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Nacionales - 08-11-2020 / 09:11

Una semana con buenas nuevas: Avanza la vacuna rusa, asumió Arce en Bolivia, Trump se va

Una semana con buenas nuevas: Avanza la vacuna rusa, asumió Arce en Bolivia, Trump se va
Fue una buena semana para el oficialismo. En el centro de la escena, con buenas nuevas referidas a la salud y alivios en el escenario internacional. No es poco, en la era de la distopía; no alcanza pero alivia.
La victoria del presidente Luis Arce en Bolivia oxigena el cuadro regional concretando una hazaña política. Los dirigentes del MAS resolvieron competir en desventaja aunque fueron perseguidos, reprimidos, proscripto el ex presidente Evo Morales, exiliados de prepo décadas de dirigentes. Jugaron de visitante, con cancha en declive, golearon.
 
Se valieron de la acción directa para forzar a la ex presidenta de facto Janine Añez a no seguir demorando las elecciones. Movilizaron a su militancia en un contexto amenazante. Consiguieron trasfundir hacia "Lucho" Arce los votos de Evo (aumentarlos, para ser más estrictos).
 
Chau Trump, no te extrañaremos: Los sistemas democráticos son reformistas (como mucho), dialécticos, a menudo los cambios ocurren con parsimonia, son revocables. El presidente electo en Estados Unidos, Joe Biden, no ofrece motivos para enamorarse. Pero de cualquier modo, la derrota de Donald Trump era lo mejor que podía suceder dentro de lo disponible. O lo menos peor, si usted prefiere decirlo así.
 
Alberto llegó a un acuerdo con Vladimir Putin para adquirir la vacuna Sputnik, la mayor esperanza de estos meses contra la covid-19. A Rusia rogando y con el mazo dando: se sostienen tratativas con laboratorios de otros países. Todas las experimentaciones se realizan contrarreloj y las compras se pactan "a riesgo": las vacunas no se aplicarán mientras no cumplan todos los requisitos exigidos por la comunidad médica internacional.
 
Pero se abre una expectativa, fortificada porque el Estado no ha puesto todos los huevos en una sola canasta.

 
Evo contribuyó al santificar la fórmula, también al mantenerse alejado de Bolivia. Honró su palabra ayer mismo, privándose de ir a la jura.
 
El presidente Alberto Fernández viajó hacia allá con sobrados pergaminos. Sin haber asumido, se ocupó de garantizar que Evo y el ex vicepresidente Álvaro García Linera huyeran de la venganza de derecha, asilándose primero en México y luego en Buenos Aires. Mauricio Macri, que todavía moraba en la Casa Rosada, se apuró para reconocer a Añez y dejar a Evo librado a su suerte... o a la desgracia o a la tragedia.
 
Opinadores sabiondos señalaban que Fernández se equivocaba. Propugnan que la correcta política exterior consiste en ser lamebotas de los yanquis y sus aliados sureños olvidándose de los derechos humanos. Malos consejos que AF desoyó.
 
Luego pronosticaron que Evo usaría la Argentina como una variante novedosa del foco insurreccional. Organizaría marchas provocativas y multitudinarias hacia la frontera entre nuestros países. Azuzaría a las turbas, desestabilizando a la estadista Añez. Morales actuó con tranquilidad, no se sulfuró ante sucesivas provocaciones, empoderó a sus compañeros, les pidió a los bolivianos templanza, compromiso y votos.
 
Ganaron y eso es solo el principio. Lo azuza una derecha antidemocrática y violenta. Las coyunturas económica y sanitaria aterran y exigen respuestas urgentes. Como sea, se abre un nuevo escenario, promisorio.
 
La Argentina deja de estar totalmente cercada por regímenes de derecha. Entre ellos, el chileno recibió una paliza electoral que puede mejorar la historia del país hermano y vecino.
 
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Chau Trump, no te extrañaremos:
 
Los sistemas democráticos son reformistas (como mucho), dialécticos, a menudo los cambios ocurren con parsimonia, son revocables. El presidente electo en Estados Unidos, Joe Biden, no ofrece motivos para enamorarse. Pero de cualquier modo, la derrota de Donald Trump era lo mejor que podía suceder dentro de lo disponible. O lo menos peor, si usted prefiere decirlo así.
 
El nuevo escenario resulta menos ominoso que la eventual reelección de Trump. Racista, islamófobo, misógino, defensor de una caterva de Chocobares que hicieron de las suyas en varios estados. La revalidación habría convalidado y acentuado esas políticas. El ejemplo para el resto del mundo, sin ser lineal, existe.
 
Biden puede no ser, siquiera, un progresista según los parámetros yanquis. Pero muchos de sus votantes lo son. Minorías estimables, sectores perseguidos y discriminados cantaron victoria este fin de semana.
 
Se pone de moda señalar que los presidentes demócratas fueron belicistas (desde Harry Truman, hasta John Kennedy, anche Barack Obama en dosis menor). La corroboración no embellece o dispensa a los republicanos. Ronald Reagan fue agresivo en nuestra región y su liderazgo lubricó la oleada mundial neoconservadora.
 
George W. Bush propició masacres y destrucción masiva en Medio Oriente mientras relajaba las garantías constitucionales en su país en su cruzada contra el terrorismo. Se aduce que esos años fueron propicios para América del Sur porque el Departamento de Estado "se olvidó de nosotros".
 
Vale formular dos objeciones: fueron propicios por la acción de la mayoría de los mandatarios de América del Sur; no por favores de los gringos. Pero, además, el alejamiento distó de ser absoluto. "Las Embajadas" o la Casa Blanca mantuvieron en jaque a Bolivia y Venezuela, los cercaron lo que pudieron, apañaron jugadas golpistas. Y fortificaron a Colombia, en parte por su filiación de derecha, en parte como punta de lanza militar para hostigar a la patria de Hugo Chávez.
 
En cuanto a Trump, su CV en relación a este Sur y Argentina en especial se parece a un prontuario. Apoyó a Macri, socio en negocios y aliado ideológico.
 
"Jugó" de modo crucial para que el Fondo Monetario Internacional (FMI) desembolsara el empréstito exorbitante que nos hundió en el marasmo económico.
 
Coló a Mauricio Claver Carone en el Banco Interamericano de Desarrollo (BID) traicionando los pactos preexistentes, de larga tradición.
 
Con Añez, la mejor onda. Arrumacos con el presidente brasileño Jair Bolsonaro, su clon impresentable.
 
Uno de los primeros gestos diferenciales de Biden, el regreso a la Organización Mundial de la Salud (OMS), contrapesa las tendencias negacionistas del planeta, refuerza al organismo internacional. Da una pátina de cordura a las relaciones internacionales.
 
La peste fuerza a buscar el mal menor, a minimizar daños. Biden cumple ese rol. Bienvenido, mientras dure, sin entusiasmarse de más.
 
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El extraño aislamiento de Alberto:
 
Extraño presidente aislado del mundo, don Alberto Fernández. Contribuyó al regreso de la democracia a Bolivia. Departe y articula con los presidentes de Francia y España. Ayer charló amicalmente con Pablo Iglesias.
 
Llegó a un acuerdo con Vladimir Putin para adquirir la vacuna Sputnik, la mayor esperanza de estos meses contra la covid-19. A Rusia rogando y con el mazo dando: se sostienen tratativas con laboratorios de otros países.
 
Todas las experimentaciones se realizan contrarreloj y las compras se pactan "a riesgo": las vacunas no se aplicarán mientras no cumplan todos los requisitos exigidos por la comunidad médica internacional.
 
El gobierno emitió varios mensajes cruzados, otros de los recurrentes errores de comunicación. Pasados en limpio, existe la perspectiva de poder comenzar vacunaciones a fin de año. No la certeza hasta tanto no se cumplan todas las pruebas exigidas.
 
Pero se abre una expectativa, fortificada porque el Estado no ha puesto todos los huevos en una sola canasta.
 
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Alivios, por una vez:
 
Llega la misión del FMI que permanecerá hasta las vísperas del Día de Acción de Gracias. Un lapso prolongado en el que el Gobierno aspira a llegar a un acuerdo rápido. Sin pagos durante varios años. Y sin ajustes en gasto público que estrangularían el incipiente (y nada fastuoso) repunte de la actividad económica.
 
El establishment local pronostica (y desea) el ajuste, para consolidar la regresiva redistribución de ingresos en pandemia. En la Rosada y en Economía aseguran que el presupuesto 2021 no se tocará. Mejor así, ya que no es muy munificente en materia de inversión social. El ala económica del Gabinete cree que el crecimiento reemplazará (en parte, claro) a la emisión y al gasto estatal directo.
 
La correcta defensa del Presupuesto no lleva aparejada por ahora un impulso del Ejecutivo al "impuesto a las grandes fortunas". Alberto Fernández regañó a la Cámara de Diputados por no tratar la reforma Judicial pero nada dijo sobre ese tributo, progresivo y necesario. Una mala señal, que puede repararse dinamizándolo.
 
De todas maneras fue una buena semana para el oficialismo. En el centro de la escena, con buenas nuevas referidas a la salud y alivios en el escenario internacional. No es poco, en la era de la distopía; no alcanza pero alivia. Algo similar a lo que pasó con la caterva de cotizaciones del dólar en la City porteña.
 
Mientras tanto, los pueblos chileno, boliviano y hasta estadounidense probaron que el voto todavía pesa dando motivos para celebrar a la distancia. Sobre todo por los países limítrofes, por supuesto.
 
Por Mario Wainfeld
 
Fuente: pagina12.com.ar
 

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09-08-2026 / 17:08
08-08-2026 / 09:08
El naufragio de la ley de propiedad privada dejó al descubierto la incompetencia política oficialista, las internas feroces en la Casa Rosada y un estruendoso choque contra el límite de sus propios aliados, en medio de una profunda crisis económica y un acelerado desencanto de la sociedad y de sus propios votantes. Un escenario agravado luego de que la cuestión Malvinas alrededor de la selección de fútbol generara un clima nacionalista que colisionó de frente contra el cipayismo libertario y expuso su escaso arraigo popular.
 
El bochornoso traspié de la Ley de Inviolabilidad de la Propiedad Privada en el Senado representa el síntoma terminal de un oficialismo cegado por el dogmatismo y desprovisto de oficio político. Lo que el Ejecutivo pretendía vender como un triunfo terminó convertido en un cascarón vaciado: acorralada por la falta de apoyo de los bloques dialoguistas, la Casa Rosada debió capitular y retirar apresuradamente los capítulos centrales de extranjerización de tierras y la flexibilización de la Ley de Manejo del Fuego. El dictamen final fue aprobado desflecado y reducido a menos de un tercio de sus ambiciones originales, dejando al desnudo que las mayorías parlamentarias no se edifican con bravuconadas de redes sociales ni con intervenciones torpes como las del senador Joaquín Benegas Lynch, cuyos insultos a los senadores aliados terminaron de dinamitar los puentes de negociación.
 
Fiel a su matriz refractaria a la autocrítica, la reacción de la conducción libertaria ante semejante derrumbe consistió en desatar una inmediata cacería interna de chivos expiatorios. En lugar de asumir los errores de cálculo de la gestión, la Casa Rosada liderada por Javier y Karina Milei optó por aislar y "freezar" al ministro de Desregulación, Federico Sturzenegger, amagando con congelar el resto de sus proyectos en carpeta tras convertirlo en un yunque político. Al mismo tiempo, el enojo oficialista apuntó directamente contra Patricia Bullrich, a quien responsabilizan por fallar en la contabilidad de los votos y perder el control de la sesión. Este pase de facturas expone un gabinete frágil y fracturado, donde los propios arquitectos del programa gubernamental son arrojados a los leones ante la primera turbulencia institucional.
 
 
En última instancia, la mutilación de este proyecto emblemático expone el techo del modelo libertario: una administración que chocó de frente contra el límite de sus aliados e incapaz de sostener consensos duraderos. La incapacidad para articular mayorías y la constante tendencia a refugiarse en la intransigencia demuestran que el dogmatismo autoritario se vuelve impotente ante la dinámica republicana. Con Sturzenegger desautorizado y Bullrich golpeada políticamente, el gobierno ingresa en una peligrosa fase de insularidad y parálisis parlamentaria, donde la falta de muñeca política condena al oficialismo a multiplicar derrotas mientras la gestión cotidiana se consume entre internas feroces e improvisación.
 
De la redacción de La Opinión Popular

06-08-2026 / 14:08
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