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Internacionales - 17-11-2020 / 18:11
LA FIESTA GAY QUE SORPRENDIÓ A MÉXICO A PRINCIPIOS DEL SIGLO XX

El baile de los cuarenta y un maricones

El baile de los cuarenta y un maricones
Dibujo del Periódico Hoja Suelta publicado en 1901 a raíz del Baile de los 41.
 
«El baile de los cuarenta y uno» o «de los cuarenta y un maricones» fue el escándalo más sonado del siglo XX en México. El hecho se refiere a una redada realizada el 18 de noviembre de 1901, durante el mandato del general Porfirio Díaz.
 
La redada, realizada en la calle de la Paz, era contra un baile de hombres que se estaba realizando en una vivienda particular, de los cuales 22 estaban vestidos de hombres y 19, de mujeres. La prensa mexicana se cebó en el hecho, pese a que el Gobierno se esforzó en ocultar el asunto, puesto que los detenidos pertenecían a las clases altas de la sociedad porfiriana. La lista de los nombres nunca fue revelada.
 
Enseguida se extendió el rumor de que en realidad serían 42 los detenidos, siendo el número cuarenta y dos el yerno de Porfirio DíazIgnacio de la Torre y Mier, al que se le habría permitido la fuga.
 
Pese a que la redada no tuvo asideros legales y fue completamente arbitraria, los 41 detenidos acabaron por la fuerza en el ejército. El castigo para quienes no compraron ni libertad ni silencio fueron los trabajos forzados en el Valle Nacional, Oaxaca.
 
El antecedente del Baile de los 41 permitió, a partir de ese momento, las redadas continuas, chantajes policíacos, torturas, palizas, envíos a la cárcel y al penal de las Islas Marías se sucedan unos tras otros con la simple mención de «ataque a la moral y las buenas costumbres».
 
La Opinión Popular



"El baile de los 41": la escandalosa fiesta gay que sorprendió a México a principios del siglo XX
 
Ciudad de México, 18 de noviembre de 1901. El más sonado escándalo de principios del siglo XX en México está a punto de estallar, en pleno centro de la capital.
 
La madrugada de ese domingo, en una casa marcada con el número 4 de la calle de la Paz (que hoy se llama Ezequiel Montes, en la colonia Tabacalera), la policía irrumpió en una fiesta privada donde había 42 hombres que bailaban entre sí, la mayoría de familias aristocráticas.
 
Esa no fue la peor parte, que ya de por sí era escandalosa a la vista de la época. Lo peor fue saber que, de aquellos 42, 19 vestían de mujer y que incluso en una recámara estaba tendido a un joven que las crónicas de la época identifican como "Bigotes Rizados". Los rumores y las leyendas de aquella redada dirán que fue premio de una "rifa" entre los asistentes.
 
La prensa de la época hizo eco del sobresalto moral que significó aquella redada. Hubo burlas homofóbicas, rumores y leyendas sobre "La aristocracia de Sodoma", como llamó a los detenidos el periódico El Hijo del Ahuizote.
 
Nunca se despejó la duda de quiénes habían caído en aquella redada, pero El Popular, otra publicación de la época, anotaba que "todos son pollos gordos, algunos riquillos que la portan; criados en paños azules".
 
Aquel periódico reveló además que "pretendieron huir para quitarse los vestidos del sexo contrario al suyo; pero al darse cuenta la policía que se trataba de algo grave, no dejó salir a ninguno de los 42″. Luego anota: "No daremos a nuestros lectores más detalles por ser en sumo asquerosos".
 
 
El yerno incómodo
 
Además del escándalo que significó la noticia, una incógnita no despejada circuló por aquellos días y sobrevivió hasta la fecha: que entre los detenidos -y los vestidos de mujer- estaba nada menos que Ignacio de la Torre, yerno del presidente Porfirio Díaz, casado con Amada Díaz, su hija mayor y la más consentida.
 
En una crónica sobre este episodio publicada en la revista Letras Libres, el escritor mexicano Carlos Monsiváis relata que, aun cuando los reportes de la prensa insistían en que los detenidos eran 42, al paso de los días la cifra se ajustó a 41. "...el que desaparece de la lista, compra su libertad a precio de oro y huye por las azoteas, es don Ignacio de la Torre, casado con la hija de Porfirio Díaz".
 
Anota además que, "más que ningún otro hecho, lo que distingue a la redada es la presencia, certificada por el chisme masivo, del Primer Yerno de la Nación".
 
El general Porfirio Díaz debió intentar por todos los medios -que eran todos a su alcance en calidad de presidente, militar y dictador- acallar el escándalo. Pero no pudo y los chismes llegaron hasta oídos de Amada, la hija del dictador casada con Ignacio de la Torre.
 
Hay quienes aseguran que en su diario escribió: "Un día mi padre me mandó llamar al despacho en su casa. Me quería informar que Nacho había sido capturado por la policía en una fiesta donde todos eran hombres, pero muchos estaban vestidos de mujer. Ignacio -me dijo mi padre- fue dejado libre para impedir un escándalo social, pero quise prevenirte porque tienes derecho a saber del comportamiento con la persona con que vives".
 
De por sí ya se decían cosas de él. Por ejemplo, cuenta Monsiváis en su cónica "Los 41 y la gran redada", que "en la hacienda de don Nacho, en Morelos, trabaja por un tiempo Emiliano Zapata, quien -según la leyenda- va por vez primera a la ciudad de México como caballerango de don Nacho, y este viaje, también se dice, perfecciona su homofobia". Decían, pues, que Ignacio de la Torre estaba enamorado de Zapata.
 
 
Los 42 que se convirtieron en 41
 
Eliminada la presencia de Ignacio de la Torre, aquella fiesta de los 42 se convirtió en "El Baile de los 41", y atravesó el tiempo como el episodio que descubrió la homosexualidad en la Ciudad de México.
 
Los rumores que flotaba sobre aquella fiesta de hombres inflamaron la imaginación popular. A las manos de la gente llegaban los ejemplares de la Gaceta Callejera, una hoja suelta que se repartía de mano en mano y que en esos días tuvo edición especial titulada: "Los 41 maricones encontrados en un baile de la calle de La Paz el 20 de noviembre de 1901".
 
Este título iba acompañado de una caricatura que mostraba a un grupo de hombres bailando en parejas. También tenía impreso un corrido que decía: "Aquí están los maricones, muy chulos y coquetones".
 
A la mofa se sumó, en general, toda la prensa de la época y los grabados de José Guadalupe Posadas que ilustraron el episodio, de principio a fin, con ácidas imágenes acompañadas de frases o versos burlones y homofóbicos. El número "41" se convirtió así en el sambenito de los homosexuales.
 
Francisco Uriquizo, historiador y cronista de la Revolución mexicana, escribió al respecto: "En México el número 41 no tiene ninguna validez y es ofensivo para los mexicanos. [...] La influencia de esa tradición es tal que hasta en lo oficial se pasa por alto el número 41. No hay en el ejército División, Regimiento o Batallón que lleve el número 41. Llegan hasta el 40 y de allí se saltan hasta el 42. No hay nómina que tenga renglón 41. No hay en las nomenclaturas municipales casas que ostentes el número 41. Nadie cumple 41 años".
 
Quién iba querer cargar con tamaño estigma, luego de conocer el castigo a que fueron sometidos los 41, quienes al día siguiente de la redada les impusieron un peculiar castigó: tuvieron que barrer las calles vestidos de mujer, como los habían encontrado.
 
Después fueron "expulsados" de la Ciudad de México y trasladados a la cárcel de Belén, en Yucatán, donde tuvieron que someterse al servicio militar con la advertencia, además, de que serían llamados a combate en caso necesario.
 
Aquí hay que aclarar que nunca hubo lista ni identidad de todos los detenidos, ni archivo de su proceso legal. Esto despertó rumores: que no todos habían recibido castigo. Para atajar esta versión, las autoridades publicaron comunicados en la prensa en los que aseguraban que todos cumplían condena en Yucatán, sin distinción de apellidos.
 
No fue así. Monsiváis escribió que "en el envío de los homosexuales a Yucatán, a pagar con trabajos forzados su crimen, el número disminuye considerablemente. Son apenas 19. Sin temor de calumniar la honradez proverbial del aparato de justicia en el México de 1901, es seguro que 22 o 23 víctimas de la redada compraron su libertad".
 
 
La batalla por los derechos había comenzado
 
Una novela apareció publicada 5 años después de este episodio. Su título fue "Los cuarenta y uno: novela crítico-social", firmada con el seudónimo de Eduardo A. Castrejón.
 
Fue editado por primera vez por la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM) y contiene las ilustraciones de José Guadalupe Posadas, un prólogo de Carlos Monsiváis y la coordinación y el estudio crítico de Robert McKee Irwin, un académico especialista en Literatura Comparada, estudios de la cultura mexicana y latinoamericana, y estudios de género y sexualidad.
 
El libro contiene todo el rechazo de la época a la homosexualidad y el travestismo, pero es profuso en los detalles al describir desde los preparativos de la fiesta hasta el momento de la deportación a Yucatán.
 
En adelante, el tema alimentó ensayos y crónicas que repasan el clima hmofóbico que predominó durante mucho tiempo en la capital del país y todavía en muchos estados.
 
A propósito del "Baile de los 41", hay una placa conmemorativa en el Centro de la Ciudad de México. Es una placa de desagravio y en ella se afirma que esa redada de 1901 inaugura de alguna manera la defensa de los derechos civiles de los homosexuales en México. Una batalla que ha sido larga y todavía no concluye.
 
Por Elia Baltazar
 
Fuente: Infobae
 
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07-01-2026 / 09:01
El Cartel de los Soles es una truchada. El propio Departamento de Justicia de EE.UU. reconoció en los hechos que no existe el "Cartel de los Soles", la organización "narcoterrorista" que supuestamente encabezaba Nicolás Maduro. No fue ni contra el narcotráfico ni por la democracia: Donald Trump atacó Venezuela por el petróleo. Se cayó la principal excusa del gobierno yanqui para bombardear Venezuela y secuestrar a su presidente. El giro del Departamento de Justicia yanqui desnuda que el verdadero objetivo del ataque imperialista y el secuestro del presidente venezolano siempre fue el petróleo, no la falsa guerra contra las drogas. El papelón alcanza al alcahuete Javier "el Loco" Milei, que también declaró como terrorista al ficticio cartel para complacer a Trump.
 
El tan cacareado Cártel de los Soles resultó ser inexistente. Desde 2020 los Estados Unidos lo utilizó para acusar al presidente constitucional de Venezuela, Maduro, de ser el cabecilla. El creador de esta fábula fue el propio Trump en tiempos de su primer gobierno y la recuperó el año pasado para continuar con su asedio al celoso custodio de la mayor reserva petrolífera del planeta. Sin embargo, el lunes por la noche, esa fábula se desmoronó cuando se conoció que el Departamento de Justicia de Estados Unidos, había reescrito la acusación contra Maduro y dejó de considerar a este cártel como una organización real. La impunidad del poderoso.
 
Este cambió poco le importó a Milei que decidió mantener a los Soles en el Registro Público de Personas y Entidades vinculadas a Actos de Terrorismo y su Financiamiento. Tal vez lo hizo a la espera de que la mentira se convierta en verdad. Lo cierto es que seguir con esta fábula entre los delitos que se le endilgan a Maduro, iba a resultar contraproducente para la estrategia de la fiscalía. Sobre todo, porque el proceso judicial ya tiene un vicio de legalidad de origen: se inició porque antes se invadió y atacó un país extranjero, Venezuela, y se secuestró a su presidente, Maduro.
 
Según trascendió, ahora la acusación de la fiscalía contra Maduro se limita a responsabilizarlo de conducción de un supuesto "sistema clientelar" y desarrollar una "cultura de corrupción" que se nutrió de dinero del narcotráfico.
 
Una vez que Trump comenzó su segundo mandato, resucitó al Cártel de los Soles y la acusación contra Maduro del año 2020. En julio pasado, el Departamento del Tesoro copió textual esa acusación para incorporar al cártel como organización terrorista. Cuatro meses más tarde, el secretario de Estado y uno de los principales asesores en seguridad, Marco Rubio, hizo lo mismo. El relato para la campaña mediática contra Venezuela cerraba perfecto y era casi calcado a otras experiencias norteamericanas con países de Latino América, como fue el caso Panamá en 1989. O la farsa de las inexistentes armas de destrucción masiva en Irak, que justificaron su invasión.
 
Con franqueza imperial, Trump se encargó de despejar cualquier duda sobre las verdaderas motivaciones de la agresión. En una conferencia de prensa afirmó sin tapujos que su intención era "administrar" Venezuela para "recuperar" su petróleo, como si ese recurso natural perteneciera a Estados Unidos y no al pueblo venezolano. La frase, brutal en su sinceridad, pulverizó de un solo golpe el andamiaje discursivo con el que durante años se intentó justificar el hostigamiento contra los gobiernos bolivarianos.
 
Quedó así al desnudo que el problema de Washington con Maduro nunca fue el supuesto "fraude" en las elecciones presidenciales del 28 de julio de 2024, ni la acusación de ser una "dictadura", ni mucho menos la fantasía judicial del inexistente Cartel de los Soles. El verdadero conflicto es geopolítico y económico: Venezuela posee las mayores reservas probadas de petróleo convencional del planeta y ha insistido, desde la Revolución Bolivariana, en ejercer soberanía sobre ellas. Para el imperialismo yanqui, ese pecado es imperdonable.
 
La Opinión Popular
 

07-01-2026 / 08:01
07-01-2026 / 08:01
06-01-2026 / 11:01
Si algo confirmó el ataque yanqui a Venezuela fue que Nicolás Maduro era el presidente legítimo de ese país. Terminó con la discusión de su elección y de las famosas actas. Si no fuera así, la oposición no habría presentado actas truchas y Washington no hubiera necesitado intervenir por la fuerza. Si la oposición tenía tanto respaldo como decían, el matón Donald Trump no los hubiera despreciado públicamente como hizo en la conferencia de prensa donde anunció el secuestro del mandatario venezolano y su esposa.
 
El mundo cambió, algunos dicen que no es cierto que Estados Unidos sea una potencia en decadencia. Y es al revés. Tiene que usar la fuerza para mantener su hegemonía porque su economía está en problemas y es difícil que pueda recuperarse. Pero es la primera potencia militar por lejos. La sigue Rusia y después China. Pero China y Rusia sumadas sobrepasan el poderío norteamericano, que tiene 18 bases militares fuera de su territorio, más sus aliados de la OTAN. Como las medidas económicas ya no tienen la fuerza necesaria, aplica la fuerza más importante que le queda, que es la militar.
 
Es obvio que a China y a Rusia no les gusta la intervención militar norteamericana, pero no moverán un soldado porque aceptan que América sea zona de influencia norteamericana. Si Latinoamérica es zona de influencia de Washington, es obvio que Ucrania resulta zona de influencia de Rusia y que Taiwán y sus alrededores es zona de influencia de China. Las potencias están demarcando sus zonas de influencia. Permitirán la presencia de otras economías mientras no crean que los amenaza.
 
Lo que no se resuelve por la política, se resuelve por la fuerza. Los argentinos sabemos esa máxima de la realidad. Y la lógica de la fuerza, no es progresiva porque la única forma de defenderse es tener más fuerza que el posible agresor. O sea: la regla será una nueva carrera armamentística con la proliferación de arsenales nucleares. Muy peligroso.
 
El tema principal con Venezuela no sería tanto la provisión de petróleo, porque le vende todo el que necesita y ha aclarado en repetidas oportunidades que no tienen intenciones de retacearlo. Tampoco sería el hecho de que le venda a China. El problema es que los tratos con Beijing no se realizan en dólares.
 
Y si el mundo abandona el dólar como moneda internacional, Estados Unidos sería aplastado por su enorme deuda y los problemas en sus cadenas de suministro internacionalizadas. El año próximo, por primera vez, los vencimientos de su deuda serían mayores que su enorme gasto militar. Por supuesto que la intención de máxima es tomar el control directo de las grandes reservas de petróleo venezolano.

En Argentina y en todas partes, pasa a ser más necesario que nunca que sus Fuerzas Armadas recuperen el sentido nacional que terminaron de perder durante la Guerra Fría. Es un mundo en el que prima la fuerza y las relaciones de dominación. Resignarse en este mundo es aceptar el sometimiento como ocurre con el gobierno actual. El camino para preservar los intereses propios está en fortalecerse en los organismos de integración regional y la diversificación de mercados en organismos como el de los BRICS.

La operación de comandos que secuestró a Maduro fue exitosa desde su punto de vista. Pero como Estados Unidos no puede arriesgar una invasión de infantería similar a la de Panamá el objetivo de máxima era de cambio de régimen. El secuestro de Maduro debía provocar saqueos, levantamientos de multitudes y en cascada, fracturas en las Fuerzas Armadas. La oposición de Corina Machado no podía garantizar ni un acto mínimo. La decepción de Trump fue evidente. En vez de reemplazar al régimen está obligado a negociar con él, aunque presione con la cárcel de Maduro
Trump utiliza la agresión a Venezuela para amenazar a los gobiernos de América que no se someten a EE.UU.

 

05-01-2026 / 20:01
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