La Opinión Popular
                  03:51  |  Viernes 06 de Febrero de 2013  |  Entre Ríos
El clima en Paraná

Por
“Que ningún ciudadano sea lo suficientemente opulento como para poder comprar a otro, ni ninguno lo bastante pobre como para verse obligado a venderse”. Jean-Jacques Rousseau
Recomendar Imprimir
Nacionales - 11-10-2020 / 11:10
GOBERNAR Y PERSUADIR: EL DESAFÍO DE ENCONTRAR UNA NARRATIVA PARA ESTA ÉPOCA

Lucha popular contra la concentración de la riqueza

Lucha popular contra la concentración de la riqueza
Hay algo más que caracteriza a esta microclase de súpericos argentinos: en la inmensa mayoría de los casos, sus papás son supericos y sus abuelos también. Y además lo tienen todo afuera. Un relevamiento muestra que esos multimillonarios tienen el 83 por ciento de su dinero en el exterior.
En Argentina, unas pocas manos concentran una cantidad enorme de riqueza, con el agravante de que esa riqueza la sacan del sistema para dolarizarse y fugarla, de manera tal que sus fortunas quedaron desenganchadas del destino del país.
 
Si al país le va bien, a ellos les va bien, como sucedió durante los doce años de gobiernos peronistas, en los que amasaron ganancias récord. Si al país le va mal, en cambio, a ellos les va mejor, como pasó recientemente en el gobierno de Mauricio Macri. No tienen ningún incentivo para apostar por el desarrollo; más bien todo lo contrario.
 
Hay algo más que caracteriza a esta microclase de súpericos argentinos: en la inmensa mayoría de los casos, sus papás son supericos y sus abuelos también. Y además lo tienen todo afuera. Un relevamiento muestra que esos multimillonarios tienen el 83 por ciento de su dinero en el exterior.
 
La resistencia cerrada de la oposición al impuesto a esos millonarios, desnuda el problema que paraliza a la política argentina desde hace una década, y es que existe un formidable aparato mediático y cultural cuyo fin último es convencer al 99,9 por ciento de la sociedad de que sus intereses coinciden con los del 0,1 más rico. Que todos van a verse beneficiados por sus ganancias. Que las regulaciones son malas. Que los sueldos argentinos estaban caros. 
 
Spoiler: ese 0,1 por ciento es la misma élite que ha tomado siempre las decisiones importantes sobre el rumbo del país, con escasas excepciones, a mediados del siglo pasado y comienzos de este, que coinciden con los momentos de mayor crecimiento con redistribución de la historia.
 
Fueron las políticas adoptadas por esa casta las que causaron cada una de las grandes crisis que mancaron la economía argentina desde la década del 70, desviando al país de la senda del desarrollo. De cada una de esas crisis, ellos salieron más ricos y el resto salimos más pobres.
 

 
El lunes, el dólar negro comenzará la semana alrededor de los 170 pesos, 20 pesos más que un lunes antes y casi 50 pesos más que hace un mes. El Banco Central no controla el precio de la moneda ni puede contener la sangría de reservas.
 
Las respuestas erráticas del gobierno se demuestran insuficientes para doblar la muñeca de los especuladores que inflan artificialmente el valor local de la divisa norteamericana (que en el mundo real, por el contrario, está devaluándose) con la doble intención de desestabilizar al peronismo en el poder y en el interín embolsar pingües ganancias.
 
La corrida no es contra el peso, es contra el valor del trabajo de (casi) todos los argentinos, perpetrada por unos pocos, que tienen su patrimonio dolarizado y se vuelven más ricos con cada salto de esa moneda.
 
Son los mismos que ganaron durante los cuatro años de macrismo apostando a la bicicleta, mientras la economía real se convertía en tierra arrasada. El resultado en ambos casos es igual: ricos que se vuelven cada vez más ricos y el resto de la sociedad que se desliza de manera inexorable hacia la base de una pirámide cada vez más ancha y puntiaguda.
 
Esa parece ser la fórmula global de esta etapa tardía del capitalismo del siglo XXI. Esta semana se conoció un estudio publicado por la consultora PwC y el banco suizo UBC que reporta que el patrimonio acumulado de las personas con una fortuna superior a los mil millones de dólares creció un 27,5 por ciento durante la pandemia.
 
En simultáneo, el Banco Mundial daba a conocer un informe en el que estiman que en el mismo período hubo 150 millones de personas en el mundo que cayeron en la pobreza extrema. El coronavirus acelera cambios que son más profundos y ya estaban en marcha.
 
Otros reportes muestran escenarios aún más complejos: la ONG yanqui Oxfam, de lucha contra el hambre, habla de 500 millones de nuevos pobres mientras las 32 corporaciones más grandes del planeta acumularon beneficios por 109 mil millones de dólares en 2020.
 
Un ejercicio creativo ayuda a ilustrar el estado de la situación. Si Jeff Bezos, el hombre más rico de la Tierra, le otorgara a cada uno de los 875 mil empleados que tiene su firma Amazon un bono por única vez de 100 mil dólares, el balance de su cuenta todavía tendría más dinero que el que tenía antes de marzo.
 
Es difícil predecir hasta dónde se puede estirar esa brecha sin que las cosas empiecen a ponerse (más) violentas, pero es más difícil aún imaginarse un desenlace diferente.
 
La víctima colateral, que corre un riesgo mayúsculo en esta época, es la democracia tal como la conocimos en el final del siglo XX, que ya no es la herramienta ideal para proteger los intereses de la élite y tampoco sirve para garantizar los derechos básicos de la abrumadora mayoría.
 
Gestionar ese conflicto es el desafío de la política en estos años que nos toca vivir. Si fracasa, vendrá algo nuevo; cuesta imaginar que sea mejor.
 
 
Las crisis de los meritócratas de papá
 
El Centro de Economía Política Argentina (CEPA) está preparando un estudio completo sobre la evolución de las principales fortunas del país durante la pandemia.
 
Algunos datos preliminares sobre la situación previa a la llegada del virus dan cuenta del grado de concentración: "En la Argentina hay 440 personas, un 0,001 por ciento de la población, que acumulan un patrimonio que representa entre el 6,5 y el 9 por ciento del total la riqueza", explica su director Hernán Lechter.
 
"Y además lo tienen todo afuera". El mismo relevamiento muestra que esos multimillonarios tienen el 83 por ciento de su dinero en el exterior.
 
El estudio que realizó el diputado Carlos Heller como paso previo al tratamiento del proyecto de ley de impuesto extraordinario a las principales fortunas del país muestra un escenario similar. 9 mil personas, con más de 200 millones de pesos declarados en blanco, están alcanzadas.
 
Entre ellas, sólo 253 caen en la alícuota más alta (más de 3 mil millones de pesos de patrimonio) y su aporte representa la mitad de los 300 mil millones de pesos que el gobierno espera recaudar en total. Es un paso en el camino correcto, que debe pavimentarse con una reforma tributaria progresiva y que simplifique el babélico sistema fiscal argentino.
 
Hay algo más que caracteriza a esta microclase de super ricos argentinos: en la inmensa mayoría de los casos, sus papás son super ricos y sus abuelos también.
 
Según un estudio realizado en el año 2017 por el Instituto Peterson de Economía Internacional, con sede en Washington e insospechado de kukismo, la herencia es el origen del 80 por ciento de las fortunas del país que superan los mil millones de dólares, una marca altísima comparada con Brasil (47,7%), México (37,5%), España (53,8%), Italia (37,1%) o los Estados Unidos (28,9%). El 20 por ciento que se hizo a sí mismo, lo hizo en el sector financiero. Méritos.
 
 
Un Presidente en búsqueda de una narrativa propia
 
Esta semana, todos recordaremos a Perón. De todas las citas que van a poder leer, hay una que adquiere relevancia en este contexto histórico: "Mandar es obligar, gobernar es persuadir. Y al hombre es mejor persuadirlo que obligarlo. Esa es nuestra tarea: ir persuadiendo a todos los argentinos para que comencemos a patear todos para el mismo arco; es decir, hacia los objetivos de nuestro país, hacia las necesidades de nuestro pueblo".
 
Descuento que cuando hablaba de "todos", Perón estaba haciendo un redondeo grosero. Hay quienes no se dejarán persuadir nunca. El 0,1%. Pero son muy pocos.
 
Lo interesante de esa premisa, "gobernar es persuadir", es que ahorra un montón de discusiones estériles entre la diferencia de los problemas políticos y los problemas de comunicación. Si gobernar es persuadir, gestionar y comunicar la gestión son una misma cosa, indivisible.
 
Todo gobierno necesita un relato, una narración que explique de manera sencilla y contundente quiénes son y hacia dónde van y cuáles son las herramientas que vale usar en la búsqueda de ese objetivo. Este es un gobierno que se deja relatar por otros, que no se narra a sí mismo, y que cuando lo intentó no pudo sostenerlo.
 
El relato inicial prometía dejar atrás la grieta, pero fue bombardeado desde el primer día por la oposición, que no está interesada en consensos sino en capitulaciones. La pandemia dejó en offside el relato de volver a poner de pie la economía del país y una floja gestión de política sanitaria después de los primeros cien días echó por tierra el relato de cuidar las vidas antes que la economía.
 
Hoy tenemos 25 mil muertos y la economía no termina de arrancar. Consecuencias políticas, concretas, de problemas de comunicación. Hacer, cuidar y persuadir. Las tres tareas irrenunciables de cualquier gobierno.
 
El período más virtuoso del ciclo kirchnerista tuvo lugar entre 2009 y 2011. Un gobierno con minoría en el Congreso, una oposición saboteadora, saliendo de una crisis financiera brutal y en guerra abierta con los grupos empresarios y mediáticos, tuvo sus mejores años, logrando avanzar en iniciativas clave que expandían su base de apoyo electoral, metían cuña en la unidad opositora, tomaban la agenda por asalto y repercutían en una mejora concreta en la vida de los argentinos.
 
El resultado de eso fue un plebiscito en primera vuelta con más del 54 por ciento de aprobación del electorado, un caudal histórico.
 
El relato que sirvió como guía para esa formidable resurrección del gobierno de Cristina Fernández de Kirchner era "democracia contra corporaciones". Fue tan potente que la única forma que encontró la oposición de derrotarla en las urnas era proyectar, a través de su dispositivo mediático y cultural, un escenario en el que la corporación más poderosa y la que mayor peligro representaba para la democracia era el propio kirchnerismo.
 
Es hora de que Alberto Fernández encuentre su propia narrativa, que no puede ser la de Alfonsín, ni la de los Kirchner, si quiere tener un final diferente.
 
Y ahí están estos super ricos que no se rigen por las mismas leyes que nos controlan a nosotros, que no caminan por las mismas calles, ni viajan en los mismos vehículos, una auténtica casta que se coloca más allá del principio mismo de ciudadanía, que guarda para sí recursos capaces de solucionar buena parte de los problemas de los 50 millones de argentinos, en cuentas secretas en guaridas fiscales, inertes, sin producir otra cosa que no sea intereses.
 
El adversario perfecto para una saga de proporciones épicas. Una gesta a la altura de aquella que esta semana cumple 75 octubres.
 
Por Nicolás Lantos
 
Fuente: El Destape
 

Agreganos como amigo a Facebook
05-02-2026 / 11:02
Sacar un adelanto de sueldo con el banco, tarjetear, tomar un préstamo se volvieron cosas habituales bajo el desastroso gobierno de Javier Milei. No poder pagar toda la tarjeta, refinanciar con intereses elevados o no pagar la cuota del préstamo genera mora y eso está aumentando mes a mes. El endeudamiento de los hogares argentinos entró en una zona crítica. Los últimos datos del Banco Central, analizados por el Instituto Argentina Grande, muestran un salto alarmante en la morosidad: el 11 por ciento de los créditos personales y el 9,2 por ciento de las tarjetas de crédito registran irregularidades en los pagos. Hace apenas 2 años, a fines de 2023, esos números eran muy distintos: 4,2 por ciento en préstamos personales y 1,7 por ciento en tarjetas.
 
Se trata de los niveles más altos desde que el organismo tiene registros, es decir, desde 2010. El fenómeno refleja una realidad concreta: los ingresos ya no alcanzan para cubrir gastos cotidianos como alimentos, tarifas o medicina privada. Frente a ese escenario, el desahorro y el endeudamiento dejaron de ser excepciones y pasaron a formar parte de la rutina de millones de familias. Cada vez más hogares recurren al pago mínimo de la tarjeta de crédito como estrategia para estirar el ingreso mensual. Esa práctica, que puede dar aire en el corto plazo, termina convirtiéndose en una trampa por las altas tasas de interés, que aceleran el deterioro de la capacidad de pago.
 
El problema no se limita al consumo diario. También crece la morosidad en los préstamos prendarios, generalmente destinados a la compra de autos, motos o maquinaria. En noviembre de 2025 alcanzó el 5,2 por ciento, cuando 2 años antes era del 2,7. Esto evidencia que el estrés financiero ya impacta en decisiones de mayor plazo y compromete el patrimonio familiar. El deterioro de estos indicadores expone un cuadro social cada vez más frágil. El crédito dejó de ser una herramienta para mejorar la calidad de vida y pasó a convertirse en un recurso de supervivencia que oculta la pérdida del poder adquisitivo.
 
Para muchas familias, especialmente jóvenes sin ingresos formales, el financiamiento no proviene de los bancos sino de cadenas comerciales, prestadores directos y, cada vez más, billeteras virtuales y fintech, que ofrecen créditos rápidos y de acceso inmediato. En ese terreno, la situación también es preocupante. La morosidad en compras de electrodomésticos alcanzó el 27 por ciento en julio de 2025, el valor más alto en más de 4 años. En el caso de los préstamos otorgados por fintech, el 18 por ciento presentaba incumplimientos en julio, pero estimaciones privadas indican que esa cifra ya ronda el 21 por ciento.
 
Los datos de la Encuesta Permanente de Hogares confirman el deterioro de las economías domésticas. En el segundo trimestre de 2025, el 48 por ciento de los hogares no logró cubrir sus gastos y debió recurrir a ahorros, venta de bienes o endeudamiento, tanto formal como informal. La clase media aparece como uno de los sectores más afectados: el 53 por ciento de sus hogares no logra llegar a fin de mes. Según datos del Indec publicados este viernes, el 60% de los asalariados gana menos de $950.000 en el tercer trimestre del año. Es decir, que la mayoría de los trabajadores viven con ingresos por debajo de la canasta de consumos mínimos que realiza la Junta Interna de ATE Indec (el promedio del tercer trimestre del año fue $1.941.853). Esta canasta no es un ideal ni un óptimo, pero se acerca a lo que se necesita para llegar a fin de mes.
 
Mientras el Gobierno libertario insiste en mentir con indicadores de estabilidad y crecimiento, la realidad que se vive puertas adentro de los hogares argentinos es otra: deuda creciente, ingresos que no alcanzan y una morosidad que ya funciona como termómetro del deterioro económico y social. Los hogares están endeudados porque los ingresos no alcanzan. Es urgente un aumento de emergencia de salarios, jubilaciones y programas sociales.
 
La Opinión Popular
 

04-02-2026 / 11:02
A través de la práctica de demorar la puesta en vigencia del cambio de ponderaciones que resulta de una encuesta de gastos de hogares más actualizada que la de 2004, que todavía se aplica, se verán afectados los ingresos reales de todos aquellos sectores que ajustan sus remuneraciones siguiendo el Índice de precios al consumidor (IPC), como jubilaciones, pensiones y asignaciones de la previsión social como la AUH, y se estará alterando el cálculo de variables fundamentales para la economía, como el producto bruto (que en el futuro va a ser recalculado a la baja) o la pobreza (en sentido inverso, en el futuro se demostrará que es mayor a la que actualmente se informe).
 
Así lo han puesto de manifiesto especialistas en el tema, entre ellos Alejandro Barrios, ex director del Indec, quien explicó que las ponderaciones resultantes de la Encuesta de Gastos de Hogares de 2017/18 "ya está disponible hace años, incluso la Ciudad de Buenos Aires ya la está aplicando; la demora en aplicarla a nivel nacional es que hay un gobierno que iba a implementar un cambio en los precios relativos, con subas importantes en los servicios regulados por el Estado (por quita de subsidios). La decisión fue parar la aplicación de los nuevos índices hasta que se completen esos cambios; y se considere que ya no van a seguir aumentando, mes a mes, el teléfono, la luz, el transporte, las prepagas, etc. Rubros que en el índice actualizado tienen un peso mucho mayor que en el de la canasta de gastos de hace 20 años".
 
En consecuencia, el índice que se seguirá aplicando "hasta que se complete el proceso de desinflación", en palabras de Luis Caputo, da como resultado un aumento de precios al consumidor inferior al que surge del cálculo con el nuevo índice. "Esto va a provocar en el futuro un recálculo de variables de los años anteriores, como pasó otras veces, pero esta vez con el agravante de que las autoridades actuales son conscientes de que demoran el cambio de fórmula para subestimar la inflación", agregó Barrios.
 
Así, por ejemplo, el cálculo del PBI tendrá probablemente una revisión, porque al desindexar los precios a una tasa más alta que la que se usa actualmente, resultará un PBI real (descontada la inflación) menor al que hoy se informa. En consecuencia, se recalculará a la baja el PBI de todos estos años (aumentos inferiores a los que ahora se informan, caídas superiores, e incluso subas leves que se transformarán en bajas).
 
Lo contrario sucederá con los índices de pobreza, ya que cuando en el futuro se recalculen los ingresos deflactados por un índice no subestimado como el actual, van a ser menores en términos reales, mientras que las canastas de precios al ser reajustados van a ser más altas. En consecuencia los índices de pobreza así recalculados resultarán más altos que los que ahora se informen.
 
Este manoseo de los índices en el corto plazo también podrá ser motivo de controversias, de parte por ejemplo de tenedores de bonos con variable CER (ajuste por inflación) o títulos con cláusula de ajuste UVA (también tiene un componente que varía según el IPC). Además, el cálculo del valor de las jubilaciones y pensiones se hace, mensualmente, de acuerdo al aumento del IPC en meses anteriores, por lo cual la sub estimación del índice va en desmedro de los perceptores de esos ingresos. Lo mismo vale para los que reciben la AUH y otras asignaciones que se ajustan periódicamente por la inflación.
 
Otro ingreso que se verá afectado es el salario, en la medida en que las paritarias se negocien en función de un índice de inflación que luego se demuestre que no era el real. "La decisión de que tendremos un índice de fantasía abre las puertas del infierno", advirtió el ex diputado nacional y ex dirigente de ATE Claudio Lozano. "De manera desembozada e impune decretan que ellos decidirán lo que debe dar la estadística pública sobre inflación. Lo ocurrido no hace más que explicitar lo que se venía observando en el funcionamiento del Indec, porque hace rato que debería haberse incorporado la Encuesta de Gastos de los Hogares del 2016/17 y se lo demoró sin ninguna razón estadísticamente válida".
 
La Opinión Popular
 

03-02-2026 / 11:02
Tras la renuncia de Marco Lavagna al frente del Indec, porque Javier Milei se niega a medir bien la inflación, Luis "Toto" Caputo decidió postergar la publicación de la nueva canasta de medición de precios, que daría una inflación mucho mayor. "Con el Presidente siempre pensamos que había que cambiarlo una vez que el proceso de desinflación estuviera consolidado", afirmó. O sea, nunca. El Gobierno libertario oculta así el fracaso económico mientras los trabajadores del organismo alertan por intervención.
 
La decisión de Milei y Caputo de suspender sin límites la actualización del IPC solo una semana antes de su puesta en marcha fue demasiado hasta para Lavagna, que había aceptado retrasarla hasta ahora, además de hacer magia con los índices de la inflación y la pobreza. Presentó la renuncia al Indec y fue reemplazado por su segundo, incondicional de Caputo.
 
No hay eufemismos ni figuras simuladas que tapen lo que realmente pasó, a sólo 8 días de que se conozca un IPC que debería estar actualizado, tal como lo había prometido el Gobierno: Lavagna confió internamente que salió del ente estadístico, precisamente, porque Milei y el ministro de Economía, Caputo, se negaban a implementar la nueva medición de inflación por la que él venía peleando hacía más de dos años. Horas más tarde, Caputo se vio obligado a salir a confirmar los dichos de Lavagna.
 
Los dichos de Caputo son escandalosos y abren dudas peligrosas respecto a los números, porque los técnicos del INDEC ya tenían medidos precios con el nuevo IPC y se había anunciado la aplicación de ese índice para el próximo martes 10, cuando se sepa la inflación de enero. Esa medición daba arriba del 3 por ciento, pero a Lavagna le pedían que esté en torno al 2 por ciento. Además, es polémico porque Caputo no le pone fecha a la nueva medición. Es decir, Milei y Caputo se niegan, sin fecha cierta, a medir la inflación con la Encuesta de Hogares del 2018, para seguir haciéndolo con la del 2004.
 
Una medición que no refleja el costo de vida de las familias. Lo que el Gobierno hace evitando actualizarlos, es que no se vean reflejados en enero los aumentos de tarifas, en un escenario donde además los alimentos vienen subiendo. En pocas palabras, Milei está midiendo la inflación con los mismos parámetros de gastos familiares que había 22 años atrás.
 
Lo que eran sospechas terminaron siendo confirmadas por el propio gobierno. El viernes pasado el Banco Central difundió el Informe de Política Monetaria donde se admite abiertamente que si se hubiese utilizado el nuevo IPC la inflación hubiese sido más alta en los últimos dos años por la suba de los servicios públicos, que recién a partir de ahora tendrán más peso en la canasta del Indec. El propio Banco Central confirmó la manipulación del índice de inflación.
 
Mientras la población siente que los salarios se pulverizan y el pluriempleo crece, los datos oficiales truchos muestran un aumento inflacionario "moderado", utilizado por el Gobierno anarco capitalista también para planchar paritarias y jubilaciones. Esta brecha entre la realidad social y las estadísticas alimenta la desconfianza generalizada, incluso entre especialistas.
 
La Opinión Popular
 

02-02-2026 / 11:02
El secuestro de Nicolás Maduro se transmitió en tiempo real por televisión y redes sociales, en una estudiada coreografía que hacía parecer toda la escena como parte de la última mega producción de Hollywood. A eso se sumó luego una campaña virtual de Donald Trump en la que se presentaba al mandatario como una especie de dueño del continente entero, incluyendo -sobre todo- a Groenlandia. El spin-off local de Trump no se queda atrás. Javier Milei, otra figura nacida en un set de TV, mezcla su presidencia con recitales masivos, romances fogosos y una cultura memética permanente en redes sociales. En todo el planeta es el momento de la política comic show, un juego que, a la vez, es mucho más que eso.
 
Milei construyó su llegada al poder desde los paneles de televisión. Allí mezcló gritos violentos, peleas salvajes y un aporte original: la capacidad de discutir autores económicos en prime time desde una matriz libertaria extrema. Su figura se nutrió además de otros condimentos: obras de teatro durante los veranos, noviazgos mediáticos -en 2018 salió con Daniela Mori, exintegrante de la banda de cumbia Las Primas-, revelaciones perturbadoras sobre su sexualidad tántrica, covers de temas de rock y clásicos, apariciones disfrazado como superhéroe y, por supuesto, su marca registrada: su extraña cabellera.
 
Mientras por un lado agita la violencia con invitaciones permanentes a "odiar más" y compara a sus rivales con monos o cucarachas, por el otro ofrece circo: el recital en el Movistar Arena, su show en el festival de Jesús María, una aparición en un canal de streaming oficialista junto a su perro clonado, un beso fogoso con su entonces pareja en un teatro costero, cuadros en la Quinta de Olivos donde se compara con Wolverine y con un león, una bizarra cuenta en inglés presentada mediante un cómic donde aparece volando sobre Buenos Aires como superhéroe.
 
A esta lista se suma su escasa preocupación por la higiene y el recambio de vestuario -con el mameluco de YPF como emblema, incluso en Davos- y su llanto desconsolado en el Muro de los Lamentos, una postal inédita para un presidente argentino. Con matices, todos estos episodios -los extravagantes y los violentos- comparten algo en común: arrastran la atención popular, dominan redes sociales y colonizan la agenda mediática y política, mientras corren los límites de lo decible en la sociedad argentina. "La primera estrategia de esta derecha es polarizar a la sociedad", explica el historiador Steven Forti en Extrema derecha 2.0. "No se trata de excentricidades, sino de una estrategia bien pensada."
 
Ese manual fue adoptado por la administración libertaria desde su llegada al poder. Cuando no fue el cierre del INADI o de Télam, fue un ataque a la comunidad homosexual, al periodismo o a alguna artista musical. Y cuando no había escándalo político, lo había estético: cuatro camperas en pleno verano, intentos de ocultar la papada o defensas públicas de películas de Guillermo Francella. De una u otra forma, siempre provocaba bronca, perplejidad o fascinación, emociones ideales que premian lo ruidoso.
 
Lo explica Giuliano da Empoli en Los ingenieros del caos, libro de cabecera del asesor presidencial Santiago Caputo: "El megáfono de Trump era la indignación de los medios." Con Trump y Milei ocurre lo mismo: se los puede amar o detestar, pero no ignorar.  Richard Nixon lo llamaba "la teoría del loco". Fingir irracionalidad para volverse imprevisible y, por eso mismo, temible. Trump lo dijo sin rodeos: "Xi Jinping sabe que estoy totalmente loco."
 
La pregunta es inevitable: ¿estamos ante líderes desbordados o ante personajes cuidadosamente construidos? "La banalidad de la locura", la llama el politólogo Brian Klaas: una saturación de exabruptos que termina anestesiando a la sociedad.
 
La Opinión Popular
 

01-02-2026 / 10:02
Desde su llegada a la Casa Rosada, Javier "Pinocho" Milei construyó un relato épico de gestión que, al ser contrastado con datos verificables, empieza a mostrar fisuras cada vez más profundas. Promesas infladas, cifras manipuladas, logros magnificados y afirmaciones directamente falsas forman parte de un patrón comunicacional que ya no puede explicarse como simples errores.
 
Se trata, cada vez más claramente, de una estrategia política basada en la distorsión sistemática de la realidad. Organizaciones especializadas en verificación de datos, como Chequeado, desmintieron en reiteradas oportunidades afirmaciones centrales del discurso presidencial. Uno de los ejemplos más notorios fue la declaración en la que Milei aseguró haber sacado a diez millones de argentinos de la pobreza.
 
El número, ampliamente difundido por el oficialismo, resultó ser metodológicamente incorrecto, engañoso y sin respaldo estadístico sólido. Si bien algunos indicadores mostraron leves mejoras, la magnitud del cambio real está muy lejos del relato triunfalista que el prescindente intenta instalar. Algo similar ocurrió con su afirmación de haber eliminado los piquetes en todo el país. Lejos de desaparecer, los cortes de calles continuaron registrándose, aunque con menor visibilidad y mayor intervención de las fuerzas de seguridad.
 
La reducción de protestas no equivale a su erradicación, pero Milei optó por presentar una victoria absoluta que los datos desmienten. La manipulación también alcanza el terreno histórico. En reiteradas ocasiones, el mandatario afirmó que la Argentina fue uno de los 3 países más ricos del mundo, una afirmación que no resiste el menor análisis serio de los registros económicos internacionales.
 
Esta construcción mítica, repetida hasta el cansancio, busca reforzar la narrativa del "paraíso perdido" arruinado por la política tradicional, aun cuando carece de sustento empírico. El uso irresponsable de información falsa no se limita a discursos oficiales. En redes sociales, Milei llegó a difundir encuestas inexistentes, atribuidas falsamente a la Fundación FOPEA, con el objetivo de desacreditar al periodismo.
 
La propia organización salió a desmentir públicamente la información, dejando al descubierto una práctica preocupante: la utilización deliberada de datos falsos para atacar a la prensa crítica. Este comportamiento no es aislado. Forma parte de una lógica de comunicación basada en la confrontación permanente, la exageración de logros, la victimización y la construcción de enemigos internos.
 
La distorsión de cifras y hechos se convierte así en una herramienta política para sostener un relato épico que muchas veces choca contra la realidad cotidiana de millones de argentinos. Mientras la inflación continúa afectando el poder adquisitivo, la recesión golpea al consumo y el ajuste impacta con fuerza en jubilados, trabajadores y sectores medios, el discurso presidencial insiste en mostrar una Argentina idealizada que pocos logran reconocer en su vida diaria.
 
En este contexto, la manipulación informativa no solo erosiona la credibilidad del Gobierno, sino que también debilita el debate democrático y el derecho ciudadano a estar informado con veracidad. Gobernar a base de datos falsos puede rendir frutos comunicacionales de corto plazo, pero tiene costos profundos. Cuando la mentira se convierte en política de Estado, la confianza pública se deteriora, la institucionalidad se debilita y el vínculo entre gobernantes y sociedad se vuelve cada vez más frágil. En definitiva, más que errores ocasionales, las distorsiones discursivas de Milei parecen responder a una estrategia clara: imponer un relato antes que explicar la realidad. Una apuesta peligrosa que, tarde o temprano, termina chocando contra los hechos.
 
La Opinión Popular
 

NicoSal soluciones web

© Copyright 2009 LA OPINIÓN POPULAR – www.laopinionpopular.com.ar - Todos los derechos reservados.

E-mail: contacto@laopinionpopular.com.ar