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“Que ningún ciudadano sea lo suficientemente opulento como para poder comprar a otro, ni ninguno lo bastante pobre como para verse obligado a venderse”. Jean-Jacques Rousseau
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Nacionales - 15-10-2020 / 10:10

Tenemos un empresariado que no cambia de IDEA ni tiene muchas

Tenemos un empresariado que no cambia de IDEA ni tiene muchas
El tradicional evento del establishment ni es coloquio, ni abundan las ideas, así fuera con minúscula. El autodenominado Coloquio de IDEA funciona como una especie de Tedeum laico en el que se catequiza a los gobernantes, se les baja línea, En el colmo del tupé, se les dan directivas sobre gobernanza y ética política.
El tradicional evento del establishment ni es coloquio, ni abundan las ideas, así fuera con minúscula. El autodenominado Coloquio de IDEA funciona como una especie de Tedeum laico en el que se catequiza a los gobernantes, se les baja línea, En el colmo del tupé, se les dan directivas sobre gobernanza y ética política.
 
Los presidentes peronistas, con toda lógica, esquivan el convite al cónclave. Mejores o peores son representantes del pueblo, con legitimidad democrática. Quienes les tiran la manga en los pasillos, hacen lobby, los ningunean en los quinchos y los señalan con el dedito desde el púlpito, son ciudadanos comunes sin eminencia ética. Se expresan como defensores de la (su) propiedad privada, jamás de intereses colectivos.
 
La reforma laboral se sostiene como fantasía húmeda de los capitalistas autóctonos. En la coyuntura el Fondo Monetario Internacional (FMI) no se entusiasma con la propuesta. Dejaron claro que la reforma (entendida como quita de conquistas) no está entre sus planes. Es un consumo de cabotaje.
 
La dictadura, el neoconservadorismo de los 90 y fin del siglo pasado. El macrismo. Los dueños del poder pagan con generosidad a gurúes para que defiendan sus proclamas. Cabe reconocer que es una astucia aunque asombra que crean las falacias que les han encargado.
 
La disparidad de fuerzas fomenta razonamientos brutales, insustentables. Opinadores o periodistas o capitalistas arrogantes explican que para que haya menos pobres deben existir más ricos. Cuanto más ricos, mejor. El pavadómetro trepa a sus marcas máximas. El devenir de este siglo, en especial a partir de la crisis de 2008 refuta la fábula autocomplaciente. 
 

 
Los cuadros patronales argentinos en general carecen de dotes oratorias. El ex presidente Mauricio Macri es un ejemplo acabado, ojalá que en cualquier acepción de la palabra. Dispone de un vocabulario pobre, ignora el encadenamiento sujeto-verbo-predicado, se le hace cuesta arriba exponer algo interesante sin libreto. O aprender uno y transmitirlo de modo convincente. No corporiza una excepción o un caso extremo.
 
El presidente Alberto Fernández decidió romper la tradición posiblemente para dar una señal de pluralismo. No le será valorada ni reconocida.
 
En cuanto a sus argumentaciones ya fueron desdeñadas. De modo más bien chocante lo refutaban on line, de volea, en una suerte de Muro de los reproches plagado de comentarios de baja estofa y llamativa pobreza conceptual. Una variante informática de la "pantalla partida" usada por la tele durante el conflicto por las retenciones móviles.
 
Fernández adujo que el capitalismo nativo se echó a perder cuando los gerentes financieros acumularon más peso interno que los gerentes productivos. Los contertulios debían conocer de antemano el diagnóstico porque es añejo. En cualquier caso no impactará en sus creencias.
 
La mano tendida del presidente fue rehusada, cada quien calculará si valió la pena el esfuerzo jugando de visitante.
 
Consejo no vinculante para lectores aficionados al consumo irónico o indigesto: escuchar la monserga del CEO de IBM y presidente del Coloquio, Roberto Alexander. Un rosario de lugares comunes sin autocrítica ni información ni pensamiento propio. Maná para los grandes medios.
 
Nota al pie, el nonato Consejo Económico Social podría haber servido, entre otras funciones, como vidriera para mostrar qué flojos son los paladines de las corporaciones empresarias puestos a debatir mano a mano, con reglas parejas. La pobreza franciscana de sus razonamientos.
 
El ámbito legal sería útil para dramatizar los conflictos de intereses, visibilizarlos por usar una expresión en boga. La audiencia pública en la Corte Suprema cuando se discutió la Ley de Servicios de Comunicación Audiovisual ofreció una muestra memorable.
 
La abogada Graciana Peñafort le pegó un baile al abogado del multimedios Clarín, un crack entre bambalinas, potente en las presiones a los magistrados o los funcionarios, desnudo en una polémica a la luz del día.
 
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Ayer mismo, con menos bambolla, se reunió el "Consejo del Empleo, la Productividad y el Salario Mínimo vital y móvil" (en adelante "el Consejo"). Resolvió un aumento del susodicho salario (SMVM) módico, adecuado a las estrecheces del momento.
 
El Consejo tiene largo recorrido, frustrante hasta 2004 cuando fue reactivado por el presidente Néstor Kirchner. Durante varios años, los incrementos superaron a la inflación. Siempre costó que el organismo tratara otros aspectos de las relaciones laborales, incluidos entre sus funciones.
 
El SMVM en general no impacta en las convenciones colectivas de trabajo, que suelen superarlo. Sirve como referencia para algunas prestaciones sociales o para básicos de convenio.
 
Se acostumbra a decir que no rige para los trabajadores no registrados o "en negro". Una falacia: el derecho existe pero no se pone en práctica por incumplimientos o mala fe patronal. "Negrear" no es una potestad empresaria, caramba.
 
Nobleza obliga a reconocer que en tiempos de crisis económica, como la actual, muchas empresas pequeñas o medianas están con el agua al cuello, lindando con la cesación de pagos. El criterio general, empero, subsiste: hay privación de derechos, causada por la necesidad que los laburantes suelen pagar más cara que los patrones.
 
El CSMVM se reunió más tarde que lo habitual. Solía hacerlo en julio o agosto. La condición de pandemia demoró rutinas. Seguramente la mayor virtud de la convocatoria de ayer consistió en mantener vigente la institución. El Gobierno y los sindicatos concuerdan en sostener las convenciones colectivas y otras protecciones.
 
Las relaciones laborales se sustancian por medios básicamente pacíficos y reglados. Con un plexo comparativamente amplio de derechos laborales. El conflicto existe, las correlaciones de fuerzas mutan. Durante un cuatrienio nefasto el macrismo favoreció al capital concentrado... la crisis sanitaria ahonda la tendencia.
 
Todo cambio histórico genera ganadores y perdedores, la catástrofe actual ahonda las desigualdades, la preeminencia del capital financiero, la concentración de los ingresos. Los hechos flexibilizan también.
 
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La reforma laboral se sostiene como fantasía húmeda de los capitalistas autóctonos. Apodarlos "burguesía nacional" es tan inexacto como apodar "Coloquio de IDEA".
 
En la coyuntura el Fondo Monetario Internacional (FMI) no se entusiasma con la propuesta. Sus enviados preguntaron bastante, expusieron poco, tomaron abundante nota en diálogos con sindicalistas y dirigentes de organizaciones sociales. Dejaron claro que la reforma (entendida como quita de conquistas) no está entre sus planes. Es un consumo de cabotaje.
 
El ministro de Trabajo, Claudio Moroni, afirmó que el Gobierno no la tiene en vista. Añadió que no hay experiencia empírica de que la quita de conquistas atrajera ingreso de capitales extranjeros. Ni qué decir de repatriación de capitales, agrega uno.
 
Los trabajos del economista Thomas Piketty prueban prolijamente lo contrario... son bastante más fundados y serios que las intervenciones en IDEA. Décadas atrás lo dijo Raúl Scalabrini Ortiz: todo lo no regulado queda implícitamente legislado a favor del más fuerte. Ley de la selva se la denomina en otras ligas.
 
En contextos desoladores las normas de protección funcionan a menudo cual un airbag que no impide los accidentes aunque mitiga las consecuencias. Algo sirven, su inexistencia ahondaría la explotación y llevaría en tren bala al mundo feliz que sueñan los capos de IDEA.
 
Por Mario Wainfeld
 
Fuente: pagina12.com.ar
 

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09-08-2026 / 17:08
08-08-2026 / 09:08
El naufragio de la ley de propiedad privada dejó al descubierto la incompetencia política oficialista, las internas feroces en la Casa Rosada y un estruendoso choque contra el límite de sus propios aliados, en medio de una profunda crisis económica y un acelerado desencanto de la sociedad y de sus propios votantes. Un escenario agravado luego de que la cuestión Malvinas alrededor de la selección de fútbol generara un clima nacionalista que colisionó de frente contra el cipayismo libertario y expuso su escaso arraigo popular.
 
El bochornoso traspié de la Ley de Inviolabilidad de la Propiedad Privada en el Senado representa el síntoma terminal de un oficialismo cegado por el dogmatismo y desprovisto de oficio político. Lo que el Ejecutivo pretendía vender como un triunfo terminó convertido en un cascarón vaciado: acorralada por la falta de apoyo de los bloques dialoguistas, la Casa Rosada debió capitular y retirar apresuradamente los capítulos centrales de extranjerización de tierras y la flexibilización de la Ley de Manejo del Fuego. El dictamen final fue aprobado desflecado y reducido a menos de un tercio de sus ambiciones originales, dejando al desnudo que las mayorías parlamentarias no se edifican con bravuconadas de redes sociales ni con intervenciones torpes como las del senador Joaquín Benegas Lynch, cuyos insultos a los senadores aliados terminaron de dinamitar los puentes de negociación.
 
Fiel a su matriz refractaria a la autocrítica, la reacción de la conducción libertaria ante semejante derrumbe consistió en desatar una inmediata cacería interna de chivos expiatorios. En lugar de asumir los errores de cálculo de la gestión, la Casa Rosada liderada por Javier y Karina Milei optó por aislar y "freezar" al ministro de Desregulación, Federico Sturzenegger, amagando con congelar el resto de sus proyectos en carpeta tras convertirlo en un yunque político. Al mismo tiempo, el enojo oficialista apuntó directamente contra Patricia Bullrich, a quien responsabilizan por fallar en la contabilidad de los votos y perder el control de la sesión. Este pase de facturas expone un gabinete frágil y fracturado, donde los propios arquitectos del programa gubernamental son arrojados a los leones ante la primera turbulencia institucional.
 
 
En última instancia, la mutilación de este proyecto emblemático expone el techo del modelo libertario: una administración que chocó de frente contra el límite de sus aliados e incapaz de sostener consensos duraderos. La incapacidad para articular mayorías y la constante tendencia a refugiarse en la intransigencia demuestran que el dogmatismo autoritario se vuelve impotente ante la dinámica republicana. Con Sturzenegger desautorizado y Bullrich golpeada políticamente, el gobierno ingresa en una peligrosa fase de insularidad y parálisis parlamentaria, donde la falta de muñeca política condena al oficialismo a multiplicar derrotas mientras la gestión cotidiana se consume entre internas feroces e improvisación.
 
De la redacción de La Opinión Popular

06-08-2026 / 14:08
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