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“Que ningún ciudadano sea lo suficientemente opulento como para poder comprar a otro, ni ninguno lo bastante pobre como para verse obligado a venderse”. Jean-Jacques Rousseau
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Nacionales - 31-10-2020 / 10:10
HEREDEROS DEL REINO

Etchevehere, Macri, Mitre: Lo que desnudan las despiadadas batallas de las familias oligárquicas

Etchevehere, Macri, Mitre: Lo que desnudan las despiadadas batallas de las familias oligárquicas
Revelaciones de espionajes, chanchullos, cuentas no declaradas y otras lindezas donde una justicia construida a su imagen y semejanza tiende a resolver siempre a favor de esa casta. Los lazos que unen esos casos con Guernica y las enormes diferencias.
Los despiadadas batallas entre hermanos y esposas por las herencias de las familias Mitre, Etchevehere y Macri desnudan el concepto feudal de riqueza y supremacía de los integrantes del núcleo tradicional de poder sobre el cual se organizó el país y se constituyeron las bases legales con relación a la propiedad de la tierra y otras posesiones.
 
Las tres familias están íntimamente relacionadas con el poder político y económico a lo largo de la historia y se muestran en público entreverados en batallas feroces donde los valores que priman son diferentes al que atribuyen al resto de los mortales.
 
Mientras el país discute sobre igualdad ante la ley, democracia, un hombre un voto, los derechos de la mujer, la defensa de la familia, el derecho humano al hábitat y una larga lista de derechos y deberes de los ciudadanos, el poder que diseñó el país discute rabiosamente con paradigmas casi opuestos.
 
Está claro que en esas disputas, la fortuna aparece en forma descarada como elemento fundamental para acumular poder político, por eso no se puede dividir entre hermanos y menos si son mujeres. Está claro que en esas peleas la riqueza está cruelmente por encima de madres y hermanos y que otorga una superioridad jerárquica sobre el ciudadano común.
 
Esa superioridad se mantiene por una incidencia histórica sobre el poder político por fuera de la institucionalidad y por el secreto de casta de que las grandes fortunas tienen permitidas ilegalidades que son duramente castigadas en los ciudadanos comunes.
 
No es teoría. Son las revelaciones que salen revoleadas en esas verdaderas carnicerías intrafamiliares: espionajes, chanchullos, cuentas no declaradas, ocupaciones ilegales de tierra y otras lindezas expuestas como si fuera un cuerpo descuartizado.
 
Si alguien se pregunta por qué la justicia tiende a inclinarse a favor de esta casta, encontrará la respuesta en las revelaciones que chorrean estas disputas. Es una justicia hecha a su imagen y semejanza, que no reconoce, por ejemplo, que en determinadas situaciones el derecho a la propiedad pueda estar mediatizado por otros derechos.
 

 
Es lo que sucedió con la orden de desalojo de Guernica a pesar de que había una negociación pacífica en curso que había podido dar respuesta a las necesidades de la mayoría de las familias que participaban en la toma del terreno. La decisión del juez y los fiscales al apresurar el desalojo y rechazar los pedidos de prolongar la espera, más que hacer justicia, jugó un papel ejemplificador.
 
El macrismo siguió el discurso que Luis Etchevehere armó para politizar la disputa por la herencia y mostró un escenario que exageraba la proliferación de ocupaciones en todo el país para demostrar que si iban por su campo, irían después por el de los demás.
 
La disputa de su herencia en el establecimiento entrerriano Casa Nueva, no tenía ninguna relación con el conflicto en Guernica, pero le convenía equipararlo.
 
Lo único que tienen en común es la decisión de los jueces que en ambos casos se relacionan con la propiedad pero en contextos muy diferentes. Estas decisiones se emparentan con las que tomó otro juez cuando rechazó el decreto de intervención a la empresa Vicentin, que ahora está a punto de desaparecer.
 
Los desalojos de Casa Nueva y Guernica se revirtieron en forma de polémica al interior de las fuerzas que respaldan al gobierno, de la misma manera que antes lo había hecho la expropiación frustrada de Vicentin. En todos los casos, el gobierno optó por aceptar la decisión de la Justicia, lo que algunos entendieron como una muestra de debilidad.
 
Existe una situación real de mucha desventaja porque el gobierno tiene la responsabilidad más pesada frente a la epidemia. Pero en el caso Vicentin, la decisión se tomó sobre la base de un diagnóstico equivocado porque se pensó que el salvataje de la fuente de trabajo sería bien recibido, cosa que no ocurrió. El gobierno no iba a intervenir en el conflicto creado en Entre Ríos porque lo enfocó como una disputa familiar privada.
 
Y en la toma de tierras en Guernica, el gobierno de la provincia, a través del ministro de Desarrollo de la Comunidad, Andrés Larroque, se instaló en la toma, se hizo un censo de la población que participaba en el conflicto y de sus reclamos y planteó las respuestas que podía ofrecer.
 
Más del 80 por ciento de las familias aceptaron alguna de las opciones. En el momento del desalojo ya quedaba muy poca gente y la mayoría de los disturbios se produjo en los alrededores.
 
Más allá de la presencia de grupos de activistas opositores, el reclamo que motivó el conflicto tenía una base genuina, no impostada. Y Larroque hizo un gran esfuerzo por encontrar una salida pacífica. Pero la intervención policial en el desalojo ordenado por el juez, frustró el último tramo de esa estrategia.
 
Mauricio Macri quiso colgarse de los conflictos. Se autopercibió aludido por la carta de la vicepresidenta Cristina Kirchner y dijo que estaban dispuestos a dialogar si se respetaba la propiedad privada y otras condiciones. En realidad se adelantó a obstaculizar cualquier posición dialoguista que pueda surgir en Juntos por el Cambio, donde Elisa Carrió y Horacio Rodríguez Larreta respaldaron la designación de Daniel Rafecas como Procurador.
 
La convocatoria de la expresidenta apuntaba a la condición bimonetaria de la economía que siempre desemboca en un cuello de botella crítico, porque Argentina no emite dólares. Y afirmó que la única forma de resolverlo es a partir de un acuerdo de todos los sectores. O sea, que las medidas que se acuerden sean respetadas por todos los gobiernos y las empresas.
 
La carta de Cristina Kirchner circuló cuando el presidente Alberto Fernández ya venía realizando reuniones con los titulares de las corporaciones más grandes como Alfredo Coto, Roberto Urquía, Marcos Bulgheroni, Luis Pérez Companc y Paolo Rocca, parte del famoso círculo rojo que tuvo presencia fantasmal durante el macrismo.
 
La pandemia y la crisis de deuda externa pública y privada que dejó el gobierno de Macri hace que las piezas se muevan con un pragmatismo que quedó expresado en la carta de Cristina Kirchner donde afirmó que "Argentina es el lugar donde mueren todas las teorías" en relación con el dólar.
 
Hay una problemática que atraviesa a la Argentina siempre de maneras inesperadas como sucede con los temas que son importantes y se quiere subestimar. Así sucede con la fuerte marca que ha dejado la violación de los derechos humanos durante la dictadura hace 40 años. Y no provino de las Madres o de los organismos que estuvieron más enfocados en la situación que se generó en Guernica y Entre Ríos.
 
La legisladora radical Patricia de Ferrari pagó con una suspensión por seis meses de su cargo en la legislatura cordobesa por creer que se pueden hacer chistes que más parecen amenazas con relación a esa época. "¿Falta mucho para que aparezcan los falcon verdes para 'impartir' la justicia a la medida ideológica de Grabois y compañía?" publicó en un tuit. Cuando vio que el supuesto chiste le podía costar caro, la mujer pidió disculpas, pero el peronismo ya había votado la sanción.
 
La expresión de la legisladora cordobesa tuvo su correlato porteño en boca de Eduardo Feinman. Cuando se informó que la cifra de muertos por covid-19 había llegado a 30 mil, este personaje publicó "ahora sí, son 30 mil" en referencia a la polémica por la cantidad de desaparecidos durante la dictadura.
 
El tema se renueva, muta y reaparece casi cuarenta años después con tonos que recuerdan al "algo habrán hecho" de la dictadura o en los ecos que dejó la influencia nefasta de Benjamín Menéndez en la sociedad cordobesa. Y esas reminiscencias se asocian a temas trágicos actuales como las víctimas de la epidemia o con los intocables del poder histórico representados en una oligarquía decadente.
 
Por Luis Bruschtein
 
Fuente: Página12
 

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05-02-2026 / 11:02
Sacar un adelanto de sueldo con el banco, tarjetear, tomar un préstamo se volvieron cosas habituales bajo el desastroso gobierno de Javier Milei. No poder pagar toda la tarjeta, refinanciar con intereses elevados o no pagar la cuota del préstamo genera mora y eso está aumentando mes a mes. El endeudamiento de los hogares argentinos entró en una zona crítica. Los últimos datos del Banco Central, analizados por el Instituto Argentina Grande, muestran un salto alarmante en la morosidad: el 11 por ciento de los créditos personales y el 9,2 por ciento de las tarjetas de crédito registran irregularidades en los pagos. Hace apenas 2 años, a fines de 2023, esos números eran muy distintos: 4,2 por ciento en préstamos personales y 1,7 por ciento en tarjetas.
 
Se trata de los niveles más altos desde que el organismo tiene registros, es decir, desde 2010. El fenómeno refleja una realidad concreta: los ingresos ya no alcanzan para cubrir gastos cotidianos como alimentos, tarifas o medicina privada. Frente a ese escenario, el desahorro y el endeudamiento dejaron de ser excepciones y pasaron a formar parte de la rutina de millones de familias. Cada vez más hogares recurren al pago mínimo de la tarjeta de crédito como estrategia para estirar el ingreso mensual. Esa práctica, que puede dar aire en el corto plazo, termina convirtiéndose en una trampa por las altas tasas de interés, que aceleran el deterioro de la capacidad de pago.
 
El problema no se limita al consumo diario. También crece la morosidad en los préstamos prendarios, generalmente destinados a la compra de autos, motos o maquinaria. En noviembre de 2025 alcanzó el 5,2 por ciento, cuando 2 años antes era del 2,7. Esto evidencia que el estrés financiero ya impacta en decisiones de mayor plazo y compromete el patrimonio familiar. El deterioro de estos indicadores expone un cuadro social cada vez más frágil. El crédito dejó de ser una herramienta para mejorar la calidad de vida y pasó a convertirse en un recurso de supervivencia que oculta la pérdida del poder adquisitivo.
 
Para muchas familias, especialmente jóvenes sin ingresos formales, el financiamiento no proviene de los bancos sino de cadenas comerciales, prestadores directos y, cada vez más, billeteras virtuales y fintech, que ofrecen créditos rápidos y de acceso inmediato. En ese terreno, la situación también es preocupante. La morosidad en compras de electrodomésticos alcanzó el 27 por ciento en julio de 2025, el valor más alto en más de 4 años. En el caso de los préstamos otorgados por fintech, el 18 por ciento presentaba incumplimientos en julio, pero estimaciones privadas indican que esa cifra ya ronda el 21 por ciento.
 
Los datos de la Encuesta Permanente de Hogares confirman el deterioro de las economías domésticas. En el segundo trimestre de 2025, el 48 por ciento de los hogares no logró cubrir sus gastos y debió recurrir a ahorros, venta de bienes o endeudamiento, tanto formal como informal. La clase media aparece como uno de los sectores más afectados: el 53 por ciento de sus hogares no logra llegar a fin de mes. Según datos del Indec publicados este viernes, el 60% de los asalariados gana menos de $950.000 en el tercer trimestre del año. Es decir, que la mayoría de los trabajadores viven con ingresos por debajo de la canasta de consumos mínimos que realiza la Junta Interna de ATE Indec (el promedio del tercer trimestre del año fue $1.941.853). Esta canasta no es un ideal ni un óptimo, pero se acerca a lo que se necesita para llegar a fin de mes.
 
Mientras el Gobierno libertario insiste en mentir con indicadores de estabilidad y crecimiento, la realidad que se vive puertas adentro de los hogares argentinos es otra: deuda creciente, ingresos que no alcanzan y una morosidad que ya funciona como termómetro del deterioro económico y social. Los hogares están endeudados porque los ingresos no alcanzan. Es urgente un aumento de emergencia de salarios, jubilaciones y programas sociales.
 
La Opinión Popular
 

04-02-2026 / 11:02
A través de la práctica de demorar la puesta en vigencia del cambio de ponderaciones que resulta de una encuesta de gastos de hogares más actualizada que la de 2004, que todavía se aplica, se verán afectados los ingresos reales de todos aquellos sectores que ajustan sus remuneraciones siguiendo el Índice de precios al consumidor (IPC), como jubilaciones, pensiones y asignaciones de la previsión social como la AUH, y se estará alterando el cálculo de variables fundamentales para la economía, como el producto bruto (que en el futuro va a ser recalculado a la baja) o la pobreza (en sentido inverso, en el futuro se demostrará que es mayor a la que actualmente se informe).
 
Así lo han puesto de manifiesto especialistas en el tema, entre ellos Alejandro Barrios, ex director del Indec, quien explicó que las ponderaciones resultantes de la Encuesta de Gastos de Hogares de 2017/18 "ya está disponible hace años, incluso la Ciudad de Buenos Aires ya la está aplicando; la demora en aplicarla a nivel nacional es que hay un gobierno que iba a implementar un cambio en los precios relativos, con subas importantes en los servicios regulados por el Estado (por quita de subsidios). La decisión fue parar la aplicación de los nuevos índices hasta que se completen esos cambios; y se considere que ya no van a seguir aumentando, mes a mes, el teléfono, la luz, el transporte, las prepagas, etc. Rubros que en el índice actualizado tienen un peso mucho mayor que en el de la canasta de gastos de hace 20 años".
 
En consecuencia, el índice que se seguirá aplicando "hasta que se complete el proceso de desinflación", en palabras de Luis Caputo, da como resultado un aumento de precios al consumidor inferior al que surge del cálculo con el nuevo índice. "Esto va a provocar en el futuro un recálculo de variables de los años anteriores, como pasó otras veces, pero esta vez con el agravante de que las autoridades actuales son conscientes de que demoran el cambio de fórmula para subestimar la inflación", agregó Barrios.
 
Así, por ejemplo, el cálculo del PBI tendrá probablemente una revisión, porque al desindexar los precios a una tasa más alta que la que se usa actualmente, resultará un PBI real (descontada la inflación) menor al que hoy se informa. En consecuencia, se recalculará a la baja el PBI de todos estos años (aumentos inferiores a los que ahora se informan, caídas superiores, e incluso subas leves que se transformarán en bajas).
 
Lo contrario sucederá con los índices de pobreza, ya que cuando en el futuro se recalculen los ingresos deflactados por un índice no subestimado como el actual, van a ser menores en términos reales, mientras que las canastas de precios al ser reajustados van a ser más altas. En consecuencia los índices de pobreza así recalculados resultarán más altos que los que ahora se informen.
 
Este manoseo de los índices en el corto plazo también podrá ser motivo de controversias, de parte por ejemplo de tenedores de bonos con variable CER (ajuste por inflación) o títulos con cláusula de ajuste UVA (también tiene un componente que varía según el IPC). Además, el cálculo del valor de las jubilaciones y pensiones se hace, mensualmente, de acuerdo al aumento del IPC en meses anteriores, por lo cual la sub estimación del índice va en desmedro de los perceptores de esos ingresos. Lo mismo vale para los que reciben la AUH y otras asignaciones que se ajustan periódicamente por la inflación.
 
Otro ingreso que se verá afectado es el salario, en la medida en que las paritarias se negocien en función de un índice de inflación que luego se demuestre que no era el real. "La decisión de que tendremos un índice de fantasía abre las puertas del infierno", advirtió el ex diputado nacional y ex dirigente de ATE Claudio Lozano. "De manera desembozada e impune decretan que ellos decidirán lo que debe dar la estadística pública sobre inflación. Lo ocurrido no hace más que explicitar lo que se venía observando en el funcionamiento del Indec, porque hace rato que debería haberse incorporado la Encuesta de Gastos de los Hogares del 2016/17 y se lo demoró sin ninguna razón estadísticamente válida".
 
La Opinión Popular
 

03-02-2026 / 11:02
Tras la renuncia de Marco Lavagna al frente del Indec, porque Javier Milei se niega a medir bien la inflación, Luis "Toto" Caputo decidió postergar la publicación de la nueva canasta de medición de precios, que daría una inflación mucho mayor. "Con el Presidente siempre pensamos que había que cambiarlo una vez que el proceso de desinflación estuviera consolidado", afirmó. O sea, nunca. El Gobierno libertario oculta así el fracaso económico mientras los trabajadores del organismo alertan por intervención.
 
La decisión de Milei y Caputo de suspender sin límites la actualización del IPC solo una semana antes de su puesta en marcha fue demasiado hasta para Lavagna, que había aceptado retrasarla hasta ahora, además de hacer magia con los índices de la inflación y la pobreza. Presentó la renuncia al Indec y fue reemplazado por su segundo, incondicional de Caputo.
 
No hay eufemismos ni figuras simuladas que tapen lo que realmente pasó, a sólo 8 días de que se conozca un IPC que debería estar actualizado, tal como lo había prometido el Gobierno: Lavagna confió internamente que salió del ente estadístico, precisamente, porque Milei y el ministro de Economía, Caputo, se negaban a implementar la nueva medición de inflación por la que él venía peleando hacía más de dos años. Horas más tarde, Caputo se vio obligado a salir a confirmar los dichos de Lavagna.
 
Los dichos de Caputo son escandalosos y abren dudas peligrosas respecto a los números, porque los técnicos del INDEC ya tenían medidos precios con el nuevo IPC y se había anunciado la aplicación de ese índice para el próximo martes 10, cuando se sepa la inflación de enero. Esa medición daba arriba del 3 por ciento, pero a Lavagna le pedían que esté en torno al 2 por ciento. Además, es polémico porque Caputo no le pone fecha a la nueva medición. Es decir, Milei y Caputo se niegan, sin fecha cierta, a medir la inflación con la Encuesta de Hogares del 2018, para seguir haciéndolo con la del 2004.
 
Una medición que no refleja el costo de vida de las familias. Lo que el Gobierno hace evitando actualizarlos, es que no se vean reflejados en enero los aumentos de tarifas, en un escenario donde además los alimentos vienen subiendo. En pocas palabras, Milei está midiendo la inflación con los mismos parámetros de gastos familiares que había 22 años atrás.
 
Lo que eran sospechas terminaron siendo confirmadas por el propio gobierno. El viernes pasado el Banco Central difundió el Informe de Política Monetaria donde se admite abiertamente que si se hubiese utilizado el nuevo IPC la inflación hubiese sido más alta en los últimos dos años por la suba de los servicios públicos, que recién a partir de ahora tendrán más peso en la canasta del Indec. El propio Banco Central confirmó la manipulación del índice de inflación.
 
Mientras la población siente que los salarios se pulverizan y el pluriempleo crece, los datos oficiales truchos muestran un aumento inflacionario "moderado", utilizado por el Gobierno anarco capitalista también para planchar paritarias y jubilaciones. Esta brecha entre la realidad social y las estadísticas alimenta la desconfianza generalizada, incluso entre especialistas.
 
La Opinión Popular
 

02-02-2026 / 11:02
El secuestro de Nicolás Maduro se transmitió en tiempo real por televisión y redes sociales, en una estudiada coreografía que hacía parecer toda la escena como parte de la última mega producción de Hollywood. A eso se sumó luego una campaña virtual de Donald Trump en la que se presentaba al mandatario como una especie de dueño del continente entero, incluyendo -sobre todo- a Groenlandia. El spin-off local de Trump no se queda atrás. Javier Milei, otra figura nacida en un set de TV, mezcla su presidencia con recitales masivos, romances fogosos y una cultura memética permanente en redes sociales. En todo el planeta es el momento de la política comic show, un juego que, a la vez, es mucho más que eso.
 
Milei construyó su llegada al poder desde los paneles de televisión. Allí mezcló gritos violentos, peleas salvajes y un aporte original: la capacidad de discutir autores económicos en prime time desde una matriz libertaria extrema. Su figura se nutrió además de otros condimentos: obras de teatro durante los veranos, noviazgos mediáticos -en 2018 salió con Daniela Mori, exintegrante de la banda de cumbia Las Primas-, revelaciones perturbadoras sobre su sexualidad tántrica, covers de temas de rock y clásicos, apariciones disfrazado como superhéroe y, por supuesto, su marca registrada: su extraña cabellera.
 
Mientras por un lado agita la violencia con invitaciones permanentes a "odiar más" y compara a sus rivales con monos o cucarachas, por el otro ofrece circo: el recital en el Movistar Arena, su show en el festival de Jesús María, una aparición en un canal de streaming oficialista junto a su perro clonado, un beso fogoso con su entonces pareja en un teatro costero, cuadros en la Quinta de Olivos donde se compara con Wolverine y con un león, una bizarra cuenta en inglés presentada mediante un cómic donde aparece volando sobre Buenos Aires como superhéroe.
 
A esta lista se suma su escasa preocupación por la higiene y el recambio de vestuario -con el mameluco de YPF como emblema, incluso en Davos- y su llanto desconsolado en el Muro de los Lamentos, una postal inédita para un presidente argentino. Con matices, todos estos episodios -los extravagantes y los violentos- comparten algo en común: arrastran la atención popular, dominan redes sociales y colonizan la agenda mediática y política, mientras corren los límites de lo decible en la sociedad argentina. "La primera estrategia de esta derecha es polarizar a la sociedad", explica el historiador Steven Forti en Extrema derecha 2.0. "No se trata de excentricidades, sino de una estrategia bien pensada."
 
Ese manual fue adoptado por la administración libertaria desde su llegada al poder. Cuando no fue el cierre del INADI o de Télam, fue un ataque a la comunidad homosexual, al periodismo o a alguna artista musical. Y cuando no había escándalo político, lo había estético: cuatro camperas en pleno verano, intentos de ocultar la papada o defensas públicas de películas de Guillermo Francella. De una u otra forma, siempre provocaba bronca, perplejidad o fascinación, emociones ideales que premian lo ruidoso.
 
Lo explica Giuliano da Empoli en Los ingenieros del caos, libro de cabecera del asesor presidencial Santiago Caputo: "El megáfono de Trump era la indignación de los medios." Con Trump y Milei ocurre lo mismo: se los puede amar o detestar, pero no ignorar.  Richard Nixon lo llamaba "la teoría del loco". Fingir irracionalidad para volverse imprevisible y, por eso mismo, temible. Trump lo dijo sin rodeos: "Xi Jinping sabe que estoy totalmente loco."
 
La pregunta es inevitable: ¿estamos ante líderes desbordados o ante personajes cuidadosamente construidos? "La banalidad de la locura", la llama el politólogo Brian Klaas: una saturación de exabruptos que termina anestesiando a la sociedad.
 
La Opinión Popular
 

01-02-2026 / 10:02
Desde su llegada a la Casa Rosada, Javier "Pinocho" Milei construyó un relato épico de gestión que, al ser contrastado con datos verificables, empieza a mostrar fisuras cada vez más profundas. Promesas infladas, cifras manipuladas, logros magnificados y afirmaciones directamente falsas forman parte de un patrón comunicacional que ya no puede explicarse como simples errores.
 
Se trata, cada vez más claramente, de una estrategia política basada en la distorsión sistemática de la realidad. Organizaciones especializadas en verificación de datos, como Chequeado, desmintieron en reiteradas oportunidades afirmaciones centrales del discurso presidencial. Uno de los ejemplos más notorios fue la declaración en la que Milei aseguró haber sacado a diez millones de argentinos de la pobreza.
 
El número, ampliamente difundido por el oficialismo, resultó ser metodológicamente incorrecto, engañoso y sin respaldo estadístico sólido. Si bien algunos indicadores mostraron leves mejoras, la magnitud del cambio real está muy lejos del relato triunfalista que el prescindente intenta instalar. Algo similar ocurrió con su afirmación de haber eliminado los piquetes en todo el país. Lejos de desaparecer, los cortes de calles continuaron registrándose, aunque con menor visibilidad y mayor intervención de las fuerzas de seguridad.
 
La reducción de protestas no equivale a su erradicación, pero Milei optó por presentar una victoria absoluta que los datos desmienten. La manipulación también alcanza el terreno histórico. En reiteradas ocasiones, el mandatario afirmó que la Argentina fue uno de los 3 países más ricos del mundo, una afirmación que no resiste el menor análisis serio de los registros económicos internacionales.
 
Esta construcción mítica, repetida hasta el cansancio, busca reforzar la narrativa del "paraíso perdido" arruinado por la política tradicional, aun cuando carece de sustento empírico. El uso irresponsable de información falsa no se limita a discursos oficiales. En redes sociales, Milei llegó a difundir encuestas inexistentes, atribuidas falsamente a la Fundación FOPEA, con el objetivo de desacreditar al periodismo.
 
La propia organización salió a desmentir públicamente la información, dejando al descubierto una práctica preocupante: la utilización deliberada de datos falsos para atacar a la prensa crítica. Este comportamiento no es aislado. Forma parte de una lógica de comunicación basada en la confrontación permanente, la exageración de logros, la victimización y la construcción de enemigos internos.
 
La distorsión de cifras y hechos se convierte así en una herramienta política para sostener un relato épico que muchas veces choca contra la realidad cotidiana de millones de argentinos. Mientras la inflación continúa afectando el poder adquisitivo, la recesión golpea al consumo y el ajuste impacta con fuerza en jubilados, trabajadores y sectores medios, el discurso presidencial insiste en mostrar una Argentina idealizada que pocos logran reconocer en su vida diaria.
 
En este contexto, la manipulación informativa no solo erosiona la credibilidad del Gobierno, sino que también debilita el debate democrático y el derecho ciudadano a estar informado con veracidad. Gobernar a base de datos falsos puede rendir frutos comunicacionales de corto plazo, pero tiene costos profundos. Cuando la mentira se convierte en política de Estado, la confianza pública se deteriora, la institucionalidad se debilita y el vínculo entre gobernantes y sociedad se vuelve cada vez más frágil. En definitiva, más que errores ocasionales, las distorsiones discursivas de Milei parecen responder a una estrategia clara: imponer un relato antes que explicar la realidad. Una apuesta peligrosa que, tarde o temprano, termina chocando contra los hechos.
 
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