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“Que ningún ciudadano sea lo suficientemente opulento como para poder comprar a otro, ni ninguno lo bastante pobre como para verse obligado a venderse”. Jean-Jacques Rousseau
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Nacionales - 16-10-2020 / 10:10
PANORAMA EMPRESARIO SEMANAL

Que la brecha del dólar no tape la cinchada distributiva

Que la brecha del dólar no tape la cinchada distributiva
Una devaluación oficial de un salto como sugiere en voz baja la UIA o un desdoblamiento cambiario formal como el que impulsan Jorge Brito y otros banqueros comprimirían aún más los salarios, que vienen de perder dos años seguidos por paliza frente a la inflación.
Parece un trabalenguas pero no. Mientras la brecha entre el dólar oficial y el paralelo concentra todas las miradas, la puja distributiva empieza a asomarse detrás como si en la foto de la crisis faltara un protagonista. Subyace en el muro que los gerentes de IDEA llenaron de lamentos y también en la marcha (mitad virtual, mitad real) que convoca para este sábado la CGT.
 
Se atisba en la mezquina recomposición que avaló el Gobierno para el salario mínimo y también en la admisión presidencial de que la rebaja de retenciones no alcanzó para que los agroexportadores liquiden las divisas que necesita como agua el Banco Central.
 
Aunque en el círculo rojo les hagan todas las preguntas a los especialistas en finanzas, las respuestas que faltan son cada vez más políticas.
 
¿Cómo planea repartir Alberto Fernández los costos de la reconstrucción post-pandemia, si no es incluso demasiado optimista seguir llamándola así? ¿Cómo le quieren doblar el brazo hacia un lado o hacia el otro los que sienten que ahora pueden? Dos momentos del miércoles alcanzan para describir hasta qué punto se tensó la cuerda de la cinchada.
 
Por un lado, la audacia de los ejecutivos y lobistas que se animaron por primera vez -quizá mareados por la virtualidad- a abuchear en vivo y sin esconderse a un Presidente que les dirigía la palabra, algo casi inédito desde aquel discurso de Raúl Alfonsín en la Rural.
 
Por otro, la decisión de Hugo Moyano y la Corriente Federal de convocar a una caravana de vehículos para evocar mañana el mito fundacional del peronismo y desmentir que Mauricio Macri y sus seguidores hayan "ganado la calle". Un apoyo pero también una aglomeración que desde Olivos habían pedido abiertamente evitar.
 

 
El precio del dólar oficial (al que se atan los precios en primera instancia) y la brecha con los paralelos (que alimenta directa e indirectamente las expectativas de suba del oficial) son el campo de batalla de esa puja.
 
Una devaluación oficial de un salto como sugiere en voz baja la UIA o un desdoblamiento cambiario formal como el que impulsan Jorge Brito y otros banqueros comprimirían aún más los salarios, que vienen de perder dos años seguidos por paliza frente a la inflación, y representarían una transferencia de ingresos -adicional- hacia quienes atesoran dólares o producen bienes con valor atado a la divisa.
 
Pero a la vez, la cotización del billete verde también es el escenario donde se dirime la puja entre fracciones del empresariado.
 
Es un problema estructural de la Argentina que resolvieron los estadounidenses en la batalla de Gettysburg, cuando el norte industrial se impuso decisivamente al sur agrario y rentista, los japoneses casi en simultáneo, con la restauración Meiji, o los alemanes con Otto Von Bismarck. También lo saldaron los brasileños durante su dictadura, cuando el polo fabril de San Pablo sometió a los fazendeiros.
 
El "empate hegemónico" que describió Juan Carlos Portantiero para el cuarto de siglo que siguió al derrocamiento de Perón. Un empate donde ninguno de los sectores de la burguesía argentina logró imponer sus intereses al resto ni legitimarlos ante la sociedad civil.
 
Tanto la agroexportadora tradicional como la fabril mercadointernista como los tecnócratas a cargo de gestionar el capital extranjero vetaban los proyectos de los demás, pero no conseguían imponer los suyos. Desempató la dictadura con su genocidio y también con su industricidio.
 
 
Aprietes y bloopers
  
El tironeo en torno al dólar viene a actualizar esa puja. En términos reales, su valor oficial debería subir a $100 para empatar el de Néstor Kirchner durante todo su mandato. Un dólar que durante esos años se mantuvo "recontra alto", como decían los devaluadores en las postrimerías de la convertibilidad.
 
De ningún modo a $171, el récord que tocó ayer el blue, ni a los $167 del contado con liqui ni a los $156 del dólar bolsa. Y ojo: tampoco a los $136 que pagan los ahorristas que todavía pueden acceder al "dólar ahorro", doble impuesto mediante.
 
¿A qué precio empezarán a vender dólares los argentinos que los tienen guardados, tanto bajo colchones como en cajas de seguridad o cuentas en el exterior?
 
Si el problema no es que falten divisas en el país sino en las reservas del Central, como sugiere internamente Mercedes Marcó del Pont ¿cuánto más hace falta para que la codicia le gane al miedo y empiece a reeditarse aquel círculo virtuoso nestorista que ahora se reivindica unánimemente? ¿Cuánta más devaluación de los sueldos? ¿Cuánta "paciencia", como la que pidió resignada Cecilia Todesca?
 
La situación, desde ya, es muy distinta a la de aquel dólar recontraalto. Martín Guzmán apenas ganó tiempo con la deuda, porque los vencimientos a partir de 2024 son cuantiosísimos. La emisión de pesos era un problema también en 2005 pero porque el Banco Central compraba dólares, justamente para mantenerlo caro.
 
Escudado en que recién estaba "saliendo del infierno", Néstor Kirchner amarrocó un superávit fiscal del 3%, algo impensable en plena pandemia y con el Estado sosteniendo la economía en todo el planeta.
 
También pudo sacarse de encima la tutela del FMI, que ahora lejos de irse empieza a recordarle a Fernández que le debe 44 mil millones de dólares. Y a preguntarle abiertamente, como esta semana desde Washington y la semana pasada en algunas de las reuniones más tensas de sus enviados con ministros, cómo piensa pagarlos.
 
No es el único apriete del mundo de las finanzas. En las últimas tres semanas hubo una ola de ventas de bonos ajustados por CER y compras de dólares en el "contado con liqui". Quienes la llevaron adelante especulan con que se viene una devaluación oficial y que eso no va a ordenar la puja sino a desordenarla, porque se trasladará a precios y luego a costos.
 
Pero al mismo tiempo quedan en el país unos U$S 8.000 millones de grandes fondos de Wall Street que vinieron a pedalear en la bicicleta financiera de las LELIQ y que siguen atrapados por el cepo. Ahí anida la presión sobre la brecha, según coinciden Miguel Pesce, Todesca, Marcó del Pont y también Sergio Chodos, hombre clave del equipo de Guzmán.
 
A esos fondos, Pesce les entornó la puerta de salida al paralelo cuando les bloqueó operar directamente a través de agentes de Bolsa. Pero ahora quiere cerrársela del todo, porque siguieron pugnando por salir a través de fondos de inversión de bancos y eso disparó el precio del "contado con liqui".
 
Ahí está la grieta interna hoy: Guzmán sugiere lo contrario, apuntalado desde el mercado por colegas como Emmanuel Álvarez Agis. Abrirles esa puerta entornada a los demandantes para que también entren oferentes.
 
En el medio aparecen propuestas inviables, como la de los agroexportadores que pretenden liquidar una parte de la cosecha al precio del "contado con liqui" y aseguran que así bajaría. Tampoco ayudan bloopers como el del decreto 790/2020, que rebajó las retenciones al complejo sojero.
 
Como su artículo 1º está mal redactado, les permite que con la alícuota de octubre exporten en diciembre e introduce así un estímulo para que sigan sin exportar. Ayer mismo, Gustavo Idígoras, presidente de la Cámara de la Industria Aceitera (CIARA), le envió una carta de dos páginas a la titular de la Aduana, María Silvia Traverso, con cuatro preguntas sobre el texto del decreto.
 
 
La IDEA fija
  
No parecen tensiones que puedan administrarse sin conflicto. La cuestión es el voltaje al que llegará ese conflicto. El desprecio por la investidura presidencial que se vivió en el coloquio virtual de IDEA y el tono de la arenga antikirchnerista de Mauricio Macri en su regreso a la arena pública no parecen buenos augurios.
 
En el coloquio siguen sin participar los verdaderos dueños de la Argentina, que prefieren enviar a sus gerentes de marketing o de relaciones corporativas y que lo sienten como un lobby devaluado desde que dejaron de asistir funcionarios con los cuales confraternizar.
 
Este año, para peor, la pandemia lo forzó a sacrificar un roce de cuerpos que atraía como la miel a las abejas a muchos y muchas que viven del devaluado oficio periodístico: el contacto con los administradores de pautas publicitarias privadas.
 
Sin voces nuevas ni ideas disruptivas, el encuentro se hundió en su propia espiral militante. Sobre Fernández, mientras hablaba, un consultor escribió en el muro que "su palabra está tan devaluada que no es creíble". Otro le sugirió "que se junte con sus compañeros competentes".
 
El propio Miguel Blanco, director de Swiss Medical y capitán del Foro de Convergencia Empresarial, apuntó que "sostener que la intervención de la burocracia estatal puede agregar competencia en un sector tan dinámico como las telecomunicaciones es ignorar los efectos negativos de 70 años de intervencionismo estatal en sectores como la energía".
 
Lo llamativo, más que la indisimulada impronta neoliberal de los discursos y la nostalgia por altri tempi -a fines de 2010, los asistentes al coloquio eligieron por abrumadora mayoría al de Carlos Menem como el mejor gobierno democrático de la historia-, fue la locuacidad de los managers. Para explicarla hay que volver a la historia: IDEA nació en los años 60, justamente para terciar en ese empate de Portantiero. Son las multinacionales que también se acomodan en la cinchada.
 
Por Alejandro Bercovich
 
Fuente: BAE Negocios
 

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04-02-2026 / 11:02
A través de la práctica de demorar la puesta en vigencia del cambio de ponderaciones que resulta de una encuesta de gastos de hogares más actualizada que la de 2004, que todavía se aplica, se verán afectados los ingresos reales de todos aquellos sectores que ajustan sus remuneraciones siguiendo el Índice de precios al consumidor (IPC), como jubilaciones, pensiones y asignaciones de la previsión social como la AUH, y se estará alterando el cálculo de variables fundamentales para la economía, como el producto bruto (que en el futuro va a ser recalculado a la baja) o la pobreza (en sentido inverso, en el futuro se demostrará que es mayor a la que actualmente se informe).
 
Así lo han puesto de manifiesto especialistas en el tema, entre ellos Alejandro Barrios, ex director del Indec, quien explicó que las ponderaciones resultantes de la Encuesta de Gastos de Hogares de 2017/18 "ya está disponible hace años, incluso la Ciudad de Buenos Aires ya la está aplicando; la demora en aplicarla a nivel nacional es que hay un gobierno que iba a implementar un cambio en los precios relativos, con subas importantes en los servicios regulados por el Estado (por quita de subsidios). La decisión fue parar la aplicación de los nuevos índices hasta que se completen esos cambios; y se considere que ya no van a seguir aumentando, mes a mes, el teléfono, la luz, el transporte, las prepagas, etc. Rubros que en el índice actualizado tienen un peso mucho mayor que en el de la canasta de gastos de hace 20 años".
 
En consecuencia, el índice que se seguirá aplicando "hasta que se complete el proceso de desinflación", en palabras de Luis Caputo, da como resultado un aumento de precios al consumidor inferior al que surge del cálculo con el nuevo índice. "Esto va a provocar en el futuro un recálculo de variables de los años anteriores, como pasó otras veces, pero esta vez con el agravante de que las autoridades actuales son conscientes de que demoran el cambio de fórmula para subestimar la inflación", agregó Barrios.
 
Así, por ejemplo, el cálculo del PBI tendrá probablemente una revisión, porque al desindexar los precios a una tasa más alta que la que se usa actualmente, resultará un PBI real (descontada la inflación) menor al que hoy se informa. En consecuencia, se recalculará a la baja el PBI de todos estos años (aumentos inferiores a los que ahora se informan, caídas superiores, e incluso subas leves que se transformarán en bajas).
 
Lo contrario sucederá con los índices de pobreza, ya que cuando en el futuro se recalculen los ingresos deflactados por un índice no subestimado como el actual, van a ser menores en términos reales, mientras que las canastas de precios al ser reajustados van a ser más altas. En consecuencia los índices de pobreza así recalculados resultarán más altos que los que ahora se informen.
 
Este manoseo de los índices en el corto plazo también podrá ser motivo de controversias, de parte por ejemplo de tenedores de bonos con variable CER (ajuste por inflación) o títulos con cláusula de ajuste UVA (también tiene un componente que varía según el IPC). Además, el cálculo del valor de las jubilaciones y pensiones se hace, mensualmente, de acuerdo al aumento del IPC en meses anteriores, por lo cual la sub estimación del índice va en desmedro de los perceptores de esos ingresos. Lo mismo vale para los que reciben la AUH y otras asignaciones que se ajustan periódicamente por la inflación.
 
Otro ingreso que se verá afectado es el salario, en la medida en que las paritarias se negocien en función de un índice de inflación que luego se demuestre que no era el real. "La decisión de que tendremos un índice de fantasía abre las puertas del infierno", advirtió el ex diputado nacional y ex dirigente de ATE Claudio Lozano. "De manera desembozada e impune decretan que ellos decidirán lo que debe dar la estadística pública sobre inflación. Lo ocurrido no hace más que explicitar lo que se venía observando en el funcionamiento del Indec, porque hace rato que debería haberse incorporado la Encuesta de Gastos de los Hogares del 2016/17 y se lo demoró sin ninguna razón estadísticamente válida".
 
La Opinión Popular
 

03-02-2026 / 11:02
Tras la renuncia de Marco Lavagna al frente del Indec, porque Javier Milei se niega a medir bien la inflación, Luis "Toto" Caputo decidió postergar la publicación de la nueva canasta de medición de precios, que daría una inflación mucho mayor. "Con el Presidente siempre pensamos que había que cambiarlo una vez que el proceso de desinflación estuviera consolidado", afirmó. O sea, nunca. El Gobierno libertario oculta así el fracaso económico mientras los trabajadores del organismo alertan por intervención.
 
La decisión de Milei y Caputo de suspender sin límites la actualización del IPC solo una semana antes de su puesta en marcha fue demasiado hasta para Lavagna, que había aceptado retrasarla hasta ahora, además de hacer magia con los índices de la inflación y la pobreza. Presentó la renuncia al Indec y fue reemplazado por su segundo, incondicional de Caputo.
 
No hay eufemismos ni figuras simuladas que tapen lo que realmente pasó, a sólo 8 días de que se conozca un IPC que debería estar actualizado, tal como lo había prometido el Gobierno: Lavagna confió internamente que salió del ente estadístico, precisamente, porque Milei y el ministro de Economía, Caputo, se negaban a implementar la nueva medición de inflación por la que él venía peleando hacía más de dos años. Horas más tarde, Caputo se vio obligado a salir a confirmar los dichos de Lavagna.
 
Los dichos de Caputo son escandalosos y abren dudas peligrosas respecto a los números, porque los técnicos del INDEC ya tenían medidos precios con el nuevo IPC y se había anunciado la aplicación de ese índice para el próximo martes 10, cuando se sepa la inflación de enero. Esa medición daba arriba del 3 por ciento, pero a Lavagna le pedían que esté en torno al 2 por ciento. Además, es polémico porque Caputo no le pone fecha a la nueva medición. Es decir, Milei y Caputo se niegan, sin fecha cierta, a medir la inflación con la Encuesta de Hogares del 2018, para seguir haciéndolo con la del 2004.
 
Una medición que no refleja el costo de vida de las familias. Lo que el Gobierno hace evitando actualizarlos, es que no se vean reflejados en enero los aumentos de tarifas, en un escenario donde además los alimentos vienen subiendo. En pocas palabras, Milei está midiendo la inflación con los mismos parámetros de gastos familiares que había 22 años atrás.
 
Lo que eran sospechas terminaron siendo confirmadas por el propio gobierno. El viernes pasado el Banco Central difundió el Informe de Política Monetaria donde se admite abiertamente que si se hubiese utilizado el nuevo IPC la inflación hubiese sido más alta en los últimos dos años por la suba de los servicios públicos, que recién a partir de ahora tendrán más peso en la canasta del Indec. El propio Banco Central confirmó la manipulación del índice de inflación.
 
Mientras la población siente que los salarios se pulverizan y el pluriempleo crece, los datos oficiales truchos muestran un aumento inflacionario "moderado", utilizado por el Gobierno anarco capitalista también para planchar paritarias y jubilaciones. Esta brecha entre la realidad social y las estadísticas alimenta la desconfianza generalizada, incluso entre especialistas.
 
La Opinión Popular
 

02-02-2026 / 11:02
El secuestro de Nicolás Maduro se transmitió en tiempo real por televisión y redes sociales, en una estudiada coreografía que hacía parecer toda la escena como parte de la última mega producción de Hollywood. A eso se sumó luego una campaña virtual de Donald Trump en la que se presentaba al mandatario como una especie de dueño del continente entero, incluyendo -sobre todo- a Groenlandia. El spin-off local de Trump no se queda atrás. Javier Milei, otra figura nacida en un set de TV, mezcla su presidencia con recitales masivos, romances fogosos y una cultura memética permanente en redes sociales. En todo el planeta es el momento de la política comic show, un juego que, a la vez, es mucho más que eso.
 
Milei construyó su llegada al poder desde los paneles de televisión. Allí mezcló gritos violentos, peleas salvajes y un aporte original: la capacidad de discutir autores económicos en prime time desde una matriz libertaria extrema. Su figura se nutrió además de otros condimentos: obras de teatro durante los veranos, noviazgos mediáticos -en 2018 salió con Daniela Mori, exintegrante de la banda de cumbia Las Primas-, revelaciones perturbadoras sobre su sexualidad tántrica, covers de temas de rock y clásicos, apariciones disfrazado como superhéroe y, por supuesto, su marca registrada: su extraña cabellera.
 
Mientras por un lado agita la violencia con invitaciones permanentes a "odiar más" y compara a sus rivales con monos o cucarachas, por el otro ofrece circo: el recital en el Movistar Arena, su show en el festival de Jesús María, una aparición en un canal de streaming oficialista junto a su perro clonado, un beso fogoso con su entonces pareja en un teatro costero, cuadros en la Quinta de Olivos donde se compara con Wolverine y con un león, una bizarra cuenta en inglés presentada mediante un cómic donde aparece volando sobre Buenos Aires como superhéroe.
 
A esta lista se suma su escasa preocupación por la higiene y el recambio de vestuario -con el mameluco de YPF como emblema, incluso en Davos- y su llanto desconsolado en el Muro de los Lamentos, una postal inédita para un presidente argentino. Con matices, todos estos episodios -los extravagantes y los violentos- comparten algo en común: arrastran la atención popular, dominan redes sociales y colonizan la agenda mediática y política, mientras corren los límites de lo decible en la sociedad argentina. "La primera estrategia de esta derecha es polarizar a la sociedad", explica el historiador Steven Forti en Extrema derecha 2.0. "No se trata de excentricidades, sino de una estrategia bien pensada."
 
Ese manual fue adoptado por la administración libertaria desde su llegada al poder. Cuando no fue el cierre del INADI o de Télam, fue un ataque a la comunidad homosexual, al periodismo o a alguna artista musical. Y cuando no había escándalo político, lo había estético: cuatro camperas en pleno verano, intentos de ocultar la papada o defensas públicas de películas de Guillermo Francella. De una u otra forma, siempre provocaba bronca, perplejidad o fascinación, emociones ideales que premian lo ruidoso.
 
Lo explica Giuliano da Empoli en Los ingenieros del caos, libro de cabecera del asesor presidencial Santiago Caputo: "El megáfono de Trump era la indignación de los medios." Con Trump y Milei ocurre lo mismo: se los puede amar o detestar, pero no ignorar.  Richard Nixon lo llamaba "la teoría del loco". Fingir irracionalidad para volverse imprevisible y, por eso mismo, temible. Trump lo dijo sin rodeos: "Xi Jinping sabe que estoy totalmente loco."
 
La pregunta es inevitable: ¿estamos ante líderes desbordados o ante personajes cuidadosamente construidos? "La banalidad de la locura", la llama el politólogo Brian Klaas: una saturación de exabruptos que termina anestesiando a la sociedad.
 
La Opinión Popular
 

01-02-2026 / 10:02
Desde su llegada a la Casa Rosada, Javier "Pinocho" Milei construyó un relato épico de gestión que, al ser contrastado con datos verificables, empieza a mostrar fisuras cada vez más profundas. Promesas infladas, cifras manipuladas, logros magnificados y afirmaciones directamente falsas forman parte de un patrón comunicacional que ya no puede explicarse como simples errores.
 
Se trata, cada vez más claramente, de una estrategia política basada en la distorsión sistemática de la realidad. Organizaciones especializadas en verificación de datos, como Chequeado, desmintieron en reiteradas oportunidades afirmaciones centrales del discurso presidencial. Uno de los ejemplos más notorios fue la declaración en la que Milei aseguró haber sacado a diez millones de argentinos de la pobreza.
 
El número, ampliamente difundido por el oficialismo, resultó ser metodológicamente incorrecto, engañoso y sin respaldo estadístico sólido. Si bien algunos indicadores mostraron leves mejoras, la magnitud del cambio real está muy lejos del relato triunfalista que el prescindente intenta instalar. Algo similar ocurrió con su afirmación de haber eliminado los piquetes en todo el país. Lejos de desaparecer, los cortes de calles continuaron registrándose, aunque con menor visibilidad y mayor intervención de las fuerzas de seguridad.
 
La reducción de protestas no equivale a su erradicación, pero Milei optó por presentar una victoria absoluta que los datos desmienten. La manipulación también alcanza el terreno histórico. En reiteradas ocasiones, el mandatario afirmó que la Argentina fue uno de los 3 países más ricos del mundo, una afirmación que no resiste el menor análisis serio de los registros económicos internacionales.
 
Esta construcción mítica, repetida hasta el cansancio, busca reforzar la narrativa del "paraíso perdido" arruinado por la política tradicional, aun cuando carece de sustento empírico. El uso irresponsable de información falsa no se limita a discursos oficiales. En redes sociales, Milei llegó a difundir encuestas inexistentes, atribuidas falsamente a la Fundación FOPEA, con el objetivo de desacreditar al periodismo.
 
La propia organización salió a desmentir públicamente la información, dejando al descubierto una práctica preocupante: la utilización deliberada de datos falsos para atacar a la prensa crítica. Este comportamiento no es aislado. Forma parte de una lógica de comunicación basada en la confrontación permanente, la exageración de logros, la victimización y la construcción de enemigos internos.
 
La distorsión de cifras y hechos se convierte así en una herramienta política para sostener un relato épico que muchas veces choca contra la realidad cotidiana de millones de argentinos. Mientras la inflación continúa afectando el poder adquisitivo, la recesión golpea al consumo y el ajuste impacta con fuerza en jubilados, trabajadores y sectores medios, el discurso presidencial insiste en mostrar una Argentina idealizada que pocos logran reconocer en su vida diaria.
 
En este contexto, la manipulación informativa no solo erosiona la credibilidad del Gobierno, sino que también debilita el debate democrático y el derecho ciudadano a estar informado con veracidad. Gobernar a base de datos falsos puede rendir frutos comunicacionales de corto plazo, pero tiene costos profundos. Cuando la mentira se convierte en política de Estado, la confianza pública se deteriora, la institucionalidad se debilita y el vínculo entre gobernantes y sociedad se vuelve cada vez más frágil. En definitiva, más que errores ocasionales, las distorsiones discursivas de Milei parecen responder a una estrategia clara: imponer un relato antes que explicar la realidad. Una apuesta peligrosa que, tarde o temprano, termina chocando contra los hechos.
 
La Opinión Popular
 

31-01-2026 / 09:01
Décadas de globalización con la lógica del mercado se desplomaron sobre los argentinos con Javier Milei gritando el Rock del Gato mientras cinco provincias se incendiaban fuera de control y la mayoría de los gobernadores se sometían a ser extorsionados para aprobar la reforma laboral.
 
Décadas de erosión de la democracia y el medio ambiente cayeron sobre los argentinos con el florecimiento del libertarismo autoritario, que es como decir silencio atronador o fuego helado. Las dos cosas no van juntas. El resultado es libertad para pocos y autoritarismo para los demás.
 
Rocca, Magnetto y Galperín fueron algunos de los creadores del Golem esquizofrénico. Lo construyeron para que los proteja, financiaron sus campañas, le dieron letra con leyes para proteger sus intereses y publicaron loas en los medios que controlan. Pero en este momento parte de sus intereses entraron en colisión con el rumbo aperturista total del gobierno y sus alianzas.
 
Las elecciones de medio término en una sociedad que perdió el sentido, fragmentada, extenuada por la inflación y la pandemia, le dieron un impulso que se multiplicó con el respaldo de la Casa Blanca.
 
Ese paralelismo crispado de un imperio en decadencia encontró un aliado incondicional en la subordinación total de Milei. No hay término medio en las Casas Blanca y Rosada. Una decisión absoluta de dominio se complementó con una decisión absoluta de sumisión.
 
Con la apertura que impulsaron los grandes empresarios, y que implementó este Gobierno, entró una avalancha de productos chinos. El capital concentrado creyó que tenía espalda para sobrevivir al exterminio de sus competidores de la pequeña y mediana industria y comercio y que podría deglutir esos espacios que quedaban libres.
 
Pero el ímpetu del comercio chino, ultra tecnológico, con cadenas de suministro ultra coordinadas y eficientes, se llevó puestos hasta los tubos de Techint y metió en problemas a la gran aplicación comercial de Marcos Galperín, el hombre más rico del país.
 
Galperín reside en Uruguay para no pagar impuestos en Argentina, donde creció su empresa, Mercado Libre. Impulsó con entusiasmo el discurso libertario contra los subsidios estatales y contra la regulación de los mercados.
 
Desde la pandemia, el campeón antisubsidios recibió subsidios por 370 millones de dólares. Y ahora, el también campeón de la apertura de las importaciones, le exigió al gobierno que regule a Temu, la aplicación de comercio china que le arrebató una porción de la torta.
 
Paolo Rocca, que colocó a su ex empleado Horacio Marín como CEO de YPF, recurrió a la Justicia por la licitación de tubos para un gasoducto que perdió ante una firma india que fabrica tubos con acero chino. Galperín hizo lo mismo con Temu. Y Magnetto afronta problemas parecidos con la compra de Telefónica por el Grupo Clarín.
 
Son contradicciones fuertes en el capital hegemónico, que el gobierno sobrelleva con enormes ofrendas, como la reforma laboral. El triunfalismo que invadió a la Casa Rosada por el resultado electoral se enfocó en su primera cosecha. La ley de trabajo propuesta incluyó un artículo sobre el impuesto a las ganancias que saca coparticipación a las provincias.
 
El Gobierno mandó a Diego Santilli a discutir con los gobernadores, pero le advirtió que no hará ninguna concesión. Y Santilli les prometió que los premios llegarían después de la aprobación en el Congreso. 
 

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