la iglesia cuando estábamos buscando a nuestros hijos, si no ser cómplice de la dictadura? Confiábamos en un obispo y después era el que nos entregaba". Estela de Carlotto
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Sociedad e Interés General - 12-01-2021 / 18:01

Horacio Guarany, la historia de un artista perseguido

Horacio Guarany, la historia de un artista perseguido
Horacio “Pueblo” Guarany.
 
El 13 de enero de 2017, en Luján, Buenos Aires, fallece a los 91 años, Eraclio Catalín Rodríguez Cereijo​, más conocido como Horacio Guarany. El cantautor tuvo una vida turbulenta, donde no siempre primaron los aplausos a la intemperie. Tras recibir atentados de bomba por parte de la Triple A, en 1974 se exilió en Venezuela. La Dictadura prohibió sus discos, y en 1978, en su regreso al país, sufrió otro atentado.
 
Cuando en 2008 el Festival de Cosquín quiso homenajear a Horacio Guarany, el cantante lo relativizó. "El único homenaje que vale es el que me hace el pueblo, llenando plazas, clubes, teatros, durante 58 años. Yo rechazo los homenajes", sentenció.
 
No es para menos: ¿qué valor tienen las instituciones que, dependiendo del viento, levantan o bajan las banderas de tal o cual artista? Porque este cantautor argentino -para muchos el más grande folclorista de la historia- tiene un largo anecdotario de persecuciones, exilio y desventuras; y siempre actuó con mucha coherencia al respecto.
 
La Opinión Popular



El viernes 13 de enero de 2017 Guarany murió de un paro cardíaco en su casa de Luján. Tenía 91 años, y a su tumba se llevó algunos secretos y vivencias jamás contadas. Pero si hay algo a saber es que este hombre, de padre aborigen y madre española, las vivió todas. Basta con empezar diciendo -así comienzan las buenas historias- que nació bajo el nombre de Eraclio Catalín Rodríguez Cereijo en pleno monte del Chaco Austral, en el norte de la provincia de Santa Fe, dentro del pueblo Las Garzas. En medio de la nada, podría decirse. Corría el año 1925, y Eraclio era el penúltimo de 14 hermanos. Y de la nada terminó alcanzándolo todo, dejando una gran marca en la cultura, ese limbo eterno en la tierra.
 
Tenía 18 años cuando se fue a probar suerte a Buenos Aires. Había poco trabajo en aquellas tierras, con lo cual era lógico que, teniendo en cuenta su don para la guitarreada, fuera a intentar el estrellato. Vivió en una pensión de la Boca sobreviviendo con cuanta changa encontrara, mientras el peronismo estaba en todo su apogeo. Y Guarany, al notar el rol activo que las clases populares tomaban en la vida política, se volvió peronista.
 
Para cuando en 1955 llegó la Revolución Libertadora de Eduardo Lonardi y Pedro Eugenio Aramburu, la cosa cambió. Tras el derrocamiento de Juan Domingo Perón, el cantante se hizo comunista y se afilió al partido. En aquel entonces solía decir que pertenecía "al glorioso Partido Comunista", lo que le trajo alguna que otra complicación.
 
En los 60 fue encontrando los frutos de tanto trabajo en los bares más bohemios de Buenos Aires, y fue pionero en Cosquín, en 1961. Pero la década siguiente la situación se tornó difícil. Ya con un puñado importante de canciones populares, un par de películas y un prestigio dentro del género del folclore, Guarany sufrió, primero, amenazas de muerte, y luego atentados con bombas.
 
Corría 1974, y la Triple A (la Alianza Anticomunista Argentina, el grupo parapolicial al mando de José López Rega) quería muerto a Guarany. Y al cantante le llegó el anuncio de que debía abandonar el país en 48 horas. Entonces llegó el primer exilio: la ruta con estadías fue Venezuela-México-España. El tercer gobierno peronista era una máquina de aniquilar disidentes de izquierda.
 
Cuando el Ministerio de Defensa Agustín Rossi, en 2013, develó las listas negras de la dictadura cívico-militar, el nombre de Horacio Guarany figuraba allí. En los primeros años del autodenominado Proceso de Reorganización Nacional, con Jorge Rafael Videla a la cabeza, sus canciones fueron prohibidas. "La guerrillera", por ejemplo, canta "poncho abierto sobre el alba, la guerrillera viene abriendo los caminos", y esa imagen, tan llena de esperanza y ferocidad, era una bofetada a las ansias de orden militar.
 
Horacio esperó algunos años y volvió al país; fue en diciembre de 1978. La metáfora del ambiente espeso está gastada, pero es más que elocuente. Tal es así que a menos de un mes de su asentamiento en Argentina, una bomba estalló en su casa de Coghland, en Capital. No era momento de irse, habrá pensado, pese a que la persecución era inminente. Entonces se quedó. Claro, salió del caos porteño, del lío de departamentos y autopistas, y se fue al interior, a improvisar espectáculos: contaba con un público que lo adoraba, su arte tenía espectador, y sólo era cuestión de encontrar la forma de esquivar los tentáculos castristas, porque este hombre era un libertario, un escurridizo comunista de la voz.
 
Ya en 1984, cuando la democracia se palpaba como una verdad temerosamente aliviadora, en el centro de un Luna Park repleto recitó su "Plegaria por la paz": "Para que los asesinos no vuelvan nunca más...". Hoy, al enterarse del fallecimiento, Nacha Guevara -quien también debió abandonar el país de la noche a la mañana en esos tormentosos años- escribió sobre Guarany: "Se fue el compañero del exilio más solidario, más generoso y más coherente. Gracias por tu ejemplo en esos días".
 
Un sobreviviente, si se permite la metáfora, pues así fue que sobrevivió en los oscuros años de la Dictadura, yendo y viniendo de pueblo en pueblo, de ciudad en ciudad, tocando en lugares remotos, para poca o mucha gente. El folclore, como género, tiene y tuvo esa forma de alegría y nostalgia trenzada, una espada que conmueve lentamente a medida que se clava. Horacio Guarany fue uno de los mejores espadachines.
 
Por Luciano Sáliche
 
Fuente: infobae.com

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22-01-2021 / 19:01
22-01-2021 / 18:01
 
Juan Perón fue construyendo apoyo y poder popular mediante las políticas sociales, laborales y previsionales que desarrolló como funcionario de Pedro Ramírez y de Edelmiro Farrell, durante el gobierno de la Revolución Nacional que se instaló en junio de 1943.
 
El 23 de enero de 1945, mediante el Decreto N° 1440, la Secretaría de Trabajo y Previsión -con rango ministerial- a cargo del coronel Perón proclama el derecho de los trabajadores a gozar de un período de vacaciones pagas.
 
Los trabajadores argentinos comenzaron a disponer de una serie de días consecutivos de vacaciones pagas mediante un programa de acceso al turismo social. Una multitud de trabajadores empezó a descubrir un país hasta entonces muy poco conocido.
 
Aquella primera década peronista (interrumpida por el golpe oligárquico de 1955) fue el escenario de cambios sociales sin precedentes en el país. Gracias al incremento del salario real y al desarrollo de la industria, amplios sectores de la población comenzaron a participar en espacios y prácticas de consumo que les habían estado negados desde siempre.
 
Los trabajadores colmaron tiendas y ciudades turísticas, obtuvieron viviendas y las dotaron de confort, y mejoraron su alimentación y su vestimenta. El surgimiento de ese consumidor obrero fue una fuerza social que no sólo modeló una nueva cultura comercial y turística, sino que transformó relaciones e identidades colectivas y redefinió el rol de un nuevo Estado de bienestar con nuevos derechos. 
 
Desde sus inicios, este proceso generó el rechazo de las clases sociales altas y resistencias del conservadurismo político gorila. El 19 de septiembre de 1945, sectores medios y altos realizan la "Marcha de la Constitución y la Libertad", que reunió 200.000 personas. Y estaba al frente el embajador yanqui Spruille Braden quien apoyó abiertamente a la Unión Democrática: la alianza de conservadores, radicales, socialistas y comunistas que enfrentó a Perón en los comicios de 1946.

 
Y Perón aprovechó esa postura del embajador yanqui para defender las conquistas sociales logradas, planteando una opción nacional y popular frente al capitalismo foráneo y las élites locales serviles. "Braden o Perón" no sólo fue un eslogan de campaña, sino también una proclama de principios de los tiempos fundacionales del peronismo.

 Propaganda macrista: De Goebbels a Durán Barba
Por Blas García 

22-01-2021 / 18:01
 
El copamiento del cuartel de La Tablada es un intento de ocupación de los cuarteles del Regimiento de Infantería Mecanizado 3 General Belgrano del Ejército Argentino en La Tablada, provincia de Buenos Aires, el 23 y 24 de enero de 1989 por parte de miembros del Movimiento Todos por la Patria (MTP). Resultaron muertos 32 guerrilleros, 9 militares y 2 policías.
 
Al momento de realizarse el ataque en la conducción del MTP se encontraban, además de Enrique Gorriarán Merlo, otros que como él habían militado en el Ejercito Revolucionario del Pueblo ERP pero que habían estado en la cárcel hasta el retorno de la democracia a la Argentina en diciembre de 1983, como Francisco Provenzano, Roberto Felicetti yCarlos Samojedny, que participaron en La Tablada.
 
Por otra parte, en diciembre de 1987 habían abandonado el MTP algunas personalidades notorias de la dirección como Rubén Dri y Manuel Gaggero, quienes habían participado allí desde el primer momento, así como grupos importantes de militantes, sobre todo en Buenos Aires, Gran Buenos Aires y Córdoba, disconformes con el rumbo abiertamente vanguardista y el cariz conspirativo que tomaba el MTP, y con la presencia cada vez más determinante de la figura de Gorriarán Merlo.
 
El 23 de enero de 1989, durante el gobierno de Raúl AlfonsínGorriarán Merlo (ex jefe del grupo guerrillero ERP) lideró un grupo armado de integrantes del MTP que atacó y ocupó parcialmente el Regimiento de Infantería Mecanizado 3 con asiento en La Tablada.
 
El MTP, que desde el primer momento presentó la toma como el intento de impedir un supuesto golpe de Estado planeado por el entonces candidato a presidente Carlos Saúl Menem y el coronel Mohamed Alí Seineldín, al iniciarse el ataque arrojó en las cercanías del cuartel volantes atribuibles a un supuesto comando llamado «Nuevo Ejército Argentino» que pretendía derrocar al presidente Alfonsín.
 
Desde el primer momento, los militares conocían que el ataque era realizado por elementos de la izquierda e, incluso, inteligencia conocía previamente que un movimiento rebelde iba a atacar a alguna unidad militar del área metropolitana y que por eso el entonces titular del Ejército Argentino, teniente general Francisco Gassino, dispuso reforzar la infantería.
 
Inmediatamente después del copamiento, efectivos policiales de la Provincia de Buenos Aires, rodearon el cuartel a modo de primera línea de emergencia para repeler a los guerrilleros hecho que confundió a la población ya que se pensó que la Policía era la que atacaba las instalaciones militares, dado que no se tenía conocimiento del grupo.
 
Finalmente, efectivos pertenecientes al Ejército consiguieron la recuperación del cuartel, tras ser auxiliados y apoyados por la Policía de la Provincia de Buenos Aires, sin aceptar las tres solicitudes de rendición de los guerrilleros y atacando con fósforo blanco, arma prohibida por las Naciones Unidas. Además, se habrían realizado ejecuciones extrajudiciales, tortura y desaparición de guerrilleros.
 
La Opinión Popular



22-01-2021 / 18:01
22-01-2021 / 17:01
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